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Botsuana
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Botsuana es la protagonista de una de las historias más prósperas de África. Este país, que durante mucho tiempo fue un protectorado británico desatendido, alcanzó su independencia en 1966, e inmediatamente después, descubrió tres de las minas de diamantes más ricas del planeta. En la actualidad disfruta de un gobierno relativamente ilustrado, y sus estándares sanitarios, educativos y económicos pueden compararse en el continente con los de Suráfrica.

Más allá del angosto corredor oriental, en el que se concentra la mayor parte de la población, Botsuana es una tierra salvaje y escasamente comunicada por carretera, constituida por sabanas, desiertos, zonas pantanosas y salinas. Para garantizar la preservación del patrimonio natural de la nación, el gobierno ha adoptado una política destinada a alentar únicamente el turismo de elite y de bajo impacto. Se trata de un destino para viajeros intrépidos y adinerados.

Nombre oficial: República de Botsuana
Superficie: 600.370 km²
Población: 1.6 millones hab.
Capital: Gaborone (138.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 95% botsuana, 4% kalanga, basarwa y kgalagadi, 1% blancos
Idioma: inglés (oficial) y tsuana Religión: 50% creencias indígenas, 50% cristianismo
Régimen político: república parlamentaria Presidente: Festus Gontebanye Mogae

PIB: 5.25 billones de dólares
PIB per cápita: 3,300 dólares
Crecimiento anual: 6%
Inflación: 9%


Visados: los ciudadanos de la Unión Europea, Estados Unidos y Uruguay no precisan este documento para visitas de hasta 90 días.
Condiciones sanitarias: es recomendable vacunarse contra el tétanos y la fiebre amarilla. En las zonas pantanosas (delta del Okavango) se aconseja tomar la profilaxis antimalaria.
Hora local: GMT+2 Electricidad: 220 V, 50 Hz
Pesos y medidas: sistema métrico

El invierno (de mayo a agosto) es una buena época para visitar Botsuana, pues los días suelen ser apacibles y los animales salvajes nunca se alejan de las fuentes de agua. En cualquier caso, debe considerarse que también coincide con las vacaciones escolares en Europa, Norteamérica y Suráfrica, por lo que puede acoger muchos visitantes. En general, junio, principios de julio y septiembre son los meses menos concurridos. Esta temporada resulta poco propicia para recorrer las vías secundarias, disfrutar de la contemplación de la vida salvaje o explorar el Okavango, ya que las lluvias persistentes pueden inutilizar las carreteras arenosas y los animales se dispersan cuando se encuentran con agua abundante.

Las fiestas oficiales se resumen en las siguientes fechas: 1 y 2 de enero, Semana Santa, la Ascensión (abril o mayo), el Día del Presidente (durante dos días en julio) y el Día de la Independencia (30 y 31 de septiembre). A éstas deben añadirse las tres jornadas festivas correspondientes a las Navidades y que abarcan el 25, 26 (fecha en la que se obsequia a los empleados con los aguinaldos) y 27 de diciembre.

Moneda
pula

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 1 y 5 dólares
· Presupuesto medio: entre 5 y 10 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 10 dólares
Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 7 y 30 dólares
· Presupuesto medio: entre 30 y 40 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 40 dólares

Con la esperanza de preservar el patrimonio natural del país y beneficiarse al mismo tiempo del turismo, el gobierno ha instituido una política en virtud de la cual se alienta sólo el turismo selecto. Encontrar alojamiento y transporte económicos resulta intrincado y, de hecho, lo mejor de Botsuana se convierte en inaccesible para el viajero con recursos limitados; incluso cualquier presupuesto medio acabará estirándose. Existen escasos cámpings baratos y ciertos viajes a precio razonable a través de la principal atracción turística del país, el delta del Okavango. Si se evitan los parques nacionales (un gran error), se compran los alimentos en comercios y se acampa, el gasto ascenderá a unos 30 dólares por jornada. Un presupuesto más realista, que incluya una o dos excursiones organizadas para descubrir la vida salvaje, supondrá un mínimo de 75 dólares diarios. Para disfrutar de los safaris de calidad al menos será necesario el doble de esta cantidad.

Las principales ciudades disponen de un completo servicio bancario; no existen dificultades a la hora de cambiar cheques de viaje. En los lugares remotos se habilitan semanal o mensualmente oficinas bancarias itinerantes. Estos servicios son útiles para canjear cheques de viaje, pero no para operar con dinero en metálico. Para cambiar moneda en uno de estos bancos ambulantes es preciso dedicar toda una mañana a causa de las colas que se forman. Los hoteles y restaurantes turísticos de las poblaciones más relevantes aceptan la mayoría de tarjetas de crédito.

Aunque no resulta imprescindible dar propinas, en muchos hoteles y restaurantes las esperan. De todos modos, se recomienda gratificar únicamente los servicios excepcionales. En la mayoría de establecimientos se prevé una tasa de servicio, añadida de forma sistemática, por lo que si se cree que se debe aumentar, bastará un 10%. A los taxistas no se les suele propinar.

Gaborone

Resulta prácticamente inevitable pasar por la capital para dirigirse a los enclaves de mayor interés del país. En esta ciudad, las distancias son largas; el tráfico, intenso; apenas existen aceras, y la población se aglomera en suburbios y edificios de pisos. Tampoco posee un barrio financiero, y lo más relevante se concentra en los paseos de las afueras. Al viajero que le guste Los Ángeles disfrutará de Gaborone, aunque ésta carece del hechizo de la metrópoli estadounidense.

Entre sus principales atractivos figura el Museo Nacional y Galería de Arte, que ofrece una colección de artilugios históricos y animales disecados. Las exposiciones sobre la cultura san presentan una visión completa de los habitantes del desierto; otras instalaciones etnográficas ofrecen panorámicas de diversas comunidades culturales de Botsuana. La pequeña galería nacional conjuga en su fondo obras tradicionales y contemporáneas de África y Europa, que incluyen algunas piezas san.

La Reserva Animal de Gaborone puede considerarse como un safari turístico. Este parque, a 1 km de la capital, posee algunos antílopes junto a un rinoceronte blanco enjaulados. El viajero que prefiera explorar los territorios con mayor libertad, puede contratar un safari a caballo por el área boscosa que se extiende al noroeste de la urbe. Gaborone dispone de escasos alojamientos y opciones para los viajeros de bajo presupuesto. La capital se encuentra cercana a la frontera sureste de Botsuana con Suráfrica.

El delta del Okavango

El Okavango, denominado el río que nunca encuentra el mar, desaparece en un laberinto de lagunas, canales e islas de 15.000 km² en el noroeste de Botsuana. Es el delta interior más amplio del planeta, y en él convive una intensa vida salvaje. Destaca la presencia de numerosas aves, elefantes, cebras, búfalos, ñus, jirafas, hipopótamos y kudus, una especie de antílope. En el centro del delta se halla la Reserva Animal de Moremi, que se extiende sobre unos 3.000 km², acordonada para preservar a sus residentes. Fuera de este espacio protegido escasea la fauna, pero también los turistas, y se mantiene la belleza del paisaje.

A unos 60 km al sureste de Moremi se ubica Maun, el centro administrativo del delta y su principal pista de aterrizaje. La zona oriental resulta la más económica. La mayoría de guías y navegantes son autónomos y carecen de licencia.

Si se desea permanecer próximo a la vida salvaje, existen varios cámpings en Moremi. Acampar en otros lugares puede suponer un gran peligro. Igualmente, en otras zonas del delta y en Maun se localizan infinidad de cámpings y otros alojamientos; desde ellos se ha habilitado un servicio de transporte hacia Okavango. También se puede desplazar en avión o autobús desde Gaborone -a unos 600 km al sureste de Maun- e incorporarse a un safari. La mejor forma de descubrir el delta es en mokoro (piragua), conducido por guías experimentados con la ayuda de pértigas. La época más agradable para visitar la zona se extiende de julio a septiembre, cuando los niveles de agua son altos y el tiempo, más seco.

Parque Nacional Chobe

Los 11.000 km² de superficie de Chobe albergan la mayor variedad de formas de vida salvaje de Botsuana. Kasane, en la punta norte del parque, supone su puerta de entrada y centro administrativo. La población en sí misma no ofrece muchas curiosidades, pero representa un buen campamento base para efectuar visitas rápidas, además de ser el lugar de llegada si se vuela hasta Chobe.

Para los turistas con escaso tiempo, resulta imprescindible un paseo en barco o en coche por la orilla del río, donde se congrega la mayoría de animales del parque. El principal atractivo lo constituyen los 73.000 elefantes agrupados en manadas de más de quinientos ejemplares y contemplar las consecuencias de su paso por la zona: parece como si la hubieran bombardeado. También significa una excelente oportunidad para contemplar leones, guepardos, hipopótamos, búfalos, jirafas, antílopes, chacales, jabalíes verrugosos, hienas, cocodrilos, nutrias, cebras y numerosas especies de aves.

La depresión de Mababe -un vestigio de un amplio lago que antaño cubría el norte de Botsuana- acoge otro de los grandes atractivos del parque, los cenagales de Savuti. Su paisaje llano y abrupto acoge una extensa fauna, en particular elefantes. Los leones, licaones y hienas merodean alrededor de inmensas manadas de impalas, ñus, búfalos y cebras, así como de una cantidad inimaginable de antílopes. Ngwezumba no posee las hordas de animales que habitan en el margen de Savuti, pero las cuencas de arcilla y los bosques de mopane de la zona acogen a búfalos, elefantes y algunas especies de antílopes, como el raro oribi.

Kasane, el punto más septentrional del país, se halla a unos 800 km al norte de la capital. Se puede volar hasta allí desde Maun, Gaborone o las cataratas Victoria, y parten autobuses de Nata, a unos 250 km al Sur. Una vez allí, el viajero necesitará un vehículo todoterreno para efectuar excursiones por la zona. Existen cámpings y otros alojamientos en muchas áreas del parque.

Serowe

Sita a unos 250 km de Gaborone, en la parte oriental de Botsuana, la caótica Serowe, con cerca de noventa mil habitantes, es la segunda ciudad más poblada del país. Capital del pueblo ngwato desde que el rey Khama se estableció en ella en 1902, acoge la sede de las Brigadas Botsuana, un movimiento que desde 1965 ha introducido la educación, de forma vocacional, a la mayoría de las zonas remotas de la nación.

El Museo Memorial Khama III narra la historia de la estirpe, líderes del pueblo ngwato. Leapeetswe Khama donó su vivienda, la casa roja, como sede del museo. Entre las muestras destacan los efectos personales del rey y sus descendientes, así como objetos manufacturados que ilustran la historia de Serowe. También cuenta con una exposición de historia natural, que incluye una amplia colección de insectos africanos, y un muestrario de las serpientes de la región.

En el cementerio real, ubicado en una colina en el centro de la población, se puede contemplar la tumba de Khama III y su familia junto a las ruinas de un asentamiento del siglo XI. A unos 20 km al Noroeste se halla el santuario de rinocerontes Khama, poblado por 7 de los 16 rinocerontes de Botsuana. En la urbe se pueden encontrar algunos hoteles decentes. Para llegar en transporte público, hay que dirigirse primero a Palapye (mediante autobus y tren desde Gaborone), y luego desplazarse en uno de los vehículos locales que conducen a Serowe.

Colinas Tsodilo

Como Ulurú, en Australia, estas rocas solitarias se elevan de forma abrupta en medio de una extensión ondulada de desierto. Están impregnadas de mitología, leyenda y significado espiritual, tanto para los makoko como para los dzucwa san, que lo catalogan como el lugar de la creación. El escritor surafricano Laurens van der Post inmortalizó Tsodilo con el nombre de "colinas resbaladizas"; cuando las visitó sus cámaras se atascaron, sus grabadoras fallaron y él mismo fue atacado por enjambres de abejas, aparentemente porque había ofendido a los espíritus de Tsodilo. Hace treinta y cinco mil años, los antepasados de los san habitaban en Tsodilo, donde se encuentran pinturas rupestres de hace unos 3.500 años. Estas obras minimalistas representaban animales, personas y diseños geomórficos. La mayoría presenta colores ocres o blancos, y probablemente se deben a los pueblos san y, las más tardías, a los bantú. Entre las pinturas más relevantes figuran una cebra, una ballena, un pingüino, una familia de rinocerontes y unos bailarines sexualmente excitados. Los pueblos san o mbukushu no cuentan con comercios u otros servicios, pero es factible acampar en la base de las colinas, donde se puede disponer de agua de un pozo. Se está construyendo un centro para visitantes y diversos cámpings. Estos montes se emplazan en el noroeste del país, a unos 800 km de Gaborone, y se puede llegar a ellos en avión o por una carretera en pésimas condiciones pero inolvidable.

Makgadikgadi y Parque Nacional de Nxai Pan

Estas dos áreas, situadas unos 100 km al este de Maun, se establecieron al mismo tiempo y, a nivel práctico, están consideradas un solo espacio protegido. La Reserva Animal de Makgadikgadi, en la zona meridional, se extiende entre cuencas, pastizales y una hermosa sabana que ocupa 4.000 km². La vida salvaje es desbordante, aunque no tan densa como en Chobe. En la reserva habitan antílopes, leones, hienas, guepardos, hipopótamos y una gran variedad de aves, pero ni elefantes ni búfalos. El enclave cuenta con un cámping con aseos, duchas frías y agua potable. Para llegar se precisa un vehículo todoterreno.

La parte septentrional del parque, Nxai Pan, ocupa 4.000 km² más. La franja sur de este complejo está formada de pequeñas salinas. Es una de las escasas áreas relevantes de Botsuana durante la estación lluviosa, cuando enormes manadas se abalanzan sobre los pastos herbosos de Nxai. Pueden alcanzarse cifras asombrosas: miles de ñus, cebras y gemsbok (una especie de antílope conocida también como orix), junto a grandes grupos de antílopes y jirafas. Los leones, hienas y licaones acuden para cazar; es también uno de los escasos enclaves en los que se puede ver el otoción, un zorro de grandes orejas. En el sur de Nxai Pan, los baobabs de Baines cuentan con una amplia concentración de estos árboles que inmortalizó en 1862 el pintor Thomas Baines, un miembro de la expedición de Livingstone. Para llegar a los cámpings de Nxai Pan, que carecen de infraestructuras, se precisa un vehículo todoterreno. El parque nacional se halla a unos 500 km al norte de Gaborone.

Cuevas Gcwihaba

Estas cavernas, conocidas también como cuevas Drotsky, presentan un extenso sistema de estalactitas y estalagmitas que alcanzan alturas y longitudes de hasta 10 m. Se han formado gracias al constante flujo del agua y la disolución de las rocas dolomíticas, depositando minerales y construyendo la decoración de la caverna desde el techo y el suelo. El pueblo kung enseñó por primera vez estas cuevas a un europeo, Martinus Drotsky, a mediados de la década de 1930. La leyenda afirma que en este complejo se esconde un tesoro desde finales del siglo XIX.

Existen dos entradas a las cuevas, pero éstas carecen de guías, iluminación y señalización de las rutas. Dado que la luz natural no penetra en ellas, los espeleólogos deben estar provistos de sistemas de iluminación adecuados. A lo largo del recorrido aparecen diversos tramos particularmente peligrosos, como algún abrupto precipicio. No obstante, la mayor parte de la ruta constituye un paseo bastante sencillo a través de salas anchas y pasajes con seductores pasadizos laterales. La cueva acoge diversas especies de murciélagos, entre las que destaca una con la nariz en forma de hoja (Hipposideros commersoni). Los alrededores presentan algunos enclaves idóneos para acampar, pero no posee infraestructuras. No se ha habilitado ningún servicio de transporte público hasta Gcwihaba, y se precisa un vehículo todoterreno con depósitos de carburante de largo alcance y reservas de agua para efectuar el trayecto con seguridad. Las cuevas se encuentran a unos 650 km al noroeste de Gaborone, cerca de la frontera septentrional con Namibia.

La mayoría de visitantes de África meridional planean al menos un safari (viaje, en suajili). Es la forma ideal de contactar con la espectacular vida salvaje de la región. En general, los turistas efectúan el safari en un potente vehículo todoterreno, pero también es factible a caballo. Muchos trayectos por el delta del Okavango incluyen excursiones a islas cubiertas de palmeras, mientras que las colinas Tsodilo resultan atractivas para practicar senderismo por la selva. En el Okavango es posible pescar.

Se cree que el pueblo san (bosquimanos) habitaba Botsuana hace treinta mil años. Les siguieron los khoi-khoi (hotentotes), de cultura ganadera, y más tarde los bantúes, que emigraron desde las regiones noroeste y este de África entre los siglos I y II d.C. y se establecieron junto al río Chobe. Hasta el siglo XVIII los distintos grupos bantúes, como los tsuana, agrupados en pequeñas comunidades convivieron pacíficamente en el Kalahari. Las disputas propiciaban separaciones de mutuo acuerdo.

Hacia 1800, las tierras de pasto a orillas del Kalahari estaban ocupadas por pastores, y la separación pacífica dejó de ser una solución factible a las disensiones. Por otra parte, los europeos habían llegado a El Cabo y se expandían hacia el Norte. Tras la unión de las tribus zulúes en Suráfrica en 1818, los colonizadores agredieron los diseminados pueblos tsuana, potenciando su vulnerabilidad. Como respuesta, se reagruparon y su sociedad se estructuró de forma compleja: una monarquía hereditaria reglamentaba cada nación tsuana, y los súbditos residían en poblaciones centralizadas y poblaciones satélite.

El orden y la estructura de la sociedad tsuana impresionó a los misioneros cristianos, que se introdujeron a principios del siglo XIX. No lograron evangelizar a una gran mayoría, aunque consiguieron asesorarlos, a veces erróneamente, en sus tratos con los europeos. Entretanto, los boers iniciaban la gran migración (Gran Trek, 1834-1844) hacia el Vaal, atravesando el territorio tsuana y zulú e imponiendo las leyes occidentales. Muchos indígenas trabajaron en las granjas boer, pero la rebelión y la violencia propiciaron el fracaso de esta asociación laboral. En 1877 la animadversión había crecido de tal forma que los británicos intervinieron para anexionarse el Transvaal, desencadenando la primera guerra de los Boers. Tras la convención de Pretoria de 1881 la presión boer disminuyó, pero al año siguiente regresaron a las tierras tsuana, que volvieron a reclamar la protección británica.

La intervención de Gran Bretaña conllevó a los pueblos indígenas aceptar sus condiciones. Las tierras situadas al sur del río Molopo pasaron a denominarse Colonia de la Corona Británica de Bechuanalandia, mientras que el área situada al norte se convirtió en el Protectorado Británico de Bechuanalandia (la actual Botsuana). Sin contar los años en los que Gran Bretaña cedió el control a la South Africa Company de Cecil Rhodes, dominó el país hasta 1966. El nacionalismo se había desarrollado ampliamente durante los años cincuenta y sesenta. Después de la matanza de Sharpeville en 1960, se formó el Partido del Pueblo de Bechuanalandia, cuyo objetivo se centraba en la independencia. En 1965 se celebraron elecciones generales, y Seretse Khama fue elegido presidente. El 30 de septiembre de 1966, la República de Botsuana obtuvo su independencia.

Con el descubrimiento de minas de diamantes cerca de Orapa en 1967, Botsuana se transformó económicamente. Aunque la mayor parte de la población pertenecía a las capas más desfavorecidas, esta riqueza mineral proporcionó al país enormes reservas de divisas extranjeras, y la pula se convirtió en una de las principales monedas africanas. Pero en 1999, el mercado internacional del diamante se desplomó y se produjo el primer déficit presupuestario de Botsuana en 16 años. En cualquier caso, en relación al resto del continente africano, sigue gozando de una gran estabilidad y riqueza. El gobierno está considerado pragmático y prooccidental, aunque existe cierta inquietud por los crecientes gastos en infraestructura militar. Actualmente, los mayores problemas del país son el desempleo, la afluencia masiva de población rural a las ciudades y la elevadísima tasa de nacimientos.

En la actualidad, los mayores problemas de Botswana son el paro, el SIDA, el éxodo de la población a las ciudades y una tasa de natalidad imparable, que ha empezado a reducirse en los últimos años por la difusión del VIH y el SIDA en los grupos de edad para tener hijos. El país padeció unas inundaciones devastadoras en 2000 que dejaron a 70.000 sin techo, mientras que las sequías de los últimos años han causado gran sufrimiento, sobre todo en el oeste. En 2004, el índice de infección de VIH y de SIDA de Botswana era del 37,5%, y el país asistía a un pavoroso influjo migratorio de refugiados de Zimbabwe. A pesar de esos problemas, Botswana sigue siendo una nación tranquila.

En las primitivas religiones tribales de Botsuana los jefes de los clanes dirigían las cuestiones familiares desde el inframundo. Entre los ritos destacaban las ceremonias de iniciación masculina y femenina y los rituales para propiciar la lluvia. Se practicaba la poligamia, y los bienes de un hombre los heredaban los hijos de su primera mujer. El folclore san (bosquimano) es muy rico, y presenta explicaciones sobrenaturales de los sucesos terrenales, orquestados por N_odima, el bueno, y Gcawama, el embaucador malicioso. Los misioneros desplazaron la práctica totalidad de las costumbres tradicionales, y el cristianismo es en la actualidad la doctrina preponderante en el país. El inglés es la lengua oficial, pero el habla más utilizada es el tsuana, un idioma bantú que entiende aproximadamente el 90% de la población.

Los artesanos de la Botsuana primitiva aplicaban su estética individual a los utensilios e instrumentos de uso cotidiano. La alfarería, los tejidos y las herramientas fueron sus aportaciones más importantes. Las exquisitas cestas presentan diseños de nombres tan evocadores como lágrimas de la jirafa, rastro de orín del toro o frente de la cebra. Dado que no existía la escritura en los idiomas indígenas, el país no posee una tradición literaria relevante. Los mitos antiguos y la poesía religiosa de los aborígenes se ha transmitido de forma oral, y no se ha transcrito hasta fechas recientes. La figura literaria contemporánea más conocida ha sido Bessie Head (1937-1986), de origen surafricano, que se refugió en Serowe y centró sus novelas en la belleza de la vida rural.

En la sociedad tradicional los hombres cuidaban los rebaños y subsistían fundamentalmente con la carne y la leche, mientras que las mujeres recolectaban y consumían frutas silvestres y verduras. Actualmente, las gachas de mijo y sorgo conforman la base de la gastronomía botsuana, aunque se están sustituyendo por las harinas de maíz importadas. Los pueblos de las áreas remotas completan su dieta con morama, un tubérculo, y una seta comestible denominada trufa de Kalahari. También se pueden encontrar platos guisados con el gusano del mopane, una larva similar a una oruga que puede cocinarse en cenizas calientes, hervirse en agua salada o secarse y freírse. Entre las bebidas tradicionales destaca el vino de palma, muy fuerte e ilegal, aunque tolerado, y el kgadi, una destilación de azúcar moreno o setas. Entre las legales cabe citar la bojalwa, una cerveza de sorgo económica.

Situada en el centro de África Meridional, Botsuana, sin acceso al mar, se extiende unos 1.100 km de Norte a Sur y 960 km de Este a Oeste, ocupando un área equivalente a la de Francia, algo mayor que España. Al Sur limita con Suráfrica, a través de los ríos Limpopo y Molopo; al Noreste, con Zimbabue, mientras que Namibia abraza las fronteras oeste y norte. En Kazungula, en el remoto Norte, cuatro países -Botsuana, Zimbabue, Zambia y Namibia- confluyen en el centro de la corriente del río Zambeze. El paisaje se presenta llano de manera casi uniforme; el semidesierto del Kalahari cubre cerca del 85% del territorio, incluyendo las regiones central y suroccidental. En el Noroeste, el río Okavango fluye desde Namibia y queda absorbido en las arenas, creando 15.000 km² de sinuosos canales e islas que forman el delta del Okavango.

Las tierras secas de Botsuana albergan más de setenta especies de serpientes, entre las que destaca la cobra de cuello negro, y muchas arborícolas y trepadoras venenosas abundan en el Okavango, pero no suelen acercarse a los humanos. Esta parte de África Meridional ofrece una muestra de pájaros comunes de especie indefinida, y también acoge un conjunto de fauna avícola colorista y exótica. Entre las aves figuran la elegante grulla coronada de cuello gris, el turaco gris con su característico grito, la bella carraca de pecho lila y el austero secretario o serpentario, que derrota a las serpientes brincando varias veces sobre ellas. Los parques nacionales y reservas más hermosos de Botsuana son el hogar de una variedad sorprendente de vida salvaje y en ellos habitan elefantes, guepardos, licaones, leopardos, hienas, jirafas, hipopótamos y cebras.

La mayor parte de la nación está cubierta por la sabana, formada por acacias o arbustos espinosos. Los únicos bosques de mopane se encuentran en el Noreste, donde existen áreas en las que se aprovecha la madera para la construcción. En la misma zona crecen árboles mongonga y marula, cuyos frutos comestibles sirvieron en otros tiempos como base alimentaria del pueblo san. La madera blanda de la marula se utiliza en la artesanía local, y sus frutos se emplean para elaborar una especie de cerveza.

Aunque se encuentra sobre el trópico de Capricornio, Botsuana presenta grandes variaciones térmicas. Los días suelen ser claros, templados y soleados, pero en las noches refresca e incluso puede helar. En el Kalahari, el termómetro puede descender al anochecer más allá de los 0ºC en junio y julio; en los enclaves más húmedos, acostumbra a escarchar. Es un país seco, aunque de noviembre a marzo se generalizan las lluvias de verano. Entre mayo y agosto las precipitaciones escasean.

Si bien algunas líneas aéreas africanas y británicas ofrecen vuelos internacionales con destino a Gaborone, suele ser más económico acercarse a la región volando hasta Harare (Zimbabue), Windhoek (Namibia) o Johanesburgo (Suráfrica), y desplazarse por tierra hasta Botsuana. Se puede acceder por carretera desde cualquiera de los países vecinos, aunque en la frontera es preciso esterilizar los neumáticos y los zapatos con un tratamiento adecuado a fin de prevenir la difusión de la fiebre aftosa. El autobús Trans-Namib realiza el trayecto entre Ghanzi y Gobabis (Namibia). Existen minibuses entre Gaborone y Johanesburgo. Los que se dirigen a Zimbabue incluyen el servicio de Gaborone a Francistown, Bulawayo y Harare, y el de Kasane a las cataratas Victoria. La línea entre Livingstone (Zambia), las cataratas Victoria (Zimbabue) y Windhoek (Namibia) cuenta con parada en Kasane. Otra forma de desplazarse al país desde Zambia se efectúa mediante el ferry de Kazungula a través del río Zambeze.

Entre las poblaciones más relevantes existen vuelos regulares, aunque las tarifas resultan elevadas. Botsuana posee seis rutas principales de autobús, y una buena línea ferroviaria que comunica Francistown, Gaborone y Lobatse, con un servicio asequible y fiable. No obstante, el transporte público es prácticamente inexistente y, aunque nunca es seguro, Botsuana es uno de los países en los que es preferible realizar autostop. Esta práctica está tan institucionalizada que implica una tarifa de aproximadamente 0,5 dólares por cada 100 km. En caso de recorrer las carreteras secundarias, es mejor proveerse de equipamiento, comida y agua suficientes para poder sobrevivir varios días de espera.


· Van der Post, Laurens: Aventura en el corazón de África, Ediciones Destino, Barcelona, 1984
· Masó, Albert: Kalahari: el desierto rojo, Àmbit Serveis Editorials, Barcelona, 1998
· Eckstron, Christine; Lanting, Frans: Paraísos olvidados, RBA Publicaciones, Barcelona, 1998
· Swaney, Deanna: Zimbabwe, Botswana & Namibia, Lonely Planet Publications, 1999
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