Nombre oficial: República de Costa de Marfil Superficie: 322.000 Km² Población: 16.8 million Capital: Yamussukro (100.000 hab.) Nacionalidades y etnias: akan (que incluye los grupos baulé y agni), kru (yacuba o dan, principalmente), senufu, mande, libaneses, franceses Idioma: francés (oficial); 60 dialectos nativos, entre los que destacan yacuba, senufu, baulé, agni y diula Religión: 65% religiones tradicionales, 23% musulmanes, 12% cristianos, protestantes en su mayoría Régimen político: república Presidente: Laurent Gbagbo Primer Ministro: Seydou Diarra
PIB: 24.2 billones de dólares PIB per cápita: 1,640 dólares Crecimiento anual: 6% Inflación: 3%
Visados: todos los visitantes precisan visado Condiciones sanitarias: es necesario vacunarse contra la fiebre amarilla y el cólera, caso de producirse algún brote. También se recomienda, en caso de estancia prolongada, las vacunas contra la hepatitis y tifoidea. Hora local: GMT Electricidad: 220V, 50Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: unos 728.000 visitantes al año Monedafranco CFA Comidas · Presupuesto bajo: entre 1 y 5 dólares · Presupuesto medio: entre 5 y 15 dólares · Presupuesto alto: a partir de 15 dólares Alojamiento · Presupuesto bajo: entre 6 y 12 dólares · Presupuesto medio: entre 12 y 30 dólares · Presupuesto alto: a partir de 30 dólares El franco CFA se fija según el franco francés y es la moneda principal de todos los países francófonos del oeste de África. El presupuesto mínimo por jornada se ajusta a los 10 dólares, obteniendo con ello un alojamiento sencillo pero limpio y excelente comida callejera. En ocasiones resulta complejo encontrar restaurantes económicos, y si se pretende comer al estilo occidental y alojarse en hoteles más confortables, deben calcularse alrededor de 30 o 40 dólares diarios. Las estancias en hoteles de primera clase, combinadas con salidas nocturnas, representarán un gasto de unos 100 dólares al día. Alquilar un coche cuesta otros 100 dólares por jornada. La agencia bancaria del aeropuerto ofrece tipos de cambio aceptables, de manera que si se viaja en avión, merece la pena canjear las divisas al llegar. De no ser así, el visitante tendrá interés en cotejar las distintas ofertas de cambio, que en algunos bancos pueden resultar muy ventajosas, pero con comisiones elevadas, mientras que en otros no se cobran pero se aplica un tipo mucho más bajo. Al contrario que los ciudadanos franceses, los turistas de otras naciones pueden encontrarse con dificultades a la hora de obtener dinero en efectivo con sus tarjetas de crédito. El banco COBACI en Plateau, Abidjan, es el único que ofrece un adelanto en efectivo con la presentación de una tarjeta. El sistema de propinas no sigue reglas definidas. Los africanos no suelen practicarlo, pero esperan de los ricos (es decir, los visitantes) un cadeau (regalo) como propina. En los restaurantes más caros, se supone que incluso los africanos deben dejar un 10% más del importe, pero conviene comprobar previamente la cuenta en caso de que el servicio estuviera incluido. Los taxistas esperan una gratificación de un 10%, excepto si se trata de un taxi compartido. Abidjan Abidjan, una gran metrópoli, glamourosa y minada por la delincuencia, carecía de interés hasta 1951, cuando los franceses finalizaron la construcción del canal Vridi, que une la laguna de Abidjan con el océano. La ciudad posee desde entonces un puerto excelente y su población ha aumentado hasta prácticamente alcanzar los tres millones de habitantes, repartidos en cuatro penínsulas alrededor de la laguna. Conocido como el París de África Occidental, en Abidjan viven muchos franceses pero también atrae a muchos africanos de los países vecinos, por lo que se ha convertido en la urbe más cosmopolita de la región. Muchos viajeros únicamente conocen sus barrios más ricos, especialmente Le Plateau, el céntrico punto comercial repleto de rascacielos, y Cocody, la elegante zona residencial donde se encuentra el reconocido hotel Ivoire. Distritos más humildes, como Treichville, Marcory y Adamé, resultan mucho más interesantes. Unido con Le Plateau por medio de dos puentes, el barrio de Treichville concentra la mayoría de locales nocturnos. El hotel Ivoire, el más famoso de África Occidental, es también una de las principales atracciones de la ciudad. Se enorgullece de poseerlo todo: piscina, pista de patinaje sobre hielo, bolera, cine, casino e incluso una importante galería de arte en el sótano. La moderna seo de Abidjan, la catedral de St Paul, sólo superada por otra en la capital, Yamussukro, justifica la visita por las vistas que se divisan desde lo alto de su campanario. Fue diseñada por un arquitecto italiano, y consagrada por el Papa en 1985. En el extremo noroccidental se encuentra el Parc du Banco, una reserva de selva tropical que con su frescor se presta a pasear. A unos centenares de metros de la entrada, por el camino de tierra, se encuentra la lavandería al aire libre más grande de África: un inolvidable espectáculo en el que cientos de fanicos (lavanderos) se reúnen en el centro de una corriente para hacer la colada. Diariamente, frotan enérgicamente la ropa sobre enormes piedras sujetas por viejos neumáticos, y la extienden en las rocas y la hierba a lo largo de medio kilómetro. Nunca se equivocan ni confunden las prendas de cada uno. No hay que, olvidar que desde finales de la década de 1980, Abidjan tiene fama de contar con el índice de criminalidad más alto de África Occidental, y ninguna zona de la ciudad se considera suficientemente segura para andar solo por la noche. Yamussukro Yamussukro se convirtió en la capital del país en 1983. Desde la década de 1960, el presidente Houphouët-Boigny invirtió en su pueblo natal, y lo convirtió en una extraña urbe. Cuenta con autopistas de ocho carriles, desérticas y bordeadas con más de diez mil farolas, y avenidas que finalizan en la selva. La mayoría de las casas africanas tradicionales fueron reemplazadas por estructuras de cemento propias de la clase media. Pero simultáneamente no existe otra ciudad de estas características en todo el continente, y su centro urbano es mucho más dinámico por la noche de lo que cabría suponer por su apariencia impersonal. La impresionante pieza central de la urbe es la basílica de Notre Dame de la Paix, una réplica prácticamente exacta de la de San Pedro, en Roma. Construida en tan sólo tres años, se alza como la iglesia más elevada de toda la cristiandad, algo probablemente incoherente en un país con escasos practicantes católicos. Aparte de su forma y su tamaño, el visitante recordará sobre todo los 36 inmensos vitrales fabricados artesanalmente en Francia. Los 300 millones de dólares que ha costado equivalen a la mitad del déficit presupuestario nacional. Yamussukro se encuentra a unos 200 km al noroeste de Abidjan. Está muy bien comunicada con el resto del país gracias a su céntrica ubicación. Los autobuses suelen resultar el mejor medio de transporte, más rápido y barato, para llegar hasta allí y desplazarse por la urbe. Parque Nacional Taï Este Parque Nacional aparece como una de las últimas zonas de selva virgen en África Occidental, con árboles que llegan a alcanzar los 50 m de altura, de enormes troncos y raíces. Andar por un bosque primeval supone una gran experiencia: los altísimos árboles, las lianas colgantes, los riachuelos de rápida corriente y la fauna que ha formado su hábitat se combinan para crear un entorno tranquilo y encantador. Los investigadores han dedicado décadas al estudio de los chimpancés del parque y han descubierto que éstos han desarrollado ingeniosas formas de cazar otros monos. El parque destaca por las frecuentes lluvias y la humedad; la mejor época para visitarlo se centra de diciembre a febrero, la temporada seca. Para introducirse en Taï se requiere un permiso estrictamente necesario extendido por el Ministerio de Aguas y Bosques en Abidjan. También resulta complejo llegar hasta allí. La mejor manera es tomar un autobús, seguido de un taxi local y finalmente de un minibús desde Man (a 450 km al noroeste de Abidjan) o San Pedro (a 280 km al oeste de Abidjan) hasta Guiglo, seguir en dirección a la población de Taï y cubrir en autostop los 30 km restantes hasta el centro de investigación del parque. Man La región de Man, que abarca el centro y oeste de Costa de Marfil, está formada por una sucesión de colinas cubiertas por exuberante vegetación que se extienden hasta el horizonte. Es conocida fundamentalmente por su excelente mercado (en la ciudad de Man), las características máscaras de cada pueblo y los bailarines yacuba que actúan sobre zancos durante la Fête des Masques anual (Fiesta de las Máscaras). Las poblaciones de la región de Man cuentan con diversas máscaras representativas que utilizan para sus rituales. La ciudad de Man tan sólo cuenta con un mercado diario como atracción principal, pero resulta una buena base para explorar la región, especialmente La Cascade, una cascada muy visitada en un bosque de bambú a 5 km al oeste de la urbe. El valle del monte Tonkoui, el segundo pico más alto de Costa de Marfil, se encuentra a 15 km al norte de La Cascade. Desde su cima puede divisarse el territorio de Liberia y Guinea. Los excursionistas también aprecian la empinada montaña con forma de diente de La dent de Man (el diente de Man), el ángel guardián de la región. Otro elemento destacado de la zona lo constituyen sus pueblos: una carretera de circunvalación de 275 km hacia el norte de Man permite visitar Biankouma, Gouéssésso, Sipitou y Danané. Man se encuentra a unos 450 km al noroeste de Abidjan. Air Ivoire dispone de un servicio de Abidjan a Man dos veces por semana. Diversas compañías de autobuses y taxis colectivos cubren el largo trayecto varias veces al día. Sassandra Sassandra, conocida por sus magníficas playas, cuenta como principal punto de atracción con una población pesquera de la etnia fanti, con un puerto muy activo y un atractivo río para explorar. El viajero dispuesto a probar el muy recomendado bangui (vino de palma), lo encontrará en grandes cantidades. Este enclave actuó en el pasado como importante centro comercial, pero su actividad declinó con la construcción del puerto del vecino San Pedro. Las playas se encuentran al oeste de Sassandra, a lo largo de una carretera sin asfaltar. La primera, con fuerte oleaje, denominada Plage Le Bivouac, puede alcanzarse andando desde el pueblo; para las demás, es necesario el autostop o tomar un taxi. La más reconocida es la pacífica Poly-Plage y su diminuto pueblo de pescadores fanti. Sassandra está situada a 210 km al oeste de Abidjan. Existen servicios diarios de autobuses de ida y vuelta. Korhogo Korhogo, capital de los senufu, fue construida en el siglo XIII. Los senufu son famosos por su madera tallada, pero también por su destreza en la herrería y la alfarería. La mayoría de escultores de la madera viven y trabajan en el pequeño barrio Quartier des Sculptures. Su bullicioso mercado se encuentra en el centro de la urbe. Los senufu poseen asociaciones secretas, divididas entre el culto Poro, para los niños, y el culto Sakrobundi, para las niñas, mediante los cuales son iniciados a la edad adulta. El objetivo es conservar las tradiciones grupales, enseñarles las costumbres tribales e inculcarles el autocontrol por medio de rigurosas pruebas. La educación de los jóvenes se divide en tres períodos de siete años, al término de los cuales se celebra una ceremonia de iniciación, con circuncisión, aislamiento, instrucción y utilización de máscaras. Cada comunidad cuenta con un bosque sagrado donde se desarrolla el entrenamiento, y no se permite jamás a los no iniciados presenciar las pruebas. Ciertas ceremonias rituales se desarrollan en la población y no están prohibidas a los visitantes, como la dance des hommes panthères (la danza de los hombres pantera), que acontece cuando los muchachos regresan de una sesión de entrenamiento en el bosque. Korhogo se halla a más de 500 km al norte de Abidjan. Air Ivoire ofrece una línea regular de vuelos entre ambas poblaciones durante los fines de semana. Los autobuses que cubren el trayecto Abidjan-Korhogo efectúan media docena de salidas al día. En Korhogo también se puede alquilar un coche para explorar la región. Parque Nacional Comoë Comoë, la reserva de animales salvajes más extensa de África Occidental, se ubica en la punta nororiental de Costa de Marfil. Una de las rutas más conocidas recorre la orilla del río Comoë, donde los animales salvajes suelen acudir en busca de agua durante la temporada seca. Los leones abundan en la parte meridional de la reserva, especialmente en la zona denominada triángulo de Kapkin. Se calcula un centenar de elefantes en el parque, por lo que el visitante cuenta con muchas probabilidades de ver alguno. Otros animales que comparten este hábitat son el mono verde, el hipopótamo, el babuino, el mono colobus, el ciervo de agua, varias especies de antílope y 21 especies de cerdo. Los leopardos también habitan en libertad en la reserva, pero pocas veces se tiene la suerte de vislumbrar alguno. La reserva está abierta de diciembre a mayo. Comoë se encuentra a 570 km al noreste de Abidjan. Existen diversas entradas a la reserva; las más habituales son Kafolo al Norte y Gansé y Kapkin en el Sur. Los autobuses y los taxis colectivos suelen utilizar la entrada septentrional. Poco se sabe de Costa de Marfil antes de la arribada de los barcos europeos en la década de 1460. Los principales grupos étnicos llegaron al país procedentes de zonas vecinas en fechas relativamente recientes: los kru migraron desde Liberia hacia el año 1600; los senufu y lubi se desplazaron al Sur desde Burkina Faso y Mali. Y hasta los siglos XVIII y XIX no llegaron los akan, que incluyen el grupo étnico de los baulé y procedían de Ghana, hasta la zona oriental del país; y los malinké, de procedencia guineana, que se asentaron en el noroeste de Costa de Marfil. Al contrario que su vecina Ghana, Costa de Marfil no sufrió en exceso la trata de esclavos. Los barcos europeos que transportaban mercancías y esclavos preferían otros enclaves a lo largo de la costa con mejores puertos naturales. Francia se interesó por el país en 1840, manipulando a los líderes locales para garantizar el monopolio del comercio costero a los mercaderes franceses. Posteriormente, los galos construyeron bases navales para ahuyentar a los comerciantes extranjeros e iniciaron una conquista sistemática de las tierras del interior, que sólo culminó tras una larga guerra en la década de 1890 contra fuerzas mandinka, procedentes en su mayoría de Gambia. Los baulé y otros grupos étnicos del este de la nación siguieron librando una guerra de guerrillas hasta 1917. Francia contaba con un objetivo primordial: estimular la producción de materias primas para la exportación. Pronto se sembraron plantaciones de café, cacao y aceite de palma a lo largo de la costa. Costa de Marfil se distinguió por ser el único país del oeste de África con una población considerable de colonos extranjeros; en el resto, los franceses e ingleses residentes trabajaban en la burocracia. En consecuencia, una tercera parte de las plantaciones de cacao, café y bananos estaba en manos de ciudadanos franceses, y un sistema de trabajos forzados se convirtió en la columna vertebral de la economía del país. Félix Houphouët-Boigny, hijo de un jefe baulé, sería el instigador de la independencia de Costa de Marfil. Houphouët-Boigny estudió medicina antes de convertirse en un próspero cultivador de cacao y jefe local. En 1944 inició su carrera política y formó el primer sindicato agrícola de la nación, una organización que únicamente defendía los intereses de los hacendados africanos, no de los campesinos. Molestos por la política colonial, que beneficiaba a los propietarios franceses, se unieron para reclutar trabajadores inmigrantes para sus propias fincas. Houphouët-Boigny pronto se convirtió en un destacado personaje, y al cabo de un año resultó elegido para el parlamento francés en París. Un año más tarde, los franceses abolieron los trabajos forzados. Con el tiempo, Houphouët-Boigny, ávido de poder y dinero, trató de congraciarse con el país galo, abandonando gradualmente la postura más radical de su juventud. Francia le correspondió y se convirtió en el primer africano en ocupar un cargo ministerial en un gobierno europeo. Cuando consiguió la independencia en 1960, Costa de Marfil se situaba como la colonia francesa más próspera de África Occidental, aportando más del 40% de las exportaciones totales de la región. Cuando Houphouët-Boigny se convirtió en el primer presidente del país, su gobierno concedió altos precios a los agricultores para estimular todavía más el rendimiento de sus artículos comerciales. La producción del café aumentó considerablemente, convirtiéndose en el tercer productor del mundo, después de Brasil y Colombia; lo mismo sucedió con el cacao: en 1979, el país era el primer productor del mundo. También se convirtió en la primera nación africana exportadora de piñas y aceite de palma. Entre bastidores, el programa de desarrollo, a menudo denominado milagro marfileño, había sido planificado por técnicos franceses. En el resto de África, los procesos independentistas comportaban la expulsión de los europeos; en Costa de Marfil, en cambio, acudían en masa. La comunidad francesa creció de diez a cincuenta mil miembros, la mayoría de ellos maestros y asesores. Durante 20 años, la economía mantuvo una tasa de crecimiento anual de casi un 10%, la más alta entre los países africanos no exportadores de petróleo. Políticamente, Houphouët-Boigny dirigió Costa de Marfil con mano de acero. No había libertad de prensa, y sólo se toleraba un partido político. Houphoët-Boigny fue también el mayor productor africano de espectáculos. Se gastaron millones de dólares para transformar su pueblo, Yamussukro, en la nueva capital. A principios de la década de 1980 la recesión mundial y una sequía local afectaron seriamente la economía nacional. Por ende, la tala abusiva propiciada por la industria maderera y el colapso de los precios del azúcar triplicó la deuda exterior del país. El aumento de la criminalidad en Abidjan llegó a los medios de comunicación europeos. El milagro había finalizado. En 1990 centenares de funcionarios iniciaron una huelga, apoyada por los estudiantes, cuyas violentas protestas callejeras señalaban como culpables de la crisis económica a la corrupción y el tren de vida de los altos cargos del gobierno. La agitación social alcanzó cotas de una intensidad sin precedentes, debilitando la imagen de Houphouët-Boigny y obligando al gobierno a aceptar la democracia pluripartidista. Las elecciones presidenciales de 1990 fueron las primeras que contaron con la participación de otros partidos políticos, y en consecuencia Houphouët-Boigny sólo obtuvo un 85% de los votos, en lugar del consabido 99,9%. Pero el presidente falleció en 1993. Su sucesor, Henri Konan-Bédié, era miembro de la etnia baulé y presidente de la Asamblea Nacional. En octubre de 1995, Bédié fue reelegido por abrumadora mayoría ante una oposición desorganizada y dividida. El presidente aumentó su control sobre la vida política, y encarceló a centenares de opositores. El panorama económico, en cambio, pareció mejorar, con una inflación decreciente y un intento de acabar con la deuda externa. Pero el carácter imprevisible y volátil de África volvió a ponerse de manifiesto a finales de 1999. Un grupo de generales descontentos organizó un golpe de estado y el presidente Bédié se exilió en Francia. Dirigidos por el general Robert Guéi, los militares fundaron el COSUR (Comité Supervisor para la Organización del Referendum). El golpe conllevó una disminución de la criminalidad y la corrupción, y los generales abogaron por la austeridad y promovieron una campaña pública a favor de una sociedad menos derrochadora. En octubre de 2000 se celebraron unas elecciones en las que Laurent Gbagbo disputaba la presidencia a Robert Guéi, pero no resultaron pacíficas ni democráticas. Guéi trató de amañar los comicios en su favor, provocando un alzamiento popular, alrededor de ciento ochenta víctimas mortales y la rápida ascensión de Gbagbo al poder. Alegando que se trataba de un ciudadano de Burkina Faso, y por lo tanto inhábil para ocupar la presidencia, el Tribunal Supremo impidió al líder de la oposición musulmana, Alassane Ouattara la participación en las elecciones. También se le cerraron las puertas en las elecciones legislativas del 12 de diciembre, con el consiguiente estallido de protestas violentas en las que sus partidarios, principalmente del norte musulmán del país, se enfrentaron a la policía antidisturbios en la capital, Yamussukro. La sangrienta violencia preelectoral ha puesto en evidencia que las tensiones étnicas y políticas en Costa de Marfil no se resolverán fácilmente. Entre reiteradas acusaciones de intento golpista por parte del partido liberal Unión de Republicanos, de Ouattara, Gbagbo ha asumido la presidencia tras las recientes elecciones; la Unión de Republicanos ha boicoteado el resultado. En un ambiente de creciente hostilidad hacia los residentes extranjeros, la situación es cuanto menos insegura. El 19 de septiembre de 2002, las tropas del norte se amotinaron y se hicieron con el control de gran parte del país. El antiguo presidente Guéi fue asesinado al principio de la contienda. El temprano alto al fuego con los rebeldes, plenamente respaldado por la población del norte, en su mayoría musulmana, duró poco y en seguida se reanudó la lucha por las principales zonas productoras de cocos. Francia envió tropas para mantener los límites del alto al fuego, y las milicias, que incluían a los señores de la guerra y luchadores de Liberia y Sierra Leona, aprovecharon la crisis para apoderarse de partes del oeste. En enero de 2003, el presidente Gbagbo y los líderes rebeldes firmaron acuerdos para la creación de un 'gobierno de la unidad nacional'. Se levantó el toque de queda y las tropas francesas limpiaron la anárquica frontera occidental del país. Pero los problemas centrales permanecieron, y ninguna parte logró sus objetivos. Desde entonces, el gobierno de la unidad ha demostrado ser muy inestable. En marzo de 2004, 120 personas fueron asesinadas en una marcha de la oposición. Después se supo que los asesinatos fueron premeditados. Aunque se enviaron contingentes pacificadores de la ONU, las relaciones entre Gbagbo y la oposición siguieron deteriorándose. El arte de Costa de Marfil figura entre los más destacados de la región occidental de África, y cada grupo étnico del país cuenta con una expresión artística bien diferenciada. Especialmente famosas son las tallas de madera de los baulé, los dan (o yacuba) y los senufu. En la artesanía de los dan, la máscara más común representa un rostro humano, ligeramente abstracto pero con rasgos realistas. Otra expresión típica de dicha artesanía la conforman los cucharones de madera para servir el arroz: suelen estar elaborados en forma de dos piernas humanas que les permiten mantenerse de pie. Presentes habitualmente en las ceremonias conmemorativas, las máscaras faciales baulé resultan muy realistas y pretenden representar individuos que pueden identificarse por sus tatuajes en el rostro o por sus peinados. Las máscaras senufu se caracterizan por su gran estilización: la más famosa de ellas es la máscara-casco escupe fuego, una combinación de antílope, jabalí verrugoso y hiena. Aunque el país cuenta con dos de las catedrales católicas más monumentales del mundo, únicamente un 12% de la población profesa el cristianismo, y en su mayoría se trata de protestantes. Cerca de una cuarta parte de la población es musulmana, y habita principalmente en el Norte. La gran mayoría practica religiones tradicionales basadas en cultos ancestrales. Creen que los muertos se transforman en espíritus y permanecen en contacto constante con los vivos; por medio de distintos rituales, los vivos intentan granjearse su benevolencia y protección. La práctica de la magia también está muy extendida, y la magia blanca ahuyenta a los espíritus malignos. Los curanderos o los sacerdotes juju dispensan amuletos, predicen la suerte y aconsejan sobre cómo evitar los peligros. También bendicen grigris, amuletos colgados al cuello que protegen de maleficios específicos. En concreto, los miembros de la etnia senufu se han mantenido muy fieles a sus creencias tradicionales. Sus descendientes aprenden durante muchos años la historia y las costumbres sociales de su pueblo antes de ser iniciados en secreto. El cantante de reggae Alpha Blondy, de fama mundial, es el más conocido de Costa de Marfil, aunque su música no sea necesariamente representativa del país. El estilo musical tradicional consta de melodías y ritmos simultáneos, sin que uno domine por encima de los otros. Históricamente, esta música se consideraba patrimonio exclusivo de un grupo social, los griot (artistas de pueblo), que utilizan instrumentos fabricados con materiales autóctonos, como calabazas, pieles y cornamentas de animales. El escritor más conocido y prolífico de Costa de Marfil es Bernard Dadié, cuya obra ha sido traducida a numerosos idiomas. Una de sus primeras novelas, Climbié (1971), es un relato autobiográfico de un viaje a Francia durante su infancia. Aké Loba y Ahmadou Kourouma también destacan en su labor literaria. En los pueblos y hogares urbanos de estilo africano, los alimentos continentales se consumen con los dedos. El acompañamiento más habitual, el attiéké, se basa en mandioca rallada similar al couscous, y que el visitante podrá degustar en un maquis, restaurante económico al aire libre, con mesas y sillas sobre la arena. Paradigma de la gastronomía nacional, los maquis suelen servir pescado y pollo estofados con cebolla y tomate junto con attiéké, o kedjenou, un plato de pollo con verduras y una salsa más bien suave. El aloco, plátano maduro en aceite de palma, aliñado con cebollas al vapor y chile, es una de las comidas callejeras más sabrosas, y puede consumirse sola o con pescado asado. · Delgado Fernández, Pedro: Al sur del Sáhara: cuaderno de viaje del África negra, Caligrama Ediciones, Benalmádena, 2000 · Esteva, Jordi: Viaje al país de las almas, Editorial Pre-Textos, Valencia, 1999 · Matthiessen, Peter: Los silencios de África, Península Ediciones, Barcelona, 1999
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