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Dinamarca
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Hay pocas cosas que perturben la paz de la comunidad más acogedora y políticamente correcta de la península Escandinava, cuyos habitantes, descendientes de los vikingos, han tenido que enterrar sus cuernos y dejar su huella de forma más civilizada. La respuesta danesa ha sido inventar el juego del Lego, convertirse en el miembro más reservado de la Unión Europea, proporcionar jugadores de fútbol de gran talento y animar durante el Tour de Francia de 1996 a su compatriota Bjarne Riis, que vestía el maillot amarillo. Su fama continúa gracias a sus pasteles de hojaldre, que hacen las delicias de los golosos.

Copenhague, capital de Dinamarca y ciudad de juguete, es una trampa de persuasión, con sus ropas siempre limpias, su lacio grunge al borde de la fanfarronada y sus educados ciudadanos de nombres como Jens, Hans y Neils, que se abren paso a codazos. Con toda la diversión que produce este festival de islas, la fama de Dinamarca de ser el país con menos riesgo de bancarrota bien merece una felicitación y un brindis por parte del viajero.

Nombre oficial: Reino de Dinamarca
Superficie: 43.094 km²
Población: 5.380.000 hab.
Capital: Copenhague (1.800.000 habitantes)
Nacionalidades y etnias: 95% daneses; 5% extranjeros
Idioma: danés (la mayoría de la población habla también inglés y alemán).
Religión: luteranismo
Régimen político: monarquía constitucional
Jefe del estado: reina Margarita II
Jefe del gobierno: primer ministro Anders Fogh Rasmussen

PIB: 155.300 millones de dólares
PIB per cápita: 28.900 dólares
Crecimiento anual: 1,5%
Inflación: 2,5%
Principales recursos económicos: productos agrícolas, cereales, productos cárnicos, pescado, cerveza, petróleo y gas, industria electrónica, mobiliario
Principales socios comerciales: UE (especialmente Alemania, Suecia, Reino Unido, Países Bajos, Francia e Italia) y Estados Unidos
Miembro de la UE: sí
Zona euro: no

Visados: los ciudadanos de la mayoría de los países occidentales, incluidos Estados Unidos, la UE, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Malasia, Singapur y la mayor parte de los países suramericanos no necesitan visado.
Condiciones sanitarias: óptimas.
Hora local: GMT+1
Electricidad: 230 V, 50Hz
Pesos y medidas: sistema métrico

Considerando su latitud norte, Dinamarca disfruta de un clima suave durante todo el año. A pesar de ello, los meses de invierno son los menos agradables, ya el frío es intenso y pocas las horas de luz. Por ello, muchos destinos turísticos abren en abril, que es cuando el tiempo empieza a ser más templado y se disfruta de más horas de luz, y vuelven a cerrar en octubre.

Los meses ideales para viajar a Dinamarca son mayo y junio, porque el paisaje se viste de verde y los campos de flores, el clima es más agradable y no hay tantos turistas. El otoño es también una buena estación para visitar el país, aunque los campos hayan perdido gran parte de su colorido.

Durante la temporada alta de los meses de julio y agosto se celebran conciertos al aire libre, las calles rebosan actividad y se disfruta de las playas. Además, los que viajen en esta época descubrirán que los museos y demás atracciones turísticas tienen horarios más amplios. La última quincena de agosto es una época especialmente atractiva para visitar Dinamarca, ya que todavía conserva el clima veraniego, pero sin tanta aglomeración turística.

Los principales eventos en Dinamarca son los cientos de festivales musicales que se celebran casi sin interrupción y que abarcan una gran variedad de música, desde jazz, rock, blues, gospel, música irlandesa, música clásica, country y cajún. El inicio lo marcan las hogueras de la Noche del solsticio verano. Destacan el Festival de Roskilde, el mayor festival de música rock del norte de Europa, celebrado a finales de junio o principios de julio; el Festival de Midtfyns en Ringe, a comienzos de julio, que presenta música internacional de rock, pop, del mundo, tradicional y jazz; el Festival de Jazz de Copenhague, uno de los más importantes del mundo, que dura diez días a principios de julio; el Festival de verano de Copenhague, en el que se puede asistir a conciertos de música clásica y de cámara durante la última semana de julio y las dos primeras de agosto; y el Festival de Tønder, uno de los mayores festivales de música tradicional del norte de Europa, que tiene lugar a finales de agosto.

Los nueve días que dura el Festival de århus, que comienza el primer sábado de septiembre, convierten a esa ciudad en un escenario de fiesta continua, con representaciones teatrales y musicales de todos los estilos; atrae a cientos de miles de daneses y visitantes internacionales. El programa también incluye un Festival Vikingo, con bufones y competiciones de arco y justas, barcos vikingos, comida y bebida tradicional y mucha diversión.

Moneda
corona danesa

Comidas

· Económicas: entre 35 y 90 coronas
· Precio medio: entre 90 y 150 coronas
· Precio alto: más de 150 coronas
Alojamiento

· Económico: entre 60 y 300 coronas
· Precio medio: entre 300 y 900 coronas
· Precio alto: más de 900 coronas

Desde cualquier otro criterio que no sea el escandinavo, Dinamarca es un país caro, y parte de la culpa la tiene el impuesto del 25% que se incluye en todos los precios, desde la habitación del hotel hasta las compras en tiendas. A pesar de ello, el gasto del viajero dependerá de la forma escogida para visitar el país, ya que es posible conocer Dinamarca sin gastarse una fortuna.

Si uno hace uso de la amplia red de campings que existe en el país, se aloja en hostales o se prepara la comida, el gasto medio diario rondará los 30 dólares estadounidenses. Si se opta por hoteles de categoría media y por comidas económicas en restaurantes, el gasto puede ascender entre 65 y 75 dólares al día. Alquilar un coche en Dinamarca es caro, por lo que algunos prefieren hacerlo en Alemania por una tercera parte del precio y cruzar con él la frontera.

Los principales bancos del país aceptan todos los cheques de viaje más comunes, pero los costes bancarios por la transacción son elevados; por esta razón, conviene cambiar de una sola vez. Las oficinas de correo también canjean divisas y están abiertas los sábados por la mañana, lo que resulta bastante cómodo. La mayoría de los bancos disponen de cajeros automáticos.

En Copenhague existen, además, máquinas de cambio de moneda que funcionan las 24 horas del día.

En las facturas de los restaurantes y taxis se carga un importe adicional por servicio, por lo que no es necesario dejar propina; sin embargo suele redondearse el precio al alza. El regateo no es una costumbre habitual en Dinamarca.

Copenhague

Con una población de casi 1,8 millones de habitantes, Copenhague es la ciudad más grande y activa de la península Escandinava. Se trata de una atractiva ciudad de escasa altura, formada por edificios de seis plantas. Las torres en aguja de las iglesias se dibujan en el horizonte, en el que tan sólo sobresalen un par de modernos hoteles. Los principales lugares de interés cultural e histórico están concentrados en un espacio relativamente pequeño; en el resto de la ciudad abundan los parques, jardines, fuentes de agua y plazas. Copenhague es una ciudad cosmopolita, con una variada oferta turística y de ocio. Para los amantes de la música y de la fiesta, la ciudad cuenta con una activa vida nocturna, que se alarga hasta altas horas de la madrugada.

La estación central de trenes está rodeada, en su parte occidental, por la principal zona de hoteles de la ciudad y, en su parte oriental, por el parque de atracciones de Tívoli. Frente a la esquina norte de este parque, se encuentra la Rådhuspladsen, la plaza central de la ciudad y parada principal de autobuses. El aeropuerto, a 9 km al sur del centro de la ciudad, está conectado mediante autobús con la estación central de trenes y la plaza de Rådhuspladsen. Strøget, la calle peatonal más larga del mundo, atraviesa la ciudad y une la Rådhuspladsen con la plaza Kongens Nytorv, situada al comienzo de la zona colorista del canal de Nyhavn.

Justo al norte del canal, en el palacio de Amalienborg, residencia de la familia real desde 1794, puede verse el cambio de guardia, que se celebra cuando la reina está en palacio. Las cuatro mansiones rococó, casi idénticas, que forman el palacio, rodean una plaza central de adoquines y una gigantesca estatua ecuestre del rey Federico V. Una de las alas del palacio alberga un museo, que exhibe las dependencias reales a través de tres generaciones, de 1863 a 1947. Entre las iglesias clásicas de interés, se encuentran la Vor Frue Kirke, catedral de la ciudad, en la que destacan las famosas tallas de Cristo y sus discípulos de Bertel Thorvaldsen, y la iglesia Vor Frelsers Kirke, en la zona de Christianshavn, en la que destaca su elaborado altar barroco y su igualmente trabajado órgano tallado. Desde la torre espiral de la iglesia, de 95 m de altura, tras subir sus 400 escalones, se divisan unas vistas magníficas de la ciudad. Los últimos 160 escalones discurren por el borde exterior de la torre, estrechándose hasta el punto en el que literalmente desaparecen en la parte más alta.

En el Museo de Copenhague, sobresale la excelente colección Ny Carlsberg Glyptotek de arte y escultura de los períodos griego, egipcio, etrusco y romano. El Nationalmuseet (Museo Nacional) alberga una amplia colección de elementos históricos daneses, desde el período Paleolítico Tardío hasta la década de 1840. Para los que poten por un tipo de turismo menos cultural, se recomienda la visita al parque de atracciones de Tívoli, de más de un siglo de antigüedad, situado en el centro de la ciudad. Este parque tentador pero extremadamente caro data de 1843 y ofrece gran variedad de atracciones, como la montaña rusa, la galería de tiro, así como espectáculos de pantomima y conciertos. Por otro lado, también se puede simplemente observar a la gente yendo de un lado para otro. Obviamente, una visita a Copenhague no podrá darse por finalizada sin dar un paseo a pie o en ferry para contemplar la estatua más representativa de la ciudad, la Sirenita, situada en el muelle, a diez minutos del centro de la ciudad en dirección norte.

La mayoría de los hoteles económicos están localizados al oeste de la estación central de trenes. La zona de Nyhavn, a medio camino entre lo sórdido y lo aristocrático, es desde hace mucho tiempo el lugar predilecto de marineros y escritores (entre ellos Hans Christian Andersen); en ella, abundan las terrazas de moda y las casas restauradas a dos aguas. Es un barrio con un ambiente agradable, ideal para hacer una pausa para el almuerzo o tomar una cerveza por la tarde. No muy lejos, en Strøget, se encuentran numerosos puestos baratos para comer, principalmente hamburguesas y perritos calientes. En el Barrio Latino, al norte de StrØget, existen varios buenos restaurantes. Esta zona es, además, ideal para dar un paseo, ver representaciones callejeras y escuchar música en directo. En el barrio de Nørrebro, al norte de la ciudad, existen una serie de clubes frecuentados por jóvenes universitarios donde actúan buenos grupos de música. En la zona de Christianshavn, hay también algunos buenos locales para escuchar jazz.

Århus

Århus, centro cultural de Jutlandia, es una alegre ciudad universitaria con una de las mejores ofertas musicales y de entretenimiento de Dinamarca, desde conciertos sinfónicos y teatro hasta una animada vida nocturna de cafés. La atracción más bella de la ciudad es Den Gamle By (en el casco antiguo), un museo al aire libre con 75 edificios restaurados, traídos aquí desde diversos puntos del país y reconstruidos para formar una ciudad provincial. La mayoría de ellos son casas de los siglos XVII y XVIII, construidas con entramado de madera, pero también hay un molino de agua, uno de viento y algunos edificios de principios del siglo XIX.

La catedral århus Domkirke es la iglesia más grande de Dinamarca, que conserva la capilla original románica del siglo XII. Sin embargo, la mayor parte existente hoy día pertenece al gótico del siglo XV. La iglesia Vor Frue Kirke alberga la capilla más antigua del país, que se remonta aproximadamente al año 1060; el Museo Moesgård cuenta con importantes colecciones de la Edad de Bronce y de Hierro, además de divertidos paseos que reconstruyen el paisaje de los tiempos prehistóricos. Lo más llamativo del museo es el cuerpo del hombre de Grauballe, de 2.000 años de antigüedad, que fue descubierto en el año 1952 en una zona pantanosa y en un buen estado de conservación. århus está situada en la costa oriental de la península de Jutlandia, y a ella puede llegarse en avión, autobús o tren.

Ribe

Ribe es la ciudad más antigua de la península Escandinava, que se remonta al siglo IX. Sin embargo, en las últimas excavaciones que se han realizado se ha encontrado una serie de monedas de plata que demuestran que ya existía un pueblo comerciante en el año 700 d. C. Las continuas guerras con Suecia terminaron por asfixiar los intercambios regionales, lo que dio lugar al declive de la ciudad como importante centro de comercio medieval. Este declive económico impidió la modernización de la ciudad que, gracias a ello, conserva sus sinuosas calles de adoquines y las casas de madera del siglo XVI, que hacen que la visita a Ribe sea como entrar en un museo viviente de historia.

El monumento más importante de la ciudad es la catedral, bello testamento de su importante pasado, desde cuya torre del siglo XIV, de 27 metros de altura, se disfruta de unas bellas vistas de los alrededores. El Ribes Vikinger es un gigantesco museo que muestra la historia medieval y vikinga de la ciudad. Una de las salas de exposición contiene la reproducción de un mercado del año 800 d. C., además de una nave de carga vikinga; dispone también de una proyección multimedia de un viaje en barco vikingo por las antiguas rutas de comercio. Al sur de la ciudad se encuentra el Vikingecenter, en el que se intenta recrear la época vikinga de la localidad a través de una serie de reconstrucciones, entre las que destaca una casa comunal de 34 metros de estilo Fyrkat. Ribe se encuentra al sur de la península de Jutlandia; existen conexiones en tren desde Esbjerg (a 35 minutos) y Tønder (a 50 minutos).

Møns Klint

Los espectaculares acantilados de creta blanca se elevan 128 m sobre el nivel del mar, proporcionando uno de los paisajes más bellos de Dinamarca. Estos acantilados se formaron hace 5.000 años, cuando los depósitos calcáreos fueron arrastrados a la superficie desde el fondo del océano. No se tarda más de 30 minutos en bajar y subir a la playa desde ellos; también puede darse un paseo a lo largo de la línea de costa en cualquier dirección y regresar atravesando un denso bosque de hayas de enredadas ramas, un paseo un poco más duro, de una hora y media de duración.

Møns Klint está situado en la isla de Møn, al sur de Zealand, a la que está conectado por un puente y un servicio diario de autobús.

Castillo de Egeskov

El castillo de Egeskov, rodeado de un foso y provisto de un puente levadizo, es una joya renacentista. Se construyó en 1554 en el centro del pequeño lago de Egeskov, que literalmente significa bosque de robles, y descansa sobre una base de miles de troncos rectos de roble. El extenso parque de quince hectáreas que rodea el castillo fue diseñado a mediados de la década de 1700, y en él pueden verse setos centenarios, pavos reales sueltos y cuidados jardines ingleses. El interior del castillo alberga antigüedades, pinturas del gran período y un gran número de trofeos de caza. Se recomienda dar un paseo por el laberinto, de 200 años de antigüedad, construido con cañas de bambú de tres metros de altura. También puede visitarse un antiguo museo del automóvil, con alrededor de trescientos modelos de coches de época. Situado al sur de Odense, en la isla de Funen, se puede llegar al castillo de Egeskov en tren o en autobús.

Legolandia

Legolandia, a un kilómetro del pequeño pueblo de Billund, en la península de Jutlandia, es un parque temático de diez hectáreas, construido con piezas de plástico de Lego, poco recomendable para quien tema volver a su niñez al verse rodeado de 42 millones de unidades. A pesar de ser la atracción turística más visitada fuera de Copenhague, no tiene demasiado interés, a menos que se viaje con niños. La reconstrucción más elaborada es el puerto de Copenhague, formado por millones de piezas, además de barcos, trenes y grúas controladas electrónicamente.

La popularidad de Legolandia es, en parte, la responsable de haber convertido al aeropuerto de Billund en el segundo con más vuelos de Dinamarca. También se puede llegar en autobús desde Billund o desde Vejle, ciudad hacia la que, además, parten trenes con mucha frecuencia.

Christiansø

Christiansø es una preciosa isla-fortaleza del siglo XVII muy bien conservada, situada a una hora en barco de Bornholm en dirección noroeste. Toda la isla es una reserva natural, sin coches, edificios modernos, gatos o perros. La isla, con 140 habitantes, es parte de un grupo de islotes conocido como Ertholmene; está conectada a la isla más cercana de Frederiksø por un puente para peatones. GrÆsholm, al noroeste de Christiansø, es un refugio para la fauna y un importante lugar de cría del alca, pájaro bobo y otras aves marinas. En Christiansø, destaca la Store Tårn (Gran Torre), una impresionante estructura de 25 metros de diámetro construida en 1684. El faro de la torre, de varios siglos de antigüedad, ofrece vistas de toda la isla.

La Lille Tårn (Torre Pequeña) de la isla de Frederiksø, que data de 1685, es sede del museo de historia local. En la planta baja se exhiben aperos de pesca, herramientas y trabajos en hierro, mientras que en la superior existe una muestra de canoas, mobiliario de época, modelos y flora y fauna local. Los días de viento son ideales para dar un paseo por las murallas fortificadas de piedra y las baterías de cañones alineadas que rodean el perímetro de la isla. En la costa oriental de Christiansø, destacan los nidos de aves marinas y una cala recoleta. Desde Bornholm zarpan barcos con rumbo a la isla que operan entre mayo y septiembre, aunque el barco del correo cubre el recorrido durante todo el año.

Ærø

La isla de Ærø se encuentra bien alejada de las rutas más frecuentadas; se trata de un lugar idílico de pequeños pueblos, onduladas colinas y tierras de cultivo. Es un sitio ideal para descubrir en bicicleta, ya que las carreteras rurales están salpicadas de casas con techo de paja, viejos molinos de viento y antiguas tumbas-pasaje y dólmenes. Ærøskøbing, próspera ciudad mercantil de finales del siglo XVII, se conserva intacta; sus estrechas calles empedradas están bordeadas por casas muy juntas de los siglos XVII y XVIII, muchas de las cuales conservan sus entramados de madera, ventanas de cristal soplado, portales decorados y malvarrosas. Para mantener el carácter de la ciudad, no se permite construir edificios muy altos. La principal atracción es el museo Flaskeskibssamlingen, dedicado al trabajo de Peter Jacobsen, un marinero del pueblo apodado Pedro Botella, que se dedicó a construir 1.700 barcos dentro de botellas, muchas de las cuales están realizadas a mano.

Diariamente, parten ferrys que salen desde Funen y Faaborg en dirección a Søby, en el extremo oeste de Ærø. También hay conexiones, aunque menos frecuentes, desde Monmark, en Jutlandia. Para llegar a Ærøskøbing, situada en el centro de Ærø, debe tomarse en un ferry que parte de Svendborg, y para ir a Marstal, al este de Ærø, se zarpa de Rudkøbing, o bien de Kiel, al norte de Alemania.

Skagen

Puerto pesquero durante siglos, el luminoso paisaje de brezo y dunas de Skagen fue descubierto por los artistas a mediados del siglo XIX y, últimamente, lo ha vuelto a ser por veraneantes procedentes de la ciudad. La península dispone de bellas playas, entre ellas la de fina arena que se encuentra a tan sólo quince minutos del centro de la ciudad. El Museo Skagens muestra las pinturas de P. S. Krøyer, Michael y Anna Ancher y otros artistas que se reunieron en Skagen entre 1830 y 1930 para "pintar la luz". El lugar más septentrional de Dinamarca es la larga y curvada playa de arena de Grenen, tres kilómetros al noroeste de Skagen. El camino que conduce a ella atraviesa unas dunas cubiertas de rosas, cuyo punto más alto está ocupado por la tumba del poeta Holger Drachmann (1846-1908).

Den Tilsandede Kirke, " la iglesia enterrada ", es una torre de iglesia medieval encalada que aún sobresale entre las dunas de arena que sepultaron el pueblo y los campos a finales del siglo XVIII. La iglesia, en su día la más grande del país, fue clausurada en 1795 porque la arena no cesaba de bloquear la puerta de entrada. Finalmente, fue derribada en 1810, conservándose la torre para que sirviera de referencia a los barcos. Skagen se encuentra en el extremo norte de Jutlandia y a ella se puede llegar en tren o autobús.

En Dinamarca existen multitud de rutas ciclistas marcadas, entre las cuales se incluyen diez de largo recorrido. La más corta cubre una distancia de 100 km alrededor del perímetro de Bornholm, mientras que la más larga recorre 500 km de la costa occidental de la península de Jutlandia, desde la frontera alemana hasta Skagen. La ruta ciclista más popular de Copenhague, de 12 km, parte rumbo al norte en dirección a la ciudad de Dyrehaven; bordeando la costa de øresund y atravesando también agradables caminos por el bosque.


Por todo el país, desde la costa sur de Bornholm al extremo más al norte de Jutlandia abundan las playas de arena donde poder bañarse. Dinamarca dispone también de excelentes lugares para practicar el windsurf (llamado sólo surfing en danés), desde lugares de mar abierto, los preferidos por los expertos, a fiordos interiores y algunas calas apartadas, cuyas tranquilas aguas son ideales para los principiantes. Con más de 7.300 km de costa y cientos de islas, Dinamarca ofrece, además, excelentes condiciones para navegar. Existen multitud de fiordos de aguas tranquilas y zonas de mar protegidas, como la de Smålandshavet (la zona comprendida entre las islas de Zealand y Lolland), así como las del sur de Funen, salpicadas de islas. En Dinamarca, abundan las corrientes de agua y los lagos, con gran cantidad de lucios, percas y truchas. Las posibilidades de practicar la pesca en aguas saladas son numerosas y, entre los peces más comunes, se encuentran el bacalao, la caballa, la platija y la trucha de mar.

Los cazadores nómadas llegaron a la Dinamarca post-glaciar en busca del liquen y el reno. Aunque este último terminó emigrando más al Norte, los daneses de la Edad de Piedra se quedaron en el país y abandonaron su nomadismo para cultivar el campo, guardar a sus animales en zonas valladas y enterrar a sus muertos en curiosas tumbas verticales. La técnica y el arte florecieron en la Edad de Bronce; hacia el año 1800 a. C. abrieron nuevas rutas comerciales hacia el Sur y enterraban sus más bellos productos en las zonas pantanosas como ofrendas. A partir del año 500 a. C., se empezó a utilizar el hierro, incluso en los hogares, lo que dio lugar al desarrollo de grandes comunidades agrícolas. La Dinamarca actual puede seguir las huellas de sus raíces lingüísticas y culturales en el período en que la región estaba poblada por los daneses, una tribu que se cree que emigró del sur de Suecia alrededor del año 500 a. C.

A finales del siglo IX, un grupo de guerreros dirigidos por el jefe vikingo noruego Hardegon conquistó la península de Jutlandia. La monarquía danesa se remonta al hijo de Hardegon, Gorm el Viejo, que fundó la dinastía de Jutlandia a principios del siglo X. Harald Blatland, Diente Azul, descendiente de Gorm, finalizó la conquista de la tribu de los daneses, acelerando su conversión al cristianismo. Los sucesores de Diente Azul, Forkbeard e hijos, obtenían la madera de Inglaterra, estableciendo así una relación de comercio y corona, y disfrutando de la dulce vida de los monarcas anglo-daneses durante medio siglo, hasta que el poder vikingo se debilitó y el reino danés volvió a reducirse a las fronteras de Dinamarca.

Las disputas maquiavélicas, las conspiraciones, las contramaniobras y los asesinatos marcaron el período medieval. A finales del siglo XIV, las dinastías advenedizas se casaban entre sí y, bajo el mandato de la reina Magrethe, terminaron formando la Unión de Kalmar. Sin embargo, Dinamarca, Noruega y Suecia, juntas en el mismo barco tras esta unión, no tardarían mucho en mostrar desavenencias. Suecia estaba especialmente furiosa por la forma en que Dinamarca despilfarraba el dinero en guerras, con lo que la unión terminó disolviéndose en 1523, cuando en Suecia salió elegido como rey Gustavo Vasa. Noruega, no obstante, permanecería bajo dominio danés otros tres siglos.

Durante el siglo XVI, la Reforma religiosa barrió el país, dejando a su paso iglesias quemadas y una guerra civil. La lucha finalizó en el año 1536, con el derrocamiento del poder de la iglesia católica y el establecimiento de una iglesia luterana danesa, encabezada por la monarquía. El rey Cristián IV gobernó Dinamarca durante la primera mitad del siglo XVII, minando el fantástico comercio y la riqueza del país al embarcarse en la desastrosa guerra de los Treinta Años con Suecia. Dinamarca perdió tierras y dinero. Pero aún más desastrosas fueron las pérdidas en las que Suecia incurrió algunas décadas más tarde por culpa del sucesor del rey Cristián, el rey Federico III. Dinamarca fue recuperándose poco a poco de estas guerras, centrándose en el desarrollo civil y en las reformas.

Mientras duraron las guerras napoleónicas, los estados del Báltico (Dinamarca, Suecia, Rusia y Prusia) se unieron contra Gran Bretaña, la cual lanzó dos ataques contra Copenhague que, en 1801, produjeron graves daños a la flota danesa y, en 1807, dejaron gran parte de la ciudad en llamas. Los suecos aprovecharon entonces la debilidad danesa y consiguieron que ésta les cediera Noruega. El siglo XIX podría haber empezado mal y, además, podría haber estado dominado por Napoleón, ese pequeño francés de gran ego, pero para la década de 1830 Dinamarca había despertado a la revolución cultural en las artes, filosofía y literatura. El desarrollo de un movimiento democrático en el país dio lugar a la adopción de una Constitución el 5 de junio de 1849, que a su vez tuvo como resultado la formación de una monarquía constitucional danesa. Alemania se hizo con el control de la región de Schleswig, en el sur de la península de Jutlandia, tras lo cual sus habitantes, de herencia tanto danesa como alemana, se revelaron contra la Constitución.

En la I Guerra Mundial, Dinamarca se declaró neutral y se reafirmó en su posición cuando estalló la II Guerra Mundial. Sin embargo, pese a la existencia de un tratado de no agresión, el 9 de abril de 1940, Alemania invadió Dinamarca. Durante tres años, los daneses pudieron conservar cierto grado de autonomía, tras los cuales los alemanes tomaron el control. Aunque en la isla de Bornholm se produjeron fuertes bombardeos a mano de las fuerzas soviéticas, el resto de Dinamarca salió relativamente ilesa de la II Guerra Mundial. Tras la liberación (mayo de 1945), el país recuperó su régimen monárquico constitucional; se formó un gobierno provisional de coalición y Dinamarca pasó a formar parte de las Naciones Unidas. Le siguió un gobierno socialdemócrata que trabajó para sacar adelante el país y se estableció un amplio sistema de seguridad social, que aún perdura en la actualidad. Más tarde, Dinamarca aceptó la ayuda del plan Marshall y se adhirió a la OTAN en 1949 y al consejo nórdico en 1951.

A pesar de que, en 1973, Dinamarca votara a favor de la adhesión a la Comunidad Europea (ahora Unión Europea), los daneses no se han mostrado muy seguros de apoyar la ampliación de la Unión. Es más, cuando en junio de 1992 se ratificó el Tratado de Maastricht, que establecía los términos de la unión política y económica de Europa, los daneses lo rechazaron por una diferencia de un 51% frente a un 49%. Tras concedérseles una serie de exenciones en temas de defensa común y moneda única, terminaron apoyando el tratado en un segundo referéndum celebrado en mayo de 1993, por un estrecho margen de mayoría. El apoyo danés a la UE sigue siendo poco entusiasta, ya que muchos ciudadanos tienen miedo de perder el control local a manos de una burocracia europea dominada por países más poderosos.

Cuando Noruega rompió sus ataduras políticas con Dinamarca, a principios del siglo XIX, las antiguas colonias de Islandia, Groenlandia y las Islas Feroe permanecieron bajo administración danesa. En 1918, Islandia, que había estado bajo el dominio danés desde 1380, se declaró estado independiente, aunque su política exterior aún quedaba bajo el control de Copenhague, para terminar consiguiendo la independencia absoluta en 1944. El Reino de Dinamarca todavía incluye Groenlandia y las Islas Feroe, si bien en realidad ambos territorios disfrutan de autogobierno. Las Islas Feroe gozan de gobierno propio desde 1948, y Groenlandia desde 1979. Debido al hecho de que Dinamarca aún tiene competencias en cuestiones de economía, defensa y relaciones exteriores de estos dos territorios, cada uno dispone de dos representantes parlamentarios en el Folketing (parlamento danés). A diferencia de Dinamarca, ni Groenlandia ni las Islas Feroe forman parte de la UE. En el año 2000, Dinamarca rechazó la propuesta de hacer del euro la moneda oficial del país.

En 2001, las elecciones anticipadas convocadas por el gobierno socialdemócrata dieron la victoria al Partido Liberal y su líder Anders Fogh Rasmussen asumió el cargo de primer ministro.

El danés pertenece al grupo de lenguas germánicas nórdicas y guarda bastante parecido con los otros idiomas escandinavos. Entre los escritores daneses más conocidos, figuran Hans Christian Andersen, cuyos cuentos se han traducido a más lenguas que cualquier otro libro, a excepción de la Biblia; el teólogo y filósofo Søren Kierkegaard, precursor del existencialismo moderno; y Karen Blixen, autora de Memorias de África y El banquete de Babette. El escritor contemporáneo más destacado es Peter Høeg, autor de La señorita Smila y su especial percepción de la nieve.

El director de cine danés más conocido a escala internacional es Carl Theodor Dreyer (1889-1968), que dirigió un gran número de películas, entre las que destaca su obra maestra La pasión de Juana de Arco, (1928), aclamada mundialmente por sus ricas texturas visuales y su innovador uso del primer plano. La última película danesa que ha atraído de forma especial la atención del espectador ha sido la bella El festín de Babette, y la adaptación de la obra del autor danés Martin Andersen Nexø Pelé, el conquistador. Carl Nielsen, el mejor compositor danés de todos los tiempos, escribió más de cien obras, desde cuartetos para cuerda hasta obras operísticas. También es autor de la bella coral Springtime in Funen (Funen era el lugar de nacimiento de Nielsen), de un concierto para clarinete que podría considerarse uno de los mejores del siglo XX y de seis sinfonías (las más conocidas son la cuarta, The Inextinguishable, y la quinta, con una percusión casi neurótica). El Ballet Real de Dinamarca, en cartel en el Teatro Real de Copenhague de otoño a primavera, está considerado uno de los mejores del norte de Europa. Dinamarca es también un país puntero en diseño industrial, con un estilo basado en líneas frescas y limpias que se aplica a todo, desde la arquitectura hasta el mobiliario o la platería.

Los daneses están orgullosos de ser un país moderno, por lo que todo lo relacionado con la tradición está menos extendido que en la mayoría de los países europeos, como la costumbre de vestir la indumentaria tradicional, la celebración de festivales populares o el apego a las costumbres de antaño. Los visitantes encontrarán en los daneses una gente relajada, despreocupada, no dada a los extremos y tolerante ante los distintos estilos de vida. Por todo ello, no es de extrañar que, en 1989, Dinamarca se convirtiera en el primer país europeo que legalizara los matrimonios entre personas del mismo sexo y otorgara a las parejas homosexuales los mismos derechos que a las heterosexuales. Quizá la mejor palabra que refleja esta manera de ver la vida es el concepto danés de hygge, que traducido literalmente significa "personal y cómodo", y que implica ahuyentar los problemas y la confusión del mundo exterior y tratar de conseguir un estado de ánimo íntimo y cálido. El concepto hygge influye en la manera que tienen los daneses de enfrentarse a muchos aspectos de su vida privada, desde el diseño de sus casas hasta su afición por las cafeterías y los pubs pequeños. Los daneses no harán a su anfitrión más cumplido que agradecerles la noche tan agradable que acaban de pasar.

Nada resume la comida danesa mejor que el smørrebrød (literalmente "pan con mantequilla"), un sándwich abierto por la mitad, que puede variar desde lo más sencillo hasta elaboradas creaciones. La comida danesa se basa principalmente en el pescado, la carne y las patatas. Entre los platos más típicos se encuentra el flÆskesteg (cerdo asado con chicharrones), el gravad laks (salmón curado o salado, marinado en eneldo y servido con salsa dulce de mostaza) y el hvid labskovs (un estofado de ternera hervida y cortada en trozos, con patatas, laurel y pimienta). También son deliciosos sus bollos de hojaldre wienerbrød ; prácticamente en cada esquina hay una pastelería con tal variedad que a uno se le hace la boca agua. Las cervecerías danesas de Carlsberg y Tuborg producen una cerveza excelente. La bebida alcohólica más popular del país es un licor producido en la ciudad de Aalborg. En la mayoría de los restaurantes, cafeterías y tiendas de alimentación, puede comprarse cerveza, vino y bebidas alcohólicas.

Dinamarca es un país pequeño que ocupa la mayor parte de la península de Jutlandia. La frontera sur de esta península limita con Alemania, único punto de enlace del país con Europa. Dinamarca está rodeada al Oeste por el mar del Norte y al Este por el Báltico. Al Norte, los estrechos de Skagerrak y Kattegat la separan de Noruega y Suecia. Además, está formada por casi quinientas islas, de las cuales sólo cien están habitadas. Copenhague se encuentra en la isla de Zealand, la más grande, al este de la península de Jutlandia. La mayor parte de Dinamarca está formada por tierras bajas de fértiles campos de cultivo, onduladas colinas, bosques de hayas y páramos cubiertos de brezo. En el país, no existe ni una sola montaña; el punto más alto es Yding Skovhøj, en el distrito de los lagos de Jutlandia, con tan sólo 173 m.

El medio ambiente danés ha soportado durante siglos la deforestación y el pastoreo excesivo. En total, alrededor del 20% de la tierra de cultivo está en la costa o cerca de ella, la mayor parte en zonas húmedas sensibles desde el punto de vista medioambiental, que se han convertido en zonas cultivables mediante el drenado de agua con bombas. El paisaje ha sido tan alterado que prácticamente ninguna de las corrientes de agua existentes sigue su curso natural, modificado por la mano del hombre para que siga una línea recta. Alrededor del 12% del territorio está cubierto de árboles; sin embargo, no abunda el bajo bosque. Los bosques son, en su mayoría, de hoja caduca; en ellos predominan hayas y robles, además de olmos, avellanos, arces, pinos, abedules, álamos temblones, tilos y castaños. La especie animal salvaje que cuenta con mayor número de ejemplares es el ciervo rojo, que puede llegar a pesar más de 200 kg. También se encuentran abundantes corzos, gamos, liebres salvajes, zorros, ardillas, erizos y tejones. Existen casi cuatrocientas especies de aves; destacan las urracas, las palomas de ciudad, las fúlicas, los gansos y los patos. La mayor extensión forestal del país se denomina Rold Skov, con una extensión de 77 km², que alberga el Rebild Bakker, el único parque nacional de Dinamarca.

Teniendo en cuenta su localización, al Norte, el clima de Dinamarca es relativamente suave, moderado por los efectos de la templada corriente del Golfo, que recorre la costa occidental en dirección norte. No obstante, conviene hacerse a la idea de que la mayoría de las veces el clima es lluvioso y el cielo está gris, de modo que uno se lleva una verdadera sorpresa cuando sale el sol. Los meses más agradables para visitar el país son los comprendidos entre mayo y agosto, cuando las temperaturas pueden alcanzar los 25ºC y llega a haber, incluso, hasta 18 horas de luz. Durante los meses más fríos del invierno (enero y febrero), la temperatura media ronda los 10ºC, cifra no muy baja, teniendo en cuenta la latitud a la que se encuentra el país, ya que lo normal serían diez grados menos.

La amplia mayoría de los vuelos internacionales a Dinamarca tienen como destino el aeropuerto de Copenhague, y sólo unos pocos, la mayor parte de ellos procedentes de otros países escandinavos o del Reino Unido, aterrizan en los pequeños aeropuertos regionales de århus, Aalborg, Esbjerg y Billund.

Existe un servicio diario de tren y autobús entre Alemania y la península de Jutlandia, que luego continúa en dirección este hacia Funen, atraviesa después un importante puente camino de la isla de Zealand, para llegar por último a Copenhague. La finalización en julio del año 2000 del Oresundsforbindelsen (enlace fijo de Oresund), un sistema que aúna carreteras y ferrocarril formado por 16 kilómetros de puentes y túneles entre Malmö, al sur de Suecia, y Copenhague, ha proporcionado a la capital danesa el esperado (aunque artificial) enlace con el resto de la península Escandinava.

También es posible acceder al país desde Noruega y Suecia utilizando el ferry. Otras opciones son los ferrys diarios (durante la temporada alta) y semanales que parten de Alemania, más concretamente de las ciudades de Kiel y de la isla de Sylt, Islandia (Seydisfjördur), Noruega (Oslo y Larvik), Suecia (Helsingborg, Limhamm y Malmö), Polonia (Swinoujscie) y el Reino Unido (Harwich y Newcastle). No hay tasas de salida desde Dinamarca.

Para desplazarse entre las principales ciudades danesas, es bastante práctico viajar en avión; para algunos vuelos se pueden conseguir grandes descuentos. Es posible llegar a la mayoría de las localidades en autobuses regionales, muchos de los cuales tienen calculados los horarios para conectar con los trenes. Dinamarca dispone de un buen sistema ferroviario, con tarifas razonables y salidas frecuentes. El país está enlazado por una red de rutas para bicicletas; ésta es una buena forma de desplazarse, tanto dentro de la ciudad como entre ellas. La red de ferrys enlaza todas las islas habitadas de Dinamarca, aunque también se puede alquilar un yate y navegar por ellas por placer.


· Balasch i Blanch, Enric: Dinamarca, Laertes, Barcelona, 1991
· Andersen, Hans Christian: Cuentos de hadas para niños, Ediciones Gaviota, Madrid, 1997
· Blixen, Karen: Memorias de África, Alfaguara, Madrid, 1998
· Kierkegaard, Søren: Escritos, Trotta, Madrid, 2000
· Shakespeare, William: Hamlet, Cátedra, Madrid, 1992
· Graham-Campbell, James: Los vikingos: orígenes de la cultura escandinava, Ediciones Folio, Barcelona, 1995
· Høeg, Peter: La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, Tusquets Editores, Barcelona, 2001
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