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Escocia
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Envueltos en un paisaje tan agreste e indómito como bello, además de vivir bajo unas condiciones climáticas habitualmente adversas, los escoceses exteriorizan un inherente carácter animado y una identidad nacional muy sólida, además de ser conocidos en el mundo entero por su tozudez y lealtad. Han sobrevivido a invasiones y a cruentos inviernos; y siempre junto a Inglaterra, muchas veces a su pesar. Escocia ha sabido conservar sus bosques y vías fluviales. Sus corderos, terneros, venados, truchas y salmones son muy apreciados, y en sus tierras abundan las aves de caza tales como el lagópedo escocés y el faisán. Cabe destacar que en Escocia se produce uno de los mejores whiskys del mundo.

Superficie: 78.772 km²
Población: 4.990.000 hab.
Capital: Edimburgo (408.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: celtas, anglosajones
Idioma: inglés, gaélico

Religión: iglesia presbiteriana de Escocia, otras iglesias presbiterianas, anglicanos y católicos
Régimen político: democracia parlamentaria
Jefa de Estado: reina Isabel II
Primer Ministro: Tony Blair

PIB: 99,15 billones de dólares
PIB per cápita: 18.000 dólares
Crecimiento anual: 3%
Inflación: 3%
Principales recursos económicos: banca y finanzas, acero, equipamiento para el transporte, gas, petróleo, whisky y turismo
Principales socios comerciales: Unión Europea y Estados Unidos
Miembro de la UE:
Zona de euro: no

Visado: Los ciudadanos de la Unión Europea pueden vivir y trabajar en Escocia sin ningún control de inmigración. Los viajeros procedentes de Hispanoamérica necesitan pasaporte para entrar y, según el país del que procedan, también visado. Los de Estados Unidos, Australia, Canadá, Suráfrica y Nueva Zelanda pueden permanecer seis meses sin visado.
Condiciones sanitarias: óptimas
Hora local: GMT
Electricidad: 240V, 50Hz
Pesos y medidas: sistema métrico (salvo la cerveza, que se mide en pintas)

El mejor momento para visitar Escocia transcurre entre mayo y septiembre, e incluso en abril y octubre, ya que las inclemencias climáticas aún no se hacen notar, pero hay que tener en cuenta que en el mes otoñal muchas atracciones ya han sido clausuradas. En invierno no es muy recomendable acercarse a las Highlands, pero merece la pena visitar Edimburgo y Glasgow. La capital escocesa absorbe masas de turistas en agosto debido a la celebración de su conocido festival; por lo tanto, es conveniente reservar con bastante antelación.

Una de las fechas más importantes en el calendario escocés la marca el Festival de Edimburgo, en agosto. Ésta es una de las celebraciones dedicada a las artes más relevante en el ámbito internacional. El Festival Fringe, también durante el mismo mes estival, afirma ser el más grande del mundo, con más de quinientos artistas ofreciendo nuevos espectáculos año tras año. El Military Tattoo se celebra simultáneamente a este festival en la misma capital escocesa. En Glasgow, a mediados de agosto, se organiza el Campeonato Mundial de Gaitas. El Hogmany es la inolvidable celebración escocesa del Año Nuevo, día en el que también se celebra, junto al día de Navidad, el Ba' in Kirkwall, un partido de rugby sin ningún tipo de reglas que se organiza desde hace ya varios siglos en las islas Orcadas. Consiste en dos equipos de unos cuatrocientos jugadores empapados en alcohol, que convierten la ciudad en su campo de juego por un día.

Moneda
libra esterlina

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 3 y 10 libras
· Presupuesto medio: entre 10 y 20 libras
· Presupuesto alto: a partir de 20 libras
Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 10 y 20 libras
· Presupuesto medio: entre 20 y 65 libras
· Presupuesto alto: a partir de 65 libras

Escocia es un país caro, pero no tanto como la vecina Inglaterra; como es más factible encontrar alojamiento en albergues juveniles, el gasto de hospedaje se reduce considerablemente. En Edimburgo los precios se encarecen con respecto a las zonas rurales, pero aumentan aún más en las Highlands y las islas. Aunque el viaje se efectúe fuera de estas zonas, serán necesarios más de 20 libras diarias; en caso de alojarse en un Bed and Breakfast (alojamiento y desayuno), comer caliente una vez al día y no escatimar en entradas, el gasto diario ascenderá aproximadamente a unos 40 libras.

La libra esterlina es válida en Escocia, pero los bancos escoceses también emiten sus propios billetes que, generalmente, son admitidos en Inglaterra. Los cheques de viaje se aceptan en todas las entidades bancarias, y conviene comprarlos directamente en libras esterlinas para evitar una doble comisión. En Gran Bretaña abundan los cajeros automáticos; muchos de ellos operan con las principales tarjetas de crédito. En caso de que una máquina se trague la tarjeta, una auténtica pesadilla, la mayoría de los bancos insiste en partirla en dos y enviarla a la sucursal a la que pertenece.

Siempre que se quede satisfecho con el servicio en un restaurante, debe gratificarse con el 10 por ciento de la cuenta; el salario de sus empleados suele ser muy bajo, y se compensa con las propinas. Algunos locales incluyen un suplemento por el servicio en la cuenta, en cuyo caso no será necesario pagar más. Los taxistas también esperan recibir una propina del 10 por ciento de la carrera.

Edimburgo

La capital escocesa, una de las ciudades más bellas de Europa, destaca por su espectacular emplazamiento, su extraordinario patrimonio arquitectónico y su vigor cultural. Las pobladas viviendas de la histórica Old Town (la parte antigua) contrastan con la ordenada cuadrícula georgiana de la New Town (la parte nueva), que en muchas urbes se consideraría un enclave histórico en sí mismo; ambas zonas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995. Como escenario de fondo, se puede vislumbrar el Firth of Forth, las montañas Pentland y la ya clásica montaña Calton, permanentemente nevada.

La urbe puede visitarse a pie, y es conveniente iniciar el recorrido desde el castillo de Edimburgo. Esta bella y romántica fortaleza, situada en el límite occidental de la Milla Real y sobre la regia residencia de Holyrood, se alza como recordatorio del pasado sangriento de la ciudad. Sus cimientos datan del 850 a.C., y los vestigios más antiguos que aún perduran se construyeron en el año 1130. Desde el siglo XI hasta el XVI, se constituyó como la sede simbólica de la realeza escocesa, y en la actualidad se ha convertido en el emplazamiento de la división escocesa del ejército. En esta vía pública se puede apreciar un extraordinario paisaje urbanístico, que ha permanecido intacto desde los siglos XVI y XVII; paseando por alguna de las callejuelas que se dirigen a la Milla, el viajero puede adentrarse a épocas pretéritas. Diversos monumentos y edificios restaurados de esta vecindad ofrecen una visión fascinante de la vida urbana que se desarrolló en el siglo XVII.

Merece la pena escalar la cercana montaña Calton para descubrir las espléndidas panorámicas de la ciudad y los monumentos románticos de la Ilustración, cuando Edimburgo estaba considerada la Atenas del Norte. Antes de descender a la New Town, se recomienda la visita a Greyfriars Kirk, donde se firmó la Alianza Nacional en 1638. El cementerio de su conocida iglesia fue el escenario de una de las películas más desgarradoras de Disney, Greyfriars Bobby.

Al Norte se encuentra el distrito de New Town, separado por la hundida vía férrea y los jardines de Princes Street; en este parque permanece el monumento gótico dedicado al novelista y poeta escocés Sir Walter Scott. Las bellas plazas, glorietas y edificios de New Town reflejan la elegancia y el orden georgianos. La Galería Nacional de Escocia alberga una impresionante colección de arte europeo, mientras que la historia escocesa se refleja en las obras expuestas en la Galería Nacional de Retratos de Escocia.

La metrópoli escocesa goza de una rica y variada vida cultural. Muestra de ello son sus internacionalmente conocidos festivales, como el Militar Tattoo, el Fringe y el Festival de Edimburgo. Si se pretende visitar la ciudad durante estos eventos, todos ellos programados en agosto, es imprescindible reservar alojamiento con bastante antelación. Una buena forma de descubrir la vida cotidiana de los lugareños es hospedándose en un Bed and Breakfast. Muchos de ellos se encuentran al norte de New Town y en el barrio de Newington, al sur del centro urbano. En las afueras de la ciudad se concentran numerosos albergues juveniles. Sorprendentemente, la Milla Real ofrece muchos restaurantes económicos, de calidad y especializados en diversas gastronomías; el viajero puede escoger desde un satay de Singapur hasta la cocina tradicional escocesa.

Glasgow

A tan sólo 48 km de Edimburgo se encuentra Glasgow que, a pesar de haber permanecido durante mucho tiempo a la sombra de la capital, ha dejado atrás el fantasma del desempleo, la recesión económica y la violencia urbana. En las décadas de 1980 y 1990 esta urbe avanzó cualitativamente desde el punto de vista social y cultural. Indudablemente, Glasgow puede considerarse una auténtica ciudad escocesa rebosante de energía y vitalidad. El centro urbano se construyó sobre una cuadrícula plana en la orilla norte del río naviero Clyde. Las zonas de interés se diseminan a lo largo de la metrópoli; Sauchiehall St. concentra la mayor parte de establecimientos comerciales, pubs y restaurantes.

La ciudad antigua se halla al Este, bordeando la catedral de Glasgow, obra maestra del Gótico que se ha mantenido intacta hasta nuestros días, el Museo de San Mungo de la vida y arte religiosos y la casa señorial de Provand, una de las construcciones más antiguas de la urbe que data del siglo XV. Hacia el Oeste puede recorrerse un paseo muy interesante que atraviesa las elegantes edificaciones y estructuras comerciales de la Merchant City, del siglo XVIII. La concurrida calle Sauchiehall acoge las obras maestras del Art Nouveau de Charles Rennie Mackintosh: la Escuela de Arte de Glasgow y la Willow Tearoom, aún en activo. Introducirse en la casa Tenement supone trasladarse al pasado, ya que nos revela la forma de vida de la clase media de esta ciudad a comienzos del siglo XX.

También es imprescindible descubrir la Burell Collection, que se encuentra en el parque Pollok 5 km al sur de la ciudad. Esta colección acoge en su bello edificio de reciente construcción porcelana china, mobiliario medieval y pinturas impresionistas.

Saint Andrews

Esta bella y curiosa ciudad mezcla vestigios del medievo con paisajes costeros azotados por las ventiscas, campos de golf y la universidad escocesa más antigua. La que fuera capital eclesiástica del país ha moldeado su personalidad mediante el golf. Saint Andrews acoge el Royal & Ancient Golf Club y uno de los más famosos campos de golf, el Old Course. Por encima de la bahía se alzan los restos de su castillo, cerca de las reliquias que formaron parte de su catedral, una de las más impresionantes del territorio escocés antes de ser saqueada durante la reforma. En el casco urbano, los recintos medievales comunican con las calles adoquinadas, las puertas de la ciudad, las capillas, una cruz medieval y los museos, que se encuentran en sus inmediaciones. Al igual que las universidades contemporáneas de Cambridge y Oxford, la de Saint Andrews carece de campus y sus edificios están diseminados por el centro de la urbe.

Islas Hébridas interiores

Las Hébridas interiores, en la costa occidental de Escocia, son el archipiélago más accesible y están consideradas las más bellas del país.

Jura, cercana a la costa de Strathclyde, se caracteriza por su paisaje agreste y desértico, y entre sus principales atracciones destacan sus solitarios paseos, las suaves ondulaciones de sus montañas (los Paps de Jura), su destilería de whisky y los torbellinos que se desatan con fuerza a poca distancia de la costa. Islay, la más meridional de las Hébridas interiores, es famosa por su whisky de malta ahumado. El Museo de la Vida de Islay, en Port Charlotte, repasa la larga historia de la isla; la cruz de Kildaton, del siglo VIII, es una de las mejores muestras de arte celta que aún pervive. Otras atracciones de la isla son los restos de sus castillos y unas doscientas cincuenta especies de aves.

Un poco más al norte, Colonsay, una de las Hébridas interiores más remotas, conserva intactos sus acantilados, sus costas rocosas y sus bahías de arena. Entre su fauna destacan las focas grises y las cabras montés. Mull es una de las islas más populares, con impresionantes vistas de las montañas, castillos, una red férrea y sus pequeñas poblaciones llenas de encanto. Su capital, Tobermory, es un puerto pesquero bastante pintoresco. El retiro espiritual de Iona, un primitivo centro cristiano fundado por san Columbano, está situado en el extremo suroeste de Mull. Más al Norte, Coll ofrece senderos muy conocidos entre los paseantes, un sol radiante, mucho viento, poca gente, dos castillos y un santuario de aves. Al Suroeste, se encuentra Tiree, una isla de poca altura con bellas playas de arena y una de las mejores zonas de Gran Bretaña para disfrutar del sol.

La gran y accidentada isla de Skye atrae a muchos visitantes a pesar de contar con un clima muy variable. Sin embargo, está llena de recovecos y rodeada de paseos costeros de impresionantes paisajes; en el interior, las rocas Cuillins atraen a los escaladores más experimentados.

Aberdeen

La mayor parte de las construcciones de Aberdeen están realizadas con granito, incluso las calles, lo que dota a esta ciudad de una sinfonía en grises. La piedra de color plateado, al empaparse por el sol y la lluvia, muestra un brillo irreal, a diferencia de los resultados ante un día nublado. Aberdeen, un lugar muy limpio y rebosante de civismo, se ha convertido en el puerto de servicio para una de las mayores plataformas petrolíferas del mundo. Su numerosa población es el resultado de una mezcla de trabajadores del crudo y estudiantes. En torno al concurrido puerto convergen el sugestivo mercado de pescado y su importante Museo Marítimo. En las cercanías de Union Street, una de las vías públicas más relevantes de la ciudad, se encuentran la histórica Castlegate, la edificación medieval de Provost Skene y la Galería de Arte de Aberdeen, que alberga una importante colección de arte moderno y prerafaelita.

Área de Aviemore

Aviemore, la ciudad de las Highlands, es el punto de partida para acceder a las montañas Cairngorm, un verdadero paraíso para excursionistas y esquiadores. Situada en la única meseta ártica de Gran Bretaña, la zona atrae a una fauna poco común en la zona, como la marta, el gato montés, la ardilla roja, el águila pescadora (en especial cerca del Boat of Garten) y el ciervo. La pesca de salmón en las aguas del río Spey y en los lagos colindantes se ha convertido en una verdadera tradición. La finca Rothiemurchus y el parque forestal de Glenmore conservan acres de pinos y piceas; allí se organizan paseos y excursiones guiadas, y se puede practicar una gran variedad de deportes acuáticos.

Melrose

Esta atractiva población emplazada en el corazón de los Borders cuenta con una abadía en ruinas, la clásica plaza del mercado y buenos paseos por sus alrededores. Las abadía fue construida siguiendo los parámetros del Gótico, con una sillería especialmente decorativa. Sir Walter Scott participó en su reconstrucción en el siglo XIX. Entre otras atracciones de Melrose, destacan varios jardines y el Museo del Motor.

Islas Hébridas exteriores

Las inhóspitas, remotas y áridas islas Hébridas exteriores conforman un arco de 209 km y están expuestas a los vendavales que soplan desde el Atlántico. Amplios horizontes, playas de arena blanca, páramos de turba e interminables vistas de agua y cielo dominan el paisaje. Éste es uno de los centros más grandes de Escocia en lo que a cultura gaélica y al minifundismo se refiere; también se trata de uno de los últimos refugios en el mundo del estricto Sabbath.

La diminuta Barra apenas mide 19 km, el tamaño perfecto para explorarla a pie. Encierra toda la experiencia de las Hébridas exteriores, con bonitas playas, restos neolíticos y un fuerte sentimiento comunitario. Un poco más al Norte, la extensa Uist del Sur es la segunda isla más grande del grupo. La costa occidental es de baja altura, con largas playas de arena blanca, mientras que la montañosa costa oriental está cortada por cuatro grandes brazos de mar o lochts. Se convierte en ardua tarea otear la plana Benbecula, una isla dominada por la División de Misiles de las Fuerzas Armadas británicas. Uist del Norte está repleto de canales formados por el mar y de estupendas playas en su zona occidental y aloja la cámara mortuoria de Bharpa Langas, uno de los lugares más espectaculares del neolítico de Uist.

Para describir Harris se agotan los superlativos, ya que ofrece uno de los paisajes más extraordinarios de todas las islas. La maravillosa combinación de montañas, playas, dunas y una extraña costa rocosa la diferencia del resto de las Hébridas exteriores. También es la cuna del tejido que utilizan los profesores, el tweed de Harris, que se teje a mano en las casas isleñas. Situado entre dos lochts y entre el norte y el sur de la isla, el puerto de Tarbert está eclipsado por las montañas, que forman un estrecho puente. Harris norte es la zona más montañosa de las Hébridas, mientras que Harris sur es conocida por sus playas, sus pequeños crofts y un peculiar paisaje lunar. Las Hébridas exteriores se completan con Lewis. Su mitad norte está formada por un páramo plano que cuenta con numerosos lochs y crofts, y su punto más septentrional está dominado por el faro de Butt de Lewis, donde habitan muchas colonias de aves marinas; el bello sur montañoso de la isla alberga la Carloway Broch, una torre de defensa edificada hace unos dos mil años muy bien conservada, y las piedras de Callanish, una cruz formada por 54 cantos rodados construida mil años antes que las pirámides.

Islas Orcadas

Situadas a sólo 10 km de la costa norte escocesa, las Orcadas son conocidas por su extraordinario paisaje costero, sus abundantes aves marinas y por albergar la mayor concentración europea de vestigios prehistóricos. Únicamente una veintena de las más de setenta islas están habitadas y, de hecho, este archipiélago sorprende a los visitantes por la suavidad de su clima. A pesar de ser un territorio agreste, su tierra es fértil y está cultivada. Los escandinavos, cuyas huellas han permanecido en este territorio, gobernaron el archipiélago desde el siglo IX hasta el XIII.

Mainland es su mayor isla, y en ella se encuentra la principal población del archipiélago, Kirkwall, y el puerto más importante, Stromness, a pesar de sus reducidas dimensiones. Esta urbe acoge una de las catedrales medievales más bellas de Escocia, San Magnus; además, la ciudad ofrece un interesante tour por sus destilerías. A unos 13 km al Norte, está situado uno de los poblados prehistóricos mejor conservados de Europa, Skara Brae. Hasta 1850 se mantuvo bajo la arena, pero incluso sus utensilios han sobrevivido a los cinco mil años transcurridos desde su utilización. En las cercanías perdura el enigmático anillo de Brodgar, un círculo de gran diámetro formado por piedras colocadas en pie; algunas de ellas de unos 4,8 m de alto.

Atravesando el Scapa Flow desde Mainland se encuentra Hoy, con las montañas más altas de las Orcadas, unos acantilados impresionantes, un santuario para las aves y el Old Man de Hoy, un monte de roca de 135 m. Rousay, denominada el Egipto del Norte por su gran cantidad de restos arqueológicos, forma parte de las esparcidas islas norteñas que constituyen un magnífico hábitat para las aves. En las aguas de la tranquila y atemporal Shapinsay moran muchísimas focas y los habitantes de la isla poseen un carácter amistoso, con lo que resulta el lugar perfecto donde refugiarse. Stronsay también atrae a las focas, las aves migratorias y los turistas que disfrutan de espléndidos paseos por la costa. En Eday se agrupan muchas construcciones prehistóricas y un impresionante conjunto de formaciones de piedras en pie denominado Stone of Setter. Las playas de Sanday están formadas por una deslumbrante arena blanca que la asemeja a una isla caribeña; en su interior también se descubren cámaras mortuorias creadas en la antigüedad. Westray, la más grande de las islas del norte, cuenta con vestigios prehistóricos, playas arenosas, sensacionales acantilados, castillos en ruinas y un santuario de aves. La diminuta Papa Westray alberga una de las construcciones domésticas más antiguas de Europa, la iglesia de san Bonifacio del siglo VIII y la que quizá sea la colonia de golondrinas del Ártico más grande del continente.

Islas Shetland

Situadas 97 km al norte de las Orcadas, este archipiélago permaneció bajo el dominio escandinavo hasta 1469. En la actualidad, estas remotas islas azotadas por el viento y desprovistas de áreas boscosas pueden considerarse tanto escandinavas como británicas, y Bergen (Noruega) es la población más cercana situada en tierra firme. Uno de los grandes atractivos de las Shetland se centra en sus aves, junto con un patrimonio arqueológico de hace cuatro mil años; además, cuenta con una costa poco abrupta idónea para pasear. Sólo quince de las cien islas están habitadas; la mayor de ellas es Mainland y su capital, Lerwick.

Esta ciudad, el emplazamiento más relevante del archipiélago, engloba un fuerte, un museo, una exposición vikinga y una torre fortificada que se remonta al siglo VII a.C. La anterior capital de las Shetlands, Scalloway, está situada 11 km al Oeste. Se trata de una población pesquera con bastante actividad, y posee un castillo en ruinas y un interesante museo sobre el movimiento de resistencia noruego en la II Guerra Mundial. Mousa aloja la impresionante torre de doble muralla Mousa Broch, la estructura mejor preservada de su estilo en Gran Bretaña. Entre las islas colindantes, se halla la desolada Yell, cubierta de brezo, y uno de los puntos más septentrionales de Gran Bretaña, Unst. En la cooperativa de la isla británica más remota, Fair, aún se producen sus característicos jerséis. Se recomienda proveerse de todo tipo de artilugios para la observación de aves, ya que éstas abundan por toda la isla.

Teniendo en cuenta la imponente belleza natural de Escocia y la abundancia de destinos que ofrece para unas vacaciones dedicadas a las actividades de aventura, sorprende la ausencia de una red de parques naturales o un sistema formal de derechos de paso para los caminantes. Esto se debe a que la tradición del país siempre ha optado por la permisividad de paso a los espacios abiertos. Los 153 km del camino de West Highlands conducen a los excursionistas por el espectacular paisaje de las Highlands, desde Glasgow hasta el fuerte William, indicado para aquellos que quieran escalar el monte Ben Nevis, el más alto de Gran Bretaña. Las Trossachs, en el corazón del país de Rob Roy, son también muy populares entre los excursionistas.

Los ciclistas que van en busca de naturaleza y de lugares remotos disfrutarán en las Highlands y las islas del noroeste; las Hébridas también son un lugar apropiado para practicar este deporte. Los ciclistas menos intrépidos cuentan con los lagos y las cañadas de la zona central y meridional. El centro de esquí más importante de Gran Bretaña está ubicado en Aviemore, pero Glencoe, Nevis, Glenshee, The Lecht y en Nevis Range también son lugares idóneos para esquiar. El golf es una de las atracciones principales de Escocia, donde la relación de campos por habitante es quizá la más elevada del mundo. El mejor surf puede practicarse en el norte, especialmente cerca de Thurso.

La pesca es un deporte caro y está sujeta a muchas leyes; el lago Spey y los lagos de los alrededores de la zona de los Cairngorm son idóneos para pescar algunas truchas o salmones. Los observadores de aves podrán contemplar increíbles aves marinas en la costa occidental y en las islas. El lago Ness es otro de los enclaves más turísticos de Escocia; es un lugar precioso donde se respira una atmósfera de misterio, la guarida perfecta para un monstruo, como el mito de Nessie.

Los vestigios más antiguos que se conservan en Escocia datan de hace unos cinco mil años, y pertenecieron a las comunidades cazadoras-recolectoras que arribaron desde Inglaterra, Irlanda y el continente europeo. Pertenecieron al Neolítico e introdujeron la agricultura, la ganadería, el intercambio como primera forma de comercio, una sociedad organizada y una cultura floreciente. Los restos de elaboradas construcciones funerarias, monumentos de piedra y utensilios domésticos, como los que se encontraron en las Orcadas, revelan el gran vigor de esta civilización. Otras culturas que penetraron posteriormente fueron los beaker (denominados así por la forma de los recipientes donde bebían), que introdujeron el bronce y las armas, y los celtas, que trajeron consigo el hierro. La dominación romana de las tierras escocesas fue breve y parcial; el ejército imperial fue incapaz de reducir a los habitantes de la región, y este fracaso se simboliza en la construcción de la muralla de Adriano (entre los años 122 y 128). El cristianismo penetró bajo los auspicios de San Niniano, que fundó un espacio religioso en el año 397. Más tarde, San Columbano erigió un centro en Iona en 563, que aún en la actualidad actúa como lugar de retiro y peregrinaje.

Hacia el siglo VII, la población escocesa comprendía un crisol de culturas en guerra constante: los matriarcales pictos, en el norte, los escotos ulsterianos, al oeste; los invasores escandinavos, en los territorios isleños; los britanos, en el suroeste, y los anglosajones, en las mesetas septentrionales. En el siglo IX, los escoceses dominaron a los pictos; el único legado aún visible de esta civilización son sus símbolos en piedra esparcidos en el este de Escocia. En el Sur se estaba introduciendo lentamente el feudalismo anglo-normando y, en los albores del siglo XIII, el comentador inglés Walter de Coventry, declaró que la corte escocesa era "francesa de raza, de estilo de vida, de forma de hablar y de cultura". A pesar de algunas reacciones violentas, los habitantes de las sociedades tribales de las Lowlands se adaptaron al sistema feudal y se crearon importantes y poderosos clanes familiares.

En las Highlands los acontecimientos diferían respecto a las zonas del Sur. En 1297 las fuerzas de William Wallace infligieron una severa derrota a los ingleses en la batalla de Stirling; sin embargo, Wallace fue traicionado y en 1305 fue ejecutado en Londres. En la actualidad todavía se le recuerda como a un gran patriota y héroe.

Tras la muerte de Wallace, Robert Bruce asumió el liderazgo del movimiento de la resistencia por la independencia de Escocia y en 1306 se proclamó rey de Escocia. Ese mismo año se enfrentó a los ingleses, pero fue derrotado en Methven y Dalry. Tuvo que esperar hasta 1328, cuando se firmó el tratado de Northampton, por el cual se reconocía la independencia de Escocia. Durante unos cuatrocientos años se estableció una frontera natural entre los habitantes de las Highlands y los de las Lowlands, simbólicamente marcada por el Gran Glen, la falla que se extiende desde el fuerte William hasta Inverness. Los habitantes de las tierras bajas, más urbanos y rigurosos y cuya lengua era el lallans, consideraban a los habitantes de las tierras altas unos saqueadores.

El siglo XVI se caracterizó por ser un período de convulsiones internas, fundamentadas en el complejo linaje real escocés y por los evidentes intereses franceses e ingleses. La feroz resistencia contra los ingleses y las persistentes disputas monárquicas desembocaron en una guerra civil. El siglo XVII también se vio afectado por conflictos armados religiosos. A pesar de los muchos sentimientos contrarios a los ingleses, el Acta de Unión de 1707 proporcionó un mayor entendimiento entre los dos países; si bien se disolvió el parlamento escocés, se preservó su iglesia y su sistema legal.

De 1715 a 1745 se produjeron los alzamientos jacobitas, que evidenciaron la subsistencia de una oposición escocesa; éstos finalizaron con la derrota de Culloden, hecho que provocó la prohibición por parte del gobierno de los ejércitos privados, y de las tradiciones escocesas, como su típica falda y la gaita. Al igual que los inexorables cambios que produjo la Revolución Industrial, estas prohibiciones llevaron a la desaparición de toda una forma de vida y a la represión de los habitantes de las Highlands.

En el Sur, la Revolución Industrial aportó prosperidad a las ciudades y un crecimiento poblacional; surgieron nuevas industrias, como la de algodón y la naviera, y se desarrolló el comercio. El auge de la vida urbana coincidió con el apogeo de la Ilustración escocesa, que priorizó el ocio y las actividades lucrativas por encima de la devoción religiosa. Las manifestaciones literarias se multiplicaron y la burguesía se asentaba como clase predominante, mientras la pobreza, las epidemias de tifus y otras consecuencias de la superpoblación en las urbes arremetían con más fuerza sobre los más necesitados. Las ciudades crecieron aún más a partir de las Highlands Clearances (la limpieza de las Tierras Altas), que se inició a finales del siglo XVIII y durarían más de un siglo. La superpoblación, la hambruna y la saturación en la industria llevaron a muchos campesinos al desempleo. Oleadas de escoceses emigraron a Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia y, aquellos que se mantuvieron en su territorio ocuparon diminutas parcelas denominadas crofts.

La prosperidad industrial de Escocia inició su debacle al final de la I Guerra Mundial, situación que se acentuaría con la depresión de los treinta. Aberdeen fue la única urbe que mantuvo un cierto bienestar durante el siglo XX, gracias al petróleo proveniente del mar del Norte y a los hallazgos de gas en los años setenta. Las continuas dificultades económicas, el crecimiento desenfrenado del desempleo, la despoblación de las zonas rurales y las deficientes condiciones sanitarias, educativas y de alojamiento, en comparación con las inglesas, produjeron una pérdida de confianza en los escoceses. Sin embargo, el sueño de separarse de la Unión con Inglaterra está cada vez más presente.

De fuerte tradición laborista, Escocia sufrió durante los años ochenta y noventa el gobierno conservador británico, que mostró una escasa atención a los deseos de autonomía por parte de los escoceses. La decisiva victoria laborista de 1997 se tradujo en la pérdida de todos los escaños conservadores en Escocia y el nacimiento del parlamento escocés, que se convocó en el año 2000. El gobierno laborista ya ha garantizado la devolución de algunas zonas escocesas de manera que, después de todo, el siglo XXI podría aportar el nacimiento de una Escocia independiente.

A pesar de no haber destacado históricamente en los campos del arte, la literatura y la música, Escocia irrumpió con fuerza en los ámbitos científico y filosófico. De estas tierras provienen los logaritmos, la segunda ley termodinámica y las leyes electrodinámicas; la revolución de la energía del vapor y el betún, el impermeabilizante, el teléfono, la televisión y el radar. Los escoceses fueron pioneros en la anatomía, los antisépticos y el desarrollo de la penicilina y Adam Smith creó la denominada corriente del liberalismo económico, que tanto influiría en los países occidentales.

A excepción del poeta Robert Burns, los artistas escoceses son prácticamente desconocidos fuera de sus fronteras, aunque en la actualidad Hollywood está potenciando la popularidad de actores como Ewan McGregor y Robert Carlyle; y los festivales literarios están solicitando escritores relacionados con el movimiento drugs & grunge, como Irvine Welsh (Trainspotting o Escoria). Quizá el icono más famoso de la cultura tradicional escocesa sea la gaita de las Highlands, que alcanzó su época de esplendor durante el mandato de la reina Victoria, dada la afición de la soberana por el sonido de este instrumento. Los tartanes, otro símbolo escocés, se remontan al período de la dominación romana, pero no se asociaron a los clanes familiares hasta después del siglo XVII. Aunque tras las rebeliones jacobitas se prohibieron las faldas escocesas y otros tipos de indumentaria propios de las Highlands, un siglo más tarde se retomó su uso. El pilar de la cultura tradicional era el ceilidh (la visita), una reunión social que se organizaba después de la jornada laboral y en la que un bardo local cantaba y narraba leyendas e historias folclóricas. En la actualidad aún se celebran ceilidh, aunque las canciones y la bebida han pasado a ser el centro de este festejo en detrimento de las narraciones.

Es muy probable que la religión haya desempeñado un papel más importante en Escocia que en el resto del territorio británico. El cristianismo se introdujo en el siglo IV y, con la reforma, la iglesia de Escocia rechazó la autoridad papal. Más tarde, surgió un cisma entre los protestantes escoceses, y los presbiterianos favorecieron una jerarquía simplificada del cristianismo. Dos terceras partes de los escoceses pertenecen a la iglesia de Escocia, aunque en las Highlands y las islas la iglesia libre de Escocia cuenta con más adeptos. Glasgow acoge una amplia población católica, y algunas islas adoptaron en secreto esta religión después de la reforma. Aunque sin la magnitud que ha alcanzado en Irlanda del Norte, en Glasgow se pueden sentir algunas tensiones sectarias, especialmente en los acontecimientos deportivos (destaca el enfrentamiento entre los Protestant Rangers y los Catholic Celtics).

Hasta los siglos XII y XIII el gaélico se hablaba en todo el territorio escocés y, en las Lowlands, sus habitantes se han comunicado durante siglos mediante el lallans, un dialecto del inglés con influencias francesas y escandinavas. En la actualidad, tan sólo unas sesenta y seis mil personas se expresan en gaélico, principalmente en las Hébridas y en el noroeste de Escocia. Se han realizado grandes esfuerzos para detener su declive; de hecho, aún pueden oírse muchos vocablos gaélicos que han perdurado en el lenguaje cotidiano y que han provocado que el inglés que se habla en Escocia sea prácticamente ininteligible para el extranjero.

Los chefs escoceses tienen a su disposición una gran variedad de ingredientes frescos, como carne, marisco y verduras. Se han forjado una bien merecida fama de preparar los mejores guisos de caza del mundo, como el salmón ahumado, el venado y las aves. Otros platos escoceses legendarios a destacar son las gachas, el shortbread (tortas dulces secas y quebradizas) y el haggis (trocitos de vísceras de animales mezclados con copos de avena y cocidos en una tripa de cordero; también existe su versión vegetariana), y el caldo escocés. El whisky es aún hoy el principal producto de exportación del país.

Si bien la superficie de Escocia es la mitad que la de Inglaterra, dos terceras partes de su territorio están ocupadas por montañas y páramos. Sus zonas geográficas se dividen en las Uplands (mesetas) meridionales, las llanuras fértiles y las montañas que lindan con Inglaterra; las Lowlands (tierras bajas) centrales, que se extienden de Edimburgo a Glasgow y es donde se concentra la mayoría de la población y el cinturón industrial; y las Highlands (tierras altas), cadenas montañosas de piedra arenisca y granito, e islas del norte. Ben Nevis, con 1.344 m, es la cumbre más elevada de estas tierras y de toda Gran Bretaña. Sólo unas ciento treinta de las 787 islas escocesas están habitadas; se agrupan en las islas Hébridas exteriores e interiores, las Orcadas y las Shetlands.

Antiguamente, Escocia estaba prácticamente ocupada por el bosque caledonio, una mezcla de pino, roble, abedul plateado, sauce, aliso, serbal y brezo escoceses; este poderoso paisaje arbolado se ha reducido a limitadas extensiones de vegetación autóctona. Tres cuartas partes del territorio está formado por terrenos pantanosos, rocas y brezos, con casi ochocientas mil hectáreas cubiertas de turba ácida. En los puntos más septentrionales se pueden encontrar líquenes y musgos inexistentes en ningún otro lugar de Gran Bretaña.

Son numerosos los ciervos comunes que habitan en Escocia. Aunque los jabalís estuvieron próximos a la extinción, se han reintroducido, mientras que los escasísimos gato y cabra montés no corren la misma suerte. En las Highlands se ha criado un ganado específico para poder soportar las bajas temperaturas; las ovejas, sin embargo, pacen por todo el país. No abundan las nutrias, pero los visones que se importaron se están reproduciendo con gran rapidez. Las más famosas aves de caza son el profuso lagópedo escocés, que se alimenta de los brezos del país, y los millones de ánsares comunes que hibernan en las rastrojeras de la meseta. En las islas escocesas se pueden avistar focas con cierta frecuencia; por su parte, el salmón escocés es muy apreciado en todo el mundo.

Sin duda, el clima escocés se puede calificar de variado, ya que bruscos cambios climáticos se suceden en distancias cortas. Aunque Escocia se prolonga de forma considerable hacia el Norte, los vientos procedentes de las corrientes del Golfo suavizan la atmósfera. Las Highlands, sin embargo, pueden alcanzar valores extremos en cualquier época del año. La costa oriental tiende a ser seca y fría, si bien en pocas ocasiones el termómetro desciende de los 0ºC, aunque hay que tener en cuenta los gélidos vientos que provienen del mar del Norte. La costa occidental goza de temperaturas más benévolas y es más húmeda; en verano la media se sitúa en 19ºC. La temporada de máxima sequedad se centra en mayo y junio, mientras que julio y agosto son los meses más cálidos. Durante el estío, el sol apenas se pone en el norte; sin embargo, en invierno sucede todo lo contrario.

Existen vuelos directos a Edimburgo, Glasgow, Dundee, Aberdeen, Inverness o Kirkwall desde Londres y otras ciudades europeas; también se programan conexiones aéreas desde Estados Unidos a Edimburgo o Glasgow. Si se vuela desde Europa, suele ser más barato dirigirse primero a Londres para luego trasladarse en tren o autobús en dirección Norte. La duración del vuelo Londres-Edimburgo es de una hora, pero en cuanto se suma el tiempo de llegada y salida de aeropuertos se equipara con las cuatro horas del trayecto en tren.

En general, la forma más barata de llegar a Escocia se realiza mediante un autobús de larga distancia; gran variedad de empresas privadas compiten en precios con la compañía estatal. Slow Coach es una opción económica que recorre los albergues juveniles de toda Gran Bretaña hasta Edimburgo. El tren conduce al viajero de Londres a Edimburgo en cuatro horas y a Glasgow, en cinco, pero este medio de transporte resulta un tanto costoso. Escocia está unida por barco con Larne, cerca de Belfast, y con la misma ciudad irlandesa. En verano, un servicio marítimo semanal une Aberdeen, las Shetlands y Noruega, y dos veces por semana se ofrece un servicio de Aberdeen a las islas Feroe.

Para aquellos que quieran acercarse a Escocia en coche, las carreteras son rápidas pero muy concurridas. Edimburgo se encuentra a 600 km de Londres, y se tarda unas ocho horas en llegar.

Existen varias compañías que se ocupan de los vuelos nacionales en Escocia, pero no merece la pena pagar por sus servicios, a no ser que no haya otro modo de llegar a las islas. El servicio de autobuses Haggis Backpackers recorre los albergues juveniles de Escocia, al igual que la compañía Go Blue Banana. La empresa de transporte urbano Citylink (la mayor en Escocia) ofrece una tarjeta para turistas que se puede utilizar en todos sus autobuses. Las rutas del ferrocarril escocés son maravillosas, aunque escasas y caras. En general, las carreteras son buenas y menos transitadas que las inglesas; las secundarias suelen estar provistas de un solo carril, y resulta difícil encontrar gasolineras. Desde Oban, Mallaig y Ullapool zarpan barcos rumbo a las islas; también existe un barco que parte de Aberdeen y llega a las Orcadas o las Shetland.


· Boswell, James: La vida del doctor Samuel Johnson, Espasa-Calpe, Madrid, 1997
· Scott, Walter: Rob Roy, Editorial Planeta, Barcelona, 1997
· Stevenson, Robert Louis: Secuestrado, Acento Editorial, Madrid, 1998
· Burns, Robert: Caledonia y otros poemas, IberCaja, Zaragoza, 1999
· Welsh, Irvine: Trainspotting, Editorial Anagrama, Barcelona, 1999
· Gray, Alasdair: Lanark: una vida en 4 libros, Ediciones de Blanco Satén, Barcelona, 1990
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