Nombre oficial: Reino de España Superficie: 505.988 km2 Población: 41.116.842 hab. (tasa de crecimiento: 0,1%) Capital: Madrid (3.100.000 hab.) Nacionalidades y etnias: españoles (aunque catalanes y vascos manifiestan una fuerte identidad propia) Idioma: castellano, catalán, gallego y vasco Religión: 90% católicos Régimen político: monarquía parlamentaria Jefe de Estado: Rey Juan Carlos I Presidente: José Luis Rodríguez Zapatero
PIB: 646 billones de dólares PIB per cápita: 16.500 dólares Crecimiento anual: 4% Inflación: 2% Principales recursos económicos: industria textil y ropa, alimentación, metal, químicos, construcción naval y turismo Principales socios comerciales: UE (especialmente: Francia, Alemania, Italia, Portugal, Gran Bretaña y los Países Bajos), Estados Unidos Miembro de la UE: sí
Visados: No se requiere visado para los ciudadanos de la UE. Para los pertenecientes a Estados Unidos y Canadá, tampoco es necesario en estancias de hasta 90 días. Hora local: GMT; más una hora (en verano, más dos horas) Electricidad: 220V, 50 Hz Pesos y Medidas: sistema métrico Turismo: 51 millones de visitantes Madrid
Puede que Madrid no tenga el glamour o las facilidades de Barcelona, pero todo lo que le falta de estilo le sobra en sustancia: cuenta con una colección extraordinaria de museos y galerías, preciosos parques y jardines y una vida nocturna inagotable. La Puerta del Sol es el mejor punto de partida para descubrir Madrid. Sol, como lo llaman sus habitantes, no es más que un cruce de calles repleto de paradas de autobús, pero está situado en la zona más céntrica de la ciudad. Aunque Madrid es una metrópoli enorme, la parte que realmente puede interesar al viajero está comprendida entre el Campo del Moro, al oeste, y el Parque del Buen Retiro, al este. La calle más interesante es la Gran Vía, pero la Plaza Mayor es el verdadero corazón de la localidad. No hay que perderse una de las mejores galerías de arte del mundo, el Museo del Prado, que exhibe una gran parte de las obras españolas, italianas y flamencas más sobresalientes desde el siglo XV hasta el XIX. Entre ellas, se incluyen muchos trabajos de Goya y de Diego de Velázquez. También es muy recomendable el Casón del Buen Retiro, que alberga un excelente muestrario de arte español del siglo XIX. La mejor lección de historia del arte la proporciona el Museo Thyssen-Bornemisza, una colección privada de pinturas desde Tiziano hasta Pollock. El Museo de Escultura al Aire Libre muestra unas interesantes esculturas abstractas realizadas por los artistas contemporáneos españoles de mayor prestigio en el país, entre los que se encuentran Chillida y Miró. Después de haber disfrutado con tan inmensa cantidad de arte, nada mejor que una parada en el Real Jardín Botánico, junto al Prado. La visita al Palacio Real satisfará la curiosidad del pequeño decorador que todos llevamos dentro, aunque sólo sea para ver qué es lo que puede pasar cuando se da rienda suelta a la imaginación; allí se encuentran las paredes y techos más recargados que se puedan imaginar. También puede deleitarse con la austera y lúgubre catedral de Nuestra Señora de la Almudena, que se abrió al público en 1992 después de nada menos que 110 años de construcción. Madrid cuenta con una de las plazas de toros más grandes del mundo, la Plaza de Toros Monumental de las Ventas. Éste es uno de los mejores lugares para disfrutar de una corrida taurina. Los partidos de fútbol son una opción nada desdeñable si los equipos locales preferidos, el Real Madrid y el Atlético de Madrid, juegan en casa. El domingo por la mañana es un buen momento para conseguir oportunidades en el Rastro, uno de los mercadillos más grandes que se puedan visitar. Se suele decir que éste es el lugar al que acudir cuando se quiera recuperar el radiocasete del coche, así que conviene prestar especial atención al bolso y a los bolsillos. No es difícil encontrar alojamiento en Madrid. En verano, los madrileños abandonan la ciudad, debido a las elevadas temperaturas, así que ésta es una buena época para regatear por el precio de una habitación. El resto del año merece la pena intentarlo sólo si uno ha planeado permanecer durante una temporada. Santa Ana es una de las zonas más populares para hospedarse, y está próxima a numerosos restaurantes y locales nocturnos. El epicentro de la vida nocturna madrileña es la plaza del Dos de Mayo, en Malasaña. Barcelona
En caso de visitar sólo una ciudad española, ésta debería ser Barcelona. Su elegancia y romanticismo se mezcla con la energía y el desenfreno propios de una ciudad porteña. La arquitectura única e inspiradora de Antoni Gaudí se puede admirar en sus conocidas obras, como la Sagrada Familia y el Parc Güell; también se recomienda dedicar un tiempo al Museu Picasso y a la Fundació Joan Miró, ambos templos del arte de categoría mundial. La Ciudad Condal cuenta con un barrio antiguo fascinante, el barri gòtic y una vida nocturna comparable a otras ciudades españolas. Un buen lugar para explorar los secretos de la ciudad es la zona de La Rambla, la Plaça de Sant Josep Oriol y la Plaça Reial. La tendencia en estos lugares es encontrarse con un constante ajetreo y flujo de gente paseándose y disfrutando del ambiente. En esta área, abundan cafeterías, bares, tiendas y monumentos. Al norte de la ciudad, el fabuloso Parc Güell es un modelo ideal del trabajo gaudiniano. En el Passeig de Gràcia y sus alrededores también se concentran numerosas edificaciones creadas bajo los parámetros de la arquitectura modernista. En la montaña de Montjuïc resplandece el complejo arquitectónico de inspiración ibicenca que alberga la Fundació Joan Miró, uno de los mejores museos de arte contemporáneo de España, y cuya visita se hace imprescindible. Ante la impresionante catedral gótica de la Ciudad Condal, cada domingo al mediodía la gente se reúne para bailar sardanas, la danza tradicional catalana. Al este de la seo, se ubica el maravilloso Museu d'Història de la Ciutat, donde se puede disfrutar de un paseo subterráneo a través de las excavaciones de la Barcelona romana y visigoda. Los mercadillos idóneos para comprar son Els Encants Vells, situado en la Plaça de las Glòries Catalanes; el mercadillo de antigüedades, en la Plaça Nova; y el mercadillo de artesanía en la Plaça de Sant Josep Oriol. Barcelona acoge innumerables tiendas de diseño suficientes para satisfacer a los amantes de la moda más exigentes. Una vez finalizadas las compras, se puede comer y beber en alguno de los muchos bares de la ciudad, cuya oferta no se limita a las bebidas. El mayor número de locales para degustar la gastronomía local se concentra en los alrededores de la Rambla. A ambos lados de esta famosa vía, en el casco antiguo, se encuentran muchos de los alojamientos de la zona. Toledo
Esta ciudad medieval de estrechas callejuelas, situado en lo alto de una colina sobre el río Tajo, es uno de los monumentos históricos de España todavía intacto. La población está repleta de museos, galerías, iglesias y castillos fascinantes pero, desgraciadamente, también está abarrotada de excursionistas. Así que, para disfrutar de Toledo, se recomienda pasar la noche y explorar la villa al anochecer o temprano por la mañana. Dominando la ciudad se alza el Alcázar, escenario de batallas militares desde la Edad Media hasta el siglo XX. La imponente catedral, situada en la zona más céntrica, acoge gloriosos murales, vidrieras y obras de El Greco, Velázquez y Goya. Otros lugares de interés son las dos sinagogas de la ciudad; la iglesia de Santo Tomé, donde puede contemplarse la obra maestra de El Greco, El entierro del Conde de Orgaz; y el Museo de Santa Cruz. Los arqueólogos que trabajan en la localidad de Carranque (Toledo) descubireron una basílica romana del siglo IV, la más antigua de España. Valencia
La tercera ciudad más extensa de España, capital de la Comunidad Valenciana, suele sorprender a muchos. Valencia, bendecida por un magnífico clima, es la cuna de la paella, del Santo Grial y de las Fallas, una de las fiestas más celebradas del país. Uno de los atractivos de la ciudad es el barroco Palacio del Marqués de Dos Aguas, con una fachada extraordinariamente esculpida y un interior no menos espectacular. El Museo de Bellas Artes, uno de los mejores del país, posee obras de grandes genios de la pintura, como Murillo, Goya y Van Dyck, así como el trabajo de diversos impresionistas valencianos. El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) acoge una magnífica colección de arte contemporáneo español. También merece la pena visitar la catedral y ascender hasta lo más alto de su torre para disfrutar de una panorámica de la ciudad valenciana. Granada
Durante el período de dominación árabe, Granada fue la población más bella de la península. En la actualidad, sigue poseyendo el mejor legado musulmán en Europa y uno de los monumentos más admirados del continente: la Alhambra. La Alhambra es uno de los mayores logros del arte y la arquitectura islámicos. Se ha escrito mucho sobre la fortaleza, los palacios, sus patios y sus jardines, pero el visitante siempre se sorprenderá ante tanta belleza. La fortaleza musulmana de la Alcazaba fue construida en el siglo XI y, desde lo alto de sus torres, se contempla una magnífica vista del núcleo urbano. Los Palacios Nazaríes son la pieza central de la Alhambra, y son especialmente notables por la complejidad de su obra de sillería. Por último, el Generalife, la residencia de campo de los sultanes, está rodeado de jardines de gran sosiego y belleza. Después de la Alhambra, el mayor atractivo de la ciudad granadina lo constituye la urbe en sí misma, emplazada a los pies de Sierra Nevada. Es un placer pasear por las estrechas calles del Albaizín, antiguo barrio musulmán, atravesar el río desde la Alhambra o recorrer la zona de la plaza Bib-Rambla. También son muy interesantes la Casa del Castril (museo arqueológico), en los Baños Árabes y en la Capilla Real, donde están enterrados los Reyes Católicos, conquistadores cristianos de Granada. Junto a la capilla, se eleva la catedral, que data de principios del siglo XVI. Una visita imprescindible son las cuevas del Sacromonte, situadas en una ladera de la colina, al norte de la ciudad. Sevilla
Sevilla es una de las ciudades más apasionantes de España, con sus magníficos parques y jardines, monumentos árabes, flamenco, corridas de toros y una densa población estudiantil. La Exposición Universal en 1992 convirtió la metrópoli en centro de atención mundial. El mejor momento para visitar Sevilla es durante la Semana Santa o la Feria de Abril, ambas experiencias inolvidables. La inmensa catedral sevillana posee una de las mayores plantas de todas las seos del mundo. Su estructura es mayoritariamente gótica, aunque tras el derrumbamiento de su cúpula central en 1511 se le aplicó el estilo renacentista. Se recomienda subir a la Giralda, la torre de la catedral, para disfrutar de otra perspectiva de la ciudad. Otros lugares de interés son el Alcázar, un suntuoso palacio erigido en la época musulmana; y el Archivo de Indias, que alberga más de ochenta millones de páginas de documentos que datan desde 1492 hasta la pérdida de las colonias americanas. En la capital andaluza también se puede pasear por el parque de María Luisa, entre su laberinto de caminos, jardines, pequeños y bellos patios, fuentes y césped sombreado; descubrir la interesante colección de antiguas estatuas y lápidas de bronce del Museo Arqueológico; y divertirse en el singular, y según como se mire kitsch, Museo de Artes y Costumbres Populares. San Sebastián
San Sebastián es un lugar cautivador. Conocida como la ciudad de veraneo de las clases acomodadas españolas, ha sido centro del resurgir de la cultura vasca así como del movimiento político nacionalista. Donostia, como se le denomina en euskera (el idioma vasco), es una ciudad sorprendentemente placentera, con una población de aproximadamente 180.000 personas. Sus habitantes se consideran la gente más afortunada de España; y es probable que el turista llegue a sentir lo mismo después de pasar unos días en sus playas y unas cuantas noches probando sus exquisitas tapas y la inagotable vida nocturna de la ciudad. Una de las playas más hermosas de la península es la playa de la Concha y su continuación, Ondarreta. Se puede nadar desde este punto hasta la isla de Santa Clara, situada en el centro de la bahía Durante el verano, el ayuntamiento facilita balsas a mitad de camino para poder descansar. El Museo de San Telmo, un antiguo convento del siglo XVI, contiene en su interior de todo un poco: antiguas lápidas, esculturas, muestras de agricultura y carpintería, una maravillosa colección de arte y el suelo más ruidoso de España. El monte Urgull y su estatua de Cristo dominan la bahía de la Concha y, desde la cima, se disfruta de unas excepcionales vistas. Islas Baleares
Cada verano, gran multitud de turistas de diversos países invaden las islas Baleares, situadas en las azules aguas del Mediterráneo, en la costa este de España. No es de extrañar, considerando sus magníficas playas, el sol abrasador y la animada vida nocturna. Lo más sorprendente ha sido su capacidad para mantener su identidad y sus fuertes lazos con el pasado. Además de las playas y los clubs nocturnos, el archipiélago ofrece a sus visitantes la posibilidad de descubrir sus catedrales góticas, sus yacimientos prehistóricos, las pequeñas poblaciones pesqueras y los interminables campos de olivos y naranjos que le caracterizan. Las Baleares están formadas por cuatro islas: la mayor es Mallorca, seguida por Menorca, Ibiza y la diminuta Formentera. Esta última es la menos urbanizada; Ibiza atrae a los amantes de las fiestas y de la moda, así como a los gays y hippies. La también denominada Pitiusa (isla de los pinos) es uno de los crisoles culturales más singulares del mundo. Bilbao
El Museo Guggenheim de Arte Contemporáneo es una de las pruebas de cómo Bilbao, la ciudad más grande del País Vasco, está pasando de ser una ciudad posindustrial a convertirse en una ciudad con ambiciosos proyectos de renovación urbanística. Diseñada por el arquitecto estadounidense Frank O. Gehry, esta construcción de cristal y titanio, semejante a la anatomía de un pez y al casco de un barco, es la joya de la ciudad. El interior no es menos impresionante que el exterior: obras de Serra, Braque, Kandinsky, Picasso, Warhol y otros artistas se reparten entre sus salas. También destaca el Museo de Bellas Artes, a sólo 300 metros de distancia. Los restaurantes y bares del casco antiguo son una buena opción para recuperarse de tan artístico paseo. La península Ibérica, encrucijada entre Europa y África, siempre ha sido blanco de las civilizaciones invasoras. Los romanos llegaron en el siglo III a.C., pero tardaron dos siglos en dominarla. Las leyes, las costumbres y la lengua romanas se fueron implantando lentamente. En el año 409 d.C., un enorme contingente de tribus germánicas invadió la Hispania romana y, hacia el 419, se estableció un reino visigodo, que se mantuvo hasta el 711, momento en el que los musulmanes cruzaron el estrecho de Gibraltar y derrotaron a Rodrigo, el último rey godo. En el año 714, los ejércitos musulmanes habían conquistado toda la península, a excepción de las regiones montañosas del norte. La ocupación de la zona sur de España, denominada por los locales Al-Andalus, se prolongó más de ochocientos años. Durante este período, prosperaron las artes y las ciencias, se introdujeron nuevas técnicas agrícolas y nuevos cultivos, y se construyeron palacios, mezquitas, escuelas, jardines y baños públicos. En el 722, el rey visigodo Pelayo y su pequeño ejército derrotaron por primera vez a los musulmanes en Covadonga, al norte. Simbólicamente, esta batalla significó el comienzo de la Reconquista, que supuso la recuperación por parte de los cristianos de los territorios españoles ocupados por los musulmanes.
A finales del siglo XIII, Castilla y Aragón constituían los dos principales poderes cristianos de España, y en 1469 se unieron mediante el matrimonio de Isabel, princesa de Castilla, con Fernando, heredero del trono de Aragón. Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, unificaron España y establecieron los cimientos para la llegada de la Edad de Oro. En 1478, pusieron en marcha la despiadada Inquisición, expulsando y ejecutando a miles de judíos y musulmanes. En 1482, sitiaron Granada y, diez años más tarde, en 1492, el último rey musulmán se rindió, marcando así el esperado final de la Reconquista.
La llegada de Colón a las Américas significó el comienzo de la creación de un gran imperio español en el Nuevo Mundo, y se originó el envío continuado de cofres repletos de oro y plata desde México y Perú a la península. España monopolizó el comercio con los nuevos dominios y se convirtió en una de las naciones más poderosas del globo. Sin embargo, este proteccionismo entorpeció el desarrollo de las colonias y dio lugar a una serie de costosas guerras contra Inglaterra, Francia y Holanda.
Después de la muerte en la guillotina de Luis XVI en 1793, España declaró la guerra a la nueva República francesa, pero fue derrotada. En 1808, las tropas napoleónicas penetraron en la península y, paralelamente, la corona española comenzó a perder el control de las colonias. Un levantamiento en Madrid provocó que el pueblo español se uniera contra los franceses y lucharan durante cinco años por su independencia. En 1813, expulsaron definitivamente a las fuerzas francesas y, el año siguiente, Fernando VII accedió al trono. Los veinte años que duró su reinado empañaron la imagen de la monarquía; durante este período, se restableció la Inquisición, se persiguió a los liberales y a los defensores de la constitución, se suprimió la libertad de expresión, se perdieron las colonias americanas y la economía española sufrió una gran recesión.
La calamitosa guerra de Cuba de 1898 marcó el final del Imperio. Estados Unidos venció a España en una serie de desiguales batallas navales que dieron como resultado la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Guam y las islas Filipinas, las últimas posesiones españolas en ultramar. Los problemas españoles se mantuvieron en su entrada en el siglo XX. En 1923, con el país al borde de una guerra civil, Miguel Primo de Rivera estableció una dictadura militar y gobernó el país hasta 1930. Un año más tarde, Alfonso XIII abandonó España tras la victoria de las izquierdas en las elecciones de 1931 y se proclamó la Segunda República, que cayó al poco tiempo víctima de conflictos internos. Las elecciones de 1936 dividieron al país; por un lado, el gobierno republicano y sus simpatizantes (una delicada alianza entre comunistas, socialistas y anarquistas, todos ellos a favor de una sociedad más equitativa y de un papel menos importante de la Iglesia) y, por el otro, la oposición nacional (una unión de derechas entre el ejército, el clero, la monarquía y el partido falangista, de inclinaciones fascistas). En julio de 1936, el asesinato del líder de la oposición, José Calvo Sotelo, a manos de la policía republicana fue el detonante que animó a los militares a derrocar el gobierno. Durante la posterior Guerra Civil (1936-1939), los nacionales recibieron una generosa ayuda militar y económica de la Alemania nazi y de la Italia fascista, mientras que el gobierno republicano sólo obtuvo el apoyo de Rusia y, en menor medida, de las Brigadas Internacionales, formadas por idealistas extranjeros. A pesar de la amenaza fascista, Inglaterra y Francia se negaron a ayudar a los republicanos.
Hacia 1939, los nacionales, capitaneados por Francisco Franco, consiguieron la victoria. Más de 350.000 españoles murieron en la contienda, pero aún tenían que perpetrarse más derramamientos de sangre. Después de la guerra, murieron y fueron ejecutados unos 100.000 republicanos en prisión. Los treinta y cinco años de dictadura franquista tuvieron como consecuencia el bloqueo económico, su exclusión de la OTAN y de la ONU y su parálisis a causa de la recesión económica. En los primeros años cincuenta, el auge del turismo y un tratado con Estados Unidos proporcionaron los fondos que tanto se necesitaban y facilitó la recuperación de su riqueza pública. En la década de 1970, España había conseguido el crecimiento económico más rápido en Europa. Antes de su muerte, en 1975, Franco nombró como sucesor a Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII. Con Juan Carlos I en el trono, España asumió la transición de la dictadura a la democracia. En 1977, se celebraron las primeras elecciones generales; un año más tarde se redactó una nueva constitución y, en 1981, un infructuoso golpe militar quiso detener el reloj de la democracia española. En 1982, España rompió con el pasado al elegir un gobierno socialista por una mayoría considerable. La única tacha importante, desde entonces, ha sido la campaña de terror librada por el grupo separatista ETA, que lucha por conseguir un País Vasco independiente. En los treinta años que la banda terrorista lleva en activo, ha asesinado a más de ochocientas personas.
En 1986, España ingresó en la CEE (la actual UE). En 1992, volvió al escenario mundial con la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de la Exposición Universal en Sevilla, además de haber sido Madrid la ciudad designada Capital Europea de la Cultura. En 1996, accedió al poder el partido popular (PP), el partido conservador que lideró José María Aznar durante 8 años. Aunque poco carismático, su éxito se atribuyó al buen estado de la economía española, que creció un 4% durante su mandato. Sin embargo, gran parte de la sociedad española y la opinión pública le dió la espalda cuando decidió apoyar la guerra contra Irak.
El 11 de marzo de 2004, a pocos días de las elecciones generales, una serie de atentados cometidos por Al-Quaeda en el transporte público de Madrid, se cobraron la vida de casi 200 personas. El 14 de marzo, José Luis Rodríguez Zapatero, líder del Partido Socialista (PSOE) gana unas polémicas elecciones teñidas por el dolor. En 2005, España se convierte en el cuarto país del mundo en legalizar los matrimonios entre personas homosexuales.
El patrimonio artístico español es extraordinario. El Greco y Diego Velázquez son los creadores más importantes de la Edad de Oro; Francisco de Goya fue el pintor más prolífico del siglo XVIII, cuyos retratos de la realeza destacan por su crudeza. Ya en el siglo XX, muchos artistas españoles se han situado en un lugar relevante dentro del mundo del arte contemporáneo, como Pablo Picasso, Juan Gris, Joan Miró y Salvador Dalí. La arquitectura española se distingue por su heterogeneidad; desde los yacimientos prehistóricos de Menorca, en las islas Baleares, hasta los vestigios romanos de Mérida y Tarragona, pasando por la impresionante Alhambra de Granada, los edificios mudéjares, las catedrales góticas, los castillos y palacios, los fantásticos monumentos modernistas y la compleja arquitectura gaudiniana. Don Quijote de la Mancha, la novela de caballerías escrita por Miguel de Cervantes en el siglo XVII, es una de las obras en prosa más importantes del mundo. Entre los escritores del siglo XX más notorios puede citarse a Miguel de Unamuno, Federico García Lorca y Camilo José Cela, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1989. En cuanto a las escritoras, destacan Carmen Martín Gaite, Ana María Matute y Montserrat Roig. Hasta finales de los años setenta, la cinematografía española estaba intrínsecamente relacionada con el trabajo del genio del surrealismo Luis Buñuel; en la actualidad se asocia con las personales y excéntricas farsas creadas por Pedro Almodóvar, director que disfruta de un gran éxito internacional. La guitarra andaluza se inventó en la década de 1790, al añadir una sexta cuerda al laúd árabe; adquirió su forma actual alrededor de 1870. Los músicos españoles han conseguido elevar el sonido de este instrumento a vertiginosas cotas de virtuosismo, y nadie mejor que Andrés Segovia (1893-1997), que situó la guitarra clásica en la categoría de género. El flamenco, música basada en el cante jondo originario de los gitanos andaluces, ha experimentado un resurgir. Paco de Lucía se ha convertido en el guitarrista más internacional; y Camarón de la Isla fue considerado, hasta su muerte en 1992, el padre del cante jondo contemporáneo. En la década de 1980, se dio a conocer la fusión flamenco-rock (también denominada rock gitano) de la mano de grupos como Pata Negra y Ketama; en la década de 1990, Radio Tarifa popularizó una hipnótica mezcla de sonidos flamencos, norteafricanos y medievales. Por último, la contribución española al mundo de la música electrónica ha sido el bacalao, originario de Valencia. Los españoles son unos apasionados del deporte, especialmente del fútbol. Merece la pena asistir a un partido, ya que la atmósfera que se respira es electrizante. Las corridas de toros siguen siendo muy populares entre el público local, pese a las continuas presiones de los activistas, nacionales e internacionales, en defensa de los derechos de los animales. Si bien el catolicismo está profundamente arraigado en todos los aspectos de la sociedad, sólo el 40% de la población acude a la iglesia asiduamente. Muchos españoles sienten un profundo escepticismo hacia la institución religiosa; durante la Guerra Civil, se quemaron edificios religiosos y se fusilaron clérigos, ya que éstos representaban la represión, la corrupción y el antiguo régimen. La gastronomía española tiene una bien merecida reputación. Las tapas son una de las mejores invenciones desde la cerveza fría. Puede que los comensales occidentales conozcan la paella, el gazpacho y el chorizo, pero la cocina local engloba muchas otras especialidades, como sabrosos estofados, sopas, judías, mariscos y carnes que han influido en la gastronomía latinoamericana. Al viajar a España, conviene cambiar las costumbres y horarios, ya que, normalmente, el almuerzo, la comida principal del día, se toma entre las 13.30 y las 16.00. La cena es más ligera y se sirve entre las 22.00 y las 23.00. · Cervantes, Miguel de: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Editorial Planeta, Barcelona. · García Lorca, Federico: Bodas de sangre, Espasa-Calpe, Madrid. · Pérez Galdós, Benito: Trafalgar, Editorial Crítica, Barcelona. · Orwell, George: Homenaje a Cataluña, Editorial Ariel, Barcelona. · Hemingway, Ernest: Por quién doblan las campanas, Editorial Planeta, Barcelona. · Hooper, John, Los nuevos españoles, Javier Vergara editor, Villaviciosa de Odón.
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