Superficie: 338.000 km² Población: 5.190.000 hab. Capital: Helsinki (891.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 98% finlandeses, 0,7% samis, gitanos Idioma: 93% finlandés, 6% sueco y 1% sami (lapón) Religión: 85,4% luteranos, 1,1% ortodoxos Régimen político: república democrática Presidenta: Tarja Halonen Primer ministro: Matti Taneli Vanhanen
PIB: 133.500 millones de dólares PIB per cápita: 25.800 dólares Crecimiento anual: 5% Inflación: 2,6% Principales recursos económicos: madera y sus derivados, metales, ingeniería, telecomunicaciones Principales socios comerciales: Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y Japón Miembro de la Unión Europea: sí Zona euro: sí
Visados: la mayoría de los ciudadanos occidentales, incluyendo los que pertenecen a los países de la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Malasia, Singapur y gran parte de América del Sur, no necesitan visado. Condiciones sanitarias: pavimentos deslizantes. Hora local: GMT+2 Electricidad: 220 V, 50 Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: 2,5 millones de visitantes al año Helsinki La capital finlandesa, centro cultural, financiero y económico del país, se extiende a través de sus verdes parques y canales, que junto a los fuertes vientos marinos, la bulliciosa plaza del mercado y sus numerosas cafeterías al aire libre hacen de Helsinki un lugar idóneo para visitar en verano. Sus edificios de escasa altura y su plaza bordeada de arquitectura decimonónica le confieren un aire íntimo propio de las pequeñas poblaciones. Construida en una península, la urbe está comunicada por transbordador con la isla de Suomenlinna, en el golfo de Finlandia, ideal para desfrutar de un día de picnic. Helsinki alberga algunos de los museos más notables del país. El Ateneum es uno de los más relevantes y presenta los diferentes movimientos artísticos locales e internacionales que se han generado desde el siglo XIX. El Museo Nacional, también situado en el centro de la ciudad, posee vastas colecciones de objetos etnológicos sami y finougrios. En el techo de su sala principal se encuentran los frescos inspirados en el Kalevala. El Raitioliikennemuseo o Museo del Tranvía se halla en una antigua estación y repasa la historia de este transporte mediante la exhibición de los más variopintos artilugios y fotografías. El Museo de la Casa del Trabajador incorpora una muestra permanente sobre las condiciones de vida de la clase obrera entre 1909 y 1980. La iglesia de la Roca, esculpida en roca sólida, atrae a muchos visitantes; en su interior se celebran tanto conciertos como oficios religiosos. Al oeste del centro urbano, en la ciudad dormitorio de Espoo, puede visitarse el magnífico estudio de Gallén-Kallela, el famoso pintor finlandés. Los transbordadores y lanchas a motor se dirigen de la capital a la isla de Suomenlinna, donde se puede pasear por las ruinas de su imponente fortaleza, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991, o visitar sus diversos museos. El Museo Ehrensvard, que muestra la historia de la fortaleza desde el esplendor hasta la decadencia de la dominación sueca, es uno de los más estimables. Una actividad curiosa se centra en la visita, iluminados con una antorcha, de los búnkers y cuevas que se encuentran en los laterales del fuerte. Helsinki posee numerosos albergues económicos en el centro, aunque en la época estival también se puede pernoctar al aire libre en sacos de dormir. Su núcleo urbano dispone de numerosas hamburgueserías, establecimientos especializados en el kebab y grills, pero las cafeterías que se encuentran más al Sur o en torno a la plaza del mercado ofrecen refrigerios más sanos. En los teatros las representaciones se efectúan en finlandés, así que es probable que se prefieran la ópera y el ballet, actuaciones que no requieren la comprensión del idioma. Helsinki también cuenta con una amplia oferta de pubs y clubes para los más noctámbulos. Turku La anterior capital de Finlandia, situada en la costa sur, es la urbe más antigua del país. Si bien los incendios han devastado sus tierras en diversas ocasiones a lo largo de los siglos, Turku sufrió su peor contratiempo en 1812, cuando se trasladó la capitalidad a Helsinki. Aún en la actualidad es una ciudad importante, con enclaves de gran interés. Luostarinmaki es la única zona de esta urbe construida en el siglo XVIII que se conserva, ya que la mayor parte de Turku se ha transformado a causa de la acción de las promotoras inmobiliarias. En verano los artesanos trabajan en el interior de antiguas casas de madera. Al norte se encuentra la catedral de Turku, del siglo XIII, considerada el santuario nacional de la iglesia evangélica-luterana de Finlandia. En su interior se ha emplazado un museo que abre a diario. El castillo de Turku, construido en 1280, es el edificio histórico más destacado del país. Alberga un interesante museo, con muchas salas decoradas según los parámetros artísticos de una década o un siglo específicos. Aland La provincia de Aland, con bandera y cultura propias, comprende más de 6.400 islas. En ellas se hablan varios dialectos del sueco, mientras que escasean los habitantes que utilizan el finlandés. Este hermoso microcosmo insular resulta idóneo para practicar el ciclismo, acampar y alojarse en cabañas, así como para descubrir la singular cultura de los isleños, plasmada en las danzas tradicionales, los arreglos florales y el envolvente encanto de los pueblecitos. El municipio más interesante es Sund, en el extremo oriental de Isla Principal, la más grande del archipiélago y donde se encuentra el impresionante castillo de Kastelholm. De importancia estratégica durante los siglos XVI y XVII, se desconoce su antigüedad exacta, pero ya aparecía mencionado en escritos de 1388. También en sus inmediaciones se halla el espléndido Museo de Jan Karlsgarden, emplazado al aire libre y uno de los mejores lugares de Finlandia para celebrar el solsticio de verano. Las ruinas de la fortaleza de Bomarsund son un monumento a los tiempos en que Aland, junto con el resto del país, estaba bajo el dominio ruso. La fortaleza principal, finalizada en 1842, tenía una capacidad de hasta 2.500 personas. Hay servicios regulares de transbordador que conectan Aland con Suecia y con la parte continental de Finlandia y, para los interesados en desplazarse entre islas, los transbordadores son gratuitos. Sund se puede visitar en autobús o, preferentemente, en bicicleta. Rauma La antigua ciudad de Rauma resultó el primer lugar del país en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (1991). La ciudad de madera más grande que se conserva en los países nórdicos no es un museo, sino un casco urbano rebosante de vitalidad, donde trabajan numerosos artesanos, cordoneros y orfebres en pequeños talleres, erigidos en su mayoría entre los siglos XVIII y XIX. Pueden visitarse interesantes casas-museo y una iglesia franciscana del siglo XV, un monasterio católico hasta que los reformistas luteranos ocuparon el lugar de los monjes en 1538. La plaza del mercado es el núcleo de la antigua Rauma y en la actualidad se mantiene como un animado centro para el comercio. Está bordeada por diversos pystcaffe (cafeterías donde se consume de pie), idóneos para tomarse un refresco. El dialecto que se habla en Rauma difiere sobremanera del finlandés estándar. La ciudad se encuentra en la costa suroeste de Finlandia, a tan sólo unas cuatro horas de Helsinki en autobús. El castillo de Olavinlinna El castillo de Olavinlinna es la principal atracción de la hermosa zona de lagos de Savonlinna. Se construyó en 1475 con el objetivo de proteger la frontera oriental del imperio sueco-finlandés. Su nombre se debe a Olaf, un santo católico noruego del siglo X. Los rusos ocuparon el castillo a principios del siglo XVIII y permanecieron en él cerca de doscientos años, añadiendo unas torres rojas y un edificio amarillo dentro de sus murallas. Dos pequeños museos presentan la historia del lugar junto a varios tesoros de la iglesia ortodoxa. No se permite adentrarse en el castillo sin guía, pero todos los días del año se programa cada hora una visita guiada. Está situado en la ciudad oriental de Savonlinna, accesible desde Helsinki por avión, tren y autobús. El puente flotante motorizado que facilita el acceso al castillo se eleva con el paso de las embarcaciones. Kristinestad La idílica Kristinestad (fundada en 1649) es una ciudad que merece ser visitada en su totalidad y en la que todavía perviven antiguas costumbres. La calle más estrecha de la población, conocida como el callejón del fustigador de gatos, mide tan sólo 299 cm de ancho y es una de las vías más angostas de Finlandia. En la década de 1880, en un esfuerzo por refrenar la peste, la ciudad empleó a un cazador de gatos para matar a los felinos enfermos (de ahí el nombre de la calle). En el centro urbano se encuentra la iglesia de Ulrika Eleonora, construida en el siglo XVIII. Es un templo propiamente costero, con barcos votivos colgando del techo. El Museo Marítimo alberga una colección privada de artículos relacionados con el mar reunidos por un viejo capitán de barco. Kristinestad se encuentra en la costa occidental de Finlandia y se puede llegar a ella en autobús desde Pori, Vaasa y Tampere. Inari La agradable población de Inari, a orillas del lago del mismo nombre, es el lugar idóneo para descubrir la cultura sami viva y una de las ciudades más interesantes del norte de Laponia. El Saamelaismuseo, museo al aire libre, muestra artesanía tradicional, cría de renos y pesca de los nativos finlandeses. Cerca del museo puede seguirse un sendero donde se marcan los 7 km de distancia que lo separan de la iglesia de Pielpajarven, construida en el siglo XVIII, y que cuenta con un refugio y una sauna en sus inmediaciones. Durante el verano, diversas embarcaciones se dirigen hacia la importante isla de Ukko, un antiguo centro de culto para los pescadores de Inari. Existe una granja de renos a 15 km del pueblo, pero esta especie abunda en toda la zona. Inari está situada a lo largo del Sendero Ártico, al este de Laponia. Parque Nacional de Lemmenjoki Lemmenjoki es el parque nacional más grande de Finlandia y una de las mejores zonas de Laponia para practicar senderismo. El paisaje ártico provee al viajero de ríos aislados y vastos terrenos inhóspitos, donde es difícil encontrarse con alguien. Las empinadas pendientes del río de Lemmenjoki se convierten en un magnífico mirador, desde el cual se divisa la cascada de Ravadaskongas. También se puede ir andando desde un refugio cercano (existen varios gratuitos en el parque para pernoctar). La mayoría de las rutas senderistas se encuentran en una zona relativamente pequeña, entre los ríos Lemmenjoki y Vaskojoki. Para excursiones más complejas, será necesario proveerse del mapa topográfico 1:100.000, de venta en las librerías. Para llegar, se debe tomar uno de los autobuses de correo que parten de Inari o uno de los taxis fluviales que zarpan desde Kultala. Parque Nacional de Kolovesi El magnífico Parque Nacional de Kolovesi fue creado en 1990 y comprende varias islas con pinares extraordinariamente bien conservados. Su paisaje está formado por cerros altos, acantilados rocosos y cuevas, y en sus rocas pueden descubrirse pinturas prehistóricas. En esta zona habitan las focas anilladas de Saimaa. Remar en barca es prácticamente el único modo para disfrutar del fantástico paisaje, puesto que todas las embarcaciones a motor están prohibidas en el parque. Un guía es un gasto inevitable si se quieren visitar las zonas más relevantes, pero puede compartirse el trayecto con otros viajeros. El Parque Nacional de Kolovesi se halla en Savo Oriental y su acceso puede efectuarse en autobús y transbordador desde Savonlinna. Los primeros asentamientos humanos hallados en territorio finlandés se remontan al final del período glacial, hace aproximadamente unos diez mil años. Cuando en el siglo I a.C. los fineses procedentes de Estonia se establecieron en el suroeste del país, los lapones se refugiaron en el Norte. La próspera sociedad finesa chocó en el siglo XI con los vikingos de Roslagen, que dominaban el comercio en el golfo de Finlandia. Con la llegada de los mercaderes de Gothland ese mismo siglo, el territorio recuperó la prosperidad y paralelamente se introdujo el cristianismo. A través de los siglos, Finlandia se ha mantenido entre el imperio protestante sueco y la Rusia ortodoxa oriental; y desde el siglo XII hasta 1809, formó parte de Suecia. Las constantes guerras contra Rusia y las graves hambrunas que se sucedieron entre 1695 y 1697 (acabando con un tercio de la población) debilitaron Finlandia. El siglo XVIII estuvo marcado por la gradual cesión de sus territorios al ejército de Pedro el Grande, y culminó con la definitiva conquista rusa en 1809. Un sentimiento nacionalista a mediados del siglo XIX favoreció la obtención de una mayor autonomía como gran ducado, aunque se mantuvo la opresión y la rusificación, y de este modo la independencia se convirtió en el objetivo prioritario para la mayoría de los finlandeses. Tras la caída del zar y la revolución rusa de 1917, el senado finlandés declaró la independencia el 6 de diciembre de 1917, que Trotski reconoció un mes más tarde. La violencia interna se recrudeció con los enfrentamientos entre la guardia roja, apoyada por los bolcheviques, y la guardia blanca, ayudada por los alemanes. Durante 108 días de sangrienta guerra civil murieron unos treinta mil finlandeses. La victoria de los blancos se vio afectada por la débil situación en que había quedado Alemania tras la I Guerra Mundial, y poco tiempo después las relaciones con la Unión Soviética se normalizaron. A principios de los años treinta resurgió un sentimiento anticomunista y, a pesar de haber firmado un tratado de no agresión en 1932, las relaciones entre ambos países se mantuvieron precarias. El interés de la Unión Soviética por conseguir territorios estratégicos pertenecientes a Finlandia desembocaron en la guerra de Invierno en 1939-1940, tras la cual, Finlandia perdió Carelia y una parte de Laponia. Con el fin de recuperar estas tierras, en 1941 se unió a la Alemania hitleriana; poco a poco repobló Carelia, incluidas algunas zonas que habían estado en posesión de los rusos desde el siglo XVIII. La espectacular ofensiva de las fuerzas soviéticas en 1944 provocó que los finlandeses firmaran un armisticio en Moscú, y se enfrentaron a las unidades de montaña alemanas instaladas en Laponia hasta la definitiva paz en la primavera de 1945. Las consecuencias más graves de la contienda fueron la contundente derrota militar, la pérdida de Carelia y el distrito minero de Petsamo y el desastre económico ocasionado por la fuerte indemnización de guerra que le impusieron. La debilitada nación retomó sus relaciones con la Unión Soviética mediante un pacto de amistad (1948), y en 1950 ambos países habían firmado un tratado de seguridad recíproca y un acuerdo comercial. Los 25 años de gobierno de Urho Kekkonen (1956-1981) pueden considerarse un inteligente ejercicio de equilibrio, ya que el presidente mantuvo un firme control del poder nacional y logró fortalecer los lazos con sus hermanos escandinavos sin distanciarse de su poderoso vecino del Este. El desmembramiento de la Unión Soviética se produjo en una situación delicada para Finlandia. Por un lado, el libre mercado que se estaba desarrollando en el país tuvo que enfrentarse a la crisis económica de finales de los años ochenta; por otro, los préstamos soviéticos permanecían vigentes cuando se disolvió su deudor. A causa de los generosos subsidios de desempleo en Finlandia, el repentino aumento del paro supuso una presión excesiva para las finanzas del gobierno. En los noventa la situación económica del país experimentó un período de enfriamiento marcado por la fluctuación de la moneda nacional. El marco finlandés se devaluó en torno a un 25 por ciento. Finlandia votó para ingresar en la Unión Europea a finales de 1994 y se convirtió en miembro de pleno derecho en 1995. En las elecciones de ese mismo año la coalición liderada por los socialdemócratas desbancó a la conservadora. Desde que se juntó a la UE, Finlandia ha recibido mucha ayuda de Bruselas y fue uno de los éstado miembros que adoptó el euro en 2001. En febrero de 2000, los finlandeses eligieron a la primera presidenta del país, la socialdemócrata Tarja Halonen. Tove Jansson, la autora de las historias de los Mumin, probablemente ocupa el lugar internacional más destacado entre los escritores contemporáneos finlandeses. La arquitectura finesa está representada por los diseños de Alvar Aalto en edificios públicos, ciudades y mobiliario, en los que establecía una armonía con el ser humano y la naturaleza. Jean Sibelius, uno de los más grandes compositores modernos, escribió piezas marcadamente finlandesas con el objetivo de glorificar a su pueblo y como desafío a la opresión rusa. Sibelius y el pintor nacionalista Akseli Gallén-Kallela sucumbieron a la fascinación del carelianismo, un movimiento que se remonta a las canciones populares que en la década de 1830 Elias Lonnrot compiló para crear la epopeya nacional, el Kalevala, una mitología épica que comprende narraciones sobre la creación y la lucha entre el bien y el mal. Aleksis Kivi fundó la literatura finlandesa moderna con Siete hermanos (1870), en la que sus protagonistas tratan de escapar de la educación y la civilización para permanecer en su entorno natural y salvaje. El finlandés es una lengua urálica y pertenece al grupo finougrio. Está estrechamente vinculado al estonio y al carelio, y sus orígenes son comunes al samoyedo y a as lenguas propias de la cuenca del Volga. El idioma más hablado del grupo finougrio es el húngaro, que guarda escasas semejanzas con el finlandés. Con el 6 por ciento de la población suecoparlante, Finlandia es oficialmente un país bilingüe. El finlandiassvenska (el sueco que se habla en el país escandinavo) es semejante al idioma hablado en Suecia, pero los dialectos locales incorporan numerosas palabras finlandesas. Su gastronomía presenta elementos propios de las cocinas sueca y rusa, pero con muchas variaciones y especialidades locales. La patata es el ingrediente básico, servida con diversas salsas a base de carne o pescado. Algunos platos tradicionales incluyen animales de caza, como el urogallo o el estofado de reno, y el salmón braseado o crudo y marinado. La cerveza, el vino y los licores fuertes se venden en los bares y restaurantes autorizados y a través de la red estatal, denominada Alko; hay que tener en cuenta que, sumadas las estrictas restricciones de importación, los precios del alcohol resultan prohibitivos. El humor de los finlandeses a menudo relaciona su afición a las copas con su legendaria reticencia a las charlas triviales. Sirva de ejemplo el chiste siguiente, protagonizado por los estoicos héroes finlandeses Pekka y Toivonen: "Un día Pekka y Toivonen se encuentran tras mucho tiempo sin verse y van a una sauna en el bosque. Beben vodka durante un par de horas. Pekka le pregunta a Toivonen: '¿qué ha sido de tu vida?' Toivonen no dice nada, pero continúa bebiendo durante otro par de horas. Luego, lentamente, le responde: '¿Hemos venido aquí a parlotear o a beber?'" · Waltari, Mika: Sinuhé, el egipcio, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 2000; Vida del aventurero Mikel Karvajalka, Editorial Edhasa, Barcelona, 1998 · Jansson, Tove: La familia Mumin, Noguer y Caralt Editores, Barcelona, 1991; Una noche de San Juan bastante loca, Ediciones Alfaguara, Madrid, 1986 · Linna, Vaino: Soldados desconocidos, Ediciones Destino, Barcelona, 1957 · Södergran, Edith: Antología poética, Visor Libros, Madrid, 1992 · Meri, Veijo: La cuerda, Ediciones Endymion, Madrid, 1995 · Lönnrot, Elias: El Kalevala, Alianza Editorial, Madrid, 1998
|