Todo el turismo, información y ocio para tus viajes
Buscador
Título Destino
English
Italiano
Français
Deutsch
中文简体
日本語

Inicio > Viajes > Europa > Francia

Francia
ampliar mapa +
Introducción ·
Información práctica ·
Cuándo ir ·
Fiestas y celebraciones ·
Dinero y precios ·
Qué ver ·
Otras rutas ·
Actividades ·
Historia ·
Cultura ·
Entorno y medio ambiente ·
Cómo llegar ·
Cómo desplazarse ·
Lecturas recomendadas ·
Deseo ir a...
Continente

País
Ciudad
Ir a destino

Los franceses escribieron la canción sobre la vie en rose y obsequiaron al mundo con la crème brûlée y el camembert, con el Tour y la torre Eiffel, con Simone de Beauvoir y Claude Debussy. Así que sí, tienen un orgullo nacional muy arraigado, ¿quiénes somos nosotros para juzgarlos? Aunque la omnipresencia de los Levi's y los Macdonald's inquietan a los puristas de la cultura del país, cualquier actividad -desde pasar un año en Provenza hasta un fin de semana en París- explicará por qué medio mundo sueña con pasear por las calles de Cyrano o ir de picnic al estilo de Manet. Francia ha sido sinónimo de romanticismo durante más tiempo del que nuestros abuelos son capaces de recordar, así que tanto si uno recorre París como si visita los Pirineos, la Costa Azul o un albergue juvenil, es conveniente asegurarse de mantener a raya la imaginación, de no hacerse demasiadas expectativas y de mantener la joie de vivre (ganas de disfrutar de la vida).

Nombre oficial: República francesa
Superficie: 551.000 km²
Población: 60,4 millones hab.
Capital: París (2,15 millones hab.)
Nacionalidades y etnias: 92% franceses, 3% norteafricanos, 2% alemanes, 1% bretones y 2% otros (especialmente provenzales, catalanes y vascos)
Idioma: francés (también: flamenco, alsaciano, bretón, vasco, catalán, provenzal y corso)
Religión: 90% católicos, 2% protestantes, 1% musulmanes, 1% judíos y 6% no pertenecientes a una religión determinada
Régimen político: democracia
Presidente: Nicolas Zarkozy



PIB: 1,6 trillones de dólares
PIB per cápita: 27.600 dólares
Crecimiento anual: 4%
Inflación: 2,1%
Principales recursos económicos: refinería, acero, cemento, aluminio, productos agrícolas y comestibles, artículos de lujo, industria automovilística y energía
Principales socios comerciales: UE y Estados Unidos
Miembro de la UE: sí
Zona euro:


Visados: Los ciudadanos de la UE, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia e Israel no requieren visado para visitar Francia en calidad de turistas por un tiempo limitado de hasta 3 meses. Salvo los viajeros procedentes de un pequeño grupo de países europeos no comunitarios, todos los demás necesitan visado.
Condiciones sanitarias: Los principales problemas para el viajero son: quemaduras solares, ampollas en los pies, picaduras de insectos y molestias estomacales por la ingesta excesiva de comida y bebida.
Hora local: GMT+1
Electricidad: 220V, 50Hz
Pesos y medidas: sistema métrico

La mejor época para visitar el país es la primavera, ya que el clima es sublime; en el mes de mayo, las playas reciben un gran número de turistas. Las temperaturas en otoño no son malas, pero sus días cortos implican menos luz solar; por otro lado, el frío empieza a hacerse notar hacia finales de temporada, incluso en la Costa Azul. En invierno, los Alpes franceses y los Pirineos son el lugar perfecto para disfrutar con la nieve, aunque durante las vacaciones escolares de Navidades se ven multitud de chiquillos uniformados deslizándose por las pendientes. Desde mediados de julio hasta finales de agosto, la gente de la urbe se toma sus vacaciones para veranear en la costa o en las montañas. Lo mismo ocurre en febrero y marzo, fechas en que las ciudades tienden a quedarse prácticamente desiertas.

A los franceses les gustan las celebraciones; todos los años numerosas ciudades ofrecen música, danza, teatro, cine o eventos artísticos. Cada pueblo tiene sus propias ferias y fiestas que conmemoran desde los santos locales hasta el progreso agrícola. A finales de mayo, Saintes-Marie-de-la-Mer, en Provenza, es el escenario de un festival gitano donde se honra a Sara, la santa patrona de los gitanos. Esta fiesta se caracteriza por sus animados cantos y danzas. Las fiestas nacionales más destacadas son el 1 de mayo, cuando la gente se regala muguet (lirios del valle) y el Día de la Bastilla (14 de julio), que se celebra lanzando petardos con los amigos. Los eventos regionales incluyen: los peripuestos desfiles de prêt à porter en París (a principios de febrero); el reluciente y encorsetado Festival de Cine de Cannes (a mediados de mayo); el Festival Internacional de Música de Estrasburgo (tres primeras semanas de junio); el teatro principal y alternativo del Festival de Aviñón (desde mediados de julio hasta mediados de agosto) y el Festival de Jazz de Nancy (del 9 al 24 octubre).

Moneda
euro

Comidas

· Económicas: entre 4 y 13 euros
· Precio medio: entre 13 y 24 euros
· Precio alto: más de 24 euros
Alojamiento

· Económico: entre 15 y 50 euros
· Precio medio: entre 50 y 100 euros
· Precio alto: a partir de 100 euros

La tierra del café au lait a 5 dólares no es precisamente el destino más barato de Europa, pero eso no significa que haya que atracar un banco para visitarla. Los turistas más ahorradores pueden sobrevivir con 40 dólares al día, aunque esto implique alimentarse únicamente con brie y baguettes en el parque. Para gozar de una gastronomía más variada y un alojamiento más cómodo, es necesario un mínimo de 80 dólares. Por supuesto, para los amantes del Don Perignon estas cifras no cubren siquiera las pourboires (propinas) diarias; para darse la gran vida, hay que disponer de 200 dólares en adelante. Los descuentos para jóvenes y ancianos son bastante corrientes.

La forma más segura y conveniente de manejarse en Francia es con cheques de viaje; los admiten prácticamente en todas partes, sobre todo en las grandes ciudades y los centros turísticos. Los bancos y las casas de cambio son más rentables para los cheques de viaje que para el dinero en efectivo; el banco que mejores tipos ofrece es Banque de France. Los cajeros automáticos aceptan las principales tarjetas internacionales; las compras realizadas con esta forma de pago se benefician de un tipo de cambio excelente. Dejar o no propina queda a juicio del viajero; aunque en las facturas de los restaurantes y los alojamientos se añade entre un 10 y un 15 por ciento del importe, la mayoría de gente agrega algunas monedas si están satisfechos con el servicio.

París

Joya de la corona del turismo en Francia, la capital francesa alimenta numerosos estereotipos y clichés para el viajero. Por esta razón, los visitantes suelen llegar a París con unas expectativas exageradas, esperando encontrarse con imponentes vistas románticas en la rivera del Sena, con paisajes pintados en enormes lienzos o con personas extraordinariamente arrogantes. Cierto es que, normalmente, uno suele encontrar lo que esperaba o deseaba ver. Sin embargo, para disfrutar de esta ciudad, quizá sea mejor dejar las expectativas en el hotel y deambular sin rumbo por sus calles y avenidas, disfrutando simplemente de lo que uno ve.

Saint Malo

El puerto de Saint Malo, en la costa norte de Bretaña, es conocido por su pasado pirata, su ciudad amurallada y sus playas. En los siglos XVII y XVIII fue uno de los puertos más importantes de Francia, tanto para la marina mercante como para los corsarios. En esa época, se construyó un sistema de murallas y fortificaciones para defenderse de los intrusos ingleses, pero estos fuertes demostraron ser más débiles que los invasores. El puerto, destruido por los alemanes en la II Guerra Mundial, se reconstruyó tras la guerra, y hoy es uno de los destinos turísticos más populares de la región.

Dentro del casco antiguo, se alza la catedral Saint Vincent. Comenzada en el siglo XI, la catedral recoge una excelente colección de vidrieras medievales y modernas. En julio y agosto, también alberga conciertos de música clásica. Las escenas de turistas con el vídeo al hombro son ya típicas de estas murallas que, por otro lado, proporcionan unas magníficas vistas de Saint Malo.

Al sur, a los pies del casco antiguo, yace el fuerte de la Cité, del siglo XVIII, que fue fortaleza alemana durante la II Guerra Mundial. Flanqueando las murallas, se sitúan los fortines de acero agujereados por los proyectiles de los Aliados.

Otros atractivos de Saint Malo son las plácidas playas al sur del casco antiguo y la costa que continúa hacia el noreste. Esta zona presenta una de las más altas variaciones de mareas del mundo, así que, para llegar al agua cuando está baja, uno tiene que darse un buen paseo. Saint Malo es el lugar perfecto desde donde poder explorar la Côte d'Émeraude ; como excursión de un día, se puede realizar una visita a la famosa abadía situada en el Mont Saint Michel.

Castillo de Chambord

El valle del Loira fue, desde el siglo XV hasta el XVIII, el patio de recreo de la nobleza francesa, que dilapidó la riqueza de la nación para levantar multitud de castillos imponentes. Originariamente se construyeron como estructuras de defensa, pero paulatinamente se convirtieron en palacios de placer, edificados en zonas de gran belleza natural.

El mayor y más lujoso de los castillos del valle del Loira es el Château de Chambord. Comenzado en 1519, se cree que su estilo renacentista estuvo inspirado por Leonardo da Vinci, que vivió en la zona desde 1516 hasta su muerte, tres años después. En cualquier caso, el castillo es creación del rey Francisco I, un lunático capaz de negarse a pagar el rescate de sus hijos en España y malgastar el dinero de sus súbditos; incluso llegó a sugerir la posibilidad de desviar el río Loira para que pasara cerca de su nueva morada. Para su construcción, se emplearon 15 años y miles de trabajadores.

En el interior, destaca una hermosa escalera de doble hélice que servía de paso al séquito que, reunido en la terraza del tejado, observaba la realización de ejercicios militares, torneos y el regreso de los cazadores con sus perros de presa. Desde la terraza, se divisan los tejados de pizarra, las torres, cúpulas, chimeneas y varillas iluminadas que conforman el soberbio perfil del castillo.

Biarritz

La afluencia de público en este conocido pueblo costero del País Vasco francés aumenta considerablemente en verano. Biarritz, que antaño fue la favorita de la aristocracia europea y, posteriormente, de los adinerados británicos, actualmente atrae visitantes de todas partes del mundo. Sus excelentes playas, sus casinos y zonas para practicar el surf son sus principales atractivos.

La zona monumental y cultural de la ciudad se reduce a una iglesia rusa ortodoxa de bóveda azul, a algunos pequeños hoteles y al Museo del Mar. Reformado recientemente, cuenta con un acuario donde conviven varios ambientes marinos y un museo que documenta la participación de la zona en la pesca comercial y ballenera. Fuera, pueden verse piscinas con focas y tiburones.

En verano, las llamativas tiendas de rayas que se encuentran alineadas en las playas de moda de Biarritz, son testigo de la avalancha de turistas que invade la zona. Después de un duro día de tostarse al sol, se puede jugar al golf o a cesta punta, el juego más rápido del mundo (se juega con una pelota y una raqueta en forma de cuchara); disfrutar de las actuaciones folclóricas de la noche; o empaparse de la música y artesanía vascas.

Saralat-La Canéda

Conocida como Sarlat, esta encantadora ciudad renacentista en Périgord, creció alrededor de una abadía benedictina fundada en el siglo IX. Atrapada entre territorio francés e inglés, durante la Guerra de los Cien Años y las Guerras de Religión prácticamente quedó en ruinas. A pesar de ello, Sarlat conserva un toque medieval característico, con sus edificios color ocre y sus atractivas calles. Para aquellos que prefieren evitar las multitudes, es mejor visitar la zona fuera de la temporada alta.

Entre los tesoros arquitectónicos de Sarlat, figura la catedral Saint Sacerdos, que originariamente fue una abadía benedictina. De estilo poco definido, casi toda la estructura actual data del siglo XVII. Detrás de la catedral, se encuentra el primer cementerio de la ciudad, donde está el Faro de los Muertos, una torre del siglo XII construida para conmemorar la visita de San Bernardo en 1147 y cuyas reliquias descansan en la abadía. El otro foco de interés de la ciudad es el mercado de los sábados. Dependiendo de la temporada, se comercia con foie-gras, champiñones, trufas, gansos y ganado entre toda una maraña de vendedores y espectadores.

Chamonix

La ciudad de Chamonix se asienta en uno de los valles más espectaculares de los Alpes franceses. La zona mantiene un cierto parecido con el Himalaya: el Mont Blanc está coronado por una diadema de nubes y destaca sobre los glaciares de grietas profundas que dominan la zona. A finales de la primavera y el verano, los glaciares y la nieve de las altas cumbres sirven como telón de fondo para las praderas y las laderas cubiertas con flores salvajes, arbustos y árboles. Ésta es la mejor época para hacer excursiones; en invierno, los viajeros pueden aprovechar los más de doscientos kilómetros de pistas de esquí para descender las montañas o practicar esquí de fondo.

No se puede dejar de visitar la Aiguille du Midi, una solitaria aguja de roca situada a varios kilómetros de la cima del Mont Blanc, que se extiende por los glaciares y los campos nevados. Es fácil acceder a ella, y las vistas panorámicas son dignas de una postal. Otro placer es el paseo que ofrece el teleférico, con paradas en los puntos más populares para el esquí y el excursionismo. El segundo glaciar más grande de los Alpes es el Mer de Glace ; mide 14 km de largo y 1.800 m de ancho, y tiene hasta 400 m de profundidad. Para contemplar mejor el glaciar desde dentro, es posible hacer una ruta por una cueva de hielo que se esculpe cada primavera. También hay un tren que sube hasta los 1.915 m y un gran número de pistas que, por su peligrosidad, no deben utilizarse sin el equipamiento adecuado y sin un guía.

Otras actividades que pueden llevarse a cabo en la zona son el ciclismo de montaña, el parapente y el patinaje sobre hielo; también es posible bajar en trineo por una reluciente pendiente de las pistas de verano. La ciudad suiza de Martigny sólo se encuentra 40 km al norte de Chamonix, dato importante para los que deseen cruzar la frontera para reparar el reloj o comprar chocolate.

Arles

La encantadora ciudad de Arles, situada a orillas del río Ródano, en Provenza, alcanzó su auge entre los años 49 y 46 a.C., cuando un triunfante Julio César conquistó y expolió la cercana ciudad de Marsella. Pronto se convirtió en el eje central del comercio de la región y en un importante centro provincial romano con enormes espacios públicos que todavía hoy se utilizan. Vincent Van Gogh se instaló en la localidad a finales del siglo XIX, donde creó cientos de dibujos y pinturas. En los calurosos días de verano, se puede ver el calor evaporándose sobre las llanuras; los olivos y los viñedos, que figuran en varias de sus obras, todavía cubren las colinas de piedra caliza de los alrededores. Arles también es conocida por sus casas con impresionantes techos con tejas de color rojo y sus callejones sombríos, tan estrechos que prácticamente hay que atravesarlos de lado.

Destaca el anfiteatro Les Arènes, una enorme construcción romana de finales del siglo I d.C. Decenas de miles de hombres y animales fueron sacrificados en nombre de uno de los pasatiempos más nobles: el deporte. En este anfiteatro, se representaban carreras de carros y luchas cuerpo a cuerpo en las que la matanza final era más aplaudida que la táctica utilizada. El anfiteatro, que se convirtió luego en un fuerte y, más tarde, en un área residencial, en la actualidad vuelve a llenarse de gente, atraída por las corridas de toros. Otra reliquia de los romanos en la ciudad es el Teatro Antiguo, el escenario ideal para los festivales de danza, música y cine al aire libre del verano.

El centro de Arles es un lugar relajado, con plazas íntimas, brasseries con terrazas perfectas para sorber pastís (licor anisado) y hombres con bigote engominado jugando a la petanca.

Cannes

Esta ciudad de prestigio internacional, situada en la Costa Azul, es el lugar favorito de los niños ricos y de los compradores compulsivos. Durante el Festival Internacional de Cine, en mayo, Cannes está más llena de dinero, champaña, teléfonos móviles y escotes que ningún otro lugar del mundo. Además de boutiques, hoteles y restaurantes de postín, también posee playas con su propio 'servicio de habitaciones', que los austeros evitan cuidadosamente.

En el famoso Boulevard de la Croisette se pasean todo tipo de personajes: estrellas de antaño con minúsculos bikinis, hombres franceses de vacaciones llevando un bolso, nuevos ricos bronceados zambulléndose en la piscina con las joyas puestas y campesinos con patillas, rústicos chalecos y botas camperas que se preguntan por qué hay tanto revuelo. Después de dar un paseo, es agradable sentarse en uno de los muchos cafés y restaurantes que iluminan la zona con sus llamativos carteles de neón.

Cerca de la costa, flota la île Sainte Marguerite, cubierta de eucaliptos y pinos, a la que Alejandro Dumas le sacó el mayor partido posible en su clásico El hombre de la máscara de hierro. Esta pequeña isla es atravesada por rutas y senderos, pero por sus playas se pasean muchos menos turistas que por las de tierra firme. La próxima île Saint Honorat es un poco más pequeña; fue el emplazamiento de un conocido y poderoso monasterio fundado en el siglo V y hoy acoge a una orden de monjes cistercienses. Se dispone de barcos que conducen al turista hasta ambas islas.

Isla de Ouessant

Esta salvaje y bella isla ejemplifica los escarpados perfiles de la costa bretona. El dicho local Qui voit Ouessant voit son sang (Al ver Ouessant, uno ve su propia sangre) expresa de forma dramática su salvaje naturaleza y el temor que crean las poderosas corrientes y las traicioneras rocas de la zona. La isla, de 8 km de longitud, es la guardiana de la entrada al Canal, y sirve también como punto de referencia visual para más de 50.000 barcos al año.

Aunque sus habitantes ya no están aislados del resto del mundo, todavía mantienen tradiciones centenarias: las casas se pintan de azul y blanco por la Virgen María o de verde y blanco, como símbolo de la esperanza, y se amueblan con madera encontrada en la playa; ancianas de gesto arrugado tejen cruces de encaje para representar a sus maridos perdidos en el mar; pequeñas ovejas negras vagan libremente por los campos; y el ragoût de mouton (cordero asado bajo una capa de raíces y hierbas) sigue siendo el plato típico. Ouessant también cuenta con un importante faro, buenos museos de historia local y paseos y paisajes sobrecogedores.

La isla se encuentra a 20 km de tierra firme; se puede acceder a ella desde los puertos de Brest o Le Conquet, al noroeste de la costa bretona.

Parque Nacional de los Pirineos

El Parque Nacional de los Pirineos se creó en 1967; se extiende a lo largo de unos cien kilómetros por la frontera hispano-francesa y cubre un área de 460 km2 que incluye cientos de lagos de alta montaña y el punto más alto de los Pirineos franceses: la cumbre de Vignemale, de 3.300 m.

Las áreas forestales sólo ocupan el 12% del parque, que es recorrido por numerosos riachuelos y arroyos que se abastecen de los manantiales y de los más de dos mil milímetros de precipitación anual, que cae principalmente en forma de nieve. La fauna que preserva el parque incluye el oso pardo (sólo quedan alrededor de quince), el lince, el gamo, la marmota y las aves rapaces en peligro de extinción, como el quebrantahuesos y el águila real.

El parque, con sus 350 km de pistas (algunas de ellas conectadas con pistas españolas) y sus muchos refuges (refugios de montaña), que permanecen abiertos todo el año, es el lugar favorito de escaladores y excursionistas. En la cercana población de Pau, hay varias empresas que organizan recorridos guiados para grupos pequeños, además de ofrecer apoyo logístico para excursionistas solitarios y recorridos en bicicleta. Cauterets, situada al este del parque, 30 km al sur de Lourdes, es la entrada de más fácil acceso.

Vézelay

La minúscula ciudad amurallada de Vézelay, otro de los muchísimos lugares que constituyen el patrimonio francés, está rodeada de uno de los más bellos paisajes de Borgoña, en medio de viñedos, campos de girasoles, surcos del color del trigo sobre campos de cultivo y pilas de heno que recrean el impresionismo. Construido originariamente en lo alto de una colina por cuestiones de defensa, en el siglo X se convirtió en un importante lugar de peregrinaje y, más tarde, en centro de reunión para la realeza y los Grandes que se embarcaban en las Cruzadas.

El punto más importante de Vézelay es la Basilique Sainte Madeleine, una antigua abadía que fue fundada en el siglo IX. En la Edad Media, albergó lo que se creía eran sus reliquias de santa María Magdalena, asegurando así un constante flujo de peregrinos en el día de su santo, el 22 de julio. Esta tradición aún continúa y, cada año, la celebración incluye una procesión en la que se pasean sus reliquias por la ciudad. La iglesia, que ha sido restaurada de forma magnífica, destaca por su tímpano, considerado una obra maestra del estilo románico de Borgoña; sus capiteles esculpidos y su inmensa nave. El parque, situado detrás de la basílica, ofrece unas vistas maravillosas del valle del río Cure y de los pueblos cercanos; al pasear en cualquier dirección, uno puede contemplar la belleza rural de estas tierras.

Vézelay está situada a 15 km de Avallon y a 51 km de Auxerre; se encuentra dentro del Parque Natural de Morvan.

Grasse

Pegado a la ladera alpina a 17 km de Cannes, yace Grasse, que durante siglos ha halagado a todo el país con su artística y tradicional elaboración de perfumes. Aquí es donde los maestros perfumeros, también conocidos como nez (narices), se entrenan durante siete años para distinguir unas seis mil esencias. La ciudad, con característicos tejados naranjas y casas apiñadas, también produce algunas de las mejores flores francesas: la rosa de cien hojas, la lavanda, la mimosa, el azahar, el narciso y el jazmín.

Sólo están abiertas al público tres de las 40 perfumerías. Fragonard está muy bien situada; se aloja en una antigua curtiduría del siglo XVII. Al visitarla, se ven bodegas llenas de jabones, fardos de cuero con esencias y arcas y cofres llenos de especias. Además, se presencian todas las fases de elaboración de un perfume, desde la extracción y la destilación hasta el trabajo de los nez, así como la selección de la cantidad de flores necesarias para obtener un litro de esencia. Durante la visita, el visitante puede perfumarse con los distintos aromas y comprar la fragancia que desee.

Córcega

Córcega, situada 170 km al sureste de la Costa Azul, es la envidia geológica de las demás islas del Mediterráneo. Además de ser una mina de oro para los amantes del excursionismo, ofrece paisajes fotogénicos: desde cordilleras montañosas con rápidos torrentes hasta larguísimas playas de arena fina. Córcega y su idioma, cocina y estilo de vida isleños despiden un aroma de acogedora cortesía. El comprometido movimiento por la independencia corsa es el aspecto más duro de esta peculiar cultura. Aunque, en general, los grupos nacionalistas restringen su violencia a ajustes de cuentas internos y daños materiales, se aconseja a los viajeros que tengan precaución.

La ciudad porteña de Ajaccio, lugar de nacimiento de Napoleón Bonaparte, es el punto de partida más concurrido para visitar esta isla. Aunque ha sido modernizada recientemente, esta ciudad francesa mediterránea, de colores pastel, sigue siendo el lugar perfecto para pasear, especialmente por las estrechas calles que recorren las partes más antiguas de la ciudad. Además de un gran número de monumentos y museos dedicados a la tradición napoleónica, también se puede visitar la Pointe de la Parata, un promontorio de granito negro famoso por sus puestas de sol; asimismo, merece la pena bañarse en las playas que se encuentran justo a la salida de la ciudad.

El escenario natural más famoso de la isla es Les Calanche, un espectacular paisaje montañoso de formaciones graníticas de distintas tonalidades. Cuando está despejado, se puede disfrutar de unas vistas imponentes, tanto del Mediterráneo como de las montañas norteñas. Por la zona, los excursionistas podrán disfrutar de una serie de rutas cortas pero desafiantes. La Ciudadela de Bonifacio, en el extremo sur de Córcega, ocupa el lugar más alto de un largo y estrecho promontorio de acantilados de piedra caliza. La ciudad sufrió varios asedios durante la Edad Media y, gracias a sus callejones apiñados y los voladizos que canalizan el agua de la lluvia, aún conserva un ambiente medieval. Calvi, que también se alza sobre su ciudadela, es una ciudad playera situada al noroeste de Córcega. La costa entre Calvi y la île Rousse, a 25 km en dirección norte, está salpicada por una serie de atractivas playas.

Los mejores meses para visitar Córcega son mayo y junio, cuando en la isla suele brillar el sol, las flores están en pleno apogeo y no está repleta de euro turistas. Las ciudades de la isla son accesibles mediante conexiones directas vía avión desde los aeropuertos más importantes del resto de Francia, así como desde otras ciudades europeas. Los enlaces por ferry son más económicos, pero las rutas suelen estar cortadas a causa de huelgas que en ocasiones duran varias semanas.

La variedad geográfica y climatológica de Francia permite una amplia gama de actividades. A los franceses les gusta practicar el excursionismo; hay rutas que atraviesan todo tipo de terrenos imaginables. Los senderos más conocidos probablemente sean los senderos de gran recorrido designados con las siglas GR: el GR5 serpentea a través de los Alpes; el GR4 recorre el Macizo Central; y el famoso GR10 atraviesa los Pirineos desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. El ciclismo es otra de las aficiones de los franceses. La zona de Margeride en Languedoc invita a hacer ciclismo de montaña, al igual que los Alpes, Bretaña y los Pirineos. El esquí también es muy popular, ya que los franceses cuentan con pistas en los Alpes (en Chamonix, por ejemplo); y en los Pirineos, donde suele ser más barato. Las inmediaciones de Cauterets y el Macizo Central son zonas donde se puede realizar esquí de fondo.

Los mejores lugares para nadar se encuentran en la costa atlántica (cerca de La Rochelle), la costa del Canal de Normandía, el sur de Bretaña, el Mediterráneo (incluida la costa de Córcega) y en lagos como el Lac d'Annecy y el Lac Léman. Los franceses se sienten muy a gusto con su cuerpo, y esto se refleja en los numerosos lugares dedicados al nudismo, principalmente en Languedoc-Rosellón y en la Costa Azul. Otras actividades que se pueden realizar son: escalada, en los Alpes y en los Pirineos; equitación, en Borgoña y en el País Vasco francés; surf, en Biarritz; rafting, por la Garganta del Verdon en Provenza; y ala delta, en Languedoc. Si uno prefiere cultivar más la mente que el cuerpo, puede asistir a cursos de francés o aprender los secretos del suflé en las clases de cocina regional.

El hombre ha habitado Francia durante unos noventa mil años. Los celtasgalos llegaron entre los años 1.500 y 500 a.C. En el 52 a.C., después de varios siglos de conflictos con Roma, Julio César les arrebató sus territorios; hacia el final del siglo II d.C., una parte de la región había sido cristianizada. En el siglo V, los francos (de ahí, el nombre de Francia) y otros grupos germánicos invadieron el país.

La Edad Media estuvo marcada por una sucesión de luchas de poder entre las guerreras dinastías francesas. La dinastía de los capetos trajo consigo una época de prosperidad y de renacimiento de la erudición, a pesar de las continuas batallas contra Inglaterra por los derechos feudales. Durante este período, Francia también estuvo muy involucrada en las Cruzadas. La dinastía de los capetos perdió su esplendor a principios del siglo XV, mientras Francia continuaba luchando contra Inglaterra en la Guerra de los Cien Años (1337-1453), en la que destacó la rebelde Juana de Arco, de 17 años.

Las persecuciones religiosas y políticas, que culminaron en la Guerra de las Religiones (1562-1598), continuaron amenazando la estabilidad de Francia durante el siglo XVI. En 1572, unos tres mil hugonotes protestantes fueron brutalmente asesinados en París. Más tarde, se les reconocieron derechos civiles, políticos y religiosos. A comienzos del siglo XVII, el país estaba bajo el dominio del cardenal Richelieu, que instauró una monarquía absoluta e incrementó el peso de Francia en Europa.

Luis XIV, el rey Sol, ascendió al trono en 1643, a los cinco años edad, y reinó hasta 1715. Durante su reinado, persiguió a la minoría protestante, suprimió los privilegios de la aristocracia y creó el primer Estado centralizado francés. Pero, a medida que avanzaba el siglo XVIII, el Antiguo régimen comenzó a ser anacrónico en relación con el resto del país y se debilitó aún más por las ideas revolucionarias de la Ilustración, que criticaban al régimen y al clero. La participación de Francia en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y la Guerra de la Independencia de Estados Unidos (1776-1783) fue una ruina financiera para la monarquía, y éste fue un factor decisivo para el crecimiento de la oposición al absolutismo francés.

A finales de 1780, prácticamente todos los franceses tenían razones para estar hartos de Luis XVI y su engreída mujer, la reina María Antonieta. Cuando el rey trató de neutralizar el poder de los economistas reformistas, toda la ciudad de París se sublevó. El 14 de julio de 1789, una muchedumbre parisina atacó los Inválidos, se alzó en armas y tomó la prisión de la Bastilla, el último símbolo del despotismo del Antiguo régimen. Al principio, la Revolución estuvo en manos de los moderados, pero de su seno surgieron los jacobinos radicales, dirigidos por Robespierre, Danton y Marat. Ellos fueron los que instauraron la Primera República, en 1792; durante el Reinado del Terror (1793-1794), mantuvieron al país bajo un control dictatorial que dio lugar a ejecuciones masivas y persecuciones religiosas. Finalmente, la Revolución se volvió contra ellos, y muchos de sus líderes, entre ellos, Robespierre y Danton, fueron decapitados en la guillotina.

El veleidoso Napoleón Bonaparte, que había cosechado gran número de victorias militares en el extranjero, asumió el poder en 1799 y entabló una serie de guerras que hicieron que Francia acabara controlando casi toda Europa. Finalmente, en 1812, una campaña calamitosa contra Rusia precipitó la caída de Napoleón Bonaparte, que fue desterrado a la minúscula isla de Elba en el Mediterráneo. Su huida y posterior vuelta al poder como emperador duró 100 días, ya que fue derrotado por los ingleses en la batalla de Waterloo. Éstos lo exiliaron a la remota isla de Santa Elena, al sur del Atlántico, donde murió en 1821. Napoleón es recordado como un gran héroe, no tanto por su entusiasmo militar, sino porque mantuvo la mayor parte de los cambios que introdujo la Revolución y promulgó el código napoleónico, que aún hoy sigue siendo la base del sistema jurídico francés.

Durante el siglo XIX, Francia se caracterizó por sus gobiernos ineficaces y sus guerras quijotescas, así como por la declaración de la Tercera República (en 1870). También se redujo la importancia del ejército y de la Iglesia y se instituyó la separación de la última y el Estado. Hacia esas fechas, la entente cordiale puso fin a la rivalidad colonial entre Francia e Inglaterra en África, creando un espíritu de cooperación.

Francia pagó un alto precio por participar en la I Guerra Mundial: murieron más de un millón de soldados; gran parte del país quedó devastado; la producción industrial descendió considerablemente; y el franco sufrió una devaluación importante. El país no lo pasó mejor en la II Guerra Mundial, con la capitulación ante Alemania y el servil gobierno de Vichy. El general Charles de Gaulle creó un gobierno en el exilio y una resistencia clandestina en Londres. Las Fuerzas Aliadas liberaron Francia a mediados de 1944.

De Gaulle regresó a París e instauró un gobierno provisional, pero dimitió como presidente en 1946. Los franceses reafirmaron su control colonial en Indochina, animados por la ayuda estadounidense, pero sus fuerzas fueron derrotadas por los escuadrones de Ho Chi Minh en Dien Bien Phu en 1954. Francia también intentó frenar la independencia de Argelia; en 1958, de Gaulle volvió al poder y, cuatro años más tarde, negoció el final de la guerra de Argelia. Mientras tanto, la mayoría de las colonias francesas en África habían conseguido la independencia.

En mayo de 1968, estudiantes y huelguistas organizaron una protesta que sorprendió tanto al mundo como a ellos mismos, ya que paralizó totalmente al país. Cuando parecía que la anarquía acabaría hundiendo a Francia, de Gaulle apareció en televisión pidiendo calma a la población y sugiriendo que se fueran a casa y dejaran que él gobernara el país. Y así lo hicieron. De Gaulle reformó el sistema de educación superior y, un año después, dimitió como presidente.

El resistente socialista François Mitterand fue presidente de Francia desde 1981 hasta 1995. En mayo de 1995, le sucedió Jacques Chirac, quien aventajó a los desmoralizados socialistas y a los xenófobos del Front National (FN) de Jean-Marie Le Pen. Las bombas terroristas que estallaron en París y Lyon desde julio de 1995 en señal de protesta por el apoyo francés al gobierno argelino, contribuyeron al sentimiento xenófobo que otorgó una falsa legitimidad a la postura racista del FN.

Chirac ratificó con total convencimiento la pertenencia de Francia a la Unión Europea (UE), lo que hizo que su popularidad aumentara; sin embargo, hacia finales de 1995, su decisión de llevar a cabo pruebas nucleares en la isla polinesia de Mururoa le valió numerosas críticas, tanto nacionales como internacionales. En las colonias francesas del Pacífico y del Caribe, cada vez soplaban más vientos de independencia; Tahití fue escenario de varias revueltas. En la propia Francia, los límites que Chirac impuso al estado de bienestar fueron la mecha que encendió la mayor protesta vivida en el país desde 1968. A finales de 1995, las huelgas que se llevaron a cabo durante semanas en todo el sector público paralizaron París.

A principios de 1997, Chirac convocó unas elecciones anticipadas con la intención de buscar un mandato con el que dar el empuje final para cumplir los controles de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Sin embargo, no tuvo en cuenta la veleidad de los franceses, y su partido, el RPR, fue expulsado del gobierno por una inverosímil alianza entre socialistas, comunistas y verdes.

En agosto de 1997, todas las miradas internacionales se dirigían hacia esta nación: Diana, la princesa de Gales, moría en un accidente de tráfico en París. En julio de 1998, Francia ganaba su primera Copa del Mundo (3-0 sobre el favorito, Brasil). Más recientemente, en julio de 2000, Francia asumió la presidencia rotatoria de la UE.

A principios de 2003, Francia se vio de nuevo en el punto de mira mundial cuando vetó cualquier resolución del consejo de seguridad de las Naciones Unidas para sumarse a la guerra en Iraq, esto conllevó ciertas tensiones en las relaciones entre Francia y Estados Unidos.

En febrero de 2004 Alain Juppé, ex-primer ministro francés y potencial candidato a las elecciones de 2007 fue condenado a 18 meses de prisión por crear empleos ficticios remunerados por la alcaldía de París, en la que era encargado de finanzas del entonces alcalde, Jacques Chirac.

En noviembre de 2005, tras una serie de actos vandálicos cometidos en las principales ciudades, el gobierno declara el estado de emergencia.

La cultura es de gran importancia en Francia, un país cuyo pueblo ha acaparado el mercado mundial con su savoir faire urbano y en cuyas calles se respira el orgullo nacional.

La primera muestra destacable de arquitectura gala es de estilo gótico; cuyo origen se sitúa en el norte de Francia, a mediados del siglo XII. Las mejores muestras son, en orden de importancia, las catedrales de Chartres, Reims y Amiens. En la arquitectura y las artes plásticas, el Renacimiento, que apareció por primera vez a finales del siglo XV, fue en gran parte un fenómeno importado, con pocas innovaciones autóctonas. Los escritores locales fueron más intrépidos: Rabelais y Montaigne marcaron una época con sus obras literarias.

En la época barroca, que duró desde finales del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII, la pintura, la escultura y la arquitectura se integraron para crear estructuras de gran delicadeza, refinamiento y elegancia. La música de este período influyó en gran medida a todo el continente. Entretanto, Nicolas Poussin se convirtió en el primer pintor francés representante del barroco, y el teatro francés rió con Molière, el dramaturgo cómico más popular de la época.

En el siglo XVIII, Jean-Baptiste Chardin llevó al arte francés la simpleza y domesticidad de los maestros holandeses. Más tarde, Napoleón nombró a Jacques Louis David, un líder de la revolución de 1789, pintor oficial del Estado. David produjo gran cantidad de cuadros, entre ellos el que muestra al dictador revolucionario Marat muerto en su baño. La producción literaria de este período es monopolio de filósofos, entre los que se encuentran Voltaire y Rousseau; en la música, los representantes más destacados fueron los impresionistas Claude Debussy, Maurice Ravel y Berlioz, fundador de la orquestación moderna y productor de óperas y sinfonías que favorecieron un nuevo renacimiento musical.

Victor Hugo es la figura clave del Romanticismo francés del siglo XIX. Por aquel entonces, el Romanticismo evolucionaba hacia nuevos movimientos, tanto en prosa como en lírica; surgieron tres grandes de la literatura francesa: Gustave Flaubert, Charles Baudelaire y Émile Zola, con su controvertida, innovadora y poderosa obra. El poeta Arthur Rimbaud, que rondaba los 37 años, escribió dos obras perdurables en el tiempo: Iluminaciones y Una temporada en el infierno. El escultor Auguste Rodin, considerado por algunos críticos como uno de los más exquisitos retratistas de la historia del arte, reprodujo suntuosas figuras de bronce y mármol. La pintura retratista fue modernizada simultáneamente por Jean Auguste Dominique Ingres y Eugène Delacroix; la pintura paisajista sufrió sus primeras modificaciones de la mano de Jean-François Millet y la Escuela de Barbizon y, posteriormente, de Édouard Manet y los realistas. El trabajo tardío de Manet está influido por la escuela impresionista de Claude Monet, entre cuyos estudiantes figuraban Camille Pisarro y Edgar Degas.

Ya en el siglo XX, el post-impresionismo dio paso a una desconcertante diversidad de estilos. Entre ellos, dos son particularmente significativos: el fovismo, con Henri Matisse, y el cubismo, personificado en Pablo Picasso. A éste le siguió el dadaísmo, cuyos seguidores se comportaban de manera extraña en reacción a la negatividad de la II Guerra Mundial.

Marcel Proust dominó la literatura de principios del siglo XX con su atroz pero exquisita novela de siete volúmenes: En busca del tiempo perdido. Los poetas André Breton y Paul Eluard eran surrealistas militantes fascinados con los sueños, la adivinación y todas las manifestaciones de lo maravilloso. Tras la II Guerra Mundial, se desarrolló el Existencialismo, con Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Albert Camus, quien subrayó la importancia del compromiso político del escritor. De Beauvoir, autora de la innovadora El segundo sexo, tuvo una profunda influencia en el pensamiento feminista. A finales de la década de 1950, otros jóvenes escritores comenzaron a buscar nuevas formas de organizar la narrativa; la novelista Nathalie Sarraute, por ejemplo, suprimió las molestas convenciones de los personajes y los argumentos fácilmente reconocibles. Marguerite Duras, que saltó a la fama en 1984 con su novela erótica El amante, empleó una abstracción similar a la de Sarraute, anteponiendo el estado de ánimo a la descripción del personaje.

Las décadas de 1950 y de 1960 supusieron un período innovador en el cine francés; una nueva generación de directores, como Jean-Luc Godard, Alain Resnais, François Truffaut y Louis Malle, irrumpió en escena. La figura del director-autor continuó hasta los años setenta. Para entonces, la nouvelle vague había perdido su carácter experimental y forjó la reputación del cine francés como una empresa intelectual. Los directores más exitosos de la década de 1980 y de 1990 crearon películas originales y de gran impacto visual en las que mostraban lugares poco habituales, historias extrañas y personajes únicos. Los directores más respetados son: Jean-Jacques Beineix, que realizó Diva y Betty Blue, y Luc Besson, que dirigió y escribió El quinto elemento y El gran azul.

Otros autores asociados a este período de la literatura francesa son los filósofos Roland Barthes, Michel Foucault y Julia Kristeva, conocidos sobre todo por sus escritos teóricos sobre literatura y psicoánalisis. En otro orden de cosas, las viñetas de Astérix son también admiradas. Cuando los franceses consiguen apartar sus ojos de las Bellas Artes, se obsesionan con el fútbol, el rugby, el baloncesto y el ciclismo, especialmente con el Tour de France, al que dedican toda su atención. También son populares los juegos tradicionales como la petanca.

El catolicismo es la religión predominante en Francia, aunque la vida religiosa no es lo que era y ya son pocos los feligreses que acuden a la iglesia. Desde que la Iglesia se separó del Estado, en 1905, la vida se ha ido secularizando. Los musulmanes son el segundo grupo religioso mayoritario, seguidos por los protestantes (hugonotes) y una importante población judía.

La gastronomía es un elemento constante en la vida de los franceses; basta considerar algunas de las delicias epicúreas del país para poder apreciar el entusiasmo culinario francés: foie-gras, trufas, roquefort, mariscos, suculentos caracoles recogidos en los viñedos, tartas de fruta, etcétera. Pero no se puede vivir sólo de escargot y de vin de table. La población francesa del norte de África y de Asia ha contribuido en la cocina gala, aportando color y especias a muchos platos.

Un día típico comienza con un tazón de café au lait, un croissant y una fina rebanada de pan generosamente untada con mantequilla y mermelada. La comida y la cena son bastante similares; pueden incluir un primer plato de fromage de tête pâté (cabeza de cerdo en gelatina) o bouillabaise (sopa de pescado), seguido de un segundo plato de blanquette de veau (estofado de ternera en salsa blanca) y, por último, un plateau de fromage (tabla de quesos) o una tarte aux pommes (tarta de manzana). Antes de las comidas, se suele servir un aperitivo, como el Kir (vino blanco endulzado con sirope); el digestif (coñac o brandy Armagnac) se sirve al final. Otras bebidas que ayudan a la digestión y estimulan la conversación son: el café exprés, la cerveza, los licores como el pastís (90% de alcohol, con sabor a anís y primo de la absenta) y los mejores vinos del mundo.

Francia es uno de los países más grandes de Europa. Linda con el Canal de la Mancha al noroeste; con el océano Atlántico al oeste; con España, que se esconde tras los Pirineos, al sur; con el mar Mediterráneo, que arropa la isla de Córcega, al sureste; con Suiza e Italia, que se ocultan tras la cordillera de los Alpes y Jura, al este; y al noreste, Alemania, Luxemburgo y Bélgica sirven de frontera a las llanuras francesas.

Desde 1790, Francia ha estado dividida en 100 départements (unidades administrativas de unos 6.000 km2). Existen 96 départements en Francia y otros cuatro en ultramar. Los départements d'outre-mer (departamentos de ultramar) comprenden las islas caribeñas de Guadalupe y Martinica; el grupo de islas del Pacífico de Nueva Caledonia, y la Polinesia Francesa; la Guayana Francesa, en América del Sur; la isla de La Reunión en el océano Índico, al este de Madagascar; y Saint-Pierre-et-Miquelon, en el océano Atlántico, al sur de Terranova.

En los Alpes franceses se alza el Mont Blanc (4.800 m), la cumbre más alta de Europa. La cadena montañosa más espectacular es el Macizo Central, una región inmensa situada en el corazón de Francia, que comprende la sexta parte del país. El Loira, el río más largo del país, recorre 1.020 km desde el Macizo Central hasta el Atlántico. El Sena, el Ródano, el Garona y el Rin son las otras vías fluviales importantes que recogen las aguas procedentes del deshielo y riegan las llanuras a su paso. El país cuenta con más de 3.200 km de variadas costas, que van desde los blancos acantilados de Normandía y los promontorios de Bretaña hasta las playas de arena del Atlántico. Las costas del sureste del Mediterráneo suelen ser de arena gruesa, casi rocosa.

Francia cuenta con una amalgama de climas, suelos y relieves que le proporciona una gran riqueza de flora y fauna. Por desgracia, el abuso de técnicas agrícolas poco respetuosas con el medio ambiente, la contaminación y la urbanización excesiva han perjudicado considerablemente a muchas especies de animales, como la cabra montés de los Pirineos, el ciervo corso, el oso pardo, el lobo y la nutria, que en la actualidad están en peligro de extinción. Otros animales, como el gamo (un antílope de montaña), el íbice grande (un tipo de cabra montés), el castor, la cigüeña y el buitre, sobreviven gracias a los programas de recuperación de especies en los parques nacionales. Los bosques, principalmente los de haya, roble y pino, cubren aproximadamente una quinta parte del país y, junto a los vastos pantanos franceses, sirven de refugio a la mayor parte de mamíferos y aves.

El clima es moderado, con inviernos suaves, excepto en las zonas montañosas y el noreste. El Atlántico tiene un gran impacto en el noroeste, donde el clima se caracteriza por una alta humedad; además, con frecuencia soplan vientos fuertes del Oeste y caen grandes precipitaciones. El noreste disfruta del clima continental, con veranos cálidos e inviernos fríos. A medio camino entre ambos, la cuenca parisina recibe el índice más bajo de precipitaciones anuales, con un régimen pluviométrico irregular. La temperatura media anual de París ronda los 12ºC, aunque el termómetro puede llegar a descender bajo cero en enero y subir a más de 30ºC en agosto. En las llanuras costeras del sur, con clima mediterráneo, rara vez se producen heladas; en primavera y otoño pueden aparecer chaparrones repentinos pero breves; y, en verano, apenas llueve. El sur es, también, la región del mistral, un viento frío y seco que fustiga el valle del Ródano cien días al año.

Air France y una veintena de otras compañías ofrecen vuelos desde París a cualquier parte del globo. Burdeos, Lyon, Marsella, Niza, Estrasburgo y Toulouse son otras ciudades con conexiones aéreas internacionales.

París es el eje principal de los autobuses y trenes del país; está comunicada directamente con cualquier lugar de Europa. Los autobuses son más lentos e incómodos que los trenes, pero resultan más baratos, especialmente para los jóvenes menores de 26 años o para los mayores de 60, que pueden disfrutar del 10% de descuento.

Desde 1994, con la construcción del Eurotúnel, los viajes entre Francia e Inglaterra (en el ultramoderno y silencioso servicio de trenes Eurostar) son más rápidos y menos complicados. Este túnel también tiene trenes lanzadera de alta velocidad que transportan, rápida y eficazmente, coches, motos y autocares desde Inglaterra a Francia.

Por mar, barcos de pasajeros del mundo comunican Francia con Inglaterra, uniendo las ciudades de Calais y Dover, y Boulogne y Folkestone. Numerosas rutas conectan Bretaña y Normandía con Inglaterra; Saint Malo lo está con Weymouth, Poole y Portsmouth por un ferry y un acuaplano, mientras que de Roscoff también se llega a Plymouth con ferry. Estos buques cubren asimismo el trayecto entre Francia y los siguientes puntos del globo: Irlanda (Cherbourg-Cork), las Islas del Canal, Cerdeña (Marsella-Porto Torres), Italia (Córcega-Génova) y África del Norte (Marsella-Argelia, Marsella-Túnez, Sète-Tanger).

Las líneas aéreas francesas de vuelos nacionales conectan muchos centros urbanos, pero pueden resultar bastante caros aunque, en algunas ocasiones, especialmente cuando se desea recorrer distancias largas, es más conveniente buscar algún billete con descuento que viajar por tierra. El servicio de la red ferroviaria francesa, ofrecido por la SCNF (Société Nationale des Chemins de Fer), es excelente: el tren llega prácticamente a todo el país. Gracias al tren de alta velocidad, el TGV, viajar entre algunas ciudades -por ejemplo, entre París y Lyon- es más rápido y fácil por vía férrea que aérea.

El servicio de autobuses interregionales es limitado, pero el autobús es el medio favorito para hacer viajes de corta distancia dentro de una misma región, especialmente en zonas rurales con relativamente pocas líneas férreas, como es el caso de Bretaña y Normandía. Para trayectos más largos, los autobuses suelen ser lentos, aunque algo más económicos que los trenes; en los viajes cortos, el servicio de autobuses es lento y costoso.

Viajar a Francia en coche puede resultar bastante caro; además, es un inconveniente en los centros urbanos, donde existen serios problemas de tráfico y aparcamiento. Alquilar un coche puede ser caro si no se hace una reserva previamente; pero si se planea con suficiente antelación los precios suelen ser bastante razonables.

Con sus sinuosas pero excelentes carreteras y sus imponentes paisajes, es el país perfecto para viajar en moto. Además, permite desplazarse en bicicleta, en gran medida gracias a su extensa red de carreteras secundarias y terciarias, poco concurridas. Otra forma relajada de contemplar Francia es cruzarla por sus canales y ríos navegables en una casa-barco, que normalmente aloja entre cuatro y doce pasajeros y se puede alquilar por una o varias semanas.

El transporte local lo cubren los tranvías; los autobuses; los teleféricos de los Alpes franceses; los taxis, extremadamente costosos, especialmente fuera de las ciudades importantes; los transbordadores o ferrys de los ríos; y las redes de metro y RER en París (también hay metro en otras ciudades francesas), que ofrecen un servicio barato y eficaz.


· Goubert, Pierre: Historia de Francia, Editorial Crítica, Barcelona, 1997.Marx, Karl: Las luchas de clases en Francia, Ayuso, Madrid, 1975.
· Price, Roger: Historia de Francia, Cambridge University Press, 1998.
· Flaubert, Gustave: Madame Bovary, Espasa Calpe, Madrid, 1998.
· Proust, Marcel: En busca del tiempo perdido, Aguilar, Madrid, 1999.
· Sterne, Laurence: Viaje sentimental, Editorial Origen, Barcelona, 1993.
· Barnes, Julian: El loro de Flaubert, Editorial Anagrama, Barcelona, 2001.
· Hemingway, Ernest: París era una fiesta, Planeta de Agostini, Barcelona, 2004.
· Stein, Gertrude: Autobiografía de Alice B Toklas, Editorial Lumen, Barcelona, 2000.
· Ardagh, John-Jones, Colin: Francia, historia y actualidad, Ediciones Folio, Barcelona, 2002.
· Orwell, George: Sin blanca en París y Londres, Ediciones Destino, Barcelona, 1983
· Mayle, Peter: Un año en Provenza, Mondadori, Barcelona, 1999
< anterior · siguiente >
0/0
· Imprimir destino
· Otros destinos
Alpes. Las montañas de Europa
AA.VV.


París De cerca
Catherine Le Nevez


> comprar
Córcega
Jean-Bernard Carillet
Miles Roddis


> comprar
Francia
Nicola Williams
Oliver Berry
Steve Fallon


> comprar
París
Steve Fallon
Annabel Hart


> comprar
Ver más ·  
 

Guías de viajes: Guías de viajes de países | Guías de viaje de ciudades | Catálogo | Novedades | Próximamente | Colecciones
Legal: Aviso legal  | Quiénes Somos | Grupo Planeta

·