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Irán
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Irán sería el lugar menos indicado para finalizar un trabajo sobre los Versos satánicos y tampoco debería figurar en la lista de destinos prioritarios para conseguir un bronceado integral; pero para quienes toleren el hecho de cubrirse o renunciar a una cerveza y a los discursos feministas más honestos, la oferta es muy amplia. Los amantes de la cultura disfrutarán de magníficos vestigios de antiguas ciudades, gloriosas mezquitas y mausoleos, e interesantes museos. Los más aventureros podrán practicar el senderismo y el esquí a precios muy asequibles, además de sorprender a los iraníes que hayan salido de picnic saltando los precipicios en un parapente escondido en la mochila.

Nombre oficial: República Islámica de Irán Superficie: 1.64 km²
Población: 66.128.965 millones hab.
Capital: Teherán (10.500.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 65% persa o farsi, 25% azerí, 4% árabes, 2% lur, 2% turcos; kurdos, armenios, judíos Idioma: persa Religión: 89% musulmanes chiíes, 10% musulmanes sunníes; 1% zoroastrismo, judíos, cristianos, bahais Régimen político: república islámica
Líder Espiritual: Ayatollah Ali Khamenei
Presidente: Mahmoud Ahmadinejad

PIB: 340 billones de dólares
PIB per cápita: 5.000 dólares
Crecimiento anual: 4,2%
Inflación: 19%
Principales recursos económicos: petroleo, gas, agricultura, alfombras, armamento Principales socios comerciales: Japón, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Emiratos Arabes Unidos, Bélgica.


Visados: la mayoría de extranjeros precisan un visado para entrar en Irán. Obtenerlo puede resultar engorroso. La normativa resulta desconcertante y su coste, elevado. Es preferible solicitarlo antes de abandonar el país de origen. Sin embargo, una vez en Irán, obtener una ampliación de visado suele ser más fácil que conseguir uno fuera de la nación. Condiciones sanitarias: diarrea, malaria, cólera, esquistosomiasis, mal de altura, quemaduras solares
Hora local: GMT+3,5
Electricidad: 220V, 50Hz
Pesos y medidas: sistema métrico

Las mejores épocas para visitar Irán se extienden de mediados de abril a principios de junio, y de finales de septiembre hasta inicios de noviembre. Durante estos períodos se evita el largo y frío invierno, el Año Nuevo iraní (finales de marzo) y el verano, sofocante en la mayor parte del país. Muchas personas prefieren no coincidir con el Ramadán, tiempo de ayuno, pero se presenta como una temporada adecuada para viajar a pesar de que la mayoría de restaurantes cierran desde la madrugada hasta la puesta de sol.

Es importante saber cuándo se festejan las celebraciones religiosas ya que cierran numerosos establecimientos. Normalmente siguen el calendario lunar musulmán, por lo que las fechas varían anualmente en relación con el calendario gregoriano. Entre los principales eventos destacan el Ramadán, mes de ayuno desde la salida hasta la puesta del sol; el Eid-e Fetr, una jornada de fiesta y banquetes que marca el final del Ramadán; el Gadir-e Jom, que conmemora el día en que el profeta Mahoma designó al imám Alí como su sucesor; y el aniversario deMahoma.

Las festividades nacionales siguen el calendario solar persa, pero suelen coincidir con las mismas fechas del calendario gregoriano. Brillan con luz propia la Magnífica Victoria de laRevolución Islámica de Irán, que se desarrolla el 11 de febrero, aniversario de la llegada al poder de Jomeini en 1979; el No Ruz o Año Nuevo iraní (21-24 de marzo), festejado con gran entusiasmo; y una conmemoración que provoca abundancia de lágrimas, la Angustiosa Marchadel Gran Líder de la República Islámica de Irán, el 4 de julio, fecha en que murió Jomeini en 1989.

Moneda
rial

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 1 y 2 dólares
· Presupuesto medio: entre 2 y 10 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 10 dólares
Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 2 y 10 dólares
· Presupuesto medio: entre 10 y 40 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 40 dólares

Según los estándares internacionales, Irán se presenta como un destino barato. Un presupuesto mínimo para cubrir un hotel económico, comida y transporte terrestre puede ascender a unos 10 dólares diarios. De todas formas, a menos que se sienta muy atraído por las incomodidades, el viajero debería pensar en doblar esa cantidad; de este modo podrá acceder a un alojamiento decente, comida de más calidad, transporte en autobuses de primera clase y taxis compartidos, además de visitas a los principales atractivos turísticos. A los extranjeros se les aplica la doble tarifa, que afecta principalmente a vuelos y pasajes en transbordador -cuyo precio debe abonarse en dólares-, lugares de interés -donde los turistas pagan por una entrada hasta quince veces más que un iraní-, y los hoteles de más categoría, que a menudo cobran en dólares.

Existen tres formas de canjear dinero (preferentemente dólares en metálico): en los bancos y según los tipos oficiales, muy desfavorables; en las poco abundantes oficinas de cambio legales, con tipos más ventajosos, o bien en el mercado negro, muy prolíficos. No merece la pena llevar cheques de viaje, a menos que sea absolutamente necesario; sólo pueden cambiarse en las oficinas del banco Melli en el aeropuerto internacional de Teherán y en el centro de la capital. Cada vez existen más hoteles de presupuesto medio, además de los de primera categoría, que aceptan tarjetas Visa o MasterCard (en ningún caso American Express), aunque pueden resultar inservibles si han sido expedidas en Estados Unidos, debido al embargo. Hay que llevar metálico en abundancia.

En la mayoría de los casos, la propina supone una recompensa opcional a un buen servicio. Y aunque las ocasiones en que ésta se espera son numerosas, es poco probable que un camarero permanezca expectante alrededor de la mesa después de entregar la nota. Los iraníes atentos probablemente merecen un reconocimiento añadido para completar sus exiguos sueldos. Los bazares admiten el regateo en la mayoría de productos, mientras que en los comercios no merece la pena intentarlo. En los taxis, las carreras siempre son negociables, pero en ningún otro tipo de transporte, ya que los precios los fija el gobierno. Las tarifas de hotel también están abiertas a la discusión, excepto en establecimientos de lujo.

Teherán

La contaminación, el hacinamiento crónico y la falta de una planificación responsable han contribuido a hacer de Teherán una metrópoli difícil de alabar por su belleza. El visitante que espere encontrar una exótica encrucijada de esplendor oriental quedará tristemente decepcionado. Las distancias son enormes y el tráfico, desmedido. Además, los enclaves más notables se hallan totalmente diseminados. Sin embargo, los hoteles son buenos y la variedad de restaurantes resulta impresionante; sus instalaciones son mucho más modernas que en las provincias y sus habitantes, muy amables. El mayor atractivo turístico se centra en sus excelentes museos.

La región está habitada desde la época del neolítico. No obstante, se desarrolló con lentitud y su preeminencia es prácticamente accidental. Desde mediados del siglo XVI el atractivo entorno natural de la ciudad, junto con la excelente caza, la convirtió en una de las favoritas de los reyes sefévidas; de ser un asentamiento comercial moderadamente próspero, se transformó en una elegante pero polvorienta urbe, cuyas fascinantes viñas y jardines fueron descritos por varios visitantes europeos. En 1789, Aga Muhamad Jan la declaró capital y seis años más tarde se coronó sha de todas las Persias. La localidad siguió creciendo lentamente bajo la batuta de los reyes kayares.

A principios de la década de 1920, la ciudad inició una amplia modernización. Dicho período marcó el comienzo de un espectacular crecimiento de la población y de un desarrollo urbano descontrolado que no ha cesado hasta la actualidad. El Teherán actual es tan grande que resulta inevitable perderse completamente como mínimo una vez, independientemente del transporte que se elija. Para orientarse resultan de ayuda algunos puntos destacados, como los montes de Elburz, conocidos como la Estrella del Norte de Teherán; o bien la enorme torre telefónica de la plaza Imam Jomeini, que domina el interior de la zona sur.

El Museo Nacional de Irán alberga colecciones de cerámica, figurillas de piedra y tallas, con piezas que se remontan hasta el V milenio a.C. Muchas de estas reliquias proceden de las excavaciones de Persépolis, Susa, Sha-e Ray y Turang Tepe, y probablemente tendrán mucho más significado para el viajero que haya visitado dichos yacimientos arqueológicos con anterioridad. El Museo del Vidrio y la Cerámica es uno de los más impresionantes de Teherán, no sólo por su organización, muy profesional, sino por el edificio en sí mismo. El Museo Reza Abbasis, otro prodigio, contiene ejemplares de pintura, cerámica y joyería islámica. Los Museos Saad Abad se encuentran en la antigua residencia del sha, que actualmente acoge un complejo museístico.

Otro enclave de interés afamado es el bazar, tan grande que prácticamente constituye una ciudad independiente. También merecen una visita la concurrida mezquita del Imam Jomeini, la monótona catedral armenia, obra de Sarkis, y los parques y jardines de la localidad.

La mayoría de alojamientos económicos de Teherán radican en la parte sur de la capital, en un radio de un kilómetro en torno a la plaza Imam Jomeini. También está considerada una buena zona para degustar un kebab. Los hoteles de cuatro y cinco estrellas están diseminados por toda la capital, la mayoría en lugares mal comunicados mediante transportes públicos. El aeropuerto se halla a unos 10 km del centro en dirección suroeste.

Persépolis

Persépolis, el trono de Jamshid, se construyó como un magnífico complejo palaciego en 512 a.C., obra que se prolongó durante los 150 años siguientes. Fue incendiada por Alejandro Magno en el año 331 a.C., aunque los historiadores barajan el accidente y la venganza como causas, puesto que anteriormente el rey Jerjes había destruido Atenas. Las ruinas actuales aparecen como una sombra de la antigua gloria de Persépolis. Pese a todo, con un plano y algo de imaginación, el viajero puede hacerse una idea fidedigna de la majestuosidad de una urbe que permaneció oculta bajo el polvo, la tierra y la arena a lo largo de los tiempos, hasta que fue redescubierta a principios de la década de 1930. Este complejo palaciego fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

Uno de los primeros edificios que se divisan es la puerta de Jerjes o puerta de los países, recubierta de inscripciones y tallas en elamita y otras lenguas antiguas. Este monumento conduce al complejo palaciego de Apadana, donde los reyes recibían a sus visitantes y festejaban las celebraciones. En el palacio se descubrió una gran cantidad de oro y plata, previsiblemente saqueada por Alejandro Magno. Lo que ha perdurado se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Teherán. El mayor vestíbulo de Persépolis, la sala de las cien columnas, fue utilizada como lugar de recepciones por Darío I. Es muy probable que se trate del edificio de mayores dimensiones construido durante el período aqueménida. Persépolis se halla a 57 km de Shiraz, cerca de la carretera que conduce a Esfahan. El acceso puede realizarse en autobús o taxi compartido desde Shiraz.

Esfahan

Los refrescantes azulejos de las construcciones islámicas de Esfahan, así como sus majestuosos puentes, contrastan con el caluroso y árido paisaje iraní que los rodea: la localidad ofrece una soberbia arquitectura y un agradable clima, además de un ambiente relajado en relación a otras ciudades iraníes. Resulta indicada para pasear, perderse en el bazar, dormitar en sus bellos jardines y conocer gente.

La famosa rima Esfahan nesf-e jahan (Esfahan es medio mundo) surgió en el siglo XVI, para expresar la majestuosidad de la urbe. Los numerosos enclaves de interés provocarán que el viajero deba racionar su tiempo y concentrarse en lo más relevante, como la mezquita del Imam, un magnífico edificio totalmente recubierto por los tradicionales azulejos de la ciudad; la plaza del Imam Jomeini, una de las mayores del mundo, el Museo y parque Chehel Sotun, un pabellón del siglo XVII, espléndido para un picnic, y la catedral de Vank, el centro histórico de la iglesia armenia en Irán. Una parte esencial de la visita consiste en tomar el té en uno de los numerosos establecimientos especializados situados bajo los puentes.

Esfahan se sitúa a unos 400 km al sur de Teherán y ambas están unidas por varios vuelos diarios. También enlaza mediante un servicio de autobús, habitualmente nocturno, con Teherán, Shiraz, otras localidades iraníes y Estambul. El tren rápido entre Esfahan y la capital se convierte en una atractiva alternativa a una noche en autobús.

Shiraz

En el medievo, Shiraz era una de las poblaciones más importantes del mundo islámico. También fue capital del país durante la dinastía Zand (1747-1779), época en la que se construyeron o restauraron muchos de sus edificios. Gracias a sus numerosos artistas y eruditos, ha sido considerada sinónimo de estudio, poesía, rosas y, antiguamente, vino.

En la actualidad, Shiraz ofrece un entorno calmo, mostrándose como una urbe cultivada, con amplias avenidas flanqueadas por árboles y abundantes monumentos, jardines y mezquitas. Su universidad se alza como una de las más elegantes de la nación, y la ciudad rebosa estudiantes deseosos de comunicarse con los visitantes. Entre los enclaves más notorios destacan la sosegada tumba y jardín de Hafez, un celebrado poeta; el mausoleo del sha Cheragh, importante punto de peregrinación chiíta que atrae a multitud de suplicantes; el Museo Pars, que alberga reliquias de la dinastía Zand; y el jardín de Eram, donde se erige un palacio kayar del siglo XIX junto a una bella piscina.

Shiraz posee suficientes hoteles para satisfacer todos los presupuestos. La mayoría se agrupan en las proximidades de Zand, la avenida principal, zona en la que se puede encontrar buena comida, desde económicos kebabs y hamburguesas hasta platos más complejos que requieren sentarse a la mesa. Se encuentra casi a 900 km al sur de Teherán. Shiraz resulta un lugar apropiado para iniciar o finalizar un viaje a Irán, y dispone de buenas conexiones aéreas tanto con el interior del país como con el extranjero. El aeropuerto está situado a 8 km al sureste del centro. También está unida por autobús con Teherán y otras localidades iraníes; ocasionalmente, los taxis compartidos llegan hasta Esfahan

Bam

En esta agradable localidad abundan los eucaliptos. Sus palmeras datileras indican que se trata de un oasis en el desierto; su antiguo asentamiento la convierte en una ciudad especial. Algunas de las estructuras que permanecen en pie datan de antes del siglo XII, aunque la mayoría de sus restos corresponden al período sefévida (1502-1722). Con sólo 6 km² llegó a estar habitada por 13.000 personas, hasta que fue abandonada tras la invasión afgana de 1722. La población volvió a huir en 1810, tras la llegada de los sangrientos invasores procedentes de Shiraz, y a continuación fue utilizada como refugio del ejército hasta la década de 1930. En la actualidad, se encuentra totalmente deshabitada.

Un gran número de estrechas y empinadas escaleras conducen hasta los pináculos de la muralla exterior, construida en barro, que prácticamente circunda toda la urbe. Desde allí puede divisarse la curvada casa del hielo, donde en invierno se almacenaban enormes bloques que al deshelarse se convertían en agua potable para el verano. La ciudadela interior dominaba la localidad y se cree que el extraordinario eco de la guarnición constituía un antiguo sistema de amplificación del sonido.

Bam está enclavada en el sureste del país. El autobús desde Teherán, a 1.260 km, tarda unas 21 horas en efectuar el recorrido, por lo que resulta recomendable desplazarse en avión. De Teherán a Bam parten dos vuelos semanales, mientras que de la capital a Kermán, situado a tres horas al noroeste de Bam en autobús o taxi compartido, parten aviones con más frecuencia.

Gombad-e Kavus

Esta tumba en forma de torre es un espectacular memorial al destacado personaje Kavus (o Gabus), príncipe, poeta, erudito, general y mecenas artístico. Gobernó la región hacia finales del siglo X y decidió erigir un monumento que permaneciera en la posteridad. Esta construcción, de 55 m de altura, finalizó en el año 1006, seis años después de que Kavus fuera asesinado.

Gombad se ubica a 93 km al noreste de Gorgán, una ciudad de dimensiones considerables en el norte de Irán, cerca del mar Caspio. Desde la terminal de Gombad, cada media hora parten minibuses hacia la torre. También existe un servicio de autobuses diario desde Teherán, a 470 km al Sureste.

Choga Zambil

Junto al río Dez, el zigurat de Choga Zambil presenta un increíble estado de conservación y se alza como uno de los mejores ejemplos de arquitectura elamita que ha permanecido hasta la actualidad. Forma parte del patrimonio de la Unesco desde 1979. Originariamente estaba formado por cinco plantas concéntricas, de las que sólo permanecen tres, y alcanza una altura de 25 m. Resulta difícil creer que un hito tan imponente consiguiera mantenerse oculto durante más de 2.500 años, hasta que en 1935 fue divisado accidentalmente durante un reconocimiento aéreo de una compañía petrolífera.

Choga Zambil se encuentra en el sur del país, junto a la frontera con Irak y 45 km al este de Susa, ciudad a la que puede accederse en tren o autobús desde Teherán. Puesto que el zigurat se halla lejos de las rutas turísticas, es recomendable alquilar un taxi o pedir al conductor del autobús que pare en la autopista y luego hacer autostop.

Masulé

De todos los pueblos de montaña tradicionales (y todavía inalterados) de la provincia de Gilán, junto al mar Caspio, Masulé está considerado el más hermoso. Se halla a unos 1.050 m por encima del nivel del mar y está formado por varios niveles irregulares de casas adosadas de tonalidades crema. Parece que haya surgido espontáneamente en su entorno. Las pendientes son tan pronunciadas que la localidad ni siquiera dispone de un sistema de calles: los techos planos de muchos edificios forman el camino para alcanzar el siguiente nivel.

Masulé cuenta con escasos equipamientos (un hotel y restaurante, aunque se pueden alquilar habitaciones en residencias privadas), pero su espléndida situación merece el esfuerzo de la visita. Se encuentra a 56 km de Rasht, localidad ubicada al noroeste de Teherán y a la que puede accederse en autobús tras un recorrido de seis horas. Desde Rasht hay que tomar una sucesión de taxis compartidos o bien alquilar uno.

Cuevas de Ali Sadr

Los viajeros que deseen visitar atractivos culturales ajenos a mezquitas, yacimientos arqueológicos o museos deberían desviarse hasta estas notorias cuevas, situadas a unos 100 km al norte de Hamadán, en la parte occidental del país. Descubiertas hace tan sólo 40 años por un pastor del lugar en busca de una cabra perdida, tienen una altura de hasta 40 m y son refugio de varios lagos de gran profundidad y enorme diámetro. En sus claras aguas no hay vida, ni siquiera revolotean murciélagos. Tampoco existen signos de anteriores pobladores. El servicio de minibuses entre Hamadán y Ali Sadr actúa con frecuencia. Hamadán se encuentra a 336 km al noroeste de Teherán y se puede llegar desde la capital en autobús.

El esquí se está convirtiendo en una actividad muy difundida entre los iraníes más acomodados y los extranjeros que saben apreciar el hecho de que sea uno de los destinos más baratos para disfrutar de los deportes invernales. Shemshak, a sólo un par de horas de Teherán, se establece como una buena base para el esquí alpino, mientras que el nórdico puede practicarse en los alrededores de Kalardasht, en la provincia de Mazandarán.

Las actividades playeras se efectúan con moderación: nadar y tomar el sol debe hacerse de forma segregada, y las mujeres deben llevar puesto el hejab ; pero existen algunas piscinas sólo para mujeres donde no se observa ese estricto código en el vestir. La costa del mar Caspio dispone de algunos hoteles de lujo con playas privadas, que pueden compararse con las de la Costa del Sol.

El mejor entorno para la pesca se ubica en el mar Caspio, donde abundan el salmón, el besugo, el mújol y el esturión. Es posible practicar el esquí acuático en muchos de los ríos y lagos del país, pero el lugar más popular es el dique de Karay. El ala delta se disfruta entre los precipicios situados en las proximidades de Lariyán, a medio camino entre Teherán y Amol.

El primer pueblo que habitó en el altiplano iraní fue probablemente el elamita, que fundó la ciudad de Susa en el extremo suroeste. Los arios llegaron a la región en el II milenio a.C. y, con ellos, las técnicas agrícolas y domésticas. La historia no empezó a documentarse hasta mediados del siglo VI a.C., bajo el mandato del rey aqueménida Ciro el Grande, cuya dinastía está considerada la fundadora del imperio persa, que finalmente derivó en la constitución del Estado de Irán.

En el siglo IV a.C., Alejandro Magno invadió Persia después de conquistar la mayor parte de Grecia, Egipto, Turquía e Irak. Pese a las tres ofertas conciliatorias de Darío III para una paz negociada, el conquistador entró en Susa y, después de cruzar las montañas hacia el Este, conquistó Persépolis. Tras la muerte de Alejandro, en el año 323 a.C., el imperio quedó dividido en tres dinastías enfrentadas. Persia permaneció bajo el dominio de los macedonios seléucidas, quienes experimentaron dificultades para someter a las numerosas minorías étnicas, en especial a los nómadas partos, que llegaron a controlar la mayor parte de Persia hasta el siglo III d.C. Los sasánidas procedían de las regiones centrales que habían escapado del dominio directo de los partos. Formaban un industrioso pueblo zoroástrico que fomentó el desarrollo urbano y el comercio. Al empezar las disputas entre los propios sasánidas, los árabes conquistaron la región en el año 637.

Los árabes gobernaron hasta 1050. Para entonces ya habían convertido a la mayor parte de la población al islam e introducido la nueva escritura persa y la cultura musulmana. Fueron derrotados por una dinastía turca, que ocupó Esfahan en el año 1051. Pese a numerosas revueltas, los invasores conservaron el poder hasta que fueron barridos de la región por los desbocados mongoles de Gengis Kan, a principios del siglo XIII. Cuando los líderes mongoles se extinguieron, a finales del siglo XIV, la dinastía timúrida llenó el vacío que habían dejado, aunque tuvo que soportar abundantes presiones de los turkmenos, turcos otomanos y algunos colonialistas europeos, como Portugal.

La siguiente dinastía, la sefévida (1502-1722), construyó uno de los imperios persas más gloriosos. Tanto Abbas I el Grande como sus sucesores abrazaron el chiísmo y reconstruyeron Esfahan, pero su declive se vio acelerado por las invasiones afganas de principios del siglo XVIII. Con todo, los afganos no supieron retener el poder e Irán conoció una sucesión de gobernantes con distintos grados de locura, malicia o benevolencia, hasta que el amargado y retorcido eunuco Aga Muhamad Jan unió a los turcos kayares en 1779 y estableció la capital en Teherán. Éstos gobernaron un país relativamente pacífico hasta 1921 y, aunque consiguieron permanecer neutrales durante la I Guerra Mundial, no fueron capaces de evitar una ocupación parcial por parte de las tropas británicas, deseosas de asegurarse un abastecimiento constante de petróleo.

Uno de los últimos reyes kayares introdujo la idea de las elecciones y de una asamblea legislativa (denominada Majlis), pero sólo se llevaría a la práctica con la llegada del carismático general Reza en 1923. Se convirtió en primer ministro e inició la faraónica empresa de conducir la nación hasta el siglo XX. Irán (nombre adoptado oficialmente en 1934) volvió a declararse neutral durante la II Guerra Mundial, pero Gran Bretaña y la Unión Soviética establecieron sus propias esferas de influencia en la nación para aislar a Alemania. Reza tuvo que exiliarse a Suráfrica en 1941, año en que le sucedió su hijo Muhamad. Tras el conflicto, Estados Unidos convenció a los soviéticos para que abandonaran la zona y el joven sha recuperó el poder absoluto y se alineó con firmeza junto a Occidente.

Durante los treinta años siguientes fue creciendo la resistencia contra Muhamad Reza y su régimen de represión y modernización. Cuando la economía empeoró a causa de la mala gestión tras la crisis del petróleo, la creciente oposición se reveló con sabotajes y manifestaciones masivas. Las reacciones del gobierno eran cada vez más desesperadas y brutales, el apoyo estadounidense empezó a flaquear y finalmente el sha huyó el 16 de enero de 1979. Al cabo de unas semanas, el líder de la oposición, el ayatolá Jomeini, regresó del exilio venerado por millones de personas. Su feroz nacionalismo y su fundamentalismo derivaron en la creación de una república islámica dominada por la clerecía. Estados Unidos pasó a ser Satanás, aunque Israel le iba a la zaga.

Poco después de que el ayatolá fuera proclamado imam (líder), el presidente iraquí Saddam Hussein realizó una oportunista incursión territorial en la provincia del Juzestán. Este movimiento desastroso sumergió al país en una horrible guerra que provocó cientos de miles de muertos hasta que en 1988 se negoció un insatisfactorio alto el fuego. Las potencias occidentales y la Unión Soviética ofrecieron su apoyo a Irak, siguiendo la lógica del menos malo. Irán sólo podía comprar armas a precios astronómicos.

El 4 de junio de 1989 falleció el ayatolá Jomeini, dejando un legado incierto. Dos meses después, Hashemi Rafsanjani fue elegido presidente, un cargo que hasta entonces había sido principalmente ceremonial. A su vez, el anterior mandatario, el ayatolá Alí Jamenei, ocupó el lugar de Jomeini como líder supremo. Estados Unidos impuso un embargo comercial a Irán, alegando que financiaba los grupos terroristas de la región y fomentaba la desestabilización del proceso de paz en Oriente Próximo. Tras las elecciones de 1997, en las que se impuso por mayoría abrumadora un presidente moderado, Mohamed Jatami, muchos alimentaron la esperanza de una mejora en las relaciones con el resto de naciones. Sin embargo, los vínculos con Alemania (y la mayoría de Europa) se deterioraron ese mismo año, después de que un tribunal alemán confirmara la implicación del gobierno iraní en los asesinatos de varios disidentes kurdos iraníes en el país germano unos años antes.

Después de la mayoría abrumadora obtenida en las elecciones de 1997 por el moderado presidente Mohammed Khatami, muchos esperaban que las relaciones exteriores mejorarían. Pero las relaciones con Alemania (y gran parte de Europa) tocaron fondo en 1997 después que un tribunal alemán sentenciara que el gobierno iraní había estado implicado en el asesinato de kurdos iraníes en Alemania varios años antes. La posición internacional de Irán todavía se desestabilizó más cuando el presidente estadounidense George W. Bush lo incluyó en su 'eje satánico'.

La reelección de Khatami animó a los reformistas iraníes, pero el poder real seguía estando en manos del clero islámico, a pesar del descontento de los reformistas y la presión internacional. En las elecciones de 2004, los conservadores consiguieron el control del parlamento en un proceso marcado por la polémica: el Consejo de los Guardianes, muy radical, descalificó a muchos candidatos de talante reformista antes de la votación.

En 2003, Irán sufrió las presiones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) por su programa de energía nuclear. Las inspecciones de la IAEA que tuvieron lugar ese año no hallaron pruebas de que Irán tuviera un programa de armamento nuclear. Después, en 2003, el país sufrió uno de los terremotos más catastróficos de su historia. Centrado en la ciudad de Bam, al sureste del país, mató a 40.000 personas y dejó la ciudad en ruinas.

La religiosidad es el rasgo cultural más notable de los iraníes, ya que invade todos los aspectos de la vida. La esencia del islam es la creencia en un solo Dios y el deber de sus fieles es servirle en la forma que establece el Corán. En árabe, islam significa sumisión a la voluntad de Dios y musulmán, el que se somete a la voluntad de Dios. Las expresiones cotidianas más visibles del fundamentalismo chiíta en Irán son el recatado código en la vestimenta y el púdico comportamiento en las mezquitas. El idioma oficial es el persa, también conocido como farsi; se trata de una lengua indoeuropea. El azerí, el kurdo, el árabe y el lur (lengua de los lur) también aparecen como idiomas de importancia en la región; además, en las 26 provincias se hablan decenas de otras lenguas, como el gilak, el baluchi o el turkmeno. La escritura árabe se adaptó al persa tras la introducción del islam, aunque no existe un método estándar de transliteración del persa al alfabeto latino.

En Irán, como en toda sociedad islámica, el arte se decanta por lo no representativo y lo estilizado. Muchas de sus formas datan de épocas anteriores a la conquista árabe pero, puesto que la mayoría ha alcanzado su punto álgido durante la era islámica, es infrecuente encontrar expresiones totalmente exentas de influencias religiosas. Las alfombras persas son el objeto artesanal de exportación más famoso de Irán. Se remontan al siglo V a.C. y todavía forman parte integral de las festividades culturales y religiosas (y, por supuesto, de la economía). Las melodías más sugestivas de la música tradicional provienen de las minorías étnicas: turkmenos, azeríes, kurdos y lur. La poesía surgió en el siglo IX a.C. y lentamente evolucionó hasta el perdurable canon de los poemas épicos y de los pareados no rimados que en la actualidad siguen formando parte de su riqueza cultural. La pintura se remonta al período seléucida, aunque posteriormente perdió fuerza hasta el siglo XVI, época en que resurgió junto con la caligrafía, especialmente en Shiraz. En la artesanía persa destacan los objetos de metal y cristal y las tallas de madera. Más recientemente, varios filmes iraníes han obtenido un notable éxito internacional. Mohsen Majmalbaf, director de Gabbeh, es uno de los cineastas más controvertidos y premiados de Irán, junto a Abbas Kiarostami (A través de los olivos, El sabor de las cerezas) y Jafar Panahi (El globo blanco, El espejo).

La cocina iraní puede calificarse de deliciosa. Su base la integran alimentos como el arroz, el pan, las verduras frescas, las hierbas y la fruta. La carne, generalmente cordero o muflón picado o bien cortado en dados, se utiliza para aportar sabor y en raras ocasiones se convierte en el ingrediente principal (excepto en el caso de los kebabs). Pero en los restaurantes sólo suelen servir dos o tres platos estándar: kebab o pollo con arroz, verduras y pan. Para degustar la buena comida iraní hay que tener la suerte de ser invitado a una casa particular o bien acudir a los mejores hoteles. La bebida nacional es, sin duda, el chai (té), siempre servido muy caliente, fuerte y negro. Se preparan también deliciosos zumos de fruta, batidos y bebidas con yogur. El alcohol está estrictamente prohibido para los iraníes de religión musulmana, aunque está permitido para fines religiosos, como en el caso del vino para la comunión en las iglesias, y a los no musulmanes con permisos especiales.

La República Islámica de Irán limita al Norte con los estados de Armenia, Azerbaiyán y Turkmenistán (antiguos miembros de la ex Unión Soviética) y con el mar Caspio, al Este con Afganistán y Pakistán, al Sur con el golfo de Omán y el golfo Pérsico, y al Oeste con Irak y Turquía. El país triplica la extensión del territorio español y está dominado por tres cordilleras: los fértiles y volcánicos montes de Sabalán y Talesh en el Noroeste, la extensa sierra de Zagros, formada en el jurásico y situada a lo largo de la frontera occidental, y la cordillera dominante de Elburz, con el pico más alto de Irán (el Demavand, 5.670 m) permanentemente cubierto de nieve y situado al norte de Teherán. Los dos grandes desiertos iraníes, el Dasht-e Kavir (más de 200.000 km²) y el Dasht-e Lut (más de 166.000 km²) ocupan la mayor parte de las extensiones nororiental y oriental de la meseta central.

El masivo y desordenado desarrollo urbano e industrial, junto con la guerra irano-iraquí, han causado daños medioambientales irreparables, sobre todo en las pendientes meridionales de la cordillera de Elburz, en la costa del mar Caspio y en el golfo Pérsico. Con todo, hay que reconocerle al gobierno iraní la creación de varios parques nacionales, aunque no están vallados ni vigilados. La vertiente norte de la cordillera de Elburz se encuentra densamente cubierta de árboles de hoja caduca y conforma la mayor área de vegetación del país. Los alrededores de Jaljal, al sur de Ardabil, y Nahar Jorán, que linda con Gorgán por la parte sur, también poseen zonas boscosas. El lobo, el chacal, el jabalí, la hiena, el oso negro y el lince son comunes en las profundidades no exploradas de los bosques situados en la provincia de Mazandarán. En los desiertos y montañas es más probable encontrar ardillas o mangostas persas, de carácter mucho más tranquilo, gacelas persas al galope, erizos, tejones o asnos salvajes, endémicos de la región. El carnero rojo gigante de Elburz, con barba negra y cuernos en espiral, y el de Oreal, con barba blanca y enormes cuernos, son dos de las especies más fascinantes que habitan en el territorio.

A causa de su tamaño y de su diversidad topográfica y de altitud, Irán experimenta cambios climáticos extremos. Los inviernos (diciembre-febrero) pueden ser muy fríos en la mayoría del país, mientras que en verano (junio-agosto) son frecuentes las temperaturas superiores a los 40ºC. Las precipitaciones regulares quedan restringidas al extremo norte y al oeste de la república, tradicionalmente las partes más frías de la nación.

Irán es accesible por tierra, mar o aire, pero hay que tener en cuenta que los extranjeros tienen prohibido cruzar la frontera turco-iraní en tren. El país dispone de una enorme red de conexiones aéreas con Asia, Oriente Próximo y Europa. España dispone de vuelos directos a Irán. La mayoría de los aviones aterrizan en el aeropuerto Mehrabad de la capital. La tasa de salida oscila entre los 30 y 40 dólares, pero si bien algunos billetes la incluyen, muchos otros no. Actualmente, acceder a Irán por tierra desde Turquía (normalmente por el congestionado paso de Bazargán/Gürbulak) o Pakistán (en Taftán/Mirjavé) resulta sencillo y seguro; aunque en la actualidad, y teniendo en cuenta la grave situación internacional en la zona tras los atentados de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, se recomienda no viajar a Pakistán. Los más aventureros también logran cruzar la frontera desde los antiguos estados soviéticos de Azerbaiyán y Turkmenistán. Sin embargo, la situación entre Armenia e Irán sigue confusa y la frontera con Afganistán permanece cerrada; no conviene viajar a este país debido a la guerra civil que se está desarrollando y a las amenazas de un inminente ataque estadounidense contra el territorio afgano. Además, a los que viajan por su cuenta no les está permitido cruzar a Irak. Los viajeros que se desplazan con vehículo propio deben prepararse para largas demoras en los pasos fronterizos. Por lo tanto, es recomendable planificar con antelación el viaje y armarse de paciencia.

Irán posee 2.410 km de frontera costera, pero escasean las posibilidades de entrar o salir de la nación por mar. En el golfo Pérsico existen transbordadores que cubren las líneas desde Sharjah y Dubai en la Unión de Emiratos Árabes y desde Bahrein hasta Bandar-e Abbas. También resulta factible cruzar el mar Caspio en un carguero semanal que zarpa de la capital azerbaiyana, Bakú, y finaliza su recorrido en Bandar-e Anzali.

Aunque el sistema de transporte iraní no está tan desarrollado como en los países occidentales, destaca en relación a los demás estados de la región, y resulta fiable, relativamente seguro y muy económico. Sin embargo, merece la pena contratar vuelos interiores, pues probablemente el visado no durará lo suficiente para poder acceder a lugares remotos en autobús o taxi. Además, los pasajes son muy económicos, el país enorme y el paisaje monótono. Por si fuera poco, los vuelos (sobre todo los de Iran Air) son fiables y frecuentes.

Si no existe un autobús (o minibús) para acceder a algún enclave concreto, es muy posible que se deba a la escasa demanda. Existe un gran número de compañías que ofrecen servicios muy competitivos y confortables. Con todo, el transporte puede resultar problemático unos diez días antes o después del No Ruz, el Año Nuevo iraní, que empieza alrededor del 21 de marzo. Viajando por carretera se pueden encontrar controles a lo largo del año. Los más frecuentes se hallan a la entrada y salida de las grandes urbes, aunque en ocasiones también se organizan en lugares remotos, por ningún motivo aparente. Pero raras veces se importuna a los extranjeros: las peores consecuencias pueden comportar la obligación de mostrar el pasaporte y el retraso.

Conducir un vehículo puede resultar complicado. Las distancias son largas, el tráfico es pésimo y resulta complejo encontrar aparcamientos seguros. Las normas de conducción parecen no existir; pero el pavimento es excelente y la gasolina económica. Los taxis compartidos suponen la mejor opción para viajar entre las principales ciudades. Una plaza cuesta tres veces más que en un autobús de lujo, pero merece la pena si se busca algo más de comodidad o si se desea acelerar un recorrido que discurre entre paisajes monótonos. Los trenes actúan con eficacia, son relativamente rápidos y, sin duda, económicos, aunque a menudo no son tan prácticos como los autobuses. Los recorridos más impresionantes unen Teherán con Tabriz (por el paisaje y el excelente servicio) y la capital con Gorgán (por el gran número de túneles y el panorama). El gran ferrocarril transiraní, construido en la década de 1930 para enlazar el mar Caspio, en Bandar-e Torkamán, con el golfo Pérsico, en Bandar-e Imam Jomeini, es uno de los grandes logros de la ingeniería del siglo XX.


· Hedayat, Sadeq: El báho ciego, Ediciones Hiperión, Madrid, 1992
· Byron, Robert: Viaje a Oxiana, Ediciones Península, Barcelona, 2000
· Stark, Freya: La ruta de Alejandro: crónica de un viaje, Alba Editorial, Barcelona, 2000
· Hafiz, Mohammed: La canción de saki, Sufi, Madrid, 1995
· Adelkhan, Fariba: La revolución bajo el velo: mujer iraní y régimen islamista, Ediciones Bellaterra, Barcelona, 1996
· Dalrymple, William: Tras los pasos de Marco Polo, Edhasa, Barcelona, 1991
· Kaplan, Robert D.: Los confines de la tierra: un viaje a los albores del siglo XXI, Flor de Viento Ediciones, Barcelona, 1996
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