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Belfast
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Belfast se convirtió en una pesadilla para los departamentos de relaciones públicas de las empresas a partir de la década de 1960, y, aún en la actualidad, las imágenes de violencia urbana sectaria son difíciles de disipar. Pero en el nuevo milenio la urbe trata de ahuyentar su nefasta fama según se reinventa y reconstruye a sí misma, al igual que otras dos metrópolis que empiezan por B, Berlín y Beirut.

La localidad fue transformada por la Revolución Industrial, y los numerosos y magníficos edificios públicos le otorgan un vigoroso aire decimonónico. El nombre gaélico de Belfast, Beál Feirste, hace referencia al río Farset, que ha quedado reducido a un conducto subterráneo. El río Lagan todavía discurre a través de la población, y las colinas circundantes indican que la bucólica campiña se adivina cercana. Las barreras han sido derribadas, los tanques prácticamente han desaparecido, y los restaurantes, cafeterías y pubs permanecen abiertos y deseosos de arder en el craic (término gaélico que significa buen ambiente) de esta ciudad que ha recuperado parte de su autoconfianza.

Superficie: 115 km²
Población: 279.240 habitantes
País: Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
Hora local: GMT 0
Código telefónico: 4428



Belfast se puede visitar en cualquier época del año, pero abril, mayo, junio y septiembre resultan especialmente propicios, ya que suelen acompañarse de un buen tiempo, escasea el turismo, los días se alargan y los atractivos turísticos están abiertos.

La temperatura media anual de la ciudad es relativamente templada (10°C). En invierno pocas veces hiela o nieva, pero los cielos de enero y febrero se caracterizan por sus eternos matices grises, y las temperaturas oscilan entre 4 y 8°C. En julio y agosto la media se acerca a los 15°C, pero los días estivales son largos: puede disfrutarse de luz natural hasta las 23.00. Quizá el aspecto más característico del clima, aparte de su variabilidad, lo forman las lluvias: entre febrero y junio las precipitaciones sobrepasan los 60 mm, cifra superada entre octubre y enero, con unos 95 mm. Así pues, es imprescindible proveerse de impermeable, paraguas y prendas de abrigo

Belfast presenta un surtido calendario de acontecimientos culturales. En marzo se pone en marcha el Festival de Música de Belfast, plataforma para los jóvenes talentos de la ciudad desde 1911. El Día de San Patricio se festeja con un carnaval de cuatro días que culmina el 17 de marzo. El Festival de Verano de Belfast se organiza en mayo, con música clásica y popular, celebraciones comunitarias y el espectáculo del Lord alcalde. El Festival de las Artes del barriode la catedral, durante ese mismo mes, acoge espectáculos cómicos alternativos, música, teatro y actuaciones callejeras. Algunos fines de semana veraniegos se celebra el Festival de Folk de Belfast. El festejo popular más importante de Irlanda, Féile an Phobail, acontece en el oeste de Belfast durante agosto; y el evento más relevante de la urbe, el Festivalde Belfast en Queen's, se alarga tres semanas y se convierte en el segundo festival artístico más importante del Reino Unido, después del de Edimburgo.




Ayuntamiento

El imponente ayuntamiento de Belfast, que domina la plaza de Donegall y por ende la urbe al completo, se asienta sobre una construcción neorrenacentista de columnas, frontones y parapetos de piedra de Portland. La fachada vuelve a mostrar una perfecta simetría tras la desaparición de la enorme pancarta "Belfast dice no" (contra el acuerdo anglo-irlandés de 1985 que dio por primera vez al gobierno de Dublín un papel consultivo en los asuntos de Irlanda del Norte). El interior exhibe una sombría profusión de mármol italiano y revestimientos de roble. El perímetro está repleto de estatuas, entre las que destacan una adusta reina Victoria, un monumento a las víctimas del Titanic y una estatua de sir Edward Harland, fundador de los astilleros Harland & Wolff, artífices del infortunado trasatlántico.

La plaza de Donegall está bordeada por edificios de exuberante ornamentación, como el Scottish Provident Building, con abundantes estatuas de iconos industriales, esfinges, delfines y cabezas de león. La cercana biblioteca Linen Hall Library fue creada en 1788 "para cultivar la mente y despertar el espíritu". Su famosa colección de estudios irlandeses y locales incluye un ejemplar de todo lo que se ha escrito acerca de la política norirlandesa desde 1966.

Gran Teatro de la Ópera

El teatro de la ópera, uno de los monumentos más célebres de Belfast, posee lujosos palcos, fruto de la desmesurada época victoriana: rojo satén en abundancia y voluptuosas esculturas de yeso. Se inauguró en 1895 y fue abandonado durante muchos años antes de que el gran maestro Robert McKinstry lo restaurara en 1980. En una esquina contigua de la calle Great Victoria, el salón Crown Liquor se alza como otro bello ejemplo de la maestría de McKinstry en el arte de la restauración. Se trata de un claro exponente de los exuberantes pubs victorianos, con cristales tallados, mármoles, mosaicos y detalles en caoba por doquier, luz de gas, paredes revestidas de brocados y suelos con baldosas de motivos variopintos. La excesiva embriaguez se prolonga al acomodarse en uno de sus snugs, salitas privadas para tomar copas, con campanas para avisar al servicio incluidas; supone toda una experiencia.

Entries

El conjunto de estrechos callejones (conocidos como entries) que surgen de las calles High y Ann conforma los restos del barrio más antiguo de la ciudad, debido al intenso bombardeo que sufrió durante la II Guerra Mundial. Antaño, constituían bulliciosos centros comerciales y residenciales, pero en la actualidad sólo permanecen los espléndidos y antiguos pubs. Para mezclar un retazo de historia con un trago de Guinness hay que dejarse caer por Kelly's Cellars, punto de reunión de los Irlandeses Unidos de Wolfe Tone, y visitar la White's Tavern, el pub más antiguo de Belfast (1630). Entre los mesones singulares de este animado distrito, destacan el Morning Star y la Globe Tavern, reconocidos por su gastronomía.

El cercano barrio de la catedral, una zona de deteriorados almacenes abandonada hasta épocas más recientes, se ha transformado en los últimos años en un enclave de moda repleto de bares y restaurantes. La efervescencia de este barrio simboliza el nuevo espíritu optimista de Belfast, fortalecido por una fuerte actitud comunitaria y de revitalización cultural. Su denominación se debe a la catedral de Santa Ana, donde descansan los restos de Edward Carson, artífice de la división de Irlanda. Existen diversos edificios notables en los alrededores, como el magnífico banco del Ulster, de 1860, con lámparas, columnas y esculturas de hierro fundido, techos interiores cincelados con voluptuosos querubines y verjas de hierro con la Mano Roja del Ulster, el poderoso símbolo de la región. Algunos sectores del banco de Belfast datan de 1769, convirtiéndolo en el edificio público más antiguo de la urbe.

Jardín botánico

Si se requiere descansar de los paseos a lo largo del duro pavimento urbano, nada mejor que visitar el inmaculado jardín botánico, al sur de la Universidad de Queen. La curvilínea Palm House (casa de palmeras), de hierro fundido y cristal, fue construida por el arquitecto del famoso invernadero de palmeras de Kew. En el jardín también se encuentra el Tropical Ravine, una selva de plantas tropicales habitada por tortugas diminutas. El excelente Museo del Ulster se ubica al sur de Palm House. Adentrarse en él aportará al visitante información sobre la historia irlandesa reciente, los tejidos de hilo, los cristales, la maquinaria industrial y la pintura de la región. Resultan imprescindibles las suntuosas joyas de oro descubiertas entre los restos del naufragio de una nave de la armada española en 1588. En el jardín también se sitúa el Queen's College, edificio de estilo Tudor construido en 1849 e inspirado por el Magdalen College de Oxford. El cercano Union Theological College acogió la sede del Parlamento de Irlanda del Norte hasta 1932, cuando se trasladó al castillo de Stormont (a 8 km). Junto a la plaza de la Universidad se prolonga una de las hileras de casas adosadas más bellas de Irlanda, con numerosas cafeterías abarrotadas de estudiantes y escondidas entre las tranquilas y arboladas calles.

Oeste de Belfast

Para hacerse una idea de los disturbios del país, hay que tomar un taxi negro hacia la valla de alambre y cemento en el oeste de Belfast, enclave separado del centro de la ciudad por la autopista de Westlink. Esta inhóspita zona de viviendas obreras de bajo coste data de los tiempos en que allí se ubicaba el centro de la industria del lino de Belfast, y en la actualidad está habitada en su práctica totalidad por católicos. La mayoría de casas y bloques de pisos devastados por la guerra han desaparecido, pero las principales razones para visitarla siguen en pie: los famosos murales católicos. Los que se encuentran alrededor de Falls Road aparecieron por primera vez en 1981 en apoyo de los huelguistas de hambre. El mural de Bobby Sands, cercano a las oficinas del Sinn Féin, es especialmente célebre. Otros temas incluyen la hambruna de la patata, imágenes célticas y religiosas, el reciente acuerdo y el alto el fuego. Los murales unionistas resultan más militaristas y se concentran en la Shankill Road. El primero fue pintado en 1908 y representaba a Guillermo de Orange montando su caballo blanco. Los dibujos actuales incluyen a miembros de la Organización de Defensa del Ulster, así como a los aprendices de Derry clausurando las puertas de la urbe en 1688.

Lagan Weir

Al igual que la mayoría de las grandes ciudades situadas en una ribera, Belfast está invirtiendo grandes cantidades de dinero y energía en reurbanizar las vías fluviales y la zona portuaria. La presa de Lagan impulsó un ambicioso proyecto de urbanización que transformó las antiestéticas marismas en un río limpio y profundo que ahora atrae salmones, anguilas y truchas. Por la noche se ilumina con un brillante color azul, y posee un mirador y un centro de información. La renovación de la zona prosigue con celeridad, con los complejos lúdicos Waterfront Hall y Odyssey, apartamentos junto al río y hoteles ubicados en almacenes restaurados, unidos por una red de parques, espacios públicos, caminos y puentes peatonales.

Parque de Cave Hill

Belfast está rodeada de colinas, visibles desde muchos puntos de la urbe, pero la más prominente es la de Cave Hill (355 m). Constituye un lugar apropiado para ir de excursión y contemplar excelentes panorámicas (en los días claros se puede ver Escocia en el horizonte). El parque, con más de 300 ha, se extiende hasta Belfast Lough y está repleto de construcciones circulares, prueba de que la zona estaba habitada durante la Edad de Hierro. Wolfe Tone y sus Irlandeses Unidos se reunieron en el espectacular fuerte de McArt's en 1795, donde se comprometieron a proseguir su lucha por la independencia irlandesa. En las inmediaciones se hallan cinco cuevas que datan de la era neolítica, y más abajo se sitúa el castillo de Belfast, erigido en 1870 por unos barones escoceses y donde en la actualidad se celebran elegantes enlaces matrimoniales. Bajo la Cave Hill, el zoológico de Belfast presenta vistas espléndidas de Belfast Lough y contiene recintos atractivos, como las piscinas de los lobos marinos y los pingüinos.

Casa Malone

Esta elegante mansión de la década de 1820 permite formarse una idea del Belfast georgiano. En la Galería Higgin se exponen pinturas y, además, posee un afamado restaurante, jardines que rebosan rododendros y azaleas y senderos que atraviesan 41 ha hasta el camino de sirga de Lagan. Estas tierras lindan con praderas, bosques, jardines y campos junto al río del parque de Sir Thomas and Lady Dixon. La principal atracción está representada por el espectacular Jardín Internacional de Rosas de Belfast, que posee más de veinte mil ejemplares y muestra la evolución de esta flor.

Anillo del Gigante

Este macizo cercado prehistórico se halla a sólo 8 km del centro de Belfast, en County Down. El recinto es vasto -casi 200 m de diámetro y 3 ha de extensión- y en el centro se emplaza una antigua tumba denominada el altar del druida, que data aproximadamente del año 4000 a.C. En el siglo XVIII los apostantes organizaban carreras de caballos en este enigmático lugar, habilitando el muro de 4 m como tribuna y desterrando temporalmente las hadas que allí habitan.

Belfast facilita los paseos y ofrece diversos circuitos a pie, que incluyen un recorrido por la historia, los pubs y los enclaves de interés de la ciudad. La pintoresca ruta de Belfast hacia la costa septentrional es la indicada para pedalear ; recorre las estribaciones de las montañas de Antrim hasta el paso elevado del Gigante. La presa de Lagan ofrece paseos en barca y la oportunidad de pescar. Entre otras actividades al aire libre para mantener las mejillas sonrosadas destacan el fútbol gaélico, el hurley (hockey irlandés), el fútbol y el rugby. La vida nocturna se ha reactivado, con infinidad de locales nocturnos y música en directo. Los pubs cubren todo el espectro, desde los más tradicionales y populares hasta los más modernos y originales; algunos están tan recargados que debieran ser catalogados como museos.

Los primeros pobladores de Irlanda se asentaron cerca de la actual Belfast hace unos nueve mil años, en el momento en que los casquetes glaciares se derretían y separaban la isla del actual territorio británico. La provincia del Ulster fue establecida en la Edad de Hierro por los celtas, que dominaron Irlanda durante mil años y dejaron como legado los sinuosos motivos ornamentales y la lengua irlandesa. La calma céltica fue truncada en el año 795 por los vikingos. Los ingleses entraron en escena por primera vez en 1169, pero la región se convirtió en un foco de resistencia al dominio extranjero, hasta que en el siglo XVII se convirtió en objetivo de la colonización inglesa. Esta ambiciosa apropiación de territorio llevaría finalmente al aislamiento del Ulster, hasta entonces la provincia más gaélica y católica de Irlanda. A diferencia de los anteriores forasteros, los nuevos terratenientes no contrajeron matrimonios mixtos y mantuvieron intacta su cultura protestante, para mayor enojo de los empobrecidos arrendatarios.

El resentimiento estalló en 1641 con el asesinato de un número importante de protestantes; las estimaciones oscilan entre dos mil y doce mil muertos. El trauma psicológico de este acontecimiento perdura en la población protestante actual de Irlanda, mientras que para los católicos irlandeses Cromwell, gobernador de Irlanda en esa época, se manifiesta como un símbolo igualmente perdurable de terror. Las esperanzas dispares de católicos y protestantes irlandeses se enfrentaron a finales de la década de 1680, cuando el rey católico Jacobo II fue destronado por el protestante Guillermo de Orange tras la revolución de 1688. El rey depuesto solicitó ayuda a Irlanda; el punto crítico llegó cuando sus tropas católicas fueron enviadas para sustituir a la guarnición en Derry. 13 miembros de la Orden de los Aprendices (protestante) cerraron las puertas de la ciudad amurallada y prohibieron la entrada a las tropas católicas. Las fuerzas de Jacobo la asediaron y los protestantes se negaron a rendirse. El inevitable conflicto entre Jacobo y Guillermo, católicos y protestantes, culminó en la batalla de Boyne, el 12 de julio de 1690, ese Glorioso Doce que todavía celebran los orangistas.

La provincia del Ulster se separó paulatinamente del sur, aislado por la geografía, la religión y la industrialización. Mientras que la población irlandesa sufría el hambre y la emigración masiva, la de Belfast, mayoritariamente protestante, pasó de unos 20.000 habitantes en 1800 a 350.000 a finales de siglo. Fue la única urbe irlandesa que vivió la Revolución Industrial, y consiguió fama gracias a sus astilleros y a la industria del lino. La industrialización vinculó la localidad a la pujante economía comercial de Gran Bretaña, forjando lazos más sólidos con Glasgow y Liverpool que con Dublín. Con las características hileras de casas adosadas edificadas para la clase obrera, adoptó el típico aspecto de las urbes industrializadas del norte de Inglaterra. Obtuvo el estatus de ciudad en 1888, tras la visita de la reina Victoria en 1849, conmemorada en la plétora de calles y monumentos que todavía se designan con su nombre.

El movimiento favorable al gobierno irlandés fue enérgicamente combatido por el Partido Unionista del Ulster, formado en 1885 y dirigido por el abogado dublinés sir Edward Carson, cuya oposición a la independencia irlandesa condujo a la partición del país. La brigada protestante de vigilancia de Carson, la Fuerza de Voluntarios del Ulster (UVF), se creó en 1913, con la conocida parafernalia paramilitar, alienando más aún a la minoría católica de la región. El tratado anglo-irlandés con fecha del 6 de diciembre de 1921 otorgó la independencia a 26 condados y ofreció la elección de seis condados del Ulster mayoritariamente protestantes, provocando la partición de Irlanda. Los lazos de unión del norte con el sur se rompieron por completo en 1949 con la creación de la República de Irlanda.

El parlamento de Irlanda del Norte se reunió entre 1921 y 1972, año en que Gran Bretaña impuso el gobierno directo. Los católicos (que constituían una notable minoría del 30% en el norte) eran excluidos del poder de forma sistemática por la mayoría unionista protestante y discriminados en todos los ámbitos, como la vivienda, el empleo y los subsidios sociales. Los llamamientos en favor de una representación más equitativa se enfrentaban con la férrea oposición protestante de extremistas, como el reverendo Ian Paisley. Una marcha por los derechos civiles en Derry, en octubre de 1968, fue violentamente disuelta por la policía norirlandesa (Royal Ulster Constabulary, RUC), originándose los disturbios. Entre 1969 y el breve alto el fuego de 1994 transcurrieron 25 años jalonados por una terrible sucesión de atentados terroristas, y Belfast se convirtió en sinónimo de guerra civil urbana.

El alto el fuego de 1997 y el acuerdo de Viernes Santo de 1998 han aportado la confianza a Belfast para reconstruirse y reinventarse. Westminster ha concedido autonomía política a Irlanda del Norte, con el unionista y Nobel de la Paz David Trimble como primer ministro y el católico Seamus Mallon (del Partido Socialdemócrata Laborista) como viceprimer ministro. El proceso de paz ha sufrido contratiempos debido a los violentos grupos paramilitares, a las dificultades para lograr el desarme y a los estallidos de violencia anuales durante la temporada de desfiles unionistas; pero el número actual de soldados es el más reducido desde 1970 y se espera que las reformas dentro del RUC fructifiquen. Belfast está prosperando: cuenta con una mayor tasa de empleo, grandes inversiones y un turismo en auge. Se ha purificado el río Lagan, se han modernizado zonas urbanas deprimidas como el barrio de la catedral, se han construido apartamentos millonarios junto al río y se han inaugurado hoteles de lujo, elegantes restaurantes, bares y cafeterías a lo largo de la urbe con la esperanza de dejar atrás el sombrío pasado.

El aeropuerto internacional de Belfast acoge los vuelos procedentes de Irlanda, Gran Bretaña, Amsterdam, Bruselas y Nueva York; algunos trayectos regionales de Gran Bretaña (incluido Gatwick) se dirigen al aeropuerto Ciudad de Belfast, que resulta más práctico.

La exhaustiva red de autobuses de Irlanda del Norte está gestionada por Ulsterbus, e incluye servicios a Dublín. Belfast también está comunicado por tren con la capital irlandesa (sólo tarda algo más de dos horas) y con ciudades del norte como Bangor, Larne y Derry. En las estaciones de autobús y tren de Belfast no existen consignas de equipajes.

Los transbordadores de Isle of Man y Stranraer (Escocia) atracan en el muelle de Donegall, relativamente cercano al centro de la urbe. La compañía SeaCat ofrece un recorrido de Stranraer a Belfast en menos de dos horas. Los procedentes de Liverpool, atracan en la terminal Victoria, a 5 km al norte de Belfast. Si se alquila un automóvil en la República de Irlanda para dirigirse a Belfast, se debe comprobar que el seguro cubre el viaje; Belfast se encuentra a 2,5 horas en coche de Dublín.

Al ser compacto, el centro de Belfast resulta indicado para desplazarse a pie. El excelente servicio Citybus cubre sesenta trayectos a los destinos más distantes e incluye un buen servicio de autobuses nocturnos así como conexiones de transbordador y de terminales de tren. Existen diversas modalidades de taxis: desde los negros hasta los microtaxis y los West Belfast's People's Taxis. Si se conduce, hay que vigilar dónde se aparca: por razones de seguridad, no se permite la presencia de vehículos en los lugares designados como zona de control. Para evitar problemas, es preferible asegurase de haber cerrado el coche con llave cuando se aparca


· O_Beirne Ranelagh, John: Historia de Irlanda, Cambridge University Press, Cambridge, 1999
· Wilson, Robert McLiam: Ripley Bogle, Tusquets Editores, Barcelona, 2000
· Rolleston, T.W.: Celtas, Edimat Libros, Arganda del Rey, 2000
· Davenport, Fionn; Smallman, Tom; Talbot, Dorinda: Ireland, Lonely Planet Publications, 2000
· Wood, Juliette: Los celtas: vida, mitología y arte. Editorial Jaguar, Madrid, 1999
· Adams, Gerry: Hacia la libertad de Irlanda, Txalapartata Argitaletxea, Tafalla, 1998
· Yeats, W.B.: El crepásculo celta, Ediciones Alfaguara, Madrid, 1986
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