Nombre oficial: Israel y territorios palestinos Superfície: 26.990 km² (20.770 km² Israel; 6.220 km² Gaza y Cisjordania) Población: 8.500.000 hab. (5.800.000 en Israel; 2.700.000 en Gaza y Cisjordania) Capital: Jerusalén (623.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 80,1% judíos (32,1% originarios de Occidente, 20,8% israelíes, 14,6% de origen africano, 12,6% de origen asiático), 19,9% no judíos (mayoritariamente árabes) Idioma: hebreo (oficial), árabe e inglés Religión: 80,1% judíos, 14,6% musulmanes, 2,1% cristianos, 3,2% otros Régimen político: república Presidente: Dalia Itzik Primer ministro: Ehud Olmert
Visado: los ciudadanos de la Unión Europea, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay y Uruguay no necesitan visado para entrar en Israel. La mayoría de los turistas reciben autorización para una estancia de tres meses, pero los que lleguen por tierra procedentes de Egipto o Jordania es posible que sólo la reciban por un mes. A su llegada, se entrega al visitante un duplicado del permiso de entrada (que se debe conservar). Si no se posee billete de vuelta ni dinero para financiar la estancia, es probable que no sea aceptado. Se aconseja evitar el sello en el pasaporte, pues la mayoría de los países árabes no dejan entrar a aquéllos que han visitado Israel. Se debe intentar que los funcionarios sellen el permiso de entrada en lugar del pasaporte. Condiciones sanitarias: No existe ningún peligro especial, pero, si se va a desplazar a otros países de Oriente Próximo, se aconseja vacunarse de hepatitis, fiebres tifoideas, polio, tétano y difteria. Hora local: GMT+2; GMT+3, en verano Electricidad: 220 V, 50 Hz Pesos y medidas: sistema métrico Monedanuevo shekel Comidas · Económicas: entre 3 y 20 dólares · Precio medio: entre 20 y 100 dólares · Precio alto: a partir de 100 dólares Alojamiento · Económico: entre 3 y 10 dólares · Precio medio: entre 10 y 20 dólares · Precio alto: a partir de 50 dólares Israel es caro, pero se debe reconocer que el gasto se ajusta a una buena relación calidad-precio. Con un presupuesto reducido, es factible alojarse en un cuarto decente por un mínimo de 7 dólares. Una habitación doble con cuarto de baño incorporado supondrá unos 50 dólares. De hecho, es la comida lo que dispara los gastos: si bien se puede vivir con tres falafel al día por unos 2 dólares, siendo realistas se necesitarán entre 10 y 16 dólares si se pretende comer sentado de vez en cuando. Con unos 25 y 30 dólares diarios, se dispondrá de un hospedaje adecuado, buena comida y la posibilidad de efectuar diversos desplazamientos; tomar copas, visitar museos o hacer una excursión, provocará que esa cifra se dispare rápidamente. En los comercios caros aceptan tanto dólares estadounidenses como shekels; el pago con moneda local supondrá un ahorro del 17% de IVA. Sin embargo, en tiendas más modestas únicamente puede abonarse la compra en shekels. Los dólares pueden canjearse sin ningún problema en cualquier lugar, así como la mayoría de divisas fuertes y los cheques de viaje. Los israelíes son conocidos por vivir del crédito, así que aceptarán sus tarjetas en la práctica totalidad de los establecimientos. Una gran parte de cajeros automáticos, muy abundantes, admite tarjetas de crédito internacionales. Dejar propina es una costumbre muy arraigada en Israel; en cualquier caso, y a pesar del servicio recibido, se espera un mínimo de un 15%. Igualmente, se debe tener en cuenta que el sueldo de los profesionales del turismo es exiguo. Si bien la mayoría de productos incluyen en el precio el IVA, se puede reembolsar este dinero si se sigue el procedimiento burocrático pertinente. Jerusalén Jerusalén es una ciudad sagrada para judíos, musulmanes y cristianos. Una mayoría visita la urbe para sumergirse en su historia sagrada, pero se debe tener en cuenta que Jerusalén no es únicamente un concepto, sino también una metrópoli moderna, repleta tanto de gente viva como de fantasmas y personajes bíblicos. La población está dividida en tres partes: la amurallada ciudad antigua, donde se encuentra la mayor parte de los puntos de interés turístico; la zona oriental, de predominio árabe; y la urbe nueva, en rápida expansión, conocida como Jerusalén Oeste. La ciudad antigua también se divide en los barrios armenio, cristiano, judío y musulmán. Para hacerse una idea del casco histórico, merece la pena deambular por las murallas de la ciudad, construidas en el siglo XVI por Sulimán el Magnífico. Dominando la metrópoli, se halla la Explanada de las Mezquitas, denominada por los musulmanes Haram El Shariff (el Noble Santuario) y Monte del Templo por los judíos: es la manzana de la discordia. Desde este enclave Mahoma ascendió a los cielos y Dios ordenó a Abraham que sacrificara a su hijo. La magnífica mezquita de la Cúpula de la Roca domina el monte, con la mezquita Al Aqsa y el Museo Islámico un poco más al Sur. La muralla occidental, en la falda de la explanada, es la más accesible de las cuatro pertenecientes al Segundo Templo, construido por el rey Herodes. Su facilidad de acceso la ha convertido en una zona popular para el culto judío. La trilogía de emplazamientos sagrados se completa con la iglesia del Santo Sepulcro, en el barrio cristiano. Se construyó en el lugar de la (probable) crucifixión, entierro y resurrección de Jesús. Su atractivo reside más en su historia que en su esplendor arquitectónico. La mayoría accede a ella bajando por la Vía Dolorosa, el camino que siguió Jesucristo portando la cruz. Más allá del interés religioso de la población, puede descubrirse la ciudad antigua, el bullicioso y humeante barrio palestino de Jerusalén Este, o las cafeterías y centros comerciales de la Jerusalén Oeste o ciudad nueva. Al oeste de la urbe se ubica el Yad Vashem, el conmovedor monumento judío en memoria del holocausto. Al este, el Monte de los Olivos, desde el que Jesús ascendió a los cielos y donde el común de los mortales puede disfrutar de una bella vista panorámica de la población. El lugar elegido para alojarse en Jerusalén dependerá del objetivo del viaje. En la ciudad antigua y Jerusalén Este se hallan los establecimientos más económicos y el mejor ambiente, y los más próximos a los puntos de interés. El inconveniente es su distancia con respecto a las cafeterías y la vida nocturna de la ciudad nueva; el casco antiguo cuenta con escasa oferta de diversión por las noches. Si se está dispuesto a pagar más, y el ocio es lo que más importa, debe alojarse en la ciudad nueva. Si se busca comida muy apetitosa y económica, debe pasarse por el mercado Mahane Yehuda, en el oeste de la zona antigua. Los mejores establecimientos de falafel se sitúan en el otro lado de las murallas, en Jerusalén Este, o en los barrios comerciales de la ciudad nueva. Tel-Aviv-Jaffa A pesar de contar con menos de un siglo de antigüedad, Tel-Aviv se ha consolidado como la urbe de las finanzas, los negocios y la diversión. En su territorio habitan pocos oriundos, y un corto paseo por la ciudad introducirá al visitante en los aromas orientales del barrio yemenita, los destartalados bares de vodka de la calle Allenby y las urbanizaciones color salmón ubicadas en primera línea de mar. Tel-Aviv no cuenta con numerosos atractivos turísticos; entre ellos destacan el Museo de la Diáspora, una crónica de la cultura judía en el exilio, y el Museo de Arte de Tel-Aviv. Al finalizar el recorrido cultural, supone un grato aliciente deambular por los mercados del barrio yemenita, tomarse un capuchino y, más tarde, estirarse en la arena de una de las mejores playas de Oriente Próximo. Mar Muerto Aunque esté considerado un enclave ineludible para la mayoría de viajeros, esto no significa que no deba visitarse. Ningún desplazamiento a Israel puede considerarse completo si no se ha flotado en el mar Muerto. Sus aguas presentan una elevada densidad, al estar repletas de minerales vigorizantes; y cuenta con un 10% más de oxígeno en el aire que a nivel del mar. Los alrededores del mar Muerto ofrecen múltiples posibilidades en el momento en el que se crea que ya se ha flotado suficiente. Ein Gedi constituye uno de los oasis más sugestivos del país, una zona exuberante donde abundan los manantiales de agua dulce, cascadas, estanques y todo un paraíso para la fauna y flora del desierto. Mesada está considerado unánimemente uno de los enclaves israelíes obligatorios. Esta fortaleza, situada en la cima de una planicie cortada a pico, está considerada el último reducto de los celotas, rebeldes judíos que se levantaron contra el Imperio Romano en 66 d.C. Cuando su derrota era inevitable, los 967 hombres, mujeres y niños refugiados en Mesada se suicidaron antes de dejarse capturar. El lugar ofrece un ambiente sobrecogedor, y las vistas resultan increíbles. Galilea Este territorio rigurosamente bíblico fue el lugar donde Jesús predicaba con mayor frecuencia, y donde se andaba sobre las aguas y se multiplicaban los peces. También se erige como la región más exuberante de Israel, con verdes valles, bosques frondosos, fértiles tierras de cultivo y el lago de Kinnereth. Nazaret, donde Jesucristo pasó su infancia, constituye el destino de numerosos peregrinos, pero no ofrece grandes puntos de interés turístico. A pesar de albergar algunas iglesias de cierta relevancia, como la basílica de la Anunciación, donde el arcángel San Gabriel se apareció a la Virgen María, la localidad en sí misma carece de belleza estética. Tiberíades, en la ribera oeste del lago de Kinnereth, se establece como una base apropiada para desplazarse con facilidad por la zona. Se puede enriquecer el espíritu ante las tumbas de ancestrales sabios, para luego aliviar los dolores corporales en las famosas fuentes termales de la urbe. La localidad alberga igualmente el mayor yacimiento arqueológico del país: Bet She'an. A pesar de las contínuas excavaciones, ya puede atisvarse un anfiteatro romano en buen estado de conservación, termas bizantinas, un templo y una columnata romana. Este enclave se halla en la ruta de autobús Tiberíades-Jerusalén. Belén La denominación de los espacios de Belén no dejan lugar a dudas sobre su historia: plaza del Pesebre, calle del Pesebre, calle de la Estrella, calle de los Pastores, dos campos de los Pastores y una increíble multitud de Navidades. Belén se construyó alrededor de la plaza del Pesebre, el centro y, además, el aparcamiento de la urbe (una decisión muy estratégica). La iglesia de la Natividad constituye la razón de ser de esta ciudad sagrada, y permanece como una de las iglesias en activo más antiguas del planeta. Edificada sobre el lugar donde se cree que nació Jesucristo, su arquitectura se caracteriza por ser augusta y venerable, como corresponde a su origen. Si se considera kitsch en exceso, puede echarse un vistazo a la capilla de la Gruta de la Leche, el santuario de la lactancia de la Virgen María. La tumba de Raquel, en una punta de la población, se erige como uno de los santuarios más sagrados para los judíos; pero también es reverenciada por musulmanes y cristianos. No existen excesivos alojamientos en Belén, pero únicamente dista 40 minutos en autobús de Jerusalén. Nábulus En un bello enclave dispuesto entre las pintorescas montañas de Gerizim y Eval, Nábulus aparece como la mayor ciudad de Cisjordania. Es una típica urbe árabe, bulliciosa, con un barrio antiguo encantador. En el cielo sobre Nábulus, se dibujan las siluetas de una treintena de minaretes, y uno de los más impresionantes pertenece a la mezquita de An-Nasir. A poca distancia, y más arriba, de la mezquita, aparecere el castillo Touqan, un antiguo palacio turco. Aunque es de propiedad privada, es probable que permitan echar un vistazo al jardín y a la arquitectura exterior. Al este de la mezquita, se encuentran los baños turcos en activo más antiguos del país. Construidos alrededor de 1480, y perfectamente restaurados, cuentan con un cuarto de vapor, otro de masajes y un vestíbulo central, en el que podrá reclinarse sobre cojines mientras se degusta un café o té a la menta. Según la hora, los baños pueden aceptar únicamente hombres o mujeres. Se puede acceder a Nábulus en autobús o compartir un taxi desde Jerusalén Este. Ramla Antes de la llegada de los cruzados y su posterior invasión, Ramla desempeñaba la función de capital árabe de Palestina. Construida en 716 d.C., la urbe (situada al sureste de Tel-Aviv) se ha convertido en la actualidad en un lugar de paso para la mayoría de viajeros y peregrinos. Únicamente permanecen diversos monumentos islámicos deteriorados como testimonio de su pasado glorioso. No obstante, la mezcla de un barrio árabe antiguo, formado por edificios de piedra ya derruidos, con parques frondosos y avenidas repletas de eucaliptos, ha comportado un atractivo especial a la localidad. El día más adecuado para visitarla es el miércoles, dedicado al mercado. Se ha habilitado un servicio frecuente de autobuses entre Tel-Aviv y Ramla, que tarda 45 minutos. Acre (Akko) Si se pensaba que Jerusalén era la ciudad intemporal por antonomasia, Akko romperá todos los esquemas. Esta ciudad-fortaleza de piedra junto al mar ha vivido épocas de esplendor bajo el mandato de Alejandro Magno, egipcios y romanos, pero su apogeo llegó cuando se convirtió en la ciudad cruzada de Acre (Akko). La vieja Akko mantiene intactos sus orígenes árabes, por lo que no ha sufrido la inversión en desarrollo y la explotación turística a gran escala. Las murallas de la urbe separan la población antigua de la moderna ciudad judía, dispersa al Norte. Ocho metros por debajo de la Akko actual, se halla la ciudad cruzada subterránea, una hilera de salas abovedadas en las que resuena el eco, y que en su día formó el cuartel de los caballeros de la Orden de los Hospitalarios. Frente a la entrada de la ciudad subterránea, se ubica la mezquita de Al-Jazzar, con su bóveda verde y su minarete en punta propios de la cultura turca. Justo al este de la mezquita, se halla el souq, un pedazo de Oriente sin contaminar. Cada octubre, Akko alberga un festival de teatro experimental. Existen escasos establecimientos para hospedarse y comer, pero se puede acceder en autobús desde Haifa, a 40 minutos. Valle y Reserva Natural de Hula Este precioso valle, entre la frontera libanesa y las montañas del Golán, está considerado un santuario de flora y fauna de hábitat pantanoso muy singular. La reserva cuenta con papiros silvestres, pelícanos, pigargos, nutrias, gatos montés y verracos. El valle de Hula también se establece como zona de acogida de aves migratorias; algunas provienen de enclaves tan lejanos como Escandinavia, Rusia e India. La reserva posee un excelente centro para visitantes, en el que se explican la flora y la fauna locales, además de alquilarse prismáticos. Al sur de la reserva, se encuentra la granja Dubrovin, la reconstrucción de una granja de colonos judíos de principios de siglo. La riqueza histórica de Israel es apabullante. Profundamente literaria, repleta de nombres conocidos y siempre tumultuosa, su pasado se traslada al presente, moldeándose el día a día con conflictos que surgieron hace miles de años. Entre 2000 y 1750 a.C. tribus seminómadas se asentaron en el país de Canaán, momento en el que, según la Biblia, el patriarca hebreo Abraham abandonó la capital del imperio sumerio, Ur, y se estableció en la montaña de Judá. El libro sagrado data la unión de las tribus hebreas en 1023 a.C. Este reino fue gobernado por Saúl, pero sería su sucesor, el rey-profeta David, quien tomó Jerusalén y la convirtió en su capital. Alrededor de 950 a.C., Salomón, hijo de David, erigió uno de los monumentos clave del judaísmo: el templo de Jerusalén, destruido en 586 a.C. por los invasores babilonios, pero reedificado más adelante. El imparable Imperio Romano tomó Israel en 63 a.C., y la administró a través de gobernadores como Herodes el Grande y Poncio Pilatos. Según la Biblia, en esa época vivió Jesús, y predicó en Israel. La torpeza y vejaciones de la autoridad romana en tiempos de Calígula provocó una sublevación judía, que duró cuatro años, hasta ser aplastada con una nueva destrucción del templo de Salomón. Tras una segunda revuelta, Jerusalén quedó asolada; se reconstruyó bajo el nombre de Aelia Capitolina, y se instituyó Palestina como cantón del Imperio Romano. Esta derrota señaló el fin del estado judío y dio paso a la primera gran Diáspora, la dispersión del pueblo judío. En 331 d.C., el emperador Constantino se convirtió al cristianismo y embelleció Jerusalén con construcciones de gran relevancia, como la iglesia del Santo Sepulcro y la Natividad. La llegada del islam sobrevino con la conquista de Jerusalén (638 d.C.) a manos del califa Omar. Fue declarada Ciudad Santa del islam, pretextando que el profeta Mahoma había ascendido a los cielos desde la Explanada de las Mezquitas. La indignación del mundo cristiano llevó, en 1099, a los cruzados francos a ocupar Jerusalén; Palestina y Transjordania se convirtieron en el reino latino de Jerusalén. Después de trescientos años de continua guerra entre cristianos y musulmanes, los mamelucos derrotaron a los últimos cruzados en 1291. Los siguientes quinientos años pueden considerarse los más pacíficos que ha vivido Israel. Los imperios nacían y morían, y el control del país cambió de manos con una regularidad monótona, pero escasas batallas se libraron en suelo israelí. La única anomalía se produjo en el siglo XVI, cuando el Imperio Otomano tomó posesión del reino y Sulimán el Magnífico reconstruyó la muralla de Jerusalén. A mediados del siglo XIX, con el poder otomano ya en decadencia, el interés mundial volvió a centrarse en Israel. Gran Bretaña estableció un consulado en Jerusalén, y, en 1839, sir Moisés Montefiore, un judío británico, promovió la idea de un estado judío. En 1878, se fundó la primera colonia judía y, poco después, se inició la primera aliyah u oleada de inmigrantes. Simultáneamente, la población árabe de Palestina consolidaba su afán nacionalista y sentimiento anti-europeo, presagiando futuras dificultades para los recién llegados. Durante la I Guerra Mundial, Gran Bretaña se implicó seriamente en la política israelí, aplicando una doble diplomacia en favor de árabes y judíos, comprometiéndose a crear un estado árabe así como un hogar nacional para el pueblo judío. Al finalizar la contienda, y por consenso internacional, se entregó Palestina a Gran Bretaña como Protectorado. Mientras Europa se aproximaba a la II Guerra Mundial, los británicos detuvieron toda inmigración a Israel. Pero la afluencia de judíos era contínua, y la población árabe reaccionó con una violencia cada vez mayor. En la Asamblea General de la ONU, celebrada el 2 de abril de 1947, se aprobó la resolución 181, en la que se acordó la partición de Palestina en un Estado árabe y otro judío, mientras que Jerusalén pasaba a ser administrada por la ONU. Finalmente, Gran Bretaña anunció la retirada de sus tropas, afirmación que se hizo efectiva el 14 de mayo de 1948. Los conflictos arreciaron de inmediato y estalló la primera guerra árabe-israelí (1948-1949); a la altura del alto el fuego en mayo de 1949, las fuerzas israelíes controlaban la mayor parte de Palestina. Israel intensificó la política de inmigración de judíos de todo el mundo; muchos llegaron para colonizar, incluso, las zonas más inhóspitas del país. Rodeado por naciones árabes enemigas, el nuevo estado de Israel no tardó en estar sitiado. En 1967, Israel atacó por medio de una operación relámpago a Egipto, Jordania y Siria. Los israelíes vencieron en seis días, y expandieron su territorio a los altos del Golán, Cisjordania, la franja de Gaza, el este de Jerusalén y la península del Sinaí. La fuerza de Israel atrajo a otra oleada de inmigrantes, mientras era abandonada por medio millón de palestinos. Un grupo de palestinos que optaron por permanecer en el territorio y luchar creó en 1964 la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dedicada a la liberación de su patria. Paralelamente, Israel firmaba acuerdos de paz con Egipto. Al cabo de los años, la OLP no había suscitado más que la condena internacional, pero el levantamiento palestino de 1987, la Intifada, dio un vuelco a la situación. Las imágenes televisivas de estos acontecimientos lograron que la opinión pública mundial se percatase de la cuestión palestina. En 1991, se desarrolló la Conferencia Internacional de Paz para Oriente Próximo en Madrid, en la que participaron dirigentes israelíes y una delegación palestina, y se establecieron las bases para futuras negociaciones. En 1993 Yasser Arafat, líder de la OLP, e Isaac Rabin, primer ministro israelí, se dieron un apretón de manos en el jardín de la Casa Blanca, y procedieron a la firma de la Declaración de Principios de Washington, que incluía la autonomía de Gaza y Cisjordania, el reconocimiento del Estado de Israel y las bases del futuro estatuto de Jerusalén. Pero, en 1995, el ministro israelí Isaac Rabin fue asesinado por un joven ultraortodoxo. En 1996 Arafat venció en las elecciones celebradas en la Autoridad Nacional Palestina (ANP). El dirigente derechista Benjamín Netanyahu, que derrotó al laborista Simon Peres en los comicios israelíes, se hallaba menos predispuesto a negociar la paz, y el aumento de los asentamientos israelíes y de las represalias terroristas llevó al país al borde de la guerra durante su gobierno Con la elección del laborista Ehud Barak en 1999 como nuevo representante, Israel contó con una nueva oportunidad para lograr la paz. Su promesa de retirada de la zona de seguridad del sur del Líbano, donde tropas israelíes y la milicia Hezbollah llevaban décadas luchando, se hizo realidad el 24 de mayo de 2000, a pesar de la inquietud de Siria con respecto a los altos del Golán ocupados por Israel. Durante la evacuación de la zona por parte de las tropas israelíes, la milicia Hezbollah se trasladó allí rápidamente, obligando a los soldados israelíes a una retirada caótica bajo un fuego intenso, con civiles libaneses lanzando a la confusión algunas botellas y piedras. Tras el fracaso de la nueva cumbre de Camp David en julio de 2000, el 28 de septiembre del mismo año estalló la segunda Intifada tras la visita del derechista Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas. Los cinco meses de Intifada tuvieron como resultado cuatro centenares de víctimas entre israelíes y palestinos. Paradójicamente, la violencia instó a ambas partes a reanudar las conversaciones por la paz. En 2001, el radical Ariel Sharon sustituyó a Barak, marcando un giro político. Los acontecimientos del 11 de septiembre endurecieron la actitud israelí y la agresión palestina se consideró la "segunda intifada". La persecución de Sharon de lo que llamaron "terroristas" palestinos no contribuyó a reducir la oleada de suicidas palestinos con bombas. Los bandos se culpaban entre ellos de cada derramamiento de sangre. Mientras los terroristas suicidas asesinaban o herían con sus bombas a muchos inocentes, los israelíes apretaron las tuercas a los palestinos, atacando a lo que ellos consideraban células terroristas y acabando con vidas inocentes a su paso _ la proporción de bajas palestinas en comparación con las israelíes era de tres a una. Las condiciones de vida en los Territorios Palestinos se endurecieron. El envejecido Arafat resistió los intentos de arrebatarle el poder y se fue quedando cada vez más aislado. Los colonos israelíes en territorio palestino aumentaron hasta superar los 250.000. La construcción de una "valla de seguridad" _ más bien un muro para aislar a los palestinos _ fue declarada ilegal por el Tribunal Superior de la ONU y contribuyó a hacer trizas el tan cacareado plan de EE UU para lograr la paz. La cultura israelí ha estado dominada por la religión, léase judía, cristiana o musulmana. A pesar de intuir la mentalidad austera de los pioneros del kibbutz, y del peso del judaísmo como religión del estado, Israel se está convirtiendo rápidamente en una sociedad cosmopolita y consumista. La mayoría de los israelíes judíos combinan la tradición con la modernidad: llevan una vida seglar y participan en ceremonias religiosas ocasionales. Este aspecto no ha comportado la desaparición de los principios religiosos. Las facciones ortodoxas acumulan mayor fuerza, y sus peticiones de un retorno a la religiosidad se hacen oír cada vez más. Muchos judíos ortodoxos varones (especialmente los hasidim) resultan fácilmente reconocibles por su ropa de color oscuro, sus barbas y tirabuzones (no así las mujeres). En el territorio palestino, la cultura musulmana aparece con mayor evidencia: aunque es poco habitual avistar mujeres, visten con mayor modestia. La vertiente religiosa islámica predominante es la sunita. La familia y la hospitalidad constituyen pilares primordiales en Palestina; su amabilidad es extrema, e incluso pueden llegar a invitar al visitante a su casa. Israel es célebre por sus intérpretes de música clásica, como el violinista Yitzhak Perlman, gran triunfador en la escena mundial. El klezmer, música de baile folclórica yiddish (judeoalemana) basada en el violín, es tremendamente popular y ha ampliado su área de influencia a las comunidades judías de todo el mundo. Los fundadores del movimiento sionista eran escritores, y la importancia de la literatura permanece en el país. Entre los escritores más conocidos internacionalmente se encuentran Amos Oz (La caja negra; Una pantera en el sótano) y David Grossman (Véase: amor). La comunidad palestina cuenta con una gran tradición literaria, nacida de la adversidad y la lucha, cuyo mayor exponente es la poesía. Con el objetivo de consolidar una identidad judía en su patria, los nuevos israelíes se volcaron apasionadamente en la arquitectura, con un estilo internacionalista y funcional, así como con la difusión de edificios deudores de la Bauhaus. Escasas construcciones islámicas han perdurado al traspasar el umbral del siglo XX, pero permanece alguna bella muestra de arquitectura mameluca en la vieja Jerusalén. Los hábitos alimentarios de los israelíes están determinados sobremanera por las leyes religiosas: los judíos no pueden comer simultáneamente productos lácteos y carne, ni aves o pescado sucios; no se les permite comer cerdo ni a musulmanes ni a judíos. Las oleadas de inmigrantes han comportado la incorporación de su propia gastronomía, por lo que puede encontrarse comida judía de Yemen (carne a la brasa, verduras rellenas y un surtido sorprendente de asaduras), al igual que comida judía europea (schnitzel, goulash, pescado gefilte y blintzes). Los judíos practicantes tienen prohibido cocinar en el sabbat, así que los sábados la mayoría se alimenta de cholent, un pesado estofado cocinado la noche anterior. Entre los platos árabes destacan el falafel (garbanzos condimentados con especias y fritos), la tahina (pasta de sésamo), el humus (garbanzos y pasta de ajo) y las pitas. Las leyes religiosas prohíben el alcohol a los musulmanes, y a los judíos ortodoxos tampoco les entusiasma, así que el té (al estilo árabe, con menta y un montón de azúcar) junto con el café suponen la principal bebida. Otras consumiciones muy aceptadas por los palestinos son los zumos de tamarindo, dátil y almendra. · Benítez, J.J.: Jerusalén (Caballo de Troya 1), Editorial Planeta, Barcelona, 2000 · Oz, Amos: Una pantera en el sótano, Ediciones Siruela, Madrid, 1998; La caja negra, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1999 · Grossman, David: Véase: amor, Tusquets Editores, Barcelona, 1993; La sonrisa del cordero, Tusquets Editores, Barcelona, 1995 · Chomsky, Noam: Autodeterminación y nuevo orden: los casos de Timor y Palestina, Txalaparta Argitaletxea, Tafalla, 1998 · Alafenisch, Salim: El mercader de incienso, Ediciones Siruela, Madrid, 1992 · Jiménez, Iker: Fronteras de lo imposible, Editorial Ekal, Madrid, 2001 · Álvarez-Ossorio, Ignacio: El miedo a la paz: de la guerra de los Seis Días a la segunda intifada, Asociación Los Libros de la Catarata, Madrid, 2001
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