Nombre oficial:República Democrática de Madagascar Superficie: 594,180 km² Población: 16.97 millones hab. Capital: Antananarivo (Tana) (4,000.000 hab.) Nacionalidades y etnias: malayo-indonesios; procedencia mixta de origen africano, malayo-indonesio y árabe; franceses, indios, criollos, comoranos Idioma: malgache y francés Religión: 52% creencias indígenas, 41% cristianos, 7% musulmanes Régimen político: república Presidente: Marc Ravalomanana Primer ministro: Jacques Sylla
PIB: 12,3 billones de dólares PIB per cápita: 800 dólares Crecimiento anual: 4,8% Inflación: 10% Principales recursos económicos: Principales socios comerciales: Francia, Hong Kong, China, Japón, Singapur
Visados: se debe obtener un visado antes de llegar al país. Los visados poseen una validez de tres meses a partir de la fecha de entrada Condiciones sanitarias: malaria, bilharzia, hepatitis y peste bubónica (de encontrarse con el cadáver de algún animal, es mejor mantenerse a una distancia prudente) Hora local: GMT+3 Electricidad: 110 y 220 V; ante la duda, es preferible optar por 220 V Pesos y medidas: sistema métrico
Monedafranco malgache Comidas · Presupuesto bajo: entre 1 y 3 dólares · Presupuesto medio: entre 3 y 5 dólares · Presupuesto alto: a partir de 5 dólares Alojamiento · Presupuesto bajo: entre 4 y 10 dólares · Presupuesto medio: entre 10 y 20 dólares · Presupuesto alto: a partir de 20 dólares Madagascar constituye uno de los destinos más económicos. De hecho, prácticamente será improbable pagar más de 10 dólares por una comida en la mayoría de los establecimientos y un alojamiento barato puede costar 2,5 dólares. Evidentemente, se tratará de una habitación cochambrosa, compartida con chinches y ladillas, y que tal vez se haya utilizado como prostíbulo. Un hospedaje económico que reúna las mínimas condiciones de higiene y seguridad puede alcanzar los 5 dólares. En las zonas rurales se puede sobrevivir incluso con 10-15 dólares diarios, entre comida y alojamiento, pero los gastos aumentan notablemente en Tana, y en especial en la isla turística de Nossi-Bé. Para acceder a un alojamiento cómodo y degustar la mejor gastronomía de la isla, hay que contar con un presupuesto diario de unos 30-50 dólares, y a partir de 150 para alojarse y alimentarse en los hoteles más lujosos de Nossi-Bé y Tana. Es preferible proveerse de francos franceses o, en su defecto, de dólares, libras esterlinas o marcos alemanes. El franco malgache equivale a 100 céntimos, pero estas monedas, insignificantes, apenas se estilan. Existen cuatro grandes bancos con sucursales por todo el país, con al menos una oficina en cualquier población importante, donde se pueden canjear divisas. En estas entidades es factible cambiar cheques de viaje de compañías reconocidas y efectivo de las monedas más corrientes. Los hoteles de alto standing de Tana y algunas de las poblaciones más relevantes también ofrecen un servicio de cambio de efectivo y cheques de viaje para sus clientes, pero con unas comisiones del 10%. Las tarjetas de crédito son admitidas en los grandes hoteles de las ciudades y las zonas turísticas, las oficinas de las líneas aéreas y las agencias de viajes importantes, pero no así en otros lugares. No se acostumbra dar propinas, excepto en los hoteles lujosos de Tana y Nossi-Bé. Por lo general, las autoridades turísticas locales tienden a oponerse a las gratificaciones, pero se puede redondear la cuenta de un restaurante o bien dejar una propina si el servicio ha resultado excepcionalmente bueno. En cambio, el regateo forma parte del modus vivendi, excepto en aquellos enclaves donde se suele compensar. El concepto de un precio fijo es prácticamente desconocido, salvo en los hoteles de precio medio o alto; en los comercios pequeños y mercados nunca se debe pagar el primer precio solicitado. Los viajeros nunca consiguen pagar menos que los lugareños, pero quien no regatea contribuye a que los precios se disparen por encima del bolsillo local y, para colmo, se le toma por idiota. Antananarivo (Tana) Como tantas otras capitales asiáticas o africanas, Tana aparece superpoblada, contaminada y bulliciosa, pero también cuenta con algunas zonas de imprescindible visita. En el centro de la parte baja de la metrópoli se halla Araben ny Fahaleovantena (generalmente conocida como Avenue de l'Indépendance); en uno de sus extremos se emplaza la estación de ferrocarril y, en el otro, el hotel Glacier. Este distrito, denominado Analakely, rebosa mercados callejeros permanentes, con un mar de sombrillas color crema, apoyadas precariamente sobre viejas llantas, que cobijan a los vendedores. Al suroeste de Analakely se sitúa Kianja ny Fahaleovantena (Place de l'Indépendance) en la zona bautizada como Haute-Ville (Ciudad Alta), lugar donde se ubican la oficina central de correos, diversas entidades bancarias, restaurantes y discotecas. Cuesta arriba, las callejuelas cruzan iglesias y otros vetustos edificios reales hasta alcanzar las ruinas del Rova, el antiguo palacio de la reina; fue arrasado por un incendio en 1995, sin duda provocado por motivos políticos durante las elecciones locales. El inmenso mercado de Zoma, junto a Araben ny Fahaleovantena, se erige como uno de los emplazamientos más visitados de Tana. Los comerciantes se agrupan según el tipo de producto que venden y resulta uno de los mejores parajes para adquirir artesanía malgache. Se debe tener en cuenta la existencia de carteristas rondando la zona, así que es aconsejable portar únicamente el dinero necesario para comprar lo deseado. En el noreste de Tana, en el mercado de Andravoahangy, picapedreros, bordadoras, libreros, carpinteros y otros artesanos trabajan y comercian sus artículos; puede admirarse el proceso de elaboración de su obra, aunque la selección de productos posee más calidad en Zoma. Para quienes aún no hayan visitado los parques nacionales del interior del país pueden gozar con el Parque Botánico y Zoológico de Tsimbazaza. Cuenta con varias especies de lémures (libres y enjaulados), incluido el aye-aye, así como otros tipos peculiares de garcetas, garzas, cocodrilos y las tortugas radiada y de Aldabra. En el recinto del zoológico se ubica el Museo de la Academia Malgache, con excelentes exposiciones naturales y culturales, que incorporan los restos del esqueleto y los huevos conservados del extinto pájaro elefante, los lémures gigantes, un hipopótamo blanco de cola corta y un dugongo. Otra sala contiene una exposición de arte funerario malgache y sobre la vida de un pueblo tribal. El centro de Tana ofrece una amplia gama de alojamientos, pero la relación calidad-precio no puede calificarse de sobresaliente. Los hoteles más económicos, sucios y ruidosos, suelen utilizarse como burdeles, de modo que a aquellos viajeros que no puedan costearse un hospedaje con mayor higiene y seguridad les convendría dirigirse a las zonas rurales. Tana no cuenta con una extensa oferta de restaurantes, a pesar de los casi cincuenta años de dominio francés; muchos ofrecen menus du jour y plats du jour a un relativo buen precio. En las afueras de la urbe y en la zona que bordea el mercado de Zoma se hallan puestos callejeros donde pueden adquirirse los productos más variados, desde platos de yogur y helado a samosas de carne y otros manjares inidentificables de masa frita. Existen igualmente hotelys de diversas gamas de calidad en las proximidades de las paradas de taxi-brousse (taxis rurales), más allá del centro urbano; siempre es factible encontrar alguno con comida aceptable. Nossi-Bé Nossi-Bé es la isla turística por excelencia en Madagascar; en sus inmediaciones aparecen otras menores, como Nossi-Komba, Nossi-Tanikely, Nossi-Sakatia, Nossi-Mitsio y Nossi-Iranja. A Nossi-Bé acuden aquellos que desean unas vacaciones propias de los complejos turísticos, con una buena selección de restaurantes y clubes nocturnos, pero además existen magníficos parajes donde bucear junto a las islas más pequeñas. Aunque relativamente cuenta con poco veraneante de pareo y viaje organizado, Nossi-Bé resulta terriblemente caro. Andoany (Hell-Ville, en francés), la capital, resulta una población alegre y agradable de unos treinta mil habitantes que apenas parece haber cambiado desde la primera llegada de sus colonizadores. Se pueden visitar la antigua prisión, construida en 1855, y otros edificios coloniales. Marodoka, un enclave cautivador y apenas conocido de Nossi-Bé, constituye un vestigio costero lentamente devorado por la selva. La leyenda local atribuye su construcción a los náufragos de un barco indio arrojados a la costa en el siglo XVII o XVIII. La Reserva Natural Integral de Lokobe contiene las últimas 740 ha de vegetación original de Nossi-Bé, y alberga boas constrictor, lémures negros, camaleones y la serpiente malgache de hocico de cerdo. El monte Passot se erige como el pico más alto de la isla, con apenas 329 m de altura, un emplazamiento ideal para disfrutar de la puesta de sol o simplemente admirar las vistas. Está rodeado de las hermosas aguas azules de los sagrados lagos de los cráteres de Anjavibe, Amparihimirahavavy, Bemapaza, Antsahamanavaka, Antsidihy, Amparihibe y Maintimaso. Air Madagascar ofrece vuelos diarios entre Tana y Nossi-Bé; TAM y Air Austral, ambas con base en Reunión, vuelan desde dicha isla. Nossi-Bé está situada a 700 km al norte de Tana. Reserva Natural Integral de Tsingy de Bemaraha Esta zona antes resultaba prácticamente inaccesible, pero desde que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco cuenta con un creciente número de itinerarios turísticos. Tsingy de Bemaraha, sita al oeste del país, con un inmenso bosque de pináculos erosionados de piedra caliza habitado por una fauna impresionante, constituye la zona protegida más extensa de Madagascar (152.000 ha). La reserva está formada por dos parques, el Petit Tsingy y el Grand Tsingy. Hasta la fecha, se han registrado 53 especies de aves, ocho de reptiles y seis de lémures. Las visitas organizadas a Tsingy pueden incluir un espectacular recorrido en canoa por el río Manambolo. Al sur del Petit Tsingy se halla la magnífica garganta de Manambolo donde pueden atisvarse cascadas, lémures y magníficos bosques vírgenes. Llegar hasta la reserva durante la temporada de lluvias por cuenta propia resulta prácticamente imposible. Durante la temporada seca, se puede tomar desde Belo-sur-Tsiribihina uno de los ocasionales taxis-brousses hacia Bekopaka, a 80 km de distancia. El taxi seguirá hasta que la carretera resulte intransitable, momento en el que el viajero deberá caminar o atravesar varios ríos en un carro tirado por cebúes. El acceso a la reserva aparece más asequible desde Bekopaka. Durante la temporada turística, a mediados de año, se habilitan algunos vuelos entre Morondava y Belo, y también se pueden utilizar los taxis-brousses, que circulan con regularidad. Bekopaka se encuentra a 600 km al oeste de Tana. Parque Nacional de la Montaña de Ambre El destino turístico más visitado del norte de Madagascar cubre 18.200 ha de un prominente macizo volcánico. Creado en 1958 para conservar los tesoros biológicos de la zona así como el macizo en sí mismo, el Parque Nacional de la Montaña de Ambre cuenta con una flora y fauna prácticamente idénticas a las de las selvas del Este, con algunas especies endémicas inexistentes hacia el Sur. El bosque es frondoso, con más de 3.500 mm de lluvia al año. De las siete especies de lémures que habitan el parque, las más notables son el lémur coronado y el lémur pardo de Sanford. Los reptiles y anfibios destacan por su variedad, con ranas, salamanquesas, camaleones y serpientes. Merece la pena fijarse en el extraño camaleón de nariz azul y en el camaleón de cola de retoño. Los aficionados a la ornitología no se sentirán decepcionados con las 73 especies de aves registradas en la reserva. La montaña de Ambre supone un magnífico enclave para efectuar excursiones a pie durante la temporada seca, y cuenta con unos 20 km de senderos bien preservados. Se recomienda visitar la Petite Cascade, un pequeño y hermoso salto de agua que cae a una magnífica poza de piedra rodeada de acantilados cubiertos de helechos, y el Petit Lac, un lago sereno en el interior de un cráter al que se accede por un empinado sendero. En las inmediaciones de la Petite Cascade aparece un camino conocido como el Jardin Botanique, una pista forestal con una interesante mezcla de plantas extrañas, entre las que figuran orquídeas, palmas, lianas y bromelias. El parque se emplaza a unos 800 km al norte de Tana, y la población importante más próxima es Antsiranana, con vuelos diarios de Air Mad desde Tana. Se puede contratar un taxi-brousse desde Antsiranana para acceder al parque y los 40 km de camino están asfaltados. Mahajanga Mahajanga es el segundo puerto en importancia de Madagascar, situado en la desembocadura del río Betsiboka en la bahía de Bombetoka, en la costa noroeste. Intensamente caluroso, polvoriento, aletargado y de difícil acceso, es un destino poco frecuentado por los viajeros. Este pueblo fronterizo en decadencia consta de amplias avenidas, una arquitectura interesante, soportales umbríos y buganvillas en flor -una explicación del nombre de la población es que proviene del suahili y significa villa de las flores-. Cuenta con numerosas iglesias y al menos una veintena de mezquitas, ya que acoge a la comunidad musulmana más numerosa de Madagascar. Las playas de los alrededores son relativamente seguras, aunque están manchadas por el rojo sangre de las tierras altas arrastradas hasta el mar. Situada frente al canal de Mozambique, Mahajanga se emplaza a 400 km al noroeste de Tana. Está comunicada por avión con Tana, Nossi-Bé y Antsiranana, y es también un punto de tránsito para los vuelos que se dirigen a los remotos asentamientos de la costa oeste. También se puede ir en taxi-brousse desde Tana; el trayecto de entre 12 y 15 horas (mucho más largo en la temporada de lluvias) permite contemplar una verdadera catástrofe medioambiental. Parque Nacional de Isalo Este parque fue fundado en 1962 y cuenta con 81.540 ha de un macizo de piedra arenisca sometido a una espectacular erosión. Los extraordinarios paisajes bien valen varios días de exploración a pie, pero se debe ir acompañado de un guía. Las llanuras de hierba están rodeadas de barrancos de arenisca esculpida en formas delirantes, y escondidas entre las rocas se encuentran numerosas tumbas Sakalavas. Si el guía se resiste a hablar de las catacumbas, no hay que insistir, ya que permanecen muchos tabúes (fady) en la región. El Canyon des Singes (cañón de los monos) ofrece una interesante excursión de una jornada, así como la posibilidad de ver saltar sifakas (lémur común) entre las ramas de los árboles. En el cercano Canyon desRats se encuentran las tumbas Bara Zafimagnel; se puede solicitar al guía que las enseñe o bien omitir esta visita. También es factible seguir el cañón a pie hasta la Piscine Naturelle, un paseo caluroso y sediento, pero que bien merece la pena por los magníficos paisajes del trayecto. La Grotte des Portugais se halla en el extremo norte del parque. La cueva no es de gran interés pero, en cambio, la Forêt de Sahanafa que la rodea destaca por su belleza, con fuentes naturales y abundantes lémures. El Isalo se halla a unos 400 km al suroeste de Tana; la población más cercana es Ranohira. Es necesario desplazarse en taxi desde Tana a Ihosy y contratar otro servicio para recorrer los 91 km hasta Ranohira. Desde esta población se accede al parque en un corto viaje en taxi-brousse. Fianarantsoa Situada en el centro de la zona agrícola más productiva del país, Fianarantsoa se erige como la capital académica e intelectual de Madagascar. Fianar cuenta con una selección sorprendentemente interesante de alojamientos cómodos y económicos. Al Oeste, el telón de fondo de la población está dominado por el monte Kianjasoa, de 1.374 m de altitud. La urbe posee un auténtico ambiente de tierra alta; es necesario proveerse de una chaqueta, porque realmente puede llegar a hacer mucho frío. En la década de 1970, una empresa suiza supo aprovechar el potencial vinícola de la zona circundante y en la actualidad se ha convertido en la primera región vitivinícola del país. También resulta factible visitar la plantación de té de Savahamby,a 22 km al este de Fianar. Basse-Ville es la zona más pobre pero también la más animada de la ciudad, con la oficina central de correos, una estación de tren sorprendente de estilo suizo y paradas de taxi-brousse. Nouvelle-Ville se cuenta como su zona comercial, con bancos y hoteles, pero el distrito más hermoso es Haute-Ville, situado en lo alto de una colina con vistas sobre el resto de distritos. Posee hermosas callejuelas, un ambiente tranquilo y panorámicas pintorescas al lago Anosy y a los arrozales de los alrededores. Haute-Ville se distingue desde abajo por un manojo de campanarios; a causa de una intensa actividad misionera, Fianar constituye la ciudad con mayor presencia católica en Madagascar. Dado que existe transporte regular por carretera entre Tana y Fianar, únicamente se han habilitado dos vuelos semanales. La carretera se halla en excelentes condiciones y desde Tana, a 410 km al Norte, y Antsirabe, en la misma ruta a 240 km, cuenta con un buen número de taxi-brousses. La población malgache constituye una mezcla de un pueblo negroafricano (proveniente del este de África) y de un pueblo malayopolinesio (seguramente originario de Indonesia y el Sureste asiático), que habita la isla desde hace unos mil quinientos o dos mil años, aunque los hallazgos arqueológicos de objetos de piedra apuntan a la posible existencia de una cultura anterior. Tras el establecimiento de ambas poblaciones en la isla fueron llegando con el paso del tiempo esclavos africanos, comerciantes árabes, indios y portugueses, piratas europeos y colonos franceses, hasta formar los denominados 18 clanes oficiales que habitan en la actualidad en Madagascar. Los primeros malgaches trajeron consigo los cultivos propios de su región del Sureste asiático; las actuales zonas agrícolas, con sus interminables arrozales, recuerdan más a Asia que a África. Marco Polo ya citó la existencia de la isla en el relato de sus viajes, e igualmente era conocida por los cartógrafos árabes. Los portugueses se convirtieron en los primeros europeos en llegar, con una flota al mando de Diego Dias en 1500. En los siglos posteriores pasaron por Madagascar portugueses, holandeses y británicos, sin establecer ninguna base duradera, hasta que a partir del siglo XVII los piratas consiguieron lo que no había logrado ninguno de sus gobiernos: aportaron botines, tesoros enterrados y genes a la población local, especialmente en la zona de Île Ste-Marie. En la época en que empezaba a combatirse la piratería en el Caribe, más de un millar de corsarios ingleses, franceses, portugueses, holandeses, americanos y de otros orígenes se establecieron en la costa este de Madagascar para utilizarla como base de operaciones y atacar las naves que doblaban el cabo de Buena Esperanza. El aumento del comercio de armas y esclavos auspiciado por los europeos provocó el auge de los reinos malgaches, surgiendo de este modo pequeños estados rivales. Hacia finales del siglo XVIII, el clan merina había impuesto su dominio. En 1820 los británicos firmaron un tratado en el que reconocían a Madagascar como estado independiente bajo el control de los merinas. La influencia británica se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX, pero a partir de 1883 Francia se había convertido en el único poder europeo reconocido en Madagascar (a cambio del reconocimiento de la soberanía británica en Zanzíbar por parte de los franceses). En 1896, la isla fue finalmente anexionada por los franceses, que establecieron una administración colonial bajo la dirección del general Joseph Gallieni como primer gobernador general. En 1897, exilió a la reina Ranavalona III, aboliendo de esta forma la monarquía. Igualmente, intentó suprimir toda influencia británica y acabar con la lengua malgache, declarando el francés como idioma oficial. Aunque, en teoría, los franceses habían abolido la esclavitud en la isla, en la práctica el régimen fiscal constituía una fuerza tan represiva, que aquellos que no podían pagar los impuestos eran condenados a trabajos forzados. La tierra fue expropiada por compañías y colonos extranjeros, desarrollándose así una economía de importación y exportación basada en las plantaciones de café. Durante la II Guerra Mundial, al pasar la administración francesa a manos de los colaboracionistas de Vichy, Gran Bretaña respondió con una invasión, supuestamente para evitar que Japón utilizara Madagascar como base militar en el océano Índico. Los británicos devolvieron el poder a los franceses libres de De Gaulle en 1943. Finalizada la contienda, Madagascar experimentó una reacción nacionalista: numerosos malgaches, educados según criterios franceses y las nociones de libertad, igualdad y fraternidad, ya no estaban dispuestos a estar considerados ciudadanos de segunda categoría en su propio país. La rebelión de 1947 fue sofocada con una dura represión francesa, que costó miles de vidas malgaches (posiblemente unas ochenta mil), pero el sistema ya empezaba a resquebrajarse. En la década de 1950 surgieron diversos partidos políticos y, cuando De Gaulle volvió al poder en Francia en 1958, los malgaches votaron por una república autónoma amparada por la comunidad de territorios franceses de ultramar. La isla disfrutó de una transición pacífica hacia la independencia de 1960, aunque los colons, como se seguía denominando a la población de origen francés, se mantenían en una posición destacada. El primer presidente, Philibert Tsiranana, auspició un modelo represivo en su gobierno, y aun siendo un merina (clan de tendencia socialista), se negó a establecer relaciones con ningún país comunista. En 1972, sofocó con violencia una revuelta en el sur del país, marcando de esta forma el principio de su declive. Poco después dimitió y concedió plenos poderes al general Gabriel Ramanantsoa. Desde su independencia, la economía de Madagascar inició una paulatina recesión, que se aceleró con la retirada de la Communauté Financière Africaine (CFA), cuando la comunidad agrícola francesa decidió marcharse, llevándose consigo su capital, sus métodos y su tecnología. Una rápida sucesión de generales en la presidencia, uno de los cuales fue asesinado apenas una semana después de ocupar su cargo, no consiguió mejorar la situación económica. Un grupo de oficiales liderados por el almirante Didier Ratsiraka trató de salvar la nave, nacionalizando los bancos y otras grandes empresas sin compensación. Los franceses que permanecían en la isla abandonaron el país con todas sus pertenencias, capital y credenciales. Hacia finales de la década de 1970, Madagascar se había desligado por completo de Francia y su gobierno cortejaba seriamente a los países comunistas; incluso Ratsiraka publicó su propio libro rojo de políticas y teorías de gobierno. Para hacer frente a la crisis económica, el gobierno se vio obligado a seguir las imposiciones dictadas por el FMI, basadas en una nueva política de austeridad. Con estas medidas la situación mejoró ligeramente, pero de nuevo se sufrió un nuevo deterioro. Ratsiraka venció en las elecciones de marzo de 1989; las acusaciones de fraude por parte de sus adversarios provocaron disturbios. A éstos les siguieron, en 1991, nuevos enfrentamientos, cuando la guardia presidencial, entrenada en Corea del Norte, asesinó a unos manifestantes ante el opulento nuevo palacio de Ratsiraka (construido también con ayuda de ese mismo país). Los primeros años noventa trajeron consigo el descontento civil. Tras una legislatura de cuatro años a cargo del profesor Albert Zafy, incapaz de unir el país ni sobreponerlo a tantos años de desgobierno burocrático, Ratsiraka se hizo inesperadamente con el triunfo en los comicios de 1996. El hecho de que apenas el 25% de los 6,5 millones de votantes censados se molestara en ir a votar indica la escasa confianza que conservan los malgaches en la política. En 1998 se proclamó una nueva constitución que otorgaba a Ratsiraka mayores poderes a la hora de elegir a los miembros del gobierno. A principios de 2000, Madagascar fue arrasado por devastadores huracanes que, además de causar inundaciones y una destrucción masiva, provocaron más de ciento treinta víctimas y dejaron a más de diez mil personas sin hogar. Los resultados de las elecciones presidenciales de diciembre de 2001 fueron dudosos, pues tanto Ratsiraka como Ravalomanana reclamaban la victoria. Después de muchas protestas y huelgas multitudinarias, Ravalomanana se declaró a sí mismo presidente en febrero de 2002 y se estableció en la capital, Antananarivo, mientras que Ratsiraka y sus fuerzas se trasladaban a la ciudad portuaria de Tamatave. Ratsiraka huyó a París meses después, aunque las fuerzas que le son leales siguen activas, a veces impidiendo el abastecimiento de la capital. Ravalomanana derrotó ampliamente a la oposición en las elecciones de diciembre de 2002, asegurándose la legitimidad que precisaba. El nuevo presidente asumió la reforma de la decrépita economía nacional, y anunció subidas de sueldos a los políticos en un esfuerzo de acabar con la corrupción. Tocó las teclas adecuadas en el Banco Mundial que, junto con Francia y EE UU, prometieron una ayuda total de 2300000000,00. Ellos, como millones de malgaches, tenían la esperanza de que Ravalomanana, un millonario hecho a sí mismo, podría aprovechar al fin el potencial económico de Madagascar. En diciembre de 2004, el tsunami del océano Índico llegó a la costa oriental de Madagascar, destruyendo infraestructuras y dejando a unas mil personas sin hogar. La mayor parte de la música malgache contemporánea y tradicional se basa en ritmos de danza con influencias indonesias y continentales, en particular de Kenia. Estos ritmos se acompañan con flautas, silbatos y la valiha, un instrumento de 28 cuerdas parecido a un fagot pero que se toca de forma similar a un arpa. El lokanga voatavo, o cordófono, es igualmente muy corriente, así como diversos tipos de guitarras, incluido el kabosy, parecido a un ukelele. El vaky soava se corresponde con un estilo de canto rítmico acompañado exclusivamente por palmas; uno de sus intérpretes más conocidos, Paul Bert Rahasimanana, desarrolló un estilo personal que incluía acompañamiento musical. Sus temas incluyen la pobreza, el amor, la pérdida y la esperanza. La población regional de Fianarantsoa se ha convertido en los últimos años en una especie de capital literaria, al acoger a diversos novelistas y escritores contemporáneos. Si bien la literatura no llegó a desarrollarse hasta las décadas de 1930-1940, la oratoria tradicional, denominada kabary, está muy bien considerada. Sus raíces se remontan a las asambleas políticas tradicionales, cuyos participantes se turnaban la palabra; tras su evolución y popularización, llegó a extenderse hasta un público más amplio como forma de entretenimiento. El kabary es una parte fundamental del hira gasy, un género de espectáculo secular que incluye música, danza y relatos orales que se representa en Tana los domingos por la tarde. Si bien oficialmente Madagascar posee una cultura y lengua comunes, la población malgache se divide en 18 clanes cuyas fronteras se rigen más por las pertenecientes a los antiguos reinos que por las características étnicas de la población. La mayoría de malgaches son de raza mixta, pero algunos, como los merinas de la zona de Antananarivo, poseen un perfil predominantemente indonesio, mientras que otros, como los vezos de la costa suroeste, con fuertes vínculos con el África oriental, se asemejan a los negros africanos. Madagascar posee dos lenguas oficiales: el francés y el malgache, este último muy extendido. Pertenece a la familia de las lenguas austronesias, que incluye el indonesio y muchos otros idiomas polinesios; su pariente lingüístico más cercano se habla en el sur de Borneo. También ha adoptado palabras del francés, el árabe, las lenguas africanas más cercanas y el inglés. El 52% de los malgaches practican religiones tradicionales, e incluso los cristianos declarados (41%) tienden a respetar con devoción los ritos de estas creencias. Los malgaches reverencian a los muertos, y le otorgan tanta importancia al más allá como al presente. El alma de los fallecidos desempeña un papel más importante en las vidas de los vivos que en prácticamente cualquier otra cultura. En los funerales se desarrollan rituales muy elaborados y, si se cree que los muertos no han quedado satisfechos, se efectúan rituales adicionales para apaciguarlos. El más conocido es el famadihana, o retorno de los huesos, en el que se exhuma el cuerpo, se le habla y se le entretiene para luego volverlo a enterrar con presentes y un nuevo sudario. También habitan comunidades musulmanas que, entre todas, suman aproximadamente un 7% de la población. El elemento dominante de la comida malgache es el arroz, vary, pero éste no acompaña a la comida, sino que es ésta la que actúa como complemento. Por lo general, en las cantinas al borde de las carreteras se sirven grandes platos de arroz con un pequeño acompañamiento a base de ternera, pescado o pollo. Aparte de este alimento, entre los platos preferidos de los malgaches, figuran el romazava (un estofado de ternera y verduras) y el ravitoto (estofado de cerdo con hojas de yuca). Numerosos platos van acompañados de un curry avinagrado y picante denominado achards. El pescado de la costa resulta económico y exquisito; prácticamente durante todo el año se puede adquirir una amplia gama de frutas tropicales (voankazo): piñas, lichis, mangos y plátanos. Debido a la influencia francesa, se estila más el café, excelente, que el té. La cerveza local THB (Three Horses Beer) resulta igualmente muy apreciada. En las proximidades de Ambalavao y Fianarantsoa se producen varios vinos de gran calidad, incluido uno de color grisáceo denominado, cómo no, gris. También se encuentran diversos tipos de brebajes, todos ellos de una potencia más que suficiente para quitar el aliento. El toaka grasy es un ron tosco a base de arroz y caña de azúcar; el trembo, un ponche de coco; y el litchel, una bebida alcohólica de frutas a base de lichis. De más categoría es el roma, un ron destilado. Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo, después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo. Su tamaño se aproxima al de la Península Ibérica. Situada en el océano Índico, está separada de Mozambique, en el continente africano, por los 400 km del canal de Mozambique. A diferencia de sus islas vecinas volcánicas (Mauricio, Reunión, Rodrigues y Comores), Madagascar forma parte de un trozo desprendido del continente africano, y no del resultado de una erupción volcánica (se separó del continente hace unos 165 millones de años). La mayor parte de la gran selva tropical (muy degradada) se extiende a lo largo de una estrecha franja costera oriental; la meseta central, en las tierras altas, consta de un clima fresco; al Oeste se extienden las llanuras y las mesetas bajas. Esta nación puede considerarse un continente en miniatura, con hábitats enormemente contrastados. Al igual que otras islas, contiene innumerables especies endémicas, algunas verdaderamente extrañas. La comunidad ecologista internacional lo ha identificado como uno de los países con mayor riqueza ecológica del planeta; Madagascar y las cercanas islas Comores cuentan con casi una cuarta parte de todas las plantas de floración de África. Alberga también el 90% de las especies conocidas de lémures y la mitad de los camaleones del mundo. Súmense a ello los baobabs, los cactos y los aloes, propios de las regiones secas, y empieza a formarse la imagen de una ecología desbordante. A su llegada, los seres humanos trajeron consigo el arroz y las técnicas de tala y quema para crear terrenos cultivables, habiendo provocado, en la actualidad, una situación descorazonadora, con apenas un 15% de la masa forestal original. A excepción del extremo sur, Madagascar se halla dentro de los trópicos, aunque las mesetas altas o hauts plateaux -que recorren prácticamente por completo la longitud de la isla y constituyen su eje-, son tan frescas que permiten el cultivo de manzanas, frutas con hueso e incluso viñas por encima de los 800 m. También puede nevar en invierno en las cotas máximas. Los alisios soplan del Este y los monzones llegan desde el Noroeste. La mayor parte de la lluvia descarga en la costa este y el extremo norte, pero a causa de la barrera montañosa, en el suroeste de las tierras altas domina un clima seco. Entre enero y marzo la costa oriental, el extremo norte y, en ocasiones, el extremo sur son abatidos por huracanes que llegan a ser devastadores. · Eckstron, Christine; Lanting, Frans: Paraísos Olvidados, RBA Publicaciones, Barcelona, 1998 · Durrell, Gerald: Rescate en Madagascar, Alianza Editorial, Madrid, 1994
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