Nombre oficial: República de las Maldivas Superficie: 298 km² Población: 301.475 hab. Capital: Malé (62.973 hab.) Nacionalidades y etnias: de origen cingalés, dravídico, negroafricano y árabe Idioma: divehi, inglés Religión: musulmanes sunníes Régimen político: república presidencialista Presidente: Maumoon Abdul Gayoom
PIB: 500 millones de dólares PIB per cápita: 1.840 dólares Crecimiento anual: 5,8% Inflación: 6,3 % Principales recursos económicos: pesca, turismo, transporte marítimo, construcción naval, confección de esteras, cuerdas, artesanía, coral y minas de arena, cocos, maíz, boniatos Principales socios comerciales: Sri Lanka, Estados Unidos, Singapur, Reino Unido, India, Hong Kong, Japón, Alemania, Tailandia
Visados: los ciudadanos de la mayoría de nacionalidades necesitan visado, que se obtiene en la frontera a la llegada al país de forma gratuita, y para una estancia máxima de 30 días. Condiciones sanitarias: peligro de insolación Hora local: GMT+5 Electricidad: 220-240 V, 50 Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo: 300.000 visitantes al año Monedarufiyaa Comidas · Presupuesto bajo: entre 7 y 10 rufiyaas · Presupuesto medio: entre 12 y 25 rufiyaas · Presupuesto alto: a partir de 25 rufiyaas Alojamiento · Presupuesto bajo: entre 30 y 160 dólares · Presupuesto medio: entre 160 y 500 dólares · Presupuesto alto: a partir de 500 dólares Alojarse en un hotel económico en la capital puede ascender a 35 dólares diarios si se comparte habitación. Las tarifas de los complejos turísticos más baratos rondan los 50 dólares al día, en temporada baja, por un dormitorio doble y a pensión completa. Durante gran parte del año, en la mayoría de puntos veraniegos, adquirir estos servicios en las mismas condiciones supondrá unos 100 dólares por jornada. El precio para hacer submarinismo varía entre los diferentes centros, pero los aficionados más entusiastas que deseen realizar unas diez inmersiones a la semana deberán calcular 350 dólares semanales si disponen de equipo propio, o 500 si lo alquilan todo. Las tarifas para los safaris submarinos oscilan entre los 60 y los 160 dólares al día en función del lujo, a lo que se añaden unos setenta dólares si se realiza una inmersión. Salvo que el visitante se contente con tomar el sol en la playa durante toda su estancia, se deberá prever desembolsar alrededor de 30 dólares diarios para alquilar tablas de windsurf, equipo de submarinismo con tubo, pistas de tenis, y los elementos necesarios para disfrutar de otras actividades. Permanecer en un complejo turístico facilitará el pago de los servicios utilizados, incluidos en la misma cuenta, que se podrá abonar con cheques de viaje o tarjeta de crédito (American Express, Visa y MasterCard son las más aceptadas). Es preferible contar con efectivo en dólares, pero otras divisas fuertes también suelen aceptarse. No es necesario poseer rufiyaas, salvo para adquirir productos en los comercios o servicios locales. Oficialmente, en el archipiélago de las Maldivas no se recomienda dejar propinas. Extraoficialmente, si el servicio ha resultado excelente (hecho habitual), se suele gratificar al personal de habitaciones y a los camareros del hotel. Una cantidad de 10 dólares por semana será más que adecuada. Algunos establecimientos añaden un 10% en concepto de servicio, en cuyo caso no es necesario dar propina. El regateo está circunscrito a los establecimientos turísticos anclados en el bazar Singapur y sus alrededores, en Malé, y a las tiendas de recuerdos de las poblaciones que no ofrezcan precios fijos. MaléPequeña, singular y densamente poblada, Malé (pronúnciese [Marlay]) no puede considerarse un emplazamiento espectacular, pero se trata de una capital muy suya. Esta urbe, limpia y ordenada, posee mezquitas, mercados, un laberinto de callejuelas y mucho encanto. Aunque en ocasiones pueda parecer una aletargada localidad rural, surgen nuevos edificios por doquier y la localidad parece estar a punto de reventar. La isla de Malé posee unos 2 km de longitud y una anchura de 1 km, y rebosa edificios, carreteras y algunos espacios abiertos bien aprovechados. Oficialmente, cuenta con 65.000 habitantes pero, añadiendo los trabajadores extranjeros y los visitantes procedentes de otras islas, esta cifra puede ascender a cien mil; de hecho, es la impresión que ofrece. La isla ha duplicado su tamaño mediante la recuperación de terrenos; las islas cercanas han adquirido funciones determinadas, como de aeropuerto. Existen proyectos para desarrollar otras islas y reducir la presión que se ejerce sobre Malé. Entre los modestos atractivos de la urbe, figura el Museo Nacional, que expone caóticamente objetos pertenecientes al sultán y diversas muestras de los hallazgos arqueológicos realizados por Thor Heyerdahl (numerosas esculturas antiguas y figuras de piedra aparecen en su libro El misterio de las Maldivas). En las proximidades de la institución cultural yace el agradable parque del Sultán, así como la imponente gran mezquita del Viernes, que destaca en el perfil de la ciudad. Más de una veintena de mezquitas aparecen diseminadas por la población, aunque algunas se limitan a una sala de coral con techo metálico. La más antigua, la Hukuru Miski, es célebre por sus intrincadas piedras esculpidas. Un largo panel, tallado en el siglo XIII, conmemora la introducción del islamismo en Maldivas, mientras que, en el exterior, un cementerio alberga la tumba de Abdul Barakatul Barbari y las lápidas de antiguos sultanes. Entre los restantes puntos de interés, figura el bazar Singapur, un conglomerado de comercios que disponen de objetos de artesanía local de calidad y un surtido de bagatelas para turistas, ya sean locales o importadas. También destacan los establecimientos especializados en artículos de ferretería, pesca y mercancía general para proveer a las poblaciones de la zona. En los numerosos salones de té, los hombres maldivos degustan las comidas breves (pequeños tentempiés), fuman, mascan y charlan. Malé posee alojamientos y restaurantes económicos, pero la vida nocturna se halla confinada a los salones de té y a escasos restaurantes de estilo occidental. Un par de cines proyectan películas épicas indias y films taquilleros de Hollywood. Los extranjeros residentes en Malé suelen dirigirse a un centro turístico cercano en sus días libres. Seenu (Atolón Addu)Puede considerarse la segunda ciudad de Maldivas; su centro turístico se ha convertido en el mejor punto de partida para visitar las tradicionales comunidades isleñas maldivas. Los addu son muy recelosos de su independencia; se comunican en un idioma diferente al de la capital y, en una ocasión, intentaron separarse de la República. La principal influencia sobre la historia moderna de Addu se focaliza en las bases británicas que se establecieron en la isla de Gan, durante la II Guerra Mundial, como parte de la defensa en el océano Índico. En 1956, los británicos establecieron una base de la Royal Air Force como puesto avanzado estratégico durante la guerra fría. Contaba con un personal permanente de unas seiscientas personas que alcanzaba las tres mil en los períodos de mayor actividad. Construyeron puentes y carreteras que unían las islas de Feydhoo, Maradhoo e Hithadhoo, y utilizaron como mano de obra a numerosos lugareños. En 1976, los británicos abandonaron la base, pero muchos de sus empleados, que hablaban un buen inglés y tenían experiencia trabajando para occidentales, estaban bien cualificados para participar en lo que pronto sería una industria turística en auge. El desarrollo turístico en Addu ha tardado en despegar, pero se ha instalado un complejo turístico en las antiguas dependencias de la Royal Air Force en Gan y, en la actualidad, se encuentra adecuadamente enlazado con la capital mediante un nuevo vuelo de Air Maldives. El Ocean Reef Resort se aleja del prototípico paraíso tropical de una isla maldiva, pero la antigua base militar le confiere un toque único. Gan está unida mediante puentes a las islas vecinas, y resulta sencillo y agradable desplazarse por ellos en bicicleta, lo que permite visitar las poblaciones de la zona y conocer las costumbres y cultura de sus gentes. Atractivos turísticosLa mayoría de los visitantes se dirige a Maldivas en un viaje organizado, y se aloja en uno de los más de setenta establecimientos especializados de las islas. La mayoría de estos centros están situados en tres atolones próximos a la capital: el atolón del norte de Malé, el atolón del sur de Malé y el atolón Ari. Existen algunos más en los atolones inmediatos que, en breve, quizá se desarrollen más a fondo. A juzgar por los folletos, todos resultan maravillosos, gozan de arena blanca, mar azul y palmeras, e incluso prometen fantásticas inmersiones. Sin embargo, pese a su aparente similitud, varían de forma considerable en comodidad, alimentación, clientela, carácter e idoneidad para realizar excursiones y las más diversas actividades. La calidad del alojamiento y la comida guarda una estrecha relación con el precio; ninguno de los complejos turísticos de Maldivas puede considerarse impropio, pero tampoco resultan precisamente económicos. Algunos disponen de habitaciones modernas similares a las de un hotel; otros han sido diseñados siguiendo parámetros más rústicos, con techos de paja y suelos de arena. Los establecimientos más espaciosos y económicos atraen preferentemente a una clientela joven, en su mayoría solteros; suelen disponer de un estilo informal y atestarse de clientes con ganas de divertirse. Los más diminutos son más íntimos y cómodos, y pueden resultar más atractivos para las parejas y los recién casados. Algunos establecimientos se centran exclusivamente, en mayor o menor medida, en determinadas nacionalidades, en especial italianos, alemanes, franceses y japoneses. Todos los complejos ofrecen submarinismo, pero algunos son reconocidos destinos para buceadores avezados. Es necesario tener en cuenta que algunos locales ofrecen mejor acceso que otros a determinados puntos de buceo, pueblos tradicionales o a la capital. Los primeros habitantes probablemente arribaron al archipiélago procedentes de Ceilán (Sri Lanka) y del sur de India antes de 500 a.C. Se cree que ya en 2000 a.C. las islas estuvieron situadas en la encrucijada de rutas comerciales de diversas naciones marítimas. Los maldivos mantienen que un antiguo pueblo de adoradores del sol, los redin, fueron los primeros habitantes de las islas, y dejaron como herencia las creencias y costumbres relacionadas con los espíritus malignos o jinnis, aún vigentes en la actualidad. Los redin abandonaron el territorio hacia el año 500 a.C. o fueron absorbidos por los budistas procedentes de Ceilán o los hindúes de India. Dado que los materiales de construcción eran limitados, cada grupo edificó sus estructuras más importantes sobre aquellas dejadas por los anteriores pobladores. Esto explica por qué muchas mezquitas maldivas están orientadas hacia el sol y no hacia la Meca. Los comerciantes árabes que se dirigían a Extremo Oriente ya realizaron visitas al archipiélago en el siglo II d.C. Conocidas como las islas del Dinero, proporcionaban enormes cantidades de conchas de caurí que, en tiempos remotos, se utilizaban como moneda internacional. La conversión al islamismo en 1153 d.C. marca un antes y un después en la historia de Maldivas. Según la tradición maldiva, un jinni del mar denominado Rannamaari reclamó el sacrificio regular de jóvenes vírgenes en Malé. Abdul Barakatul Barbari, visitante árabe del norte de África, ocupó el lugar de la muchacha que iban a sacrificar y expulsó al demonio leyendo el Corán. El rey maldivo de la época se convirtió al islamismo y, más adelante, Barakatul pasó a ser el primer sultán. Se sucedieron seis dinastías de sultanes. Cuando los portugueses arribaron por primera vez, en el siglo XVI, existían dos dinastías en el poder, los Malei y los Hilali. Los portugueses, deseosos de controlar una porción mayor de las lucrativas rutas comerciales del océano Índico, construyeron un fuerte y una fábrica en Malé, pero de inmediato pretendieron obtener mayores beneficios de los maldivos. En 1558, el capitán Andreas Andre dirigió la invasión portuguesa durante la cual el sultán Alí VI fue asesinado. Andre gobernó Malé y gran parte del país durante los siguientes quince años. La ocupación portuguesa finalizó con violencia en 1573, cuando un jefe isleño, Mohamed Takurufán, dirigió un ataque sobre la guarnición principal portuguesa y exterminó a todos los defensores. En el siglo XVII, Maldivas pasó a estar bajo la protección de los neerlandeses y, posteriormente, de los británicos, pero ninguno de ellos dispuso un gobierno colonial. Hacia 1860, los mercaderes borah procedentes de Bombay establecieron almacenes y comercios en Malé y de inmediato monopolizaron el comercio exterior. El sultán Mohamed Muenudín II, molesto por el creciente poder económico de los borah, firmó un acuerdo con los británicos en 1867 que garantizaba la plena independencia de las islas. El archipiélago se convirtió en protectorado británico (1887) y permitieron a Gran Bretaña construir instalaciones de defensa. El sultanato se convirtió en un cargo electivo (ya no hereditario) cuando, en 1933, se estableció la primera Constitución de las islas. En 1953, el cargo fue abolido y se proclamó la república con Amin Didi como primer presidente. Transcurrido menos de un año, Didi fue derrocado; se restableció el sultanato, y Mohamed Farid Didi fue elegido el sultán número 94 de Maldivas. Paralelamente, los británicos obtuvieron un permiso para restablecer su aeródromo militar en el atolón Addu, en el extremo sur del país. En 1956, la Royal Air Force (fuerzas aéreas británicas) empezó a desarrollar la base como punto de escala, y utilizó a centenares de maldivos para emprender la repoblación de la isla de Gan. Ibrahim Nasir, inmediatamente después de ser elegido primer ministro en 1957, solicitó una revisión del acuerdo y el incremento del pago anual. Se produjo seguidamente una insurrección contra el gobierno a cargo de los habitantes de los atolones Addu y Suvadiva (Huvadu), que se opusieron a la solicitud de Nasir de que los británicos cesaran de emplear mano de obra local. Influidos por la presencia británica, decidieron emanciparse y crear un estado independiente. En 1962, Nasir envió embarcaciones de guerra a los atolones del sur, y la rebelión fue sofocada. Poco después, los británicos reconocieron la soberanía de las islas y, en 1965, Maldivas alcanzó la plena independencia. En 1968, tras un referéndum, el sultanato volvió a ser abolido; se creó una nueva república con Nasir como presidente. Su gobierno autocrático finalizó una década más tarde cuando, temeroso por su vida, huyó del país para refugiarse en Singapur. El progresista Maumoon Abdul Gayoom fue elegido nuevo presidente. Gayoom ha permanecido en el poder desde entonces; ha sobrevivido a los golpes de estado de 1980 y 1988. En 1993, fue elegido para un cuarto mandato de cinco años; su presidencia fue confirmada por un referéndum, que superó con una mayoría abrumadora. Los últimos años se han caracterizado por la modernización, el rápido crecimiento económico y una mejora de gran parte de los indicadores sociales. Los principales responsables de este crecimiento incluyen la industria pesquera, el turismo y la ayuda exterior. Maumoon Abdul Gayoom fue elegido por sexta vez presidente en 2003, año en el que Amnistía Internacional acusó a su govierno de violar los derechos humanos. En 2004 numerosas personas fueron detenidas sin cargos en manifestaciones en favor de la democracia. Por ello, la UE decidió suspender un multimillonario envío de ayuda humanitaria a la zona. Aunque los espectáculos de música y danzas tradicionales no llegan a celebrarse a diario, existe una fuerte cultura divehi contemporánea con gran capacidad de adaptación, pese a las influencias extranjeras, que abarcan desde la filmografía india a las artes marciales, pasando por Michael Jackson y el fundamentalismo islámico. Las modas occidentales, la música pop y los vídeos resultan habituales en la capital, pero en las celebraciones públicas, como el comienzo y el final del Ramadán, los festejos siempre mantienen las peculiaridades maldivas. Existen tres periódicos y varias revistas en la única lengua nacional, grupos de rock divehi y edificios de plantas inspirados en la arquitectura de las construcciones tradicionales del archipiélago. Bodu beru designa a un gran tambor que ha cedido su nombre a la música y danza tradicionales más conocidas. Los hoteles turísticos ofrecen interpretaciones de este son en las veladas dedicadas a la cultura local, que pueden resultar un espectáculo refinado e interesante: los bailarines comienzan con un lento balanceo de brazos que se va acelerando siguiendo la cadencia, para concluir con un ritmo endiablado. Un conjunto de bodu beru está formado por entre cuatro y seis percusionistas, y el sonido cuenta con fuertes influencias africanas. Los grupos locales de rock a menudo actúan en establecimientos turísticos donde realizan convincentes versiones de éxitos de toda la vida. Al tocar ante un público local, tal vez incorporen elementos de bodu beru en su música, con mucha percusión y largos solos de tambor. Las cintas de los conjuntos locales pueden adquirirse en los establecimientos de música de Malé. Los maldivos, musulmanes sunníes, profesan el islamismo. Si bien está prohibida cualquier otra religión, perviven antiguas creencias: los isleños temen a los jinnis, espíritus malignos que llegan del mar, la tierra y el cielo, a quienes se culpa de todo aquello que no puede explicarse mediante la religión o la ciencia. El pescado y el arroz constituyen los alimentos básicos de los maldivos, mientras que la carne y el pollo únicamente se comen en ocasiones especiales. Los platos nacionales se basan en el pescado frito, el pescado al curry y la sopa de pescado. El arecanut (nuez oval que se masca junto con hojas de betel, clavo y lima) puede considerarse el equivalente a nuestra copita después de la cena. El alcohol únicamente se encuentra en los establecimientos turísticos. La bebida local, el raa, es un delicioso y dulce ponche que se extrae de la copa del tronco de la palmera. Además del coco, escasas frutas y verduras crecen en las islas, por lo que la mayoría de los alimentos que se sirve a los turistas es importada. Las islas Maldivas están formadas por una cadena de 26 atolones coralinos situados al suroeste de Sri Lanka, y abarcan 754 km de longitud y 118 km de anchura. Las 1.192 islas coralinas son tan diminutas que la tierra de secano supone menos del 4% del territorio total del país. Algunas islas constituyen meros bancos de arena deshabitados con una porción de matojos, mientras que otras disponen de varios kilómetros y vegetación abundante. En general, las lagunas presentan un color azul brillante, con asombrosos arrecifes de coral y una rica vida marina. Aunque la estricta legislación sobre pesca y explotación comercial ha mantenido el entorno marino en un estado de conservación perfecto, en 1998 los arrecifes sufrieron los efectos de El Niño: el aumento de la temperatura del mar durante dos semanas despojó a los arrecifes de un alga simbiótica que provocó el descoloramiento de los pólipos coralinos. Aunque esto puede conllevar consecuencias desastrosas, la mayoría de los arrecifes de coral de Maldivas salieron indemnes y parece que ninguna especie marina se ha visto afectada. Los arrecifes permanecen como el enclave idóneo para practicar el submarinismo y el buceo con tubo, aunque hayan perdido temporalmente parte de su belleza multicolor (un proceso cíclico que se superará, según los biólogos marinos y los especialistas en arrecifes). A pesar de que muchas de las islas de mayor tamaño se erigen como la representación perfecta de una fantasía tropical rebosante de palmeras, la mayoría posee un suelo arenoso pobre que únicamente permite el crecimiento de una variedad limitada de plantas: bambú, pandanáceas, plátano, manglares, árbol del pan, banyans (Ficus bengalensis), parras tropicales y numerosos cocoteros. Las islas más extensas y con mayor humedad albergan limitadas zonas selváticas. Los principales cultivos se reducen al boniato, la batata, la malanga, el mijo y la sandía, aunque algunas islas más fértiles cuentan con árboles cítricos y piñas. La fauna salvaje escasea; pueden verse murciélagos gigantes de la fruta, lagartos de vivos colores y ocasionales ratas. Entre los animales domésticos, figuran gatos, algún que otro pollo, cabras y algunos conejos. La fauna más interesante se encuentra bajo el agua. Con unas gafas de buceo y un tubo, se pueden contemplar peces mariposa, peces ángel, peces loro, rascacios, peces unicornio, trompeteros, pargos de listas azules, ídolos moros, plectognatos y otras muchas especies. Igualmente, los submarinistas podrán buscar animales de mayor tamaño, como tiburones, pastinacas, mantas, tortugas marinas y delfines. En general, los monzones dividen al año en dos épocas climáticas: de diciembre a marzo, los meses más secos, cuando aparece el monzón del Noreste, o ruvai; y de abril a noviembre, cuando el monzón del Suroeste, o ulhangu, provoca un clima más húmedo, un mayor número de tormentas y vientos fuertes ocasionales. La temperatura media diurna se mantiene en unos 28ºC durante todo el año. La humedad disminuye durante la temporada seca, pero generalmente sopla una refrescante brisa marina. · Heyerdahl, Thor: El misterio de las Maldivas, Editorial Juventud, Barcelona, 1986 · Battuta, Ibn: A través del Islam, Alianza Editorial, Madrid, 1997 · VV AA: Asia occidental y meridional. Tierras y gentes, Editorial Debate, Madrid, 1997 · Paniker, Agustín: El Jainismo: historia, sociedad, filosofía y práctica, Editorial Kairós, Barcelona, 2001 · Callabed, J.: Viaje a Ceilán y Maldivas, Editorial Laertes, Barcelona, 1989
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