Todo el turismo, información y ocio para tus viajes
Buscador
Título Destino
English
Italiano
Français
Deutsch
中文简体
日本語

Inicio > Viajes > América > Martinica

Martinica
ampliar mapa +
Introducción ·
Información práctica ·
Cuándo ir ·
Fiestas y celebraciones ·
Dinero y precios ·
Qué ver ·
Otras rutas ·
Actividades ·
Historia ·
Cultura ·
Entorno y medio ambiente ·
Cómo llegar ·
Cómo desplazarse ·
Lecturas recomendadas ·
Deseo ir a...
Continente

País
Ciudad
Ir a destino

Martinica es una porción de Francia situada en los trópicos. Los isleños siguen los dictados de la moda parisina, consumen baguettes y croissants y pagan con francos. Sin embargo, la música zouk que suena en los aparatos magnetofónicos, los bares y las salas de fiesta nos recuerda que sus habitantes tienen una cultura propia, imbuida sólidamente en las tradiciones criollas de las Antillas.

Su capital, Fort-de-France, una urbe moderna y elegante de cien mil habitantes, constituye la mayor de las Antillas francesas. Gran parte de la isla está urbanizada, y sus ciudades más relevantes podrían confundirse con modernas barriadas. No obstante, casi una tercera parte está ocupada por bosques, y otras muchas zonas están destinadas al cultivo de piñas, plátanos y caña de azúcar. Aún es posible encontrar algunos pueblos de pescadores y playas apartadas, así como multitud de senderos por las montañas.

Nombre oficial: Departamento de Martinica Superficie:
1.080 km²
Población: 414.516 hab.
Capital: Fort-de-France (100.072 hab.)
Nacionalidades y etnias: 90% de origen africano, 5% franceses; además de indios, sirios y libaneses
Idioma: francés, dialecto criollo, inglés (en menor medida)
Religión: 90% católicos, adventistas del Séptimo Día, hindúes, judíos
Régimen político: departamento de ultramar de Francia
Presidente: Jacques Chirac




Visados: los ciudadanos de la Unión Europea necesitan carné de identidad oficial, pasaporte en regla o tarjeta de residencia francesa. Los ciudadanos de los demás países necesitan pasaporte en regla y visado para Francia. Los visitantes deberán mostrar el billete de ida y vuelta o algún billete de conexión. Las exigencias para entrar en Martinica están sujetas a constantes cambios, por lo que se recomienda a los viajeros dirigirse al consulado o a la sección consular de la Embajada de Francia para ser informado al respecto.
Condiciones sanitarias: quemaduras solares, diarreas y parásitos intestinales; la bilharzia (esquistosomiasis) puede estar presente en el agua dulce Hora local: GMT-4
Electricidad: 220V, 50Hz
Pesos y medidas: sistema métrico
Turismo: 775.000 visitantes al año

Martinica es cálida durante todo el año, con temperaturas que suelen rozar los 30°C durante el día. La humedad es mayor en septiembre y menor en abril. La mejor época para visitar la isla abarca de febrero a mayo, período ligeramente más fresco y seco, aunque coincide con la temporada alta, provocando que los precios sean más elevados, y las atracciones y los alojamientos estén más concurridos.

Su animado Mardi Gras (martes de Carnaval) se celebra todos los años entre febrero y marzo durante los cinco días que preceden al miércoles de Ceniza. Las calles están permanentemente abarrotadas de gente que desfila disfrazada al son de todo tipo de música. Gran parte de la actividad se centra alrededor de la Savane en Fort-de-France. Saint-Pierre conmemora el 8 de mayo la erupción de la montaña Pelée, con conciertos de jazz y una procesión con velas desde la catedral.

También se organizan eventos deportivos relevantes, como el Tour de Martinica, una carrera ciclista que se lleva a cabo durante una semana a mediados de julio; el Tour des Yoles Rondes, competición de barcos de vela tradicionales que se celebra la primera semana de agosto; y un semi-maratón alrededor de Fort-de-France que acontece en noviembre. Los amantes de la música pueden disfrutar del Festival Bienal de Jazz de Martinica, previsto una semana de diciembre los años impares, o del Festival de Guitarra, los años pares.

Calendario de Fiestas Oficiales

1 de enero - Año Nuevo Semana Santa - Viernes Santo, Lunes de Pascua

A los cuarenta días de Pascua - Jueves de la Ascensión

Octavo lunes después de Pascua - Lunes de Pentecostés

1 de mayo - Día del Trabajo

8 de mayo - Día de la Victoria

22 de mayo - Día de la Abolición de la Esclavitud

14 de julio - Día de la Bastilla

21 de julio - Día de Schoelcher

15 de agosto - Día de la Asunción

1 de noviembre - Día de Todos Los Santos

11 de noviembre - Día del Armisticio

25 de diciembre - Día de Navidad

Moneda
euro

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 4 y 10 euros
· Presupuesto medio: entre 10 y 30 euros
· Presupuesto alto: a partir de 30 euros

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 50 y 80 euros
· Presupuesto medio: entre 80 y 120 euros
· Presupuesto alto: a partir de 120 euros

Para visitar Martinica, los viajeros con un presupuesto reducido deberán contar al menos con 80 dólares al día; es posible ajustarse a un gasto moderado de 150 dólares si se utiliza el transporte público y se come tipo pícnic. Viajar con comodidad supondrá unos 300 dólares diarios, o incluso más, con comida y alojamiento, aunque si uno se deja seducir por las compras puede llegar a disparar sus previsiones.

En hoteles, restaurantes y agencias de alquiler de coches importantes aceptan las tarjetas Visa (Carte Bleue) y MasterCard (Eurocard). En el resto es necesario pagar con francos. Es preferible no canjear dinero en los hoteles, dado que sus comisiones son más elevadas que en las agencias de cambio o los bancos. Como en Francia, las tarifas hoteleras incluyen tasas y servicios, y los restaurantes suelen añadir la propina a la factura.

Fort-de-France

Si bien Fort-de-France es la ciudad más grande y cosmopolita de las Antillas francesas, gran parte de su encanto reside en su emplazamiento natural a orillas de la Baie des Flamands (bahía de los flamencos), enmarcada por los Pitons du Carbet, que se erigen hacia el Norte. La mezcla de callejuelas estrechas y bulliciosas, parques, oficinas y edificios de finales del siglo XIX, que albergan boutiques y cafeterías, le confieren un cierto glamour.

El centro de la urbe está dominado por la Savane, un gran parque con fuentes, palmeras y donde se organizan conciertos al aire libre. Igualmente situado frente al mar, el parque floral cuenta con un mercado público donde se pueden comprar cocos y demás productos típicos de la isla; cerca de allí se encuentra un mercado de pescado.

Entre los edificios más relevantes destaca la biblioteca Schoelcher, un edificio pintoresco y cuidado provisto de una cúpula bizantina, cuyo diseño corresponde al arquitecto Henri Pick, quien la construyó en París para la Exposición Universal de 1889; posteriormente fue desmantelada y trasladada en barco a Fort-de-France, donde se reconstruyó. La catedral de Saint-Louis, otra creación de Pick, data de 1895 y contiene unas magníficas vidrieras y un órgano inmenso.

Entre otros lugares de interés, cabe citar el palacio de Justicia, edificio neoclásico de 1906 que se asemeja a una estación de trenes francesa; el Museo Departamental de Arqueología, cuyas exposiciones se basan en el pasado amerindio de la isla; y el Acuario de Martinica, que muestra especies del hábitat de los ríos tropicales.

Saint-Pierre

Denominada en otros tiempos el Pequeño París de las Antillas y antigua capital de Martinica, Saint-Pierre avanza a la sombra de su pasado cosmopolita y del volcán que la destruyó por completo en 1902. Los habitantes de la isla la reconstruyeron tras la erupción, y gran parte de ella aún conserva el emboque de finales del siglo XIX, con sus balcones de hierro forjado y sus contraventanas. El Museo Vulcanológico muestra numerosos objetos que sufrieron los efectos de la erupción, como arroz petrificado y clavos fundidos. Desde las escaleras que se alzan sobre las ruinas del antiguo teatro, se pueden contemplar los vestigios del pasado más remoto de la ciudad.

Anse Turin, una larga playa de arena gris situada al sur de Saint-Pierre, incorpora en su demarcación el Museo Paul Gauguin, templo de uno de los mejores pintores posimpresionistas. Se puede curiosear entre los recuerdos, cartas y reproducciones de los cuadros del artista, incluidos Bord de Mer I y L'Anse Turin - avec les raisiniers, que fueron creados en la playa colindante durante los cinco meses que el pintor permaneció en Martinica en 1887.

Route de la Trace

La Route de la Trace (ruta de la huella) sigue un sendero por las montañas, al norte de Fort-de-France, marcado por los jesuitas del siglo XVI. Atraviesa una selva de elevados helechos, laderas cubiertas de anturios y matas de bambúes, y cruza la vertiente oriental de las montañas volcánicas de Pitons du Carbet. Los isleños achacan los zigzagueos de la carretera a la afición de los jesuitas al ron.

A menos de diez minutos en coche desde la capital se encuentra la iglesia de Balata, réplica en menores dimensiones de la basílica del Sacré-Coeur de París. La vista desde su cúpula romano-bizantina abarca desde Fort-de-France hasta la zona turística de Pointe du Bout. A diez minutos por carretera se halla el jardín de Balata, un jardín botánico emplazado en una selva tropical con senderos que serpentean entre árboles y flores tropicales, como el jengibre, la heliconia, los anturios y las bromelias.

Les Salines

Para aquellos que deseen tomar el sol resulta muy recomendable la punta sur de la isla, poco explotada y donde se encuentra una de las mejores playas: Les Salines. El árido clima de esta zona hace que el cielo permanezca soleado cuando en la isla dominan las nubosidades. La playa atrae a numerosos visitantes los fines de semana y en vacaciones, pero es suficientemente grande y no se producen aglomeraciones. El nombre de Les Salines procede del Étang des Salines (estanque de las salinas), el enorme embalse de agua salada ubicado detrás. Conviene tener cuidado con los árboles venenosos Manchineel Trees (hippomane mancinella), la mayoría señalados con una marca roja, que crecen en la playa, especialmente en el extremo suroriental.

Saint-Marie

Uno de los elementos clave en la historia y cultura de Martinica es su ron; la cantidad de azúcar que se produce cristaliza en melazas que, tras un tiempo de reposo, se convierten en ron.

El Museo del Ron se ubica en las destilerías de la plantación Saint-James, al norte de Sainte-Marie. Entre sus objetos destacan máquinas a vapor de elaboración de azúcar, alambiques de ron y aparatos para moler la caña. Incorpora una sala de catas donde se pueden probar diferentes tipos de ron, y también puede visitarse el ingenio de azúcar y una destilería.

A unos 5 km al norte de Sainte-Marie se halla Fond Saint-Jacques, antiguo monasterio dominico con una plantación de azúcar que data de 1660. Aquí fue donde un fraile dominico modernizó el arte de destilar el ron. La capilla y la mayoría de dormitorios aún permanecen intactos. Otros restos que rodean el monasterio son el ingenio de azúcar, los depósitos para destilar, la sala de calderas y la fábrica de azúcar.

Anse Cerón

Desde Saint-Pierre se puede tomar un camino que desemboca en Anse Céron, una playa de arena negra situada en una especie de selva. Cuenta en su parte posterior con abundantes cocoteros, y frente a su costa se puede contemplar Ilet la Perle, una roca redondeada sita mar adentro, magnífica para practicar el buceo.

Su condición de playa recóndita no la han privado de todas las comodidades: ducha, aseos, mesas para pícnic y colmado. Por un carril empinado que bordea la playa a lo largo de 1,5 km, se accede a un camino que, tras seis horas de recorrido, llega a Grand Rivière, 20 km al Norte.

Gran Rivière

Grand Rivière es un pueblo de pescadores inexplorado que goza de una situación paradisíaca bajo los acantilados de la costa, en la punta norte de Martinica. La montaña Pelée forma un abrupto telón de fondo hacia el Sur, mientras que hacia el Norte se divisa la vecina Dominica.

A orillas del mar se ha emplazado un mercado de pescado e hileras de barcos de pesca de vivos colores alineados en una cala de arena negra. En su extremo occidental las condiciones del agua permiten practicar surf. Existe un sendero de excursionistas de 20 km que se dirige a Anse Couleuvre, en la costa noroccidental.

Las montañas de Martinica posibilitan sencillas excursiones desde Fort-de-France, especialmente por la selva de Pitons du Carbet o las ruinas del Château Dubuc, en la península Caravelle. Otros caminos más arduos ascienden por las vertientes de la montaña Pelée, en el extremo noroccidental de la isla, y alrededor de la costa norte, menos explotada.
En la costa suroccidental se encuentran las mejores playas de arena blanca o dorada; constituyen el mejor lugar para bañarse y nadar. Las playas de arena gris y negra de la costa nororiental suelen ser más peligrosas. En la zona de Trois-Ilets se hallan las concurridas playas de Anse-à-l'Ane y Anse Mitan. Entre las más conocidas de la costa este se encuentran Cap Chevalier y Macabou, al Sur, y las de la península Caravelle de Anse l'Étang y Tartane.
Durante la erupción volcánica de 1902 se hundieron más de una docena de barcos en la bahía de Saint-Pierre, un incentivo añadido para practicar el submarinismo. Grand Anse, con sus tranquilas aguas y precioso coral, resulta un lugar apropiado para aquellos que deseen iniciarse en el deporte del buceo. Cap Enragé, al norte de Case-Pilote, cuenta con numerosas cuevas submarinas que albergan cientos de peces y langostas. Rocher du Diamant (peñasco del diamante) también ofrece la posibilidad de descubrir sus cuevas, aunque las aguas son más traicioneras. Ilet la Perle, roca que se alza en la costa noroccidental, es el enclave idóneo para observar meros, anguilas y langostas, siempre que el mar no esté demasiado embravecido. Se puede practicar el buceo con tubo alrededor de Grand Anse, Sainte-Anne y la costa de Saint-Pierre a Anse Céron.

Cuando Colón avistó Martinica, estaba poblada por indígenas que la denominaban Madinina, isla de Flores. Pasarían tres décadas antes de que el primer grupo de colonos franceses, dirigido por Pierre Belain d'Esnambuc, arribara a la costa noroccidental. Construyeron un pequeño fuerte en 1635 y establecieron una colonia que se convertiría posteriormente en su primera capital, Saint-Pierre. El año siguiente, el rey francés Luis XIII firmó un decreto que autorizaba el uso de esclavos en las Antillas francesas.

Los conquistadores emprendieron de inmediato la colonización de las tierras, y hacia 1640 se habían extendido hacia el Sur, hasta Fort-de-France, donde construyeron un fuerte en el peñón situado sobre el puerto. Al talar los bosques para disponer las plantaciones de azúcar se intensificaron los conflictos con los nativos, llegando a desatarse una guerra que provocaría la expulsión forzosa en 1660 de todos los caribeños que habían sobrevivido a la contienda.

Los británicos, también interesados por Martinica, la invadieron y ocuparon entre 1794 y 1815. La isla prosperó bajo su dominio: los propietarios de las plantaciones vendían su producción en el mercado británico en lugar del francés. Gracias a esta ocupación, Martinica evitó la Revolución Francesa; cuando los británicos devolvieron la isla a Francia en 1815, las guerras napoleónicas habían finalizado y el imperio francés entraba de nuevo en un período de estabilidad.

La hija más famosa de Martinica es la emperatriz Josefina, esposa de Napoleón. Según cuenta la leyenda, en el momento de su nacimiento (1763, Trois-Ilets) se le acercó un adivino que presagió que algún día se convertiría en reina.

Poco después de que se restableciera la administración francesa en Martinica, la época dorada de la caña de azúcar inició su decaída debido a la saturación de los mercados y a la introducción del azúcar de remolacha, lo que erosionó los precios en el territorio francés. Con la disminución de sus riquezas, los aristocráticos hacendados vieron menguada su influencia política, cobrando fuerza el movimiento abolicionista dirigido por Victor Schoelcher, responsable del gabinete ministerial francés de las posesiones de ultramar. Schoelcher convenció al gobierno provisional para que proclamara en 1848 la emancipación que avoliría la esclavitud en las Antillas francesas.

En 1902, una erupción de la montaña Pelée (volcán que aún permanece activo) asoló Saint-Pierre y provocó un escape de gas ultracaliente; el impacto fue 40 veces superior que la bomba atómica arrojada sobre Hiroshima. Sólo sobrevivió uno de los 30.000 residentes de la ciudad (Auguste Ciparis, que estaba prisionero). A pesar de su reconstrucción, la capital se trasladó permanentemente a Fort-de-France y desde entonces Saint-Pierre, considerada durante mucho tiempo la ciudad con mayor desarrollo cultural de las Antillas francesas, sólo fue la sombra de lo que había sido.

En la Segunda Guerra Mundial, Martinica cayó bajo el gobierno de Vichy en la división francesa posterior a la invasión nazi. Cuando los nazis se aburrieron de París e invadieron el sur, también tomaron el control de las colonias. En 1946, Martinica se convirtió en un departamento ultramarino de Francia, con una situación similar a la de los departamentos de la metrópolis, y, en 1958, cuando pudieron elegir entre integrarse en la comunidad francesa continental o independizarse, optaron por la seguridad de la primera opción. En 1974, se integró más en el redil político como una región de Francia. El estado administrativo de Martinica progresó hasta ser el de una región y, al cabo de nueve años, se instituyó un consejo regional. En los dos puestos caribeños de Francia, Guadalupe y Martinica, se utilizan la moneda y los sellos franceses, y ondea la bandera francesa. Pero cada vez son más las voces que reclaman una mayor autonomía interna y los grupos separatistas siguen organizándose. En 1998, Alfred Marie-Jeanne asumió la presidencia. En 2001, el poeta Aimé Cesaire, de 87 años, que había sido alcalde de Fort-de-France 47 años, se retiró del cargo, aunque no de su posición privilegiada en la literatura postcolonial.

Pese a la omnipresente influencia francesa en su cultura, las tradiciones criollas de las Antillas francesas prevalecen en la gastronomía, el lenguaje, la música y las costumbres de la isla. Aunque el idioma oficial es el francés, la mayoría de los isleños habla también el dialecto criollo, que surgió de la lengua franca empleada por los primeros colonizadores para comunicarse, unida a las influencias de las lenguas utilizadas por los esclavos africanos.

El biguine, danza afro-francesa con ritmo de bolero, nació en Martinica hacia 1930. Una creación más contemporánea de las Antillas francesas, el zouk, está inspirada en el biguine y en otras danzas folclóricas franco-caribeñas. Con su ritmo de carnaval y una danza insinuante, el zouk se ha vuelto tan popular en Europa como lo es en el Caribe francés.

Un movimiento literario y filosófico conocido como négritude (negritud) surgió en los años treinta, principalmente a través de las obras de Aimé Césaire, poeta y alcalde de Fort-de-France entre 1945 y 1993, cuando se retiró de su actividad política. El movimiento négritude perseguía fomentar los valores sociales y culturales de los negros y reestablecer vínculos con las tradiciones africanas que habían sido suprimidas con el colonialismo francés.

Martinica, una diminuta isla del Caribe oriental, está bañada por el mar del Caribe en sus costas occidental y meridional y por el océano Atlántico en la zona oriental y septentrional. Hacia el Norte se encuentra la isla de Dominica; en el Sur, Santa Lucía.

Su territorio está formado por colinas, mesetas y montañas y ocupa unos 65 km de largo por 20 de ancho. La montaña Pelée es el pico más alto, con 1.397 m; se trata de un volcán activo ubicado en el extremo norte. El centro de la isla está dominado por los montes Pitons du Carbet (Crestas del Bohío), una cadena montañosa de 1.207 m de altitud.

Martinica alberga un gran número de plantas con flores de vivos colores, y el tipo de vegetación varía según la cota y la frecuencia de las lluvias. En el interior septentrional las laderas de las montañas están cubiertas de selva tropical, compuesta de helechos, campos de bambú, viñas trepadoras y árboles de hoja caduca, como la caoba, el palisandro, la acacia y el danto amarillo. Su zona meridional, más seca, cuenta con la típica vegetación de sabana: cactus, jazmín de las Antillas, bálsamos y arbustos de acacia y palo campeche o de tinte. Habitan lagartos, zarigüeyas, mangostas y serpientes venenosas de la especie terciopelo. Entre las aves en peligro de extinción figuran la gallina de agua endógena, el trembler y el thrasher de pecho blanco.

La isla destaca por su clima cálido y soleado, con temperaturas medias entre los 21 y los 28°C en enero o julio. Las lluvias fuertes acontecen durante unos trece días en abril, el más seco, y aproximadamente el doble en septiembre, el mes más lluvioso. La humedad media de Martinica es elevada: desde un 80% en marzo y abril al 87% de octubre y noviembre. El interior septentrional, más montañoso, es más fresco y lluvioso que la costa.

La mejor vía de acceso a Martinica es a través de Francia. Las compañías aéreas Air France, AOM, Air Liberté y Nouvelles Frontières fletan vuelos diarios entre París y Martinica. También es factible desplazarse a la isla desde Estados Unidos: American Airlines vuela desde Miami, Nueva York y Boston; todos sus aviones enlazan en San Juan de Puerto Rico. Air France también cuenta con un servicio directo desde Miami. hay que abonar una tasa al salir de Martinica, aunque algunos billetes la incluyen directamente en el precio.

Air Martinique, Air Guadeloupe y Air France ofrecen vuelos que conectan Martinica y Guadalupe, San Martín y Santa Lucía. La compañía LIAT, con base en Antigua, une Martinica con las islas de habla inglesa del Caribe.

Además de ferrys entre Martinica, Guadalupe, Dominica y Santa Lucía, la Compagnie Générale Maritime cuenta con un trasbordador semanal con destino a Francia para carga y pasajeros. Los barcos de cruceros atracan en Pointe Simon, en Fort-de-France. En Martinica, la navegación es muy popular, y existen muchas compañías chárter que operan en la isla.

La mejor forma de viajar por el interior de Martinica es en coche. Existen numerosas agencias de alquiler en el aeropuerto. Muchas compañías ofrecen una tarifa donde se carga un extra por cada kilómetro conducido. El carné de conducir propio del visitante es válido, y se conduce por la derecha. También se pueden alquilar motocicletas.

El transporte público es la opción más económica; consiste en autobuses conocidos como taxis collectifs. Una de las rutas más útiles es el trayecto de Fort-de-France a Saint-Pierre. Funcionan con frecuencia los días laborables (los domingos se reduce el servicio) y tardan unos 45 minutos. Son más cómodos los taxis, pero también mucho más caros.

Un par de ferrys regulares (vedettes) realizan el trayecto entre la zona turística principal, Pointe du Bout, y Fort-de-France; resultan una buena alternativa al viaje en autobús y a los problemas del tráfico y aparcamiento, aparte de ser más rápidos.

El único aeropuerto comercial de Martinica se ubica en Lamentin, 9 km al este de Fort-de-France; se halla a diez minutos de la capital y a unos veinte de Pointe du Bout. En el aeropuerto se puede tomar un taxi, aunque resulta caro; si el viajero piensa alquilar un coche durante su estancia en la isla, conviene que lo haga al aterrizar. Los taxis han provocado que no exista un servicio directo de autobús desde el aeropuerto.


· Chamoiseau, Patrick: Texaco, Editorial Anagrama, Barcelona, 1994
· Césaire, Aimé: Poemas, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1979
· Thomas, Gordon; Morgan Witts, Max: El día en que murió Guernica, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1986
< anterior · siguiente >
0/0
· Imprimir destino
· Otros destinos

Guías de viajes: Guías de viajes de países | Guías de viaje de ciudades | Catálogo | Novedades | Próximamente | Colecciones
Legal: Aviso legal  | Quiénes Somos | Grupo Planeta

·