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Micronesia
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Un país que intenta ilegalizar las corbatas y las gorras de béisbol bien merece un comentario. A pesar de hallarse estrechamente atado por las cuerdas de la economía y la política estadounidense, Micronesia se aferra con obstinación a su forma de vida tradicional: los hombres todavía lucen taparrabos y la moneda de piedra todavía circula. Los micronesios se sienten orgullosos de su pasado; en especial, porque navegaban por el Pacífico antes de que Colón conociese a la reina Isabel. En las aguas de estas tranquilas islas hay algunos de los mejores pecios (restos de naves naufragadas o hundidas) del mundo y se considera un paraíso, todavía por descubrir, para los amantes de la playa y el submarinismo.

Nombre oficial: Estados Federados de Micronesia Superficie: 702 km²
Población: 114.000 hab.
Capital: Palikir (Pohnpei)
Nacionalidades y etnias: micronesios y polinesios Idioma: inglés, chuukés, pohnpeyo, yapés y kosraeno Religión: 50% católicos romanos y 47% protestantes
Régimen político: gobierno constitucional en libre asociación con Estados Unidos
Presidente: : Joseph J Urusemal




Visados: no es necesario para los turistas que prevén quedarse como máximo 30 días. Dicho plazo vuelve a empezar cada vez que el viajero cambia a un grupo de islas diferente. El pasaporte debe tener una validez mínima de 120 días. Condiciones sanitarias: riesgo de dengue, lepra y tuberculosis. Es preferible beber agua embotellada o hervida. Si la estancia va a ser prolongada se aconseja vacunarse contra la hepatitis B. Hora local: GMT+10 en Yap y Chuuk; GMT+11 en Pohnpei y Kosrae Electricidad: 110/120 V, 60 Hz Pesos y medidas: sistema imperial

Se puede viajar a Micronesia en cualquier temporada, pues la temperatura ronda los placenteros 27ºC durante todo el año; de manera que no hay que preocuparse por el clima. Aunque la humedad sea más intensa entre abril y noviembre, se tiene el consuelo de no estar nunca demasiado lejos de un refrescante chapuzón en la playa. El país está fuera de los circuitos turísticos, así que no hay distinción entre temporada alta y baja y los visitantes escasean durante todo el año.

Celebran la mayoría de las grandes fechas occidentales: la Navidad y el Año Nuevo, y también la principal fiesta de Estados Unidos: el Día de Acción de Gracias. Además del Día de laConstitución de los EFM, el 10 de mayo, y el Día de la Independencia de los EFM, el 3 de noviembre, cada grupo de islas festeja sus propios días nacionales. La gran fiesta de Kosrae es el Día de la Liberación, el 8 de septiembre, en que se celebra la derrota de Japón a manos de los estadounidenses en las islas al final de la II Guerra Mundial. El evento incluye competiciones deportivas y carreras de canoas. La Navidad de Kosrae es bastante especial, con desfiles y competiciones entre los coros de las iglesias y un banquete público.

La gran fiesta de Yap es el Día de Yap, la primera semana de marzo, y en ella se organizan multitud de vistosas danzas ceremoniales y acontecimientos deportivos. Los mitmits(banquetes abiertos a todos, acompañados de intercambios de regalos, cantos y bailes ceremoniales) se celebran durante todo el año. Una aldea ofrece uno para otra población, la cual hace lo recíproco al año siguiente.

Moneda
Dólar estadounidense

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 5 y 10 dólares
· Presupuesto medio: entre 10 y 15 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 15 dólares

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 35 y 50 dólares
· Presupuesto medio: entre 50 y 70 dólares
· Presupuesto alto: a partir de 70 dólares

Viajar a Micronesia puede resultar bastante caro debido a la dispersión de las islas y a la alta dependencia de las importaciones. El billete de avión se lleva la mayor parte del presupuesto, pero el alojamiento también resulta caro: no hay demasiada oferta para pernoctar a buen precio, y si se escoge un hotel de la playa hay que pagar unos 150 dólares por noche. Viajar con comodidad cuesta unos 150 diarios, y 200 si se pretende alquilar un coche o practicar el submarinismo. Si el viajero se restringe a la comida local, el transporte público y los alojamientos rústicos debe calcular unos 100 dólares al día.

El dólar estadounidense es la moneda oficial del país. En todas partes admiten como pago cheques de viaje en dólares, y la mayoría de los grandes hoteles, restaurantes y comercios los aceptan como moneda. En Chuuk y Kosrae no hay bancos, por ello se debe llevar una buena provisión de líquido antes de visitar estas zonas. En Pohnpei y Kosrae las tarjetas de crédito son de uso generalizado y se está normalizando en Chuuk y Yap.

En Pohnpei se está imponiendo la costumbre de entregar entre un 10 y un 15% de propina. Pero, a pesar de la influencia estadounidense, no se suele dejar en ninguna otra parte del país. La mayoría de artículos se venden a un precio fijo, aunque hay algunos mercados de frutas en los que el visitante puede poner a prueba sus dotes de regateo.

Kosrae

Kosrae es una de las zonas menos explotadas y mejor conservadas de Micronesia, un lugar tranquilo en el que previve una atmósfera de inocencia. La mayor de sus islas posee una superficie de 109 km² de naturaleza volcánica, con un interior de selva pluvial inexplorada, un inmaculado arrecife litoral y una costa que es una combinación de playas arenosas y marismas de manglares. La gente es relajada y poco pretenciosa y, como no resulta habitual tener más de una docena de visitantes al mismo tiempo, sus habitantes todavía muestran un interés amistoso hacia los recién llegados.

Las impresionantes ruinas de la vecina isla de Lelu datan del siglo XIV, cuando los jefes de Kosrae dominaban la región. Aunque los alrededores de la urbe primigenia fueron demolidos, las ruinas que quedan transmiten todavía la sensación de una ciudad antigua y oculta; el tipo de enclave aislado que uno espera encontrarse después de una larga expedición al interior de la selva. Lelu Hill, el punto más alto de la isla, está repleto de cuevas y túneles que los japoneses utilizaron durante la II Guerra Mundial.

Kosrae cuenta con arrecifes de coral vírgenes cercanos a la costa, a los que se puede acceder tanto desde la playa como desde una embarcación. La visibilidad submarina puede alcanzar fácilmente los 30 m, y en verano hasta los 60. El Blue Hole (agujero azul) de Lelu alberga cabezas de coral, peces león y barracudas. En el Sur, un sitio recomendable es Hiroshi_s Point: un punto de inmersión en el que se pueden ver bellos corales blandos y tiburones martillo. En la bocana de Lelu Harbour hay un avión de rastreo estadounidense a unos 20 m de profundidad. También, en los alrededores, hay dos barcos japoneses y los restos de un buque ballenero.

Las posibilidades de alojamiento en Kosrae se limitan a un puñado de pequeños hoteles que no resultan excesivamente baratos. La acampada es un concepto extraño allí, pero los atentos nativos suelen ayudar a encontrar alguna tienda. Los vuelos entre Guam y Honolulú normalmente efectúan paradas gratuitas en Kosrae. Y también existen vuelos entre islas hasta Pohnpei y el vecino atolón de Majuro, en las islas Marshall.

Pohnpei

Con su exuberante vegetación y sus florecientes hibiscos, Pohnpei cumple con la imagen preconcebida de isla de los mares del sur, pese a la humedad. Su isla principal tiene 334 km² y es la mayor de Micronesia. De forma casi circular, limitada por cuevas y penínsulas adyacentes, su perímetro litoral está constituido principalmente por llanuras creadas por la marea y escollos de manglares. Pero hay docenas de hermosas y pequeñas islas con encantadoras playas en la laguna que surge entre la isla de Pohnpei y el arrecife que la rodea.

La antigua ciudad de piedra de Nan Madol, abandonada entre cerca de cien islitas artificiales frente a la costa suroriental, es el yacimiento arqueológico más renombrado de Micronesia. Nan Madol fue construida con pilares de basalto durante la tiránica dinastía Saudeleur, cuyo período de esplendor transcurrió en el siglo XIII. Y Nan Douwas es la estructura de más tamaño que sigue en pie: los muros externos alcanzan los 8 m y el interior del recinto contiene criptas funerarias. Aunque muchos de los templos, bóvedas, zonas de baños y piscinas se derrumbaron, los restos provocan un intenso impacto estético. El monumento natural más destacado de Pohnpei es el Sokehs Rock, un escarpado acantilado de basalto puro de 180 m de altitud que puede ser escalado por los amantes de los retos.

El principal núcleo urbano, Kolonia, es relativamente grande según los parámetros isleños, aunque persiste un ambiente de ciudad pequeña. Palikir, a 8 km, es la capital de Micronesia. El aeropuerto, los hoteles y restaurantes están en Kolonia. Hay vuelos frecuentes desde Honolulú y Guam, además de otros aeropuertos micronesios.

Chuuk

Chuuk (antiguamente Truk) es un archipiélago lleno de vida, que comprende 15 islas principales y más de ochenta islitas esparcidas por la laguna de Chuuk. Sus principales atracciones son sus pecios, y sus más entusiastas visitantes son los submarinistas. Hay una flota japonesa entera hundida en el fondo de la laguna, testimonio del mayor desastre naval de la historia. Cada pecio es una cápsula del tiempo: algunos están casi intactos, otros a trozos. Sus bodegas están llenas de armas, camiones y aviones de guerra; sus comedores contienen todavía platos, cubiertos y botellas de sake. Los restos mortales de sus tripulaciones permanecen dentro.

Las casas de Chuuk están normalmente pintadas en varios tonos brillantes y contrastados, y la vida en las aldeas transcurre a un ritmo pausado. En los días de más calor, las mujeres se sientan en hileras lavando la ropa y los niños se pasean desnudos. El visitante puede tener la sensación de que pulular por Weno (la isla principal) y contemplar cómo el sol se pone por detrás de las islas Faichuk, en la laguna occidental, constituye la máxima actividad que uno desea hacer. La oferta hotelera radica básicamente en Weno, pero hay alojamientos (cabañas) en otras islas. Weno está conectado con Pohnpei y Guam mediante las rutas aéreas interisleñas.

Yap

Yap, la tierra del dinero gigante de piedra, es el distrito más tradicional de Micronesia. La mayoría de sus gentes van ataviadas al modo occidental, pero un buen número de hombres y muchachos llevan todavía coloreados taparrabos, y algunas mujeres, sólo faldas tejidas de hibisco. Y todos llevan una cáscara de nuez de betel en la mejilla.

Yap Proper está integrado por cuatro islas: Yap, Tomil-Gagil, Map y Rumung. A diferencia de otras islas de origen volcánico, Yap Proper se formó por elevaciones de tierra de la placa continental asiática. Como resultado, existen montañas redondeadas y suaves valles. De las 134 islas externas, una cifra elevada son simples hileras de arena y coral que asoman con precariedad por encima del agua.

Las comunidades de las islas están conectadas por senderos centenarios de piedra, y las casas se siguen construyendo al estilo tradicional con madera, techos de palma, cuerdas y caña de bambú. En esta sociedad sobrevive el sistema de castas, y los jefes de cada aldea continúan disfrutando de tanto poder como los cargos públicos elegidos. El dinero de piedra se sigue utilizando en algunos intercambios tradicionales, aunque el dólar cierra la mayoría de tratos comunes. Conviene recordar que los habitantes de Yap se ofenden ante los turistas que les apuntan descaradamente con sus cámaras; por el contrario, son amables con los viajeros que respetan sus costumbres y cultura.

Las posibilidades de alojamiento en Yap abarcan desde los albergues baratos en aldeas tradicionales hasta los hoteles convencionales para turistas. Se accede por aire desde Guam y Palau.

Atolón de Nukuoro

Nukuoro constituye un auténtico paraíso. Es uno de los atolones externos de Pohnpei y comprende 42 pequeñas islas que conforman un círculo casi perfecto alrededor de una laguna de 6 km de diámetro. Sus habitantes polinesios son gente cálida, que ha convertido este atolón en un paraje ideal para estar tumbado en la playa, recogiendo conchas marinas y jugando con los niños nativos. Cuenta con una casa de huéspedes en el embarcadero. Carece de aeropuerto, pero un barco de pasajeros de línea irregular pasa por allí más o menos una vez al mes.

Atolón de Woleai

Woleai, una de las islas externas de Yap, con un estilo de vida atractivo por su sencillez, habitantes amables y playas idílicas. Unos ochocientos habitantes se reparten por las 22 pequeñas islas, algunas enlazadas por bancos de arena cuando la marea está baja. Woleai se mantiene aferrado a sus costumbres: las canoas se utilizan más que las lanchas motoras y hay normas que prohíben el uso de camisetas, pantalones, gorras de béisbol y otras prendas occidentales. Si bien los visitantes extranjeros están exentos de respetarlas, siempre ayuda para ser aceptado el hecho de vestir sus trajes tradicionales.

No existen alojamientos formales, aunque resulta sencillo organizar la estancia en casas particulares o practicar la acampada. A Woleai se accede fácilmente por aire desde Yap, o mediante un barco lento y que da numerosos rodeos. Es preciso obtener un permiso para visitar la zona (y el resto de islas exteriores de Yap). Se necesita presentar una solicitud al Special Assistant for Outer Islands en Kolonia (Yap) con al menos un mes de antelación.

Las islas occidentales de Chuuk

Las islas más remotas y conservadoras de Chuuk, sostienen una estrecha relación con las islas externas de Yap. Los hombres nativos continúan llevando taparrabos de vivos colores y las mujeres visten exclusivamente una falda de hierba o fibra vegetal tejida. Las casas se construyen con palmeras, el medio de subsistencia es el mar y los hombres navegan en canoas de un solo casco talladas con troncos del árbol del pan, confiando en métodos de navegación ancestrales para desplazarse.

No se hallará alojamiento en ninguna de las islas. Pero la oficina del gobernador de Weno se presta ocasionalmente a solucionar cuestiones referentes a la pernoctación. Existen vuelos desde Weno hasta Ulul, la isla principal; y un par de barcos pasan también por Ulul de manera irregular.

Mortlocks Los Mortlocks se extienden a lo largo de unos 290 km desde la laguna de Chuuk. Sus habitantes, amables y despreocupados, lucen una indumentaria más occidentalizada que la de otros habitantes de las islas externas. Del mismo modo tienden a ser más religiosos; quizá porque los misioneros cristianos fundaron aquí la primera iglesia de Chuuk. La introducción del cristianismo no detuvo la producción de las tradicionales máscaras de madera de hibisco, que antaño portaban los hombres durante las batallas para alejar a los malos espíritus y que actualmente se siguen tallando como recuerdo para los turistas.

El destino más cómodo en los Mortlocks es el atolón de Satawan, que cuenta con conexiones tanto aéreas como marítimas con Weno. Disponen de bungalós, sencillos pero acondicionados, para quien desee pernoctar

Todo lo que a Micronesia le falta en cuanto a tierra, le sobra en agua. Algunos de los paisajes más espectaculares de las islas están sumergidos. La agradable temperatura del agua hace innecesario el traje de neopreno. Los submarinistas de todo el mundo han oído hablar del Museo Submarino de Pecios de Chuuk: más de sesenta barcos japoneses, además de numerosos aviones, se hundieron aquí durante la II Guerra Mundial, y la mayoría permanecen tal como entonces. Hay igualmente pecios a menor profundidad, más apropiados para buceadores. Las inmersiones alrededor de Yap están animadas por las numerosas colonias de rayas.

El país no es adecuado para pasear, aunque son factibles excursiones a Tofol (Kosrae). La subida hasta la cumbre del monte Finkol dura se prolonga de ocho a diez horas, y es un extenuante ascenso a través de ríos y barro. Una vez que se alcanza la cima, se pueden divisar las tres islas de Kosrae. El interior selvático de Pohnpei constituye también un buen escenario para practicar senderismo.

La teoría más difundida sobre la historia de Micronesia mantiene que los primeros pobladores llegaron en canoa desde Filipinas e Indonesia, atracando en las playas de Yap entre el año 4000 y el 2000 a.C. Tiempo después, viajeros de Melanesia se abrieron camino desde Kosrae hasta Pohnpei, Chuuk y Yap. Lo curioso es que en Micronesia nadie tiene leyendas sobre la vida antes de llegar a las islas. Los primeros micronesios no disponían de metales y trabajaban con piedra: estos pobladores primigenios dejaron muchas esculturas y tallas impresionantes, eran también fantásticos navegantes y contaban con una rica historia oral, que se perdió en gran parte con la llegada de los europeos.

En 1521, Fernando de Magallanes pasó navegando por Micronesia en su vuelta al mundo, y en las décadas siguientes las islas fueron utilizadas como puntos de aprovisionamiento por las expediciones que se dirigían a las islas de las Especias. A causa de su pobreza, durante este período las islas no llamaron la atención. Y no fue hasta 1817 que los europeos empezaron a fijarse seriamente en Micronesia. Los balleneros británicos llegaron hacia 1800, seguidos por los estadounidenses. Las tripulaciones de estas embarcaciones acosaban y mataban a los nativos con frecuencia, y los isleños solían responder con la misma moneda. Los cazadores de ballenas trajeron enfermedades venéreas y otras epidemias, como la gripe y el sarampión. En 1854, una epidemia de viruela acabó con la mitad de la población de Pohnpei. Durante el período ballenero, la población de Kosrae descendió de seis mil a trescientos habitantes.

A los balleneros les siguieron los misioneros protestantes, que impusieron el modo de vestir occidental, su idioma, sus leyes y su religión. En 1899 Alemania intentó ponerse al día en la carrera imperialista y compraron Micronesia a los españoles. Los alemanes planeaban hacer fortuna con la producción de copra. Animaron a los micronesios a plantar cocoteros y a trabajar para ellos. Les trasladaron por la fuerza desde sus islas hasta las plantaciones, mientras que las tierras de propiedad común pasaban a manos de inversores privados.

Cuando estalló la I Guerra Mundial, los alemanes abandonaron las islas y los japoneses les reemplazaron, desarrollando la infraestructura y la administración necesaria para anexionarse Micronesia. En 1920 la Liga de las Naciones les otorgó las islas como protectorado. Los japoneses pretendían hacer de Micronesia un espejo de su tierra natal, instalando en las islas templos budistas y santuarios sintoístas, casas de geishas y baños públicos. Sus centros administrativos se convirtieron en pequeñas ciudades japonesas. Llegó un momento en que la población nipona superó a la micronesia, las infraestructuras sociales de las islas se adecuaron a sus necesidades, y los nativos acabaron siendo tratados como ciudadanos de segunda. Aunque Micronesia era en gran medida un recurso para Japón, el poder colonial generó una economía fuerte y un alto nivel de actividad agrícola.

El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbour y tomó posesión de Guam. Pero no fue hasta febrero de 1944 que Estados Unidos tomó represalias con un ataque a la laguna de Chuuk, la base más importante de la flota japonesa en el Pacífico central. Más de doscientas mil toneladas de material fueron hundidas en dos días, y Estados Unidos neutralizó la base. Durante los meses siguientes se sucedieron duros combates en Micronesia y las islas cercanas, con batallas especialmente largas y cruentas en las islas Marianas, al Norte, y Palau, al Oeste. La guerra destruyó las infraestructuras levantadas por los japoneses, y muchísimos micronesios fueron víctimas del fuego cruzado.

Al concluir la guerra la ocupación continuó, y los estadounidenses sustituyeron a los japoneses. La Marina tomó el control de las islas y las cerró a los visitantes: los yanquis tenían sus planes para Micronesia. Las islas Marshall, al Este, recibieron la infeliz misión de hacer de conejillo de Indias nuclear. Entre 1946 y 1958 se hicieron estallar 66 bombas en las islas, lo cual provocó alteraciones en el código genético de sus habitantes. En 1947, la ONU estableció un protectorado en el Pacífico que incluía a Chuuk, Kosrae, Pohnpei y Yap. A Estados Unidos se le otorgaron derechos administrativos sobre las islas, en las que establecieron una serie de bases militares. A lo largo de este período Micronesia permaneció bajo el control militar de Estados Unidos.

A pesar de que se suponía que la mayor democracia del mundo había de preparar a los micronesios para el autogobierno, prefirió tratarles con una mezcla de negligencia y dependencia creciente. La economía se apoyó totalmente en los servicios gubernamentales y en los fondos procedentes de Estados Unidos, sin crear absolutamente ninguna base industrial o agrícola. En 1965 accedió a establecer un Congreso de Micronesia, una institución elegida por los isleños que decidiría el futuro de las islas. Pero el poder ejecutivo siguió en manos del Alto Comisionado estadounidense. Y, por si acaso, la CIA puso micrófonos en los despachos del Congreso micronesio.

La llegada de una delegación de jóvenes idealistas voluntarios del Peace Corps en 1966 no aportó nada en favor de la causa estadounidense. Aunque se suponía que debían convencer a la gente de las maravillas de la sociedad occidental, se decidieron a informar a los micronesios sobre sus derechos legales y sociales, lo cual estimuló una serie de movimientos organizados en favor de la independencia. En julio de 1978 Chuuk, Kosrae, Pohnpei y Yap votaron compartir una constitución, y en mayo de 1979 se convirtieron en los Estados Federados de Micronesia. Mediante un tratado de quince años de duración, firmado con Estados Unidos en 1982, Micronesia accedió a que los estadounidenses controlaran sus relaciones con otros países y a que mantuvieran su acceso militar exclusivo a las islas. A cambio, la primera potencia mundial les concedía una subvención anual. El tratado empezó a tener vigencia legal en 1986. En 1991, Micronesia fue admitida en la ONU. En 1997 su presidente, Bailey Olter, sufrió un infarto y le sustituyó su vicepresidente, Jacob Nena. En mayo de 1999 Leo Falcam fue elegido presidente.

Últimamente Micronesia ha estado estudiando formas distintas de generar beneficios, puesto que su economía todavía depende de las ayudas estadounidenses. Las actuales fuentes de ingresos son los impuestos de pesca, la venta de su dominio de Internet (.fm) a emisoras de radio, y la producción de sakau. En 2003, se renegoció el facto con EE UU por 20 años más por una cuantía de 3.500.000.000.

Las sociedades micronesias están formadas por clanes matriarcales (excepto en Yap, donde la línea de descendencia es patriarcal). El jefe del clan de cada isla puede trazar su linaje hasta los primeros pobladores de la misma. Las agrupaciones de clanes se extienden entre islas, y los micronesios acuden a menudo a visitar a otros miembros del clan cuando se encuentran en los alrededores. Lo habitual son las familias extensas y la mayoría de hogares acogen a abuelos, primos, hijos y otros familiares adoptivos. Si un miembro consigue un buen empleo, lo más probable es que el círculo familiar se amplíe todavía más.

Las danzas tradicionales son una costumbre muy valorada en Micronesia, pero sobre todo en Yap, la isla menos dispuesta a adoptar las costumbres occidentales. Se baila en grupo, hombres y mujeres por separado, y a menudo se acompañan de cantos unísonos. A pesar de que en Pohnpei las danzas se asocian a los actos privados de cada aldea, también se efectúan actuaciones ocasionales para los turistas.

La arquitectura occidental es la predominante, pero todavía se pueden encontrar unos cuantos ejemplos de construcción local. Las estructuras tradicionales comunitarias se construían con madera de caoba y con tejados de nipa (las hojas de una palmera asiática). Existe también una larga tradición en la fabricación de canoas, similares a las que se usaban en la antigüedad. Disponen de un solo arbotante y se elaboran con un tronco vacío del árbol del pan. Las embarcaciones mayores que se adentran en el océano están hechas con tablas que se unen entre ellas con fibras de cáscaras de coco, y algunas tienen hasta treinta metros de eslora.

Antes de la llegada del todopoderoso dólar, la mayoría de los habitantes hacían sus intercambios con cuentas, conchas y cáscaras. Sin embargo, los corpulentos habitantes de Yap preferían utilizar el rai (una enorme pieza de piedra tallada en forma de disco con un agujero en el centro, que podía medir hasta cuatro metros de diámetro, y que pesaba hasta cinco toneladas). Aunque actualmente ya no se acuñan semejantes monedas, aún se pueden ver algunas en las aldeas.

El fruto del árbol del pan y el marisco son los productos básicos; aunque los restaurantes ofrecen una combinación de gastronomía japonesa y estadounidense. Los habitantes de Pohnpei sienten devoción por los boniatos, y sirven carne de perro como festín tradicional. En esta isla es muy estimado el sakau, una bebida de efectos narcóticos que proviene de las raíces del arbusto de la pimienta; los bares especializados en sakau doblan en número al resto. El oppot es una especialidad de Chuuk; se elabora rellenando un hoyo con capas alternas del fruto del árbol del pan maduro y hojas de banano; éste se cubre con piedras y, luego, se deja fermentar durante meses e incluso años. En Yap todo el mundo masca buw (nuez de betel), a la que a veces añaden tabaco solo o impregnado en vodka.

Micronesia significa islas pequeñas, y eso es exactamente lo que es. El país se divide en cuatro grupos de islas: Yap, Chuuk, Pohnpei y Kosrae; y se halla ubicado en la mitad oriental del océano Pacífico. Se encuentra a unos 5.000 km al oeste de Hawai, a unos 3.000 al este de Filipinas y a unos 1.500 al norte de Papúa Nueva Guinea. Aunque abarca una superficie del océano que es cinco veces el tamaño de Francia, la superficie total de tierra de sus 607 islas es poco mayor que el término municipal de Madrid, y muchos atlas ni siquiera se molestan en indicarlo. Pohnpei ocupa casi la mitad del área territorial del país, y el resto se divide casi a partes iguales entre los otros tres estados. Las islas de Pohnpei, Kosrae y Chuuk son volcanes altos, mientras que Yap es una parte elevada de la placa continental asiática. No hay atolones de coral rodeados de palmeras; estas islas se parecen más a las de Hawai, pues son volcánicas, con tierras fértiles, una vegetación exuberante y agua abundante.

Los mamíferos más numerosos de Micronesia son los murciélagos de la fruta, que pueden medir hasta un metro con las alas extendidas y que suelen verse al anochecer en la mayoría de islas. Quedan unos cuantos ejemplares de ciervos sambar en Pohnpei, aunque resulta complicado ver alguno. También hay enormes lagartos monitor, con una longitud de hasta dos metros, pequeñas lagartijas y camaleones, pero ninguna serpiente. La fauna más abundante son los insectos.

Y, con tanta agua alrededor, hay una vida submarina digna de explorar. Se trata de una amplia variedad de corales duros y blandos, anémonas, esponjas y conchas marinas, incluyendo la tridacna gigante. También hay ballenas y pequeños cetáceos. Diversas especies de tortugas marinas acuden a desovar en las playas. Los isleños se aprovechan de ello, pues se comen tanto los huevos como la carne. También se encuentran más de doscientas especies distintas de aves.

Micronesia posee un clima oceánico tropical, cálido y húmedo, con las temperaturas uniformes a lo largo del año. La mayoría de los días el termómetro alcanza los 27ºC; algunas veces los 32ºC, y a veces baja hasta 21ºC. De diciembre a marzo el clima es un poco más seco y templado, y la brisa sopla con mayor intensidad que durante el resto del año. Los meses húmedos son abril y mayo: no son los indicados para acampar en el interior de Pohnpei, una de las zonas más lluviosas del planeta. Entre junio y noviembre la humedad puede resultar un tanto agobiante. Y la temporada de los tifones abarca los meses de agosto a diciembre.

Las principales puertas de entrada a Micronesia son Honolulú, Manila y Guam (que reciben vuelos de Estados Unidos, Australia y Asia). Existe conexión con Taipei dos veces por semana. Se puede adquirir un pase aéreo denominado Visit Micronesia, con origen en Guam, que permite volar de una isla a la otra.

Al salir desde Pohnpei se aplica una tasa de aeropuerto de 5 dólares, que aumentará a 10 dólares desde Chuuk y desde Kosrae. Yam no aplica tasa de aeropuerto.

Pohnpei, Chuuk, Yap y Kosrae se hallan conectados por vía aérea, y hay pequeñas pistas de aterrizaje en casi la mitad de las islas de Micronesia. Las islas más destacadas cuentan con extensos sistemas de carreteras, aunque la mayoría de ellas no están asfaltadas, si exceptuamos la principal vía de acceso a la ciudad y el trayecto hasta el aeropuerto. Yap es la única isla que cuenta con autobuses escolares que transportan a los visitantes desde Kolonia hasta los pueblos de los alrededores dos veces al día. En Weno Island (Chuuk) los taxis son compartidos; en Yap, privados; y en Pohnpei, del tipo minifurgón. Si se desea hacer una visita extensiva de las islas de mayores dimensiones, resulta indispensable alquilar un coche (unos 50 dólares al día).

El barco es el sistema más económico de viajar entre islas. Chuuk dispone de transbordadores los días laborales y circulan embarcaciones privadas que ofrecen trayectos cortos por todo el país. Algunos barcos de mercancías unen los centros de distrito con las islas externas. Si bien resultan baratos, con la ventaja añadida de que se puede entablar conversación con muchos nativos, los viajes pueden prolongarse varios días y resultar tediosos y extenuantes.


· Del Valle, Teresa: Culturas oceánicas: Micronesia, Anthropos, Editorial del Hombre, Rubí, 1987
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