Nombre oficial: República de Namibia Superficie: 825.418 km² Población: 1,8 millones hab. Capital: Windhoek (161.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 87,5% negros (50% ovambo, 9% kavango, 7% herero, 7% damaras, 5% nama, 4% caprivinos, 3% bosquimanos, 2% basters, 0,5% tswanas), 6% blancos, 6,5% mestizos Idioma: inglés (oficial), afrikáans, alemán, oshivambo, herero, nama Religión: 80-90% cristianos, 10-20% creencias indígenas Régimen político: república parlamentaria multipartidista Presidente: Hifikepunye Pohamba
PIB: 6,6 billones de dólares PIB per cápita: 4.100 dólares Crecimiento anual: 2% Inflación: 7%
Visados: Visitors from Australia, New Zealand, France, Germany, the UK, Ireland, Canada and the US do not require a visa. Condiciones sanitarias: schistosomiasis (bilharzia) (This occurs in the east), malaria (This occurs in the north-east) Hora local: GMT/UTC + 2 Electricidad: Pesos y medidas: 220V ,50Hz Prefijo telefónico: 264 Windhoek La altiplanicie central de Namibia está dominada por su pequeña y típicamente alemana capital, Windhoek. Situada en el corazón geográfico del país, constituye el centro neurálgico de los negocios y operaciones comerciales de la nación, y en ella se encuentra el aeropuerto internacional de Namibia. Situada entre bajas colinas a una altitud de 1.650 m, goza de un refrescante clima montañoso con considerables variaciones de temperatura y abundante lluvia. La pluviosidad posibilita la existencia de exuberantes jardines y espectaculares arriates de flores. Cuenta tan sólo con 130.000 habitantes, pero la mezcla étnica del país se refleja en todas las calles. El centro urbano se caracteriza por una amalgama de estructuras coloniales alemanas y edificios contemporáneos de color pastel. Dominando el horizonte se halla Christuskirche, la iglesia luterana alemana de estilo neogótico y modernista. Otras construcciones destacables son el Parlamento (Tintenpalast); el encalado Alte Feste, una antigua fortaleza convertida en museo; y la estación de tren de estilo holandés de El Cabo, del año 1912. Resulta una localidad indicada para visitar a pie, y el paseo de Hofmeyer, que se recorre en aproximadamente una hora, incluye el bosque cercano del valle de Klein Windhoek y ofrece una bella panorámica de la urbe. En el centro de la zona peatonal de Post Street se exponen 33 meteoritos procedentes de la lluvia que aconteció en 1837 en Gibeon, al sur de Namibia, y que depositó 21 toneladas de rocas. Parque Nacional de Etosha El Parque Nacional de Etosha aparece como uno de los lugares más apropiados del planeta para disfrutar de los animales salvajes, y para muchos viajeros constituye el único destino de Namibia. La parte occidental se caracteriza por una sabana cubierta de maleza, dando paso -en dirección Este- a un bosque mixto. El alma de Etosha lo forma el Etosha Pan, una inmensa depresión de fondo salado que, únicamente en ocasiones, contiene agua. En los meses invernales, los perennes manantiales atraen grandes concentraciones de aves, elefantes, jirafas, leones, cebras y algunos guepardos y leopardos. Entre otros animales, también aparecen especies protegidas como el impala de cara negra y el rinoceronte negro. Después de períodos excepcionalmente lluviosos, el Etosha Pan eleva su nivel de agua hasta un metro y es visitado por enormes cantidades de flamencos y pelícanos que buscan alimentar a sus crías y reproducirse. La mejor época para ver estos animales en torno a los abrevaderos abarca desde mayo a septiembre. A pesar de que Etosha puede visitarse en una excursión de una jornada, resulta imposible ver lo imprescindible en menos de tres días. La mayoría del turismo opta por un mínimo de dos noches en uno de los tres campamentos (Namutoni, Halali y Okaukuejo), separados entre sí por unos 70 km y provistos de excelentes instalaciones. Etosha se emplaza a más de 500 km al noroeste de la capital. En Tsumeb se halla el aeropuerto comercial más cercano. También es posible tomar un autobús o un tren hacia Tsumeb desde Windhoek, pero después, los viajeros con rumbo a Etosha deben integrarse en un circuito o alquilar un vehículo, ya que no existe transporte público hasta el parque. Lüderitz Esta población puede considerarse una reliquia colonial surrealista; es un pueblo bávaro apiñado en la árida y ventosa costa del desierto de Namib, en el que, aparentemente, el siglo XX no ha dejado huella. Ofrece todo lo que se puede esperar de una pequeña población alemana, desde charcuterías y cafeterías a iglesias luteranas. En la costa habitan pingüinos y focas; sus desoladas playas acogen bandadas de flamencos y avestruces. Lüderitz se erige como la zona de los diamantes, y su prosperidad salta a la vista. La prominente iglesia luterana evangélica, Felsenkirche, domina la urbe desde lo alto de la colina del Diamante y posee algunas exquisitas vidrieras de colores. El Museo de Lüderitz acoge exposiciones sobre la historia natural de la población, los indígenas y la industria de la extracción de diamantes. Los trayectos en barco al santuario de los osos marinos de El Cabo zarpan del malecón del puerto a diario, si el tiempo no lo impide. La ciudad se encuentra lejana a cualquier emplazamiento. Existen vuelos entre Lüderitz y Windhoek varias veces a la semana. Keetmanshoop, la localidad importante más cercana a Lüderitz, se halla a 425 km al sureste de Windhoek. Aunque el tren ya no recorre el trayecto entre Lüderitz y Keetmanshoop (300 km al Este), la compañía ferroviaria Trans-Namib ofrece un servicio de autobús que cubre esta ruta. Fish River Canyon No existe ningún marco comparable al Fish River Canyon en toda África. El agua ha ido abriendo este desfiladero a lo largo de los siglos, consiguiendo un resultado inmejorable. A pesar de sus vastas dimensiones (160 km de longitud y 27 km de ancho), el tamaño en sí mismo no puede explicar el atractivo del cañón. Las vistas que ofrece resultan increíbles. El principal centro de información y turismo se encuentra en Hobas, en el extremo norte del parque. Alrededor de este punto existen zonas de picnic y acampada, además de senderos para hacer excursiones; desde este paraje se accede a algunos de los más admirables miradores de la zona. Desde Hobas, se puede seguir a pie el sendero del río Fish hasta Ai-Ais, en el otro extremo del cañón. El paseo de 85 km, que se recorre en cinco días, sigue el lecho arenoso del río. La ruta únicamente se encuentra abierta de mayo a junio, y se debe solicitar un permiso con antelación si se pretende ir andando. Resulta imprescindible proveerse de saco de dormir, comida y agua, pero no es necesario llevar una tienda de campaña, ya que raramente llueve. Como podría resultar una excursión excesiva, también pueden efectuarse caminatas de un día en el extremo norte. En el extremo sur se enclava Ai-Ais, un agradable oasis de fuentes termales. Sus aguas, conducidas por tuberías a piscinas y jacuzzis, son beneficiosas para el reumatismo y los transtornos nerviosos. Ai-Ais posee zonas de acampada, bungalows y caravanas. No cuenta con transporte público a ninguno de los extremos del cañón, pero dado que es un destino muy concurrido, se puede hacer autostop. Meseta central La meseta central aparece como el gran trofeo del colonialismo. En esta magnífica tierra agrícola, los colonos alemanes y afrikáners que han heredado parte de ella crían ganado ovino y vacuno en enormes haciendas rurales o cultivan frutas cítricas y hortalizas. Las urbes se encuentran muy separadas entre sí, y la principal arteria vial Norte-Sur de Namibia, la B1, atraviesa la región. Esta carretera aparece en tan buenas condiciones que la mayoría conduce excesivamente rápido para apreciar el entorno. La pequeña población de Rehoboth fue fundada como misión renana en 1844, pero veinte años más tarde fue abandonada para ser resucitada en la década de 1870 por los basters (bastardos), un grupo étnico mestizo (hotentote-afrikáner) orgulloso de su historia y su cultura. El complejo Reho Spa está construido en torno a una fuente termal, y consta de un interesante museo alojado en la residencia de 1903 del jefe de la oficina de correos. Brukkaros es un cráter volcánico de 2 km de ancho que puede verse desde la B1 entre Mariental y Keetmanshoop. Del aparcamiento emerge un camino que desemboca en su borde sur en media hora, y desde allí es factible introducirse en él y continuar hasta un centro de investigación abandonado. No existen restricciones para acampar, y los famosos cielos nocturnos de Brukkaros lo convierten en una experiencia inolvidable. La encrucijada central del sur de Namibia la conforma Keetmanshoop, una urbe de quince mil habitantes y centro de la industrial lanera de la región. La localidad cuenta con más gasolineras por cabeza que cualquier otro enclave del país. Originariamente habitada por los nama, la Sociedad Misionera Renana fundó la ciudad en 1866. Merece la pena explorar el Museo de Keetmanshoop y los hermosos edificios de la época colonial. Se organizan circuitos a zonas de interés en el sur de la nación, incluyendo el imponente Fish River Canyon y Lüderitz. Punta de Caprivi La estrecha e insólita banda de Caprivi se extiende hacia el Este a lo largo del noroeste del país, y separa Namibia de Zambia y Botsuana. Cuenta con unos 500 km de longitud y aparece completamente llana. Diversos ríos se han abierto camino a través de la zona -incluidos el Kwando, Chobe, Okavango y Zambezi- y las poblaciones se han desarrollado en torno a los mismos. Antiguamente, los san (bosquimanos), todavía bien representados, deambulaban por la zona como nómadas cazadores-recolectores, pero en la actualidad su forma de vida es totalmente sedentaria. La región comprende la reserva de Mahango, entre otras, y también la parte más remota de la nación, Katima Mulilo, a sólo 4 km de Zambia pero a 1.200 km de Windhoek. Caprivi se está abriendo lentamente a los viajeros independientes que hacen autostop entre Zimbabwe, Botsuana y Namibia; las excelentes condiciones de sus carreteras han facilitado el acceso. Skeleton Coast (Costa de los Esqueletos) Skeleton Coast acoge la zona donde los ríos Kunene y Ugab se abren al Atlántico, pero el nombre se utiliza a menudo para designar toda la costa desierta. El Parque Skeleton Coast abarca prácticamente dos millones de hectáreas de dunas de arena y llanuras de grava, y se encuentra entre las zonas áridas más inhóspitas de la Tierra. Antiguamente, los marineros que naufragaban y que la corriente arrastraba a la costa no contaban con ninguna posibilidad de sobrevivir. La niebla flota en el aire durante gran parte del año, otorgándole un aire fantasmagórico. La Zona Recreativa Nacional de la Costa Oeste está formada por un área costera de 2.000 km de longitud y 25 km de ancho que se extiende desde Swakopmund hasta el río Ugab. Está frecuentada por pescadores blancos, principalmente provenientes de Suráfrica, que prueban suerte con las percas, las dambas, los dentones y demás especies locales. La reserva de Cape Cross puede considerarse más un campo de concentración que un santuario, donde se crían osos marinos con finalidad comercial. Posee un matadero cercano a la cafetería y algunas zonas prohibidas, pero está abierto a los visitantes, que pueden observar la colonia holgazaneando sin inmutarse en las rocas. Las pieles son vendidas a la industria peletera y el resto del animal se transforma en un compuesto proteínico utilizado para alimentar al ganado. El explorador portugués Diego Cao, el primer europeo que puso los pies en Namibia, erigió en este lugar una cruz de dos metros de altura como homenaje a su monarca. Se mantuvo en pie durante más de cuatrocientos años, hasta que un marinero alemán se la llevó a casa en 1893. Al año siguiente se construyó una réplica. Los primeros habitantes del sur de África fueron los san, un pueblo nómada organizado en amplios grupos familiares que podía adaptarse a los terrenos más inhóspitos. Posteriormente, las comunidades san se vieron sometidas a la presión de los hotentotes, una tribu que se dedicaba principalmente a la cría de ganado, y cuyos integrantes figuran entre los primeros ceramistas. Desplazaron gradualmente a los san, y dominaron Namibia hasta alrededor del año 1500 d.C. Los descendientes de ambos clanes permanecen en el país, pero pocos han conservado las formas de vida tradicionales. Entre 2.300 y 2.400 años atrás, aparecieron los primeros bantúes en las mesetas centrales del sur de Namibia. Su llegada configuró las primeras estructuras tribales en las sociedades del sur de África. Otras tribus se retiraron bien al desierto bien a las marismas del delta del Okavango, o fueron esclavizadas por la sociedad bantú. Dado que Namibia posee una de las costas más áridas e inhóspitas del planeta, apenas fueron exploradas por los europeos. Los primeros visitantes blancos fueron navegantes portugueses en busca de una ruta hacia las Indias durante los últimos años del siglo XV, aunque se limitaron a erigir cruces de piedra en ciertos puntos de la costa como guías de navegación. No fue hasta las apresuradas competiciones para conseguir colonias hacia finales del siglo XIX cuando Namibia fue anexionada por Alemania, exceptuando el enclave de la bahía de Walvis, tomado por los británicos en 1878 para la colonia de El Cabo. En 1904, los herero, pastores de ganado vacuno de habla bantú, se rebelaron contra la dominación germana; durante dos años las tropas alemanas desencadenaron una guerra de exterminio contra este pueblo. Paralelamente, en el Sur, un trabajador surafricano había descubierto diamantes al este de Lüderitz. Las autoridades alemanas calificaron de inmediato toda la zona encajada entre Lüderitz y el río Orange como sperrgebiet (zona prohibida). El dominio alemán finalizó durante la I Guerra Mundial, cuando las fuerzas germánicas se rindieron a un ejército expedicionario surafricano que luchaba a favor de los Aliados. Al final de la contienda, Suráfrica recibió el mandato de la Liga de las Naciones para gobernar el territorio (entonces conocido como África del Suroeste). Tras la II Guerra Mundial, Naciones Unidas renovó el mandato, pero la organización rechazó la completa anexión del país a Suráfrica. Sin echarse atrás, el gobierno surafricano reforzó el control sobre el territorio y, en 1949, concedió representación parlamentaria a la población blanca. La mayor parte de las tierras de cultivo de Namibia fueron parceladas en seis mil haciendas destinadas a los colonos blancos, mientras que los trabajadores negros y sus familias eran confinados por ley a reservas. Los trabajos forzados, destino de la mayoría de los namibios desde la anexión, constituyó uno de los principales factores que desembocó en las manifestaciones masivas y el desarrollo del nacionalismo a finales de la década de 1950. Durante esta época se formaron diversos partidos políticos y se organizaron huelgas. Hacia 1960, la mayoría de estos partidos se había fusionado para formar la Organización Popular de África del Suroeste (SWAPO), que llevó el candente tema de la ocupación surafricana al Tribunal Internacional de Justicia. Aunque el Tribunal de La Haya no tomó cartas en el asunto, en 1966 la Asamblea General de Naciones Unidas votó a favor de concluir el mandato surafricano y creó un consejo para administrar el territorio. Simultáneamente, la SWAPO adoptó tácticas de guerrilla, pero el fracaso de la organización para establecer un gobierno interno facilitó que Suráfrica accediera de nuevo al control del país. El invasor se negó a negociar un programa supervisado por Naciones Unidas para la independencia de Namibia a menos que un contingente de 19.000 soldados cubanos fueran expulsados de la vecina Angola. En consecuencia, la SWAPO intensificó sus actividades guerrilleras, restringiendo considerablemente los desplazamientos en el norte del país. La economía resultó muy perjudicada y, hacia 1985, Suráfrica también sufría una crisis económica y permanecía absorta en sus propios problemas internos. Un acuerdo bajo los auspicios de Naciones Unidas garantizó que los cubanos abandonarían Angola si las tropas surafricanas se alejaban de Namibia. En noviembre de 1989 se celebraron elecciones supervisadas por Naciones Unidas; la SWAPO venció con una contundente mayoría. En febrero de 1990 se adoptó una Constitución y al mes siguiente se obtuvo la independencia bajo la presidencia de Sam Nujoma. Fue reelegido en 1994 y se embarcó en un programa de reconstrucción del país basado en el mantenimiento de una economía mixta y la colaboración con el sector privado. El presidente vinculó el dólar de Namibia al rand surafricano en marzo de 1998. Hacia finales de 1999, como parte de un pacto de defensa mutua, el gobierno consintió que Angola atacara a los rebeldes de la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola) desde su territorio. Fue una medida que lanzó a Namibia a una de las peores guerras civiles de África. La reputación del gobierno sufrió un duro golpe en 2001. El presidente declaró inmorales e indeseados a los homosexuales, y el primer ministro afirmó que ya era hora de que los africanos negros aceptaran que los blancos formaban parte del continente. Aún más, se descubrió que altos cargos de las fuerzas armadas poseían intereses en las minas de diamantes de la República Democrática del Congo, en donde las fuerzas namibias luchaban contra las fuerzas rebeldes. Aunque el presidente Nujoma apoyaba las apropiaciones de Robert Mugabe por la fuerza de granjas de blancos en Zimbabwe, el gobierno de Namibia adoptó una posición más conciliadora ante la reforma territorial, declarando que no iba a permitir las incautaciones de tierras ilegales. Se animó a los agricultores blancos a acogerse a la reforma territorial de 2002. El año siguiente, parecía que la estrategia había tenido éxito: se impidieron 15 invasiones de granjas cuando un sindicato de mozos de labranza negros llegó a un acuerdo con los agricultores blancos. La población de Namibia incluye un mínimo de once grupos étnicos importantes, abarcando desde cazadores-recolectores hasta agricultores y habitantes de las urbes; el país todavía conserva las influencias de sus colonizadores alemanes y afrikáners. Los 650.000 ovambo constituyen el grupo más numeroso y habitan principalmente en el Norte. Entre las tribus más relevantes destacan los kavango, los herero, los damaras, los nama, los caprivinos y los basters. Un grupo menos significativo, los san (bosquimanos), contaron en el pasado con su propio sistema de división territorial y, a principios del siglo XIX, fueron los artífices de una de las redes precoloniales de comercio más extensas de la región. Si bien aún se está forjando una tradición literaria, la música, la danza y las artes visuales y arquitectónicas forman parte de la cultura local desde hace mucho tiempo. Los primeros músicos namibios, los san, imitaban los sonidos realizados por los animales, y sus melodías acompañaban las danzas y narraciones orales de cuentos. Los nama utilizaban tambores, flautas e instrumentos de cuerda, y los bantúes, más tardíos, añadieron marimbas, carracas de calabaza y trompetas fabricadas con cuernos de animales. Los misioneros crearon grupos corales religiosos. El Arte de la Resistencia, que desarrolla temas sobrios con vistosos colores y de manera generalmente desenfadada, surgió primero en los distritos segregados de Suráfrica durante los años del Apartheid; ya arraigado en Namibia, se está convirtiendo en una forma artística cada vez más popular, y entre sus autores más destacados figuran Tembo Masala y Joseph Madisia. Cada grupo étnico posee su propia despensa de alimentos preferidos. El plato básico para el pueblo ovambo es el mielie pap (gachas de avena) o el mahango (mijo), también preparado en forma de gachas o sopa. Se suelen acompañar con pescado, cabra, cordero o estofado de ternera. Las calabazas, los pimientos y las cebollas también forman parte de su dieta habitual. Los nama, que viven en el desierto, han venerado el pinchoso melón nara durante decenas de miles de años, y su cosecha anual está considerada un acontecimiento de gran trascendencia. Endémico del desierto, se cree que el nara hizo posible la existencia humana en el Namib. Los herero se alimentan básicamente de productos lácteos como la cuajada y la mantequilla. La cocina europea está representada principalmente por la alemana; entusiasma el boerewors, una enorme salchicha de granjero. Los pastelitos, panes, tartas, fruta y fiambres proceden igualmente de los alemanes. Entre los brebajes tradicionales, se encuentran el mataku (vino de sandía) y el walende, un licor de palmera con sabor a vodka. · Giner Abati, Francisco: Los Himba, Amará Ediciones, Salamanca, 1992 · Dennis, N.; Harpe, R.; Barker, B.J.: Parques Nacionales del África Austral, Editorial Konemann, 2000
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