Nombre oficial: Nueva Caledonia y Dependencias Superficie: 19,000 km² Población: 204.863 millones hab. Capital: Nouméa Nacionalidades y etnias: 42,5% melanesios, 37,1% europeos, 8,4% wallisianos, 3,8% polinesios, 3,6% indonesios, 1,6% vietnamitas, 3% otros Idioma: francés (oficial), 33 dialectos melanesio-polinesios Religión: 60% católicos, 30% protestantes, 10% otras Régimen político: territorio francés de ultramar, gobernado por Francia Jefe de estado: Nicolas Sarkozy
PIB: 300 millones de dólares PIB per cápita: 14,800 dólares Inflación: 1,7%
Visados: pueden entrar sin visado los ciudadanos de los países de la Unión Europea y Estados Unidos, pudiendo permanecer hasta un máximo de tres meses. Los viajeros procedentes de América Latina deben solicitar un visado en una embajada o consulado francés antes de su llegada. Condiciones sanitarias: se deben tomar precauciones con la fiebre dengue y con el agua de Ouvéa, en el archipiélago de la Lealtad, que no es buena para beber. Hora local: GMT+11 Electricidad: 220 V, 50 Hz Pesos y medidas: sistema métrico
Monedafranco CFP (franco de la Comunidad Francesa del Pacífico) Comidas · Presupuesto bajo: entre 500 y 1.500 francos · Presupuesto medio: entre 1.500 y 2.000 francos · Presupuesto alto: a partir de 2.000 francos Alojamiento · Presupuesto bajo: entre 1.000 y 2.400 francos · Presupuesto medio: entre 2.400 y 5.000 francos · Presupuesto alto: a partir de 5.000 francos Nueva Caledonia resulta un destino extremadamente caro, tan sólo superado, en el Pacífico, por la Polinesia Francesa. La mayor parte de la comida es de importación, y los alimentos autóctonos se cotizan a unos precios similares a los foráneos. Se podría sobrevivir con 20 dólares al día en Nouméa si se pernocta en el albergue de juventud, la dieta se basa en pan, queso y fruta de mercado y los desplazamientos se limitan a la playa. Pero si se opta por un hospedaje económico, comer en un bar y efectuar algunas visitas turísticas, el gasto alcanzará los 70 dólares diarios. Si se cena fuera cada noche, se duerme en los hoteles más lujosos y se despreocupa del desembolso efectuado durante las visitas, el presupuesto se dispara rápidamente a los 200 dólares, o más, por jornada. La mayoría de cajeros automáticos se encuentran en Nouméa y aceptan MasterCard, Visa y Eurocard, y permiten una extracción máxima semanal de 350 dólares. Los comercios libres de impuestos (duty free), las oficinas de las aerolíneas junto a hoteles y los restaurantes de la capital aceptan las tarjetas de crédito más conocidas, pero más allá de esta urbe únicamente pueden utilizarse en los principales establecimientos hoteleros. La propina está felizmente ausente, pues, según la costumbre melanesia, significa recibir un regalo. En consecuencia, se impone la obligación a quien la recibe de devolver el favor. Sin embargo, en los restaurantes de gastronomía europea, si el comensal redondea el importe de la factura o deja el cambio sobre la mesa es improbable que alguien le lance el dinero a la cabeza. En los mercados locales tampoco se facilita el regateo: si un artículo está tasado en un precio, esto es lo que el vendedor quiere a cambio y sería poco cortés discutírselo. Nouméa Tras los atentados con bomba y los altercados de la década de 1980, Nouméa inició una etapa de nuevas construcciones sin parangón desde los impetuosos días del auge del níquel. Los políticos actuales protestan más por los despidos forzosos y los recortes de servicios que por la dependencia de la administración francesa. Desde Anse Vata en el Sur, la playa más prestigiosa de Nouméa, hasta los barrios de Koutiou y Yahoue, en el Norte, la urbe alcanza a duras penas los 15 km. El centro urbano se extiende por la bahía de la Moselle hacia el Oeste, un bello puerto que constituye un buen refugio para los cruceros, los pesqueros y la flota de yates privados. En dirección oeste se emplaza Nouville, donde estuvo ubicado el primer penal de la colonia y que en la actualidad está unido a tierra firme por el terraplén que crearon los fundidores de níquel. Al norte del centro urbano aparecen zonas residenciales e industriales de escaso interés turístico. En el extremo este de la península se encuentran los bienestantes barrios del frente marítimo de Ste Marie y Ouemo. El Centro Cultural Jean-Marie Tjibaou se descubre como el proyecto más novedoso e interesante de la ciudad, a unos 10 km del centro. Diseñado para mostrar los lazos de los canacos con su tierra, resulta una feliz mezcla de arquitectura contemporánea con las creencias culturales indígenas; muestra objetos de su legado y de las culturas de Oceanía. La Biblioteca Bernheim, la más importante de la capital, ofrece una atmósfera agradable y relajada, a pesar del tráfico circundante. Para escapar realmente de los vehículos, nada mejor que una visita al Aquarium, en Anse Vata. Posee ejemplares de la vida marina extraños y atípicos, desde esponjas y coral hasta enormes peces de afilada dentadura. Al este del centro urbano se halla el valle de los Colonos, una animada zona donde en la actualidad habitan numerosos inmigrantes canacos y polinesios. Nouville merece una visita por las ruinas del penal y la aislada bahía de Kuendu, un paraje idóneo para nadar y bucear. También puede acercarse al barrio Latino, un guiño al famoso distrito homónimo parisino, próximo a Port Moselle y al sur de la población. Si se desea vivir una experiencia realmente inmunda, el viajero no debe perderse (y es difícil de evitar) el Doniambo Nickel Smelter, un emplazamiento antiestético repleto de chimeneas y situado en el norte de la localidad. Anse Vata dispone de los mejores alojamientos de lujo, aunque cuenta con algunos establecimientos económicos entre los hoteles de cuatro y cinco estrellas. El albergue de juventud, en el centro, ofrece el hospedaje más barato, además de espléndidas vistas sobre la bahía de la Moselle, pero existe una amplia oferta para pernoctar (desde lo espartano hasta lo lujoso) en la urbe y la bahía des Citrons. Puede ser interesante echar una ojeada al barrio Latino y a la bahía des Citrons para encontrar restaurantes de precio módico, aunque el centro cuenta con infinidad de bares. Isla de los Pinos Junto con Grande Terre, resulta prácticamente la única parte de Nueva Caledonia visitada por los turistas. Su mayor atractivo radica en sus extraordinarias playas y bahías. Entre sus habitantes, abundan los canacos. El hecho de que la isla quedara al margen de la violencia desencadenada en la década de 1980 podría ser una de las consecuencias del carácter extremadamente acogedor y amigable de los isleños para con los viajeros. Las mejores playas se ubican en Kuto, la zona de máximo interés turístico. La mayoría de los alojamientos y restaurantes se encuentran en esta zona, y en la bahía de Kuto los nativos salen a pescar al anochecer. La residenciadel gobernador de la colonia penal, la Gendarmerie, las ruinas de la prisión y el cementerio de los deportados merecen asimismo una visita. Una tranquila excursión de 45 minutos conduce hasta la cima del Pic N_Ga (a 262 m de altitud), y en un día claro la vista puede abarcar la isla al completo. Existen múltiples grutas, entre las que destacan la cueva de Wèmwânyi, la más famosa, y la cueva d_Ouatchia, un estrecho pasadizo subterráneo con impresionantes formaciones rocosas. La bahía de Oro es un protegido estuario de agua del más bello color turquesa, rodeado por los inmensos pinos que dan su nombre a la isla. La isla de los Pinos cuenta con adecuadas conexiones vía aérea desde Nouméa, y un ferry; diversos buques de carga aceptan igualmente el transporte de pasajeros. Dista 50 km al sureste de Grande Terre. Hienghène Hienghène cuenta en su poder con dos bazas principales: el hecho de haber sido el escenario del asesinato de diez independentistas en 1984, y los Lindéralique Cliffs, espectaculares acantilados de piedra caliza negra, que se levantan en algunos puntos hasta 60 m sobre del nivel del mar. Están coronados por afilados pináculos, y posee numerosas cuevas habitadas por golondrinas y zorros voladores (el gran murciélago local). Un Club Med al sur de Hienghène ofrece alojamiento de lujo y una excelente imitación de un poblado melanesio. El Centro Cultural Goa Ma Bwarhat incluye un pequeño museo y una sala de actuaciones, donde se ofrecen ocasionales funciones de teatro, música y narraciones de leyendas. Igualmente resulta factible recorrer el Chemin des Arabes por las montañas centrales de Grande Terre hacia la costa oeste; el viaje se alarga tres días. Hienghène se emplaza en la costa noreste de Grande Terre y se accede a través de una carretera pavimentada que cruza las montañas y luego abraza la costa, descubriéndose un espectacular paisaje litoral. La forma de acceso más adecuada se efectúa mediante un autobús que parte de la capital. Bourail Con una población de tan sólo 4.350 habitantes, Bourail se descubre como un dinámico asentamiento de la era colonial y la segunda urbe -desde el punto de vista de extensión- de Nueva Caledonia. Presenta algo más de dinamismo que el cementerio árabe y el cementerio de la guerra del Pacífico de Nueva Zelanda. La caza y la pesca constituyen los pasatiempos favoritos entre la comunidad caldoche local, y su atractivo más conocido lo compone una extraña formación rocosa, la Roche Percée. Los vecinos afirman que representa un rostro, y cuando la marea está baja se puede ascender hasta su cumbre. Los más madrugadores podrán ver las tortugas en la bahía de las Tortugas. La mejor playa de la zona, Poé, cuenta con arena blanca y fina, conchas de colores y un excelente fondo marino para bucear. La RT1, en excelentes condiciones, bordea la montaña hasta Bourail, a unos 150 km al noroeste de Nouméa. Se puede acceder a esta población mediante autobús o automóvil Parque Territorial de la Rivière Bleue Aunque los días festivos y los fines de semana se halla atestado de visitantes, entre semana se puede disfrutar del parque prácticamente en solitario. Este emplazamiento resulta idóneo para los amantes de la naturaleza y los excursionistas. Posee bosques vírgenes de araucarias y pinos de kauri (incluida la especie gigante Grand Kaori, que se calcula debe tener unos mil años de edad), estanques para nadar y multitud de senderos. La rica fauna avícola del parque incluye los periquitos de corona roja, el melífago negro y el cagou, el pájaro nacional de Nueva Caledonia. Este último, que llegó a estar amenazado de extinción, vuelve a tener presencia gracias a un programa de reproducción y cría en cautividad. Se sitúa a 43 km tierra adentro desde Nouméa siguiendo la carretera RT2, y se accede mediante el autobús que se dirige a Yaté. En el interior del espacio protegido no se ha habilitado ningún medio de transporte público. La Foa La pequeña ciudad de La Foa está rodeada por frondosos campos de caña y bellos pinos de madera negra y araucarias. La urbe ha sobrellevado numerosas dificultades, desde sus orígenes como asentamiento penitenciario al asesinato de dos líderes del FLNKS en 1985. El histórico puente Passerelle de Marguerite fue diseñado por dos discípulos de Gustave Eiffel y, a pesar de haber sido apuntalado con una construcción más ancha, sigue impresionando. Fort Teremba, asentado en una llanura que desemboca en la bahía de Teremba, se convirtió en el cuartel general de los militares coloniales y fue sitiado por los canacos en 1878, durante la gran insurrección. En la actualidad se utiliza como escenario de la Muestra de Luz y Sonido que se celebra a finales de octubre o principios de noviembre. Farino, a 3 km, goza de bellas vistas sobre La Foa y el mar, y cuenta con un popular mercado que se organiza el segundo domingo de cada mes. Una línea de autobuses cubre el trayecto de 110 km desde Nouméa hasta La Foa los días laborables. Poindimié Sus playas son rocosas, pero merecen un buen baño o una sesión de buceo. Las islas y arrecifes sitas frente a la ciudad están consideradas una de las mejores zonas de Nueva Caledonia para practicar la inmersión. Para los aficionados a la integración arquitectónica, el Mosaico Vasarelyen la piscina municipal, en el extremo sur de la localidad, bien merece una visita. Victor Vasarely, padre del Op-Art ,diseñó este mosaico con el objetivo de iluminar las zonas grises y urbanizadas. El deslucido memorial de la Guerra está emplazado en la colina para conmemorar la participación estadounidense en la guerra del Pacífico. A pocos minutos en automóvil al norte de la ciudad, por la RT3, se emplaza la Tié Mission, con una iglesia construida en 1866. Poindimié se halla a unos 300 km de Nouméa en la costa noreste de Grande Terre, y la mejor manera de acceder se efectúa mediante un autobús que sigue la autopista RT3. Poum Poum, al final de la RT1, en la punta norte de Grande Terre, está formada por una comunidad de unos mil trescientos habitantes. Si el tiempo está revuelto, puede resultar muy poco acogedora, y a pesar de no ofrecer excesivos atractivos turísticos, si sobra algo de tiempo y se cuenta con transporte propio merece la pena hacer una excursión hasta Boat-Pass, también conocido como Pointe Nahârian. Esta silvestre y desolada península se encuentra expuesta al mar y rodeada de praderas, palmeras y pinos araucanos. A lo largo de la bahía Banare se cuentan excelentes y desiertas playas en Nennon y Kejaon. Existen vuelos entre Nouméa y Koumac, lugar donde se puede tomar un autobús. Poum se halla a 340 km al noroeste de Nouméa, y si se llega en autobús debe hacerse transbordo en Koumac. Tiga Contados viajeros llegan hasta este pequeño atolón de coral perteneciente al archipiélago de la Lealtad. En la zona protegida de la isla, los acantilados submarinos se encuentran repletos de coral y peces, y se erigen como un enclave ideal para el buceo. Sus desiertas playas resultan perfectas para tumbarse y descansar, y si bien carece de alojamientos formales se puede acampar en el aeropuerto y en la mayoría de terrenos privados, si se obtiene la conformidad del propietario. Los 380 tiganos habitan en el extremo noroeste de la isla, donde el arrecife es más accesible y el territorio se halla menos expuesto a los elementos meteorológicos. La pista de aterrizaje de Tiga se encuentra al sur del poblado y ofrece cuatro vuelos interislas a la semana desde Maré y Lifou, y uno cada siete días desde Nouméa. Poum, al final de la RT1, en la punta norte de Grande Terre, está formada por una comunidad de unos mil trescientos habitantes. Si el tiempo está revuelto, puede resultar muy poco acogedora, y a pesar de no ofrecer excesivos atractivos turísticos, si sobra algo de tiempo y se cuenta con transporte propio merece la pena hacer una excursión hasta Boat-Pass, también conocido como Pointe Nahârian. Esta silvestre y desolada península se encuentra expuesta al mar y rodeada de praderas, palmeras y pinos araucanos. A lo largo de la bahía Banare se cuentan excelentes y desiertas playas en Nennon y Kejaon. Existen vuelos entre Nouméa y Koumac, lugar donde se puede tomar un autobús. Poum se halla a 340 km al noroeste de Nouméa, y si se llega en autobús debe hacerse transbordo en Koumac. Se desconocen numerosos detalles de los oceanianos, que arribaron desde el sureste asiático hace unos cincuenta mil años y se establecieron en el Pacífico occidental. Entre el 7000 y el 5000 a.C. nuevas olas migratorias de la misma procedencia aportaron a esta región la agricultura, la construcción de canoas y la elaboración de cerámica. Legaron túmulos funerarios en Grande Terre y en la isla de los Pinos, además de petroglifos en la isla principal. La zona acogió nuevas migraciones desde la actual Polinesia y Samoa entre los siglos XI y XVIII. A finales del siglo XVI los españoles surcaron el Pacífico en busca de la mítica Terra Australis y, atraídos por las historias sobre el buen salvaje y los paraísos del Pacífico, ingleses y franceses les siguieron los pasos de inmediato. El explorador británico James Cook divisó Grande Terre en 1774 y la bautizó Nueva Caledonia, al recordarle a las Highlands escocesas, denominadas Caledonia por los romanos. Catorce años más tarde, el rey Luis XVI mandó una expedición bajo el mando del conde de La Pérouse; nunca arribó debido a un ciclón frente a las costas de Vanikolo, en las islas Salomón. El almirante Bruny D_Entrecasteaux fue enviado a buscarles tres años más tarde y, junto a parte de su tripulación, desembarcó y tardó un mes en cruzar a pie el norte de Grande Terre. Los primeros occidentales que permanecieron más de tiempo fueron los balleneros británicos y estadounidenses, que habilitaron una estación de extracción de petróleo en Lifou, en las islas de la Lealtad, en 1840. Les siguieron los taladores de sándalo, cuyo establecimiento en el archipiélago generaría las primeras tensiones. En 1853, Napoleón III anexionó Grande Terre a Francia bajo el pretexto de proteger a los misioneros galos. Los franceses se instalaron y gobernaron con un régimen militar durante el resto del siglo XIX. A medida que las misiones francesas iban adquiriendo más poder, las costumbres tradicionales se iban desintegrando y el modus vivendi de los isleños se veía amenazado. La esclavitud, que siguió hasta el siglo XX, y las nuevas enfermedades diezmaron más si cabe a la población. Los franceses consideraron el Pacífico como un lugar idóneo para ubicar a los reos, y deportaron a sus primeros convictos en mayo de 1864. La mayoría se trataba de presos políticos de la Comuna de París, pero otros eran los parias y ladronzuelos de las calles de la metrópoli. Cuando la deportación fue prohibida en 1879, Francia ya había mandado a veintiun mil prisioneros. El descubrimiento de níquel y la llegada de pobladores libres exacerbó los conflictos raciales, pues los europeos invadieron aún más tierras tribales. En 1878, una revuelta de siete meses contra el dominio francés acabó con la vida de 200 franceses y 1.200 nativos. La represión que siguió debilitó en mayor medida su cultura. Numerosos canacos fueron reclutados en la I Guerra Mundial. Durante la segunda gran contienda, cuarenta mil soldados estadounidenses sirvieron en la base de Nueva Caledonia, que empleó a innumerables indígenas. En estas instalaciones se mantuvieron relaciones relativamente estables entre blancos y negros, y los aborígenes recibieron un sueldo real por primera vez. Finalizada la II Guerra Mundial, el estatus de la colonia fue elevado a territorio de ultramar francés. Los canacos iniciaron la reivindicación independentista, y el líder Naisseline de Maré preparó un Estatuto de los Nativos, arguyendo que, puesto que habían luchado y fallecido en defensa de la bandera francesa, merecían los mismos derechos que los ciudadanos galos. Los indígenas obtuvieron la ciudadanía en 1946. En 1953 se fundó el primer partido político, la Union Calédonienne, y cuatro años después obtuvieron el derecho al voto. El auge del níquel en la década de 1960 condujo a un rápido crecimiento en Nouméa e incrementó tanto la agitación canaca por los derechos de la tierra como el deseo de los caldoches por obtener una mayor cuota de independencia de su lejana administración. Los primeros estudiantes formados en universidades francesas regresaron a Nueva Caledonia a finales de los años sesenta. Habían presenciado las protestas estudiantiles de mayo de 1968 en París, y la conciencia y agitación política fue en aumento. La independencia y la devolución de las tierras constituía la clave en 1977, pero los canacos ya se habían convertido en minoría en su propio territorio. El punto de inflexión del movimiento independentista aconteció en 1984, iniciándose dos años de caos generalizado conocido como Les Évènements. Desencantados con las vacías promesas de reforma del gobierno socialista francés, varios partidos independentistas crearon el FLNKS (Front de Libération National Kanak et Socialiste), con Jean-Marie Tjibaou como su primer dirigente. El Frente boicoteó las elecciones territoriales de 1984 y la violencia sacudió el país. Cuando uno de los líderes más radicales del FLNKS fue asesinado por los paramilitares cerca de La Foa, los disturbios estallaron de forma generalizada. Francia envió tropas de inmediato y declararó el estado de emergencia. Acontecieron nuevos boicots electorales, seguidos de asesinatos y bombas que destruyeron el centro de Nouméa; más tarde se facilitaron ciertas concesiones. Francia se enemistó con Australia y Naciones Unidas en 1986, cuando la ONU situó de nuevo a este territorio en su lista de descolonizaciones. Los franceses interpretaron este gesto como una intromisión en su política interior y expulsaron al cónsul general australiano de Nouméa, alegando que había desempeñado un papel decisivo en este proceso. Tjibaou fue asesinado en 1989 por un grupo de canacos que consideraba que el FLNKS se había vendido con el acuerdo de paz de 1988. La violencia aminoró durante la década de 1990, y las palabras que más suenan en la actualidad en la derecha y en muchos círculos independentistas son consenso e independencia negociada. Los Acuerdos de Nouméa de principios de 1998 supusieron un golpe para la liberación nacional, pues aplazaban la independencia del territorio hasta 2013. La razón de este retraso recayó en los temores de que un referéndum pudiera suscitar nuevos brotes de violencia. Lo más probable es que Francia considere Nueva Caledonia como un bien político y económico que no desea perder. Mientras tanto, el asunto de la independencia define la política y las relaciones étnicas. En junio de 2004, fue elegida presidenta Marie-Noelle Themerea, del partido anti-independencia Futuro Juntos, y prometió aplicar reformas sociales, económicas y fiscales. Entre los canacos, la danza se ha convertido en una elevada expresión artística. El tradicional baile pilou narra historias de pájaros, enlaces matrimoniales, ciclones o planificaciones de batallas, aunque las autoridades coloniales lo prohibieron en 1951 por la intensa energía y el estado de trance al que se sometían sus bailarines (e, incluso, por las ocasionales cenas de carne humana). La música constituye un elemento fundamental en todas las celebraciones, y la gama instrumental incluye conchas marinas, instrumentos rítmicos y flautas de bambú. Los caldoches -neocaledonios blancos, mayoritariamente descendientes de convictos franceses-, han forjado su propia cultura, más afín a la de las zonas rurales australiana y estadounidense que a la francesa metropolitana. Entre ellos son populares los rodeos y las ferias campestres. Los metros acogen en su denominación a los inmigrantes más recientes procedentes de Francia, y es más probable encontrarlos cenando en buenos restaurantes y comprando en los establecimientos más modernos que contemplando el rabo de una vaca. El francés es el idioma oficial y existen 33 dialectos melanesio-polinesios, pero tras la ignorancia que han sufrido por parte de los colonizadores, no se ha unificado ninguna lengua indígena. El clan, y no el individuo, constituye el elemento más importante de la cultura tradicional, junto a la coûtume, un código que comprende ritos y la interacción social entre clanes. También se mantiene un vínculo decisivo con los ancestros de los individuos. Los canacos son melanesios, los negros del Pacífico occidental vinculados a los aborígenes de Australia y Papúa, y se autodenominan tiva-ouere (hermanos de la tierra). La gastronomía de Nueva Caledonia se fundamenta en determinados productos básicos tales como el pescado, el coco, la banana, el taro, el boniato y el ñame. La langosta, la carne de cangrejo, el dugongo y la tortuga también aparecen como fuentes tradicionales de alimentación, al igual que el zorro volador (el gran murciélago local). A pesar de que gran parte de la comida autóctona ha sido sustituida por ingredientes enlatados y procesados, todavía se puede encontrar el bougna, una deliciosa combinación de taro, ñame, boniato, banana y trozos de pollo, cangrejo o langosta envuelta en una hoja de banano y cocida en un horno de piedra. Numerosos restaurantes sirven cocina francesa, con todas sus singularidades, aunque los establecimientos vietnamitas, chinos e indonesios suelen ofrecer más calidad. Los franceses, por supuesto, se toman su café y su vino con seriedad, y ambos resultan excelentes. · Leenhardt, Maurice: Do Kamo: la persona y el mito en el mundo melanesio, Ediciones Paidós, Barcelona, 1997
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