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Polonia
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Por su situación en el corazón del Viejo Continente, Polonia ha constituido tanto un puente como un frente entre Europa oriental y occidental. En la actualidad, se ha convertido en el país ideal para quienes desean ser testigos de cómo una nación se sacude el polvo de su pasado y trata de volver a empezar. Se descubre un territorio polifacético donde modernos personajes urbanos disfrutan de la capital y de las antiguas poblaciones medievales, y donde carretas tiradas por caballos recorren zonas a las que el siglo XXI parece no haber llegado.

Nombre completo: República de Polonia
Superficie: 312.685 km²
Población: 38.625.478 hab.
Capital: Varsovia (1.750.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 98% polacos, 1,3% alemanes, 0,6% ucranianos 0,5% bielorrusos
Idioma: polaco
Religión: 95% católicos
Régimen político: república parlamentaria
Presidente: Lech Kaczynski
Primer ministro: Jaroslaw Kaczynski

PIB: 373.200 millones de dólares
PIB per cápita: 9.700 dólares
Crecimiento anual: 4,8%
Inflación: 4%
Principales recursos económicos: maquinaria, hierro, acero, productos químicos, agricultura
Principales socios comerciales: Unión Europea (en especial Francia, Alemania, Italia y Reino Unido), Rusia
Miembro de la UE: sí

Visados: los ciudadanos de la mayoría de los países de la Unión Europea y de Estados Unidos pueden entrar en Polonia sin visado y permanecer en el país durante noventa días. Desde mayo de 2004, los ciudadanos de Australia, Nueva Zelanda y Brunei que permanezcan hasta noventa días en el país, tampoco necesitarán visado. Se están liberalizando las leyes que regulan el paso fronterizo, por lo que es aconsejable consultar con una embajada polaca correspondiente antes de partir.
Condiciones sanitarias: servicio hospitalario de baja calidad, especialmente en las zonas rurales
Hora local: GMT+1; GMT+2, en verano
Electricidad: 220 V, 50 Hz
Pesos y medidas: sistema métrico
Turismo: 8.000.000 de visitantes al año

La temporada turística abarca, aproximadamente, de mayo a septiembre, y con mayor intensidad durante los meses de julio y agosto. En esa época, las playas del Báltico son tomadas por enjambres de personas, los centros de veraneo y los balnearios son invadidos por turistas, los lagos de Mazuria se llenan de miles de veleros, y quienes practican el senderismo apenas pueden ver las montañas. Quizá la mejor época para visitar Polonia acontezca al final de la primavera (entre mediados de mayo y junio) o al comienzo del otoño (de septiembre a mediados de octubre). En ambos períodos se mantiene un clima agradable y abundan las actividades culturales. El invierno es frío y oscuro (como cabría esperar) y muchos campings y albergues han finalizado sus servicios, pero aún así constituye un momento idóneo para visitar las urbes polacas.

Con una población mayoritariamente católica, las celebraciones religiosas son de suma importancia. Se evidencia durante la Navidad y la Semana Santa, aunque cualquier domingo basta para hacerse una idea de la devoción y el fervor religioso de los polacos. Todas las iglesias (y existen bastantes) se encuentran abarrotadas durante las misas dominicales.

Entre los principales acontecimientos musicales se distinguen el Festival de Música en la Ciudad Vieja de Cracovia, que se celebra en agosto, y el Wratislavia Cantans, que incluye múltiples oratorios y cantatas y que se festeja en Wroclaw durante el mes septiembre. Varsovia resurge como centro cultural; en otoño se organizan festivales de música contemporánea, incluyendo uno de jazz a finales de octubre. En enero, en los Encuentros de Teatro de Varsovia se repasan los logros de las principales compañías de teatro polacas durante el año anterior. El Festival de Cine Polaco, que acontece en Gdynia en noviembre, se ha convertido en la principal muestra de películas nacionales.

A lo largo de la nación discurren celebraciones locales, ferias y concursos que reflejan el folclore del lugar. La gran mayoría se convoca a principios de verano y otoño.

Moneda
zloty (literalmente, oro)

Comidas
· Presupuesto bajo: entre 10 y 20 zlotys
· Presupuesto medio: entre 20 y 35 zlotys
· Presupuesto alto: a partir de 35 zlotys

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 30 y 90 zlotys
· Presupuesto medio: entre 90 y 180 zlotys
· Presupuesto alto: entre 180 y 360 zlotys

A pesar de haber dejado de ser la ganga que antaño atrajo a tantos viajeros, Polonia todavía se mantiene como un país económico. Quienes estén acostumbrados a alquilar un automóvil y a alojarse en hoteles de lujo gastarán prácticamente lo mismo que en Europa occidental. Sin embargo, aquellos que se conformen con hoteles y restaurantes baratos, desplazamientos en autobús o en tren, unas cuantas cervezas, una visita a un museo de cuando en cuando y un taxi aquí y otro allá, se las arreglará con unos 25 euros al día.

En general, no resulta peligroso llevar efectivo mientras se viaja por Polonia. Los cheques de viaje pueden canjearse con relativa facilidad, pero se consigue un cambio más favorable con billetes. Las tarjetas de crédito se están popularizando -se pueden utilizar en buenos hoteles y restaurantes, alquiler de vehículos y transporte de largo recorrido-. También es posible conseguir adelantos en metálico con las principales tarjetas de crédito.

Varsovia

A pesar de haber sido fundada tardíamente respecto a la historia polaca (a principios del siglo XIV), Varsovia ha desempeñado el papel de capital de la nación -con algunas interrupciones- desde 1611. Durante mucho tiempo actuó como centro industrial y cultural, y llegó a convertirse en una de las urbes más refinadas y hermosas de Europa central hasta que adquirió el título de Ciudad más Devastada en la II Guerra Mundial. Respecto a su apariencia y su espíritu, Varsovia se forjó esencialmente como un producto de la posguerra. Sus escasos oasis históricos han sido meticulosamente reconstruidos, si bien la mayor parte del paisaje urbano data de la época contemporánea. Esta nueva fachada de la capital resulta impresionante más por la determinación con la que surgió que por sus edificios de la época estalinista y sus insulsos barrios formados por viviendas de cemento prefabricadas.

El río Vístula divide a la metrópoli en dos zonas dispares. En el sector occidental, la ribera izquierda, se encuentran el centro urbano propiamente dicho y, hacia el Norte, la ciudad vieja. La mayoría de los monumentos y el grueso de las instalaciones turísticas se hallan en este lado del río. El distrito de Praga, en la ribera derecha, no cuenta con mayores puntos de interés y apenas es visitado por los turistas.

La ciudad vieja fue totalmente reconstruida tras haber sido completamente arrasada durante la guerra. El objetivo de esta monumental reconstrucción, entre 1949 y 1961, buscaba reproducir la apariencia de la localidad durante los siglos XVII y XVIII, su época de mayor esplendor. Los fragmentos de las construcciones originales que se hallaron entre las ruinas se emplearon en la reconstrucción. Si en 1945 la plaza de la ciudad vieja consistía, básicamente, en las paredes de dos edificios que sobresalían de los escombros, hoy brilla como una armoniosa mezcla de elementos renacentistas, barrocos y góticos. El enclave rebosa vida y un buen ambiente, aparenta naturalidad y está atestado de cafeterías al aire libre y puestos callejeros donde se comercian obras de arte. En el Museo Histórico de Varsovia, que ocupa toda la zona norte de la plaza, se proyecta un documental sobrecogedor sobre la destrucción y la reconstrucción de la urbe, y se exhiben muestras exquisitamente presentadas de la historia de Varsovia.

El bulevar principal que atraviesa la población de Norte a Sur, la calle Real, parte del castillo Real hasta llegar al palacio Lazienki, la residencia veraniega de los monarcas. Resurge como una de las vías más espléndidas de Europa y está bordeada de iglesias, palacios, galerías y museos. A mitad de camino, en dirección este, se emplaza el Museo Nacional, con su monótona fachada que obliga a abandonar cualquier sensibilidad estética. Esta institución cultural alberga un tesoro de obras de arte antiguo y contemporáneo; la principal atracción está formada por una imponente colección de frescos de una de las primeras catedrales cristianas de Pharos, en Sudán, construida entre los siglos VIII y XII. Igualmente, cuenta con un asombroso muestrario de cruces coptas.

Varsovia ofrece la posibilidad de elegir entre una amplia variedad de gastronomías étnicas así como degustar su comida y bebida hasta altas horas. A lo largo de la ciudad vieja se despliega una gran cantidad de restaurantes de comida tradicional polaca e internacional. La parte sur de la calle Real cuenta con clubes de estudiantes que ofrecen diversas actividades culturales, como recitales, lecturas de poesía, cine, teatro y conciertos de rock, folk y jazz, y que suelen convertirse en discotecas nocturnas los fines de semana.

En toda la extensión urbana pueden encontrarse alojamientos económicos, en ocasiones muy alejados del centro y, por lo general, carecen de estilo y ambiente. Posee asimismo dos magníficos hostales próximos a la universidad, y se pueden conseguir habitaciones privadas a través de agencias (se puede preguntar en el centro de información frente al castillo Real). En las inmediaciones de la estación central de autobús existe una pequeña zona para acampar.

Por ser la capital de Polonia, Varsovia constituye un ajetreado centro local e internacional de comunicaciones por avión, tren y autobús. La principal estación de tren está ubicada en el centro; la terminal de autobús se encuentra al oeste del centro urbano; el aeropuerto se halla en las afueras, en dirección sur, a unos 10 km del núcleo de la ciudad.

Tatras

Los montes Tatra son los de mayor altitud de los Cárpatos, y constituyen la única cordillera de tipo alpino de Polonia. Esta región ofrece imponentes picos y abruptos precipicios de cientos de metros que se asoman a lagos glaciales. Los inviernos son largos; los veranos, cortos y no lo bastante calurosos como para derretir toda la nieve. Las épocas idóneas para una visita se concentran en los últimos coletazos primaverales y el comienzo del otoño, cuando el tiempo es agradable y escasean los visitantes.

Hacia el Norte, al pie de los Tatra, se encuentra la región de Podhale, salpicada de aldeas que aún conservan las tradiciones propias de las montañas. Esta zona posee infinidad de senderos de todo tipo: cortos, para tranquilos paseos; algo más largos, para excursiones; y los más difíciles, para los amantes de la montaña. Una de las caminatas más espectaculares es la que conduce al paso Zawrat, en el este de la cordillera. Se accede en funicular hasta el monte Kasprowy Wierch, lugar donde se originan varias rutas que atraviesan la cresta.

Zakopane aparece como el principal centro turístico de los Tatra polacos. Esta población resulta agradable, especialmente si no se visita durante las vacaciones estivales o invernales, y exhibe unas características ideales para esquiar y practicar el senderismo. Diariamente parte un tren hacia Varsovia, y circulan diversos autobuses con destino a Cracovia y a otras poblaciones.

Cracovia

Cracovia, la capital durante medio milenio, ha presenciado y absorbido más historia que ninguna otra ciudad polaca. Además, consiguió salir intacta de la última gran guerra y ha conservado abundantes muestras arquitectónicas de diferentes épocas. Los efectos del siglo XX se han limitado a la lluvia ácida; las edificaciones más elevadas del perfil de Cracovia no son rascacielos sino agujas de antiguas iglesias. Sin embargo, la urbe no permanece como un monumento silencioso a los sucesos del pasado, sino como una población repleta de vida y personalidad.

La ciudad vieja, de reducidas dimensiones y rodeada de jardines, resulta absolutamente encantadora. La plaza del Mercado Principal se encuentra flanqueada por edificios históricos, museos e iglesias. La iglesia de San Adalberto, que data del siglo X, es una de las más antiguas. Si se topa con un cura entusiasta en un momento de generosidad es posible que abra los ataúdes de la iglesia de los Franciscanos Reformados, aunque podría provocar problemas digestivos a quien observe boquiabierto algunos de los cuerpos momificados. Una de las mejores instituciones culturales de la urbe, el Museo Czartoryski, acoge una impresionante colección de arte europeo, así como de objetos de artesanía asiáticos y armaduras. Cracovia fue la tierra donde Oscar Schindler inició su labor humanitaria para evitar el mayor traslado posible de judíos a los campos de exterminio; se organizan visitas guiadas que permiten recorrer algunos de los enclaves relacionados con su vida, además de algunos lugares que aparecen en la película de Steven Spielberg.

Grandes Lagos de Mazuria

En la zona central de Mazuria se encuentra la mayor concentración de lagos de Polonia; de hecho, más del 15% de la región está cubierta de agua. Los principales lagos, el Sniardwy y el Mamry, están unidos por medio de ríos y canales formando un extenso sistema de vías fluviales. De más está decir que este paraje se ha convertido en uno de los destinos más populares para los amantes de los veleros y del piragüismo. Alrededor de los lagos surgen algunas poblaciones; las mayores son Gizycko y Mikolajki. Esta última concentra la mejor oferta gastronómica y de alojamiento, aunque la mayoría de los establecimientos cierran fuera de temporada. Resulta factible recorrer la zona de los lagos en bicicleta, una opción altamente recomendable debido al deplorable estado del transporte público de la región. Cada noche llegan trenes a Gizycko desde Gdansk. Otra posibilidad supone desplazarse a Ruciane-Nida, en los lagos del sur, desde Bialystok y Varsovia.

Oswiecim

Esta población industrial, ni grande ni pequeña, se ubica a 60 km al oeste de Cracovia, y no puede considerarse una atracción en el sentido estricto de la palabra. Aunque su nombre en polaco resulta poco familiar, su traducción al alemán, Auschwitz, evoca una gran tragedia. Si bien en 1945, los nazis en retirada desmantelaron parte de lo que fue su mayor campo de concentración, lo que queda de estas fábricas de destrucción en esta tranquila zona rural resulta más que suficiente para mostrar la magnitud del Holocausto. Cuatro millones de personas, de las cuáles dos millones y medio eran judíos, fallecieron en Auschwitz y en el cercano complejo de Birkenau. Ambos enclaves están abiertos al público y se mantienen, básicamente, intactos desde que los nazis los abandonaron. Las historias que aún susurran las cámaras de gas, los crematorios, los barracones y el alambre de púas lo convierten en un lugar conmovedor y espeluznante.

Torún

Torún, a 200 km al sur de Gdansk, vio nacer a Copérnico, el "hombre que detuvo el Sol y movió la Tierra". Esta bella ciudad data del siglo XIII, cuando los caballeros teutones la convirtieron en uno de sus primeros puestos de avanzada. En la década de 1280, Torún pasó a ser un puerto hanseático y atravesó por una época de opulencia en la que se construyeron los elegantes edificios góticos que aún permanecen. El único problema de quien pase algunos días paseando por la urbe y saboreando el pan de jengibre local es que se sature ante la extraordinaria belleza de sus paisajes, propios de una postal.

Zamosc

La ciudad de Zamosc fue completamente planificada y construida hace cuatro siglos por orden del canciller Jan Zamoyski. Pretendía crear una urbe perfecta que actuara como importante centro cultural y comercial, así como fortaleza inexpugnable. El experimento tuvo éxito, y como la población se hallaba en la intersección de algunas importantes rutas comerciales, de inmediato atrajo capital e inmigrantes, y desarrolló una vigorosa tradición intelectual. Zamosc demostró que era capaz de defenderse al ser una de las tres ciudades polacas que resistió el asedio sueco de 1656. En la actualidad, constituye un paraje encantador, bastante alejado del circuito turístico, pero con alojamientos a precios razonables y algunos bares y locales nocturnos atractivos. Los enlaces por tren y carretera se efectúan principalmente en Lublin, a unos 120 km al Noroeste.

Glogowek

Escondido en las estribaciones de los Sudetes, Glogowek forma parte del conjunto de poblaciones medievales de esta zona que han conservado su disposición original, con su plaza, su iglesia y sus antiguas viviendas. La imagen negra de la Virgen María con Niño, situada en la réplica de un altar italiano, atrae como un imán a los peregrinos. Cuenta con un pequeño hotel y un albergue juvenil que abre en verano. Diversos trenes enlazan Glogoek con Cracovia y otras poblaciones, vía Nysa.

El senderismo se considera, y con razón, la principal actividad al aire libre. Los caminos más frecuentados se hallan en los montes Tatra, aunque los de Pieniny, Bieszczady o Karkonosze se consolidan entre las opciones más interesantes. Es posible practicar piragüismo en la mayoría de las vías fluviales, aunque los ríos principales están muy contaminados. Los ríos Krutynia y Czarna Hancza, ambos en Mazuria, permanecen prácticamente intactos y ofrecen algunos de los mejores enclaves de la nación para la navegación en kayak. Los lagos de Mazuria resultan idóneos para los veleros y, como es lógico, durante el verano se encuentran repletos de embarcaciones. Se pueden alquilar veleros en Gizycko, Mikolajki o en otros balnearios de Mazuria. Polonia cuenta con unas mil cuevas, la mayoría situadas en las montañas próximas a Cracovia y en los montes Tatra. Algunas cavernas se han habilitado para recibir visitantes que no desean adentrarse en una completa oscuridad o que necesitan algo más de espacio; la cueva del Oso, cerca de Klodzko, y la cueva Paraíso, en las inmediaciones de Kielce, constituyen dos de las más espectaculares. Las pistas de esquí se concentran en los Cárpatos. Sin lugar a dudas, Zakopane, al pie de Tatra, se sitúa como la zona predilecta de los esquiadores; Szczyrk, en Beskid Slaski, ha conseguido una gran popularidad.

Las fronteras polacas parecen invitar a apropiarse de ellas. Los grandes constructores de imperios europeos (y otros no tan grandes) han entrado y salido de esta tierra desde que los polans (gente de los campos) llegaron en el siglo X. Las implacables invasiones cesaron recientemente con la decadencia de la influencia soviética.

Pero guerras y sometimientos no constituyen los únicos elementos en la historia de Polonia. Esta nación -una de las generadoras de cultura en Europa- ha prosperado bajo el mandato de cultos y enérgicos gobernantes. Casimiro III el Grande (1333-1370) otorgó a Cracovia una de las primeras universidades de Europa, y levantó una extensa red de castillos y fortificaciones por todo el país. A lo largo de los siglos de expansión que siguieron junto con la reducción del territorio y la fluctuación de riqueza y pobreza, las infraestructuras legadas por Casimiro III se mantuvieron en pie; la mayoría de los problemas provenían del exterior.

La estabilidad interna se tambaleó en el siglo XVII. Con el parlamento paralizado por la estipulación de que cualquier ley podía ser vetada por la negativa de un solo miembro, pasaron décadas sin aprobarse ley alguna, frustración que provocó tensiones. La nobleza actuaba de forma independiente usurpando los derechos políticos y gobernando sus tierras como auténticos señores feudales; paralelamente, los invasores extranjeros -rusos, tártaros, ucranianos, cosacos, otomanos y suecos- se repartían el territorio polaco.

A finales del siglo XIX, Polonia estaba sumida en el caos. Cuatro millones de personas habían fallecido a causa de las guerras, la hambruna y la peste bubónica; mientras, Rusia, Prusia y Austria ensayaban cómo repartirse el botín polaco. A pesar de una teórica recuperación económica, la pobreza imperaba en la zonas rurales y aproximadamente una quinta parte de los veinte millones de habitantes emigraron, principalmente a Estados Unidos.

La situación empeoró con la llegada de la I Guerra Mundial. El enfrentamiento entre las tres potencias que ocupaban Polonia discurrió, principalmente, en territorios habitados por polacos, que con frecuencia eran reclutados por alguno de los frentes y obligados a combatir entre ellos. El número de muertes y la magnitud de la destrucción resultan asombrosos. Durante la confusión que siguió a la contienda, y aprovechando la situación revolucionaria en Rusia, Polonia reunió los escasos territorios disponibles para formar una identidad soberana e intentó construir una nación independiente prácticamente de cero. Los progresos de este monumental proyecto concluyeron con el estallido de la II Guerra Mundial, cuando Alemania, y posteriormente la Unión Soviética, ocuparon Polonia con avidez, y sometieron por medio de la violencia a sus habitantes; los nazis se centraron particularmente en la población judía.

El gobierno polaco en el exilio estableció una alianza de facto con Stalin, un compadrazgo obsceno que poco aportaría a los polacos que aún permanecían en el país. La Unión Soviética envió soldados polacos mal equipados para absorber proyectiles nazis, y luego enviar al ejército rojo, que se llevaría toda la gloria, además de un pedazo del territorio polaco. En 1945, Polonia estaba -una vez más- devastada, y más de seis millones de sus ciudadanos habían fallecido, la mitad de ellos, judíos. En la Conferencia de Yalta, el 11 de febrero de 1945, Roosevelt, Churchill y Stalin fijaron las fronteras de Polonia en la línea Curzon al Este y en la línea Oder-Neisse al Oeste, y dejaron el país en manos de los soviéticos. De esta forma, se transformó en escenario de actos de represión y violencia al más puro estilo estalinista. Los polacos nunca aceptaron esta forma política y durante el período comunista se sucedieron innumerables huelgas.

A medida que disminuían las esperanzas de prosperidad, el sindicalismo obrero aumentaba con el apoyo de intelectuales comprometidos. La triunfal visita del papa Juan Pablo II a su tierra natal en 1978 sirvió para intensificar la agitación política. La organización y la unidad del movimiento obrero eran superiores a las mostradas por la desmoralizada administración comunista y, en la década de 1980, el gobierno se mostraba incapaz de silenciar a sus oponentes. Las iniciales exigencias de aumentos salariales pronto se tornaron en reivindicaciones políticas y económicas. Las delegaciones de obreros polacos se unieron bajo la bandera de la central sindical Solidaridad, dirigida por Lech Walesa. Solidaridad influyó notablemente en la sociedad polaca, obteniendo diez millones de miembros en su primer mes, un millón de los cuáles procedía de las filas del Partido Comunista. Después de más de una generación de sometimiento, los polacos se lanzaron a una suerte de democracia espontánea y caótica. Aunque el gobierno había concedido a los obreros el derecho a la sindicación y a la huelga, la situación se les escapaba: en 1981, se instauró la ley marcial, Solidaridad fue declarada ilegal y muchos de sus líderes, Walesa incluido, fueron arrestados. Los abusos de la ley marcial fueron amainando paulatinamente, pero Solidaridad se vio obligada a actuar de manera clandestina, hasta que la perestroika de Gorbachov alcanzó a Polonia.

En 1989, en unas elecciones semilibres, los miembros de Solidaridad obtuvieron una abrumadora mayoría de los puestos de la cámara alta del parlamento. Walesa fue elegido presidente en 1990, pero su gobierno pasó gradualmente de un estado de euforia a la desilusión. No hubo milagros económicos ni estabilidad política, y la mayoría de los partidos políticos y del electorado cuestionaron repetidamente tanto su estilo de gobierno como sus logros.

Los antiguos comunistas Aleksander Kwasniewski y Wlodzimierz Cimoszewicz sucedieron a Walesa a finales de 1995 y gobernaron hasta los últimos coletazos de 1997, cuando Jerzy Buzek, que encabezaba una coalición liderada por Solidaridad, tomó las riendas. Poco después, Aleksander Kwasniewski, candidato de la Alianza de Izquierda Democrática, obtuvo de nuevo el control político, siendo reelegido en octubre de 2000 para un segundo período presidencial. En esas mismas elecciones, el antaño venerado Walesa obtuvo menos de un 1% de los votos.En 1999, Polonia se convirtió en miembro de la OTAN.

Un día después del ingreso de Polonia en la Unión Europea, en mayo de 2004, el gobierno del entonces primer ministro L. Miller (ADI) dimitió en pleno como consecuencia de un escándalo financiero y su lugar fue ocupado por el político del mismo partido Marek Belka.

El 2 de abril de 2005 el país pierde a su "hijo predilecto", Juan Pablo II "El Grande" (Karol Wojtyla) nacido en Wadowice, sur de Polonia.

En octubre de 2005, Lech Kaczynski, apoyado por los estratos más tradicionalistas del país, gana las elecciones.

La primera cosecha de la cultura polaca se debe a Segismundo I el Viejo (1506-1548). Gracias a su influencia, el polaco suplantó paulatinamente al latín, nació una literatura nacional y evolucionaron los conocimientos arquitectónicos. Durante este período también se realizaron esfuerzos en el campo de las ciencias. En 1543, Nicolás Copérnico publicó Sobre las revoluciones de las orbes celestes, en el que proponía que la Tierra giraba en torno al Sol. Segismundo II Augusto (1548-1572) mantuvo el mecenazgo del arte y la cultura iniciado por su padre. Ambos reinados forman lo que se conoce como el siglo de oro de Polonia.

La escultura y la pintura polacas son de carácter propiamente religioso, con representaciones góticas y renacentistas de la Virgen y Cristo en la mayoría de las iglesias. Las elaboradas decoraciones de las sepulturas conformaban una especialidad de los tallistas de piedra polacos, y su maestría anónima también resulta evidente en los bajorrelieves de las fachadas de muchos edificios renacentistas. Las obras de carácter profano, aún bien entrado el siglo XX, han sido creadas principalmente con una finalidad documental. Zdzislaw Beksinski supone una excepción. Nacido en 1929, Beksinski creó un llamativo y misterioso mundo onírico y está considerado uno de los más destacados artistas polacos.

En la actualidad, los creadores de esta nación aún tratan de deshacerse de la herencia estalinista. Durante ese período, el realismo socialista se convirtió en el estilo predominante. Este movimiento adoptó las vetustas normas del pasado, reduciendo el arte a mero instrumento de propaganda política; el legado en Polonia de esta corriente artística se basó en terribles muestras de pintura, escultura, arquitectura, literatura y música. Este país ha sido cuna de excelentes escritores de obras de ficción, muchos de ellos emigrantes como Isaac Bashevis Singer, cuyo trabajo recrea en yiddish el desaparecido entorno de la Polonia judía. Entre los exponentes más destacados de la cultura polaca actual se cuentan escritores como Ryszard Kapuscinski y el compositor Henryk Gorecki, cuya tercera sinfonía consiguió un gran éxito en todo el mundo en la década de 1980.

Con sus espesas sopas y salsas, la abundancia de patatas y de bolas de masa hervidas, el predominio de platos de carne y la ausencia de verduras, la comida polaca resulta abundante y sacia. La lista de ingredientes más característicos incluye el eneldo, la mejorana, el carvi y las setas silvestres; entre los platos más populares se distinguen el bigos (col fermentada y carne) y el barszcs (sopa de remolacha). En Polonia se efectúan cuatro comidas: un desayuno temprano, un almuerzo ligero a media mañana, una comida copiosa después del trabajo, y una cena escasa antes de acostarse. El té y el vodka son las bebidas más tradicionales en Polonia, y ambas se consumen con entusiasmo, aunque con distintos efectos.

Con su forma cuadrangular, Polonia abarca un máximo de 680 km de Este a Oeste y 650 km de Norte a Sur. Limita con el mar Báltico al Noroeste, con Alemania por el Oeste, con la República Checa y Eslovaquia en el Sur, y con Ucrania, Bielorrusia, Lituania y Rusia al Este. En la zona norte, Polonia presenta un terreno heterogéneo, ligeramente ondulante y relativamente arbolado, y contiene varios miles de lagos posglaciales. La llanura central constituye la principal zona agrícola y está regada por el río más largo que atraviesa el país, el Vístula, que, como todos los ríos que lo cruzan, se dirige hacia el Norte para desembocar en el mar Báltico. En sus regiones meridionales, el terreno comienza a elevarse y culmina en el Oeste en los Sudetes y en el Este en los Cárpatos, que bordean la frontera sur. El monte Rysy se erige como el punto más elevado de la nación con sus 2.499 m de altitud, y se halla en los montes Tatra de los Cárpatos, la cordillera alpina de Polonia.

Una cuarta parte del territorio aparece cubierta de bosques, habitados por liebres, ciervos y jabalíes. En las zonas boscosas de montaña viven algunos osos pardos y gatos montés, y en las situadas en el extremo noreste es posible encontrar alces. Centenares de bisontes europeos, que estuvieron a punto de extinguirse a principios del siglo XX, se concentran en el Parque Nacional de Bialowieza. Las aves han resistido mejor la urbanización y la contaminación de Europa, como lo confirma un rápido vistazo a los cielos de Polonia. Las cigüeñas anidan en los tejados y en las chimeneas de las viviendas de la campiña, y son muy apreciadas por los lugareños. En Polonia se distribuyen parques nacionales a lo largo de su territorio, aunque abundan preferentemente en las regiones montañosas del Sureste. La nación se nutre de innumerables parques paisajísticos, áreas de gran belleza pero que no cuentan con una protección estricta.

El tiempo está determinado por un clima continental procedente del Este y otro marítimo proveniente del Oeste. Como resultado, destaca su variabilidad: puede cambiar por completo de un día para otro y de año en año. Un invierno puede transcurrir prácticamente sin nieve, mientras que en el siguiente las intensas nevadas paralizan el transporte durante varias jornadas. En general, la región central se presenta como la más seca, mientras que las áreas montañosas reciben mucha más lluvia (y nieve en el período invernal). Los veranos suelen resultar cálidos y se convierten en la época más agradable para una visita, aunque la luminosidad de sus días puede verse interrumpida por intensas lluvias.

Existen vuelos directos a Varsovia desde las principales ciudades europeas, y desde urbes estadounidenses como Nueva York y Chicago, que acogen a una numerosa comunidad polaca. No debe pagarse tasa de embarque. A menos que se cuente con algún tipo de tarjeta de transporte, los precios de los billetes de tren y autobús desde algunas localidades europeas pueden resultar tan caros como los correspondientes a los vuelos con tarifas rebajadas. Las conexiones por tierra con Polonia se hallan en buenas condiciones y van mejorando, aunque perduran los retrasos en las fronteras, especialmente cuando se cruza desde otro país de Europa del Este. Numerosos cruces de frontera con Alemania y la República Checa están cerrados desde que muchos puentes sufrieran daños durante las terribles inundaciones de julio de 1997. Desde el Reino Unido y Escandinavia se ofrecen conexiones por mar hasta Gdansk, Gdynia y Swinoujscie. La mayoría de las compañías responsables de estos trayectos transportan automóviles.

A menos que se esté tratando de blanquear dinero, no hay necesidad de volar por el interior de Polonia. Los trenes ofrecen un servicio de calidad, y los autobuses llegan a todos los lugares que carecen de estación de ferrocarril. Además del parsimonioso servicio de autobús del Estado, existen compañías privadas que compiten entre ellas, disminuyendo notablemente los precios en muchas rutas interurbanas. Conducir un automóvil propio resulta, sin duda, la opción más cómoda, pero mejor no hacerlo con un vehículo caro: lo más probable es que lo roben. Es aconsejable llenar el depósito cada vez que se encuentre una estación de gasolina y proveerse de herramientas y repuestos de las piezas que suelen romperse -como correas-, ya que de lo contrario habrá que esperar unas buenas dos semanas hasta que lleguen de Alemania. La campiña polaca, básicamente llana y tranquila, se presta para recorrerla en bicicleta, pero las zonas urbanas no acogen bien a los ciclistas, se han provisto pocos carriles para bicicletas y muchos conductores exhiben un comportamiento hostil.


· Milosz, Czeslaw: El pensamiento cautivo, Tusquets Editores, Barcelona, 1981
· Kosinski, Jerzy: El pájaro pintado, Círculo de Lectores, Barcelona, 1990
· Michener, James A.: Polonia, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1984
· Frister, Roman: La gorra o el precio de la vida, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999
· Tryzna, Tomek: Niña nadie, Editorial Anagrama, Barcelona, 1998
· Fonseca, Isabel: Enterradme de pie: el camino de los gitanos, Ediciones Península, Barcelona, 1997
· Singer, Isaac B.: Cuentos judíos de la aldea de Chelm, Editorial Lumen, Barcelona, 1993
· Begley, Louis: Mentiras en tiempos de guerra, Ediciones B, Barcelona, 1999
· Mac Lean, Rory: La nariz de Stalin, Alba Editorial, Barcelona, 2001
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