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República Checa
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Los turistas acuden en tropel a este destino turístico de primer orden desde que en 1989 se abolió la hegemonía comunista. Aunque sus visitantes más fieles suelen lamentarse de que Praga ha dejado de pertenecerles, el país contiene aún suficientes atractivos como para satisfacer toda clase de exigencias; muchas de las zonas alejadas a la vibrante capital permanecen apartadas de los circuitos turísticos y, por ello, intactas.

Nombre oficial: República Checa
Superficie: 78.864 km²
Población: 10.300.000 hab.
Capital: Praga (1.200.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 81,2% checos, 13,6% moravos, 3,1% eslovacos, 0,6% polacos, 0,5% alemanes, 0,3% rumanos, 0,2% húngaros y 0,5% otros
Idioma: checo
Religión: 40% católicos, 10% protestantes
Régimen político: república parlamentaria
Jefe de Estado: Václav Klaus

PIB: 69,9 billones de dólares
PIB per cápita: 15.800 dólares
Crecimiento anual: 1,5%
Inflación: 0,6%
Principales recursos económicos: industria mecánica, transportes, industria metalúrgica, cemento, cerámica, algodón, cerveza
Principales socios comerciales: Alemania, Austria, Eslovaquia, Rusia, Italia
Miembro de la UE:

Visados: los ciudadanos de todos los países europeos occidentales, Japón y Nueva Zelanda pueden visitar la República Checa sin necesidad de visado durante 90 días como máximo; los procedentes del Reino Unido hasta 180 días.Los ciudadanos de Australia, Canadá, República de Sudáfrica y de muchos otros países pueden optar por un visado útil para una estancia de entre 30 y 90 días según la nacionalidad.
Hora local: GMT más una hora
Condiciones sanitarias: existe riesgo de encefalitis y algún foco de la enfermedad de Lyme.
Electricidad: 220 V, 50 Hz
Pesos y medidas: sistema métrico
Turismo: 17 millones de visitantes

Mayo, junio y septiembre constituyen los meses más agradables para visitar este país, con abril y octubre como alternativas algo más frías y, a veces, más económicas. La mayor parte de la población checa veranea en julio y agosto, cuando los hoteles y las zonas turísticas están más atestadas y los albergues se encuentran al completo, especialmente en la capital y en las zonas montañosas de Krkonose y Tatras. Por fortuna, la oferta de alojamientos más baratos se incrementa en las grandes ciudades en esta época. Centros como Praga, Brno y los complejos de montaña acogen a los visitantes a lo largo del año; más allá de estos emplazamientos, la mayoría de castillos, museos y sitios de interés, así como algunos hoteles, permanecen cerrados durante la temporada baja.

En la República Checa se celebran con gran entusiasmo las festividades y las conmemoraciones oficiales. El 30 de abril, en Praga se festeja el Paleni Carodejnic (la Quema de las Brujas), fiesta precristiana surgida para ahuyentar al maligno; en la actualidad, la práctica de la quema de brujas se ha reemplazado por hogueras que, durante toda la noche, arden en la isla de Kampa y en los patios traseros de las afueras. Entre las actividades culturales programadas en la República destacan el Festival Internacional de Música Prazské Jaro (Primavera de Praga), en mayo, la Feria Internacional del Libro de Praga, celebrada en el mismo mes, y el Prazsky Podzim (Otoño de Praga), en septiembre. Las fiestas navideñas cierran de forma sosegada el año en gran parte del país, aunque Praga sigue recibiendo innumerables turistas durante las vacaciones invernales.

Moneda
Corona checa

Comida

· Presupuesto bajo: entre 50 y 150 coronas
· Presupuesto medio: entre 150 y 300 coronas
· Presupuesto alto: a partir de 300 coronas

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 250 y 1000 coronas
· Presupuesto medio: entre 1000 y 3000 coronas
· Presupuesto alto: a partir de 3000 coronas

Los precios en los centros turísticos más importantes -especialmente en Praga, aunque también en los balnearios de la zona de Bohemia- son elevados, aunque no exagerados. La gran excepción la constituye el alojamiento en Praga, cuyo coste se equipara a la media del resto de Europa Occidental. Hospedarse en albergues económicos y cámpings, comprando la comida en establecimientos o recurriendo a bares y cafeterías, puede suponer unos 15 dólares por persona y día en verano. Permanecer en una casa de huéspedes o en un hostal, comiendo en restaurantes asequibles y utilizando el transporte público, entraña un presupuesto que puede ascender a 20 o 25 dólares. Pero compartir una habitación doble limpia con baño en un hotel o pensión de categoría media, y disfrutar de buena comida local u occidental generará un desembolso diario aproximado de 30 a 40 dólares. Si la estancia se efectúa en el centro de Praga los gastos ascenderán entre un 30 y un 50 por ciento, e incluso más respecto al precio original. Por otro lado, hay que tener en cuenta que en temporada baja muchos hoteles de categoría media y baja reducen sus tarifas una tercera parte.

Cambiar los cheques de viaje es sencillo; los eurocheques pueden canjearse sin comisión en las oficinas de Komercní Banka. En la mayoría de los enclaves turísticos, hoteles y restaurantes de lujo aceptan tarjetas de crédito; habitualmente, American Express, Visa o MasterCard, y en ocasiones Eurocard, Diners Club o JCB. La mayor parte de las agencias de viaje y algunos establecimientos turísticos de Praga también las aceptan, pero muchos comercios prefieren las coronas checas. También se suelen aceptar otras monedas en efectivo como los dólares estadounidenses y los marcos alemanes. Se aconseja evitar el cambio en el mercado negro, ya que la tasa habitual suele ser similar a la que ofrecen las entidades bancarias y, además, infinidad de timadores estafan a turistas con billetes de coronas antiguas o de zlotys polacos.

En los restaurantes turísticos con servicio de mesa se estila gratificar al personal con una propina de entre un 5 y un 10 por ciento de la cuenta.

Praga

Es imposible aburrirse en Praga, tanto si se permanece durante una breve estancia, concentrándose en su compacta red de callejuelas, pasajes y callejones sin salida, como si se disfruta de varias semanas, curioseando tranquilamente y disfrutando de su paisaje urbano.

El principal atractivo es su admirable aspecto físico. El centro de la metrópoli reúne novecientos años de arquitectura; los estilos románico, gótico, renacentista, barroco, así como sus adaptaciones decimonónicas y el Art Nouveau se yuxtaponen y se mantienen intactos tras las guerras y los conflictos del siglo XX. Su núcleo histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992, está formado por Hradcany (el distrito del Castillo) y Malá Strana (el barrio Chico), al oeste del río, Staré Mesto (la Ciudad Vieja) y Vácklavské námestí (la plaza Wenceslao) en el este; el puente Carlos separa Malá Strana de Staré Mesto. Esta zona abarca unos 3 km² y se puede recorrer a pie, por lo que un paseo por Praga permitirá descubrir sus más famosos atractivos.

Asimismo merece la pena descubrir Nové Mesto (la Ciudad Nueva), con sus tiendas, cafeterías, museos y teatros; Vysehrad, donde se contextualizan viejas leyendas que fundamenta la Praga mítica; y Holesovice, Smíchov, Troja y Vinohrady.

La oferta cultural y lúdica constituye una de las más importantes de la ciudad; se programa música clásica, jazz, rock, ópera, ballet, teatro de vanguardia y cuenta con excelentes museos y muchas galerías de arte. El único inconveniente, resultado de su popularidad como destino turístico, se manifiesta en la verdadera invasión de forasteros que recibe durante todo el año.

El alojamiento resulta mucho más asequible en Nové Mesto y Smíchov. El distrito central se encuentra repleto de restaurantes, pero son mucho más económicos los establecimientos de Nové Mesto que los de Staré Mesto.

Kutná Hora

En el siglo XIV Kutná Hora se convirtió en una esplendorosa ciudad, dotada de monumentos que simbolizaban su prosperidad. En esa época, esta localidad situada a unos 65 km al sureste de Praga, era la segunda más importante de Bohemia, gracias a sus ricos yacimientos de plata, y el groschen argentado acuñado aquí era la moneda más fuerte de Europa central en aquellos tiempos. A pesar de su decadencia, aún hoy conserva suficientes monumentos arquitectónicos de magnífica factura como para que la Unesco incluyera su centro histórico en su catálogo para el Patrimonio de la Humanidad en 1995. Es inevitable compararla con Praga cuando se descubre su plaza de suaves tonalidades y repleta de cafeterías, sus callejuelas medievales con fachadas de estilos que abarcan desde el gótico hasta las vanguardias, y la magnífica catedral de Santa Bárbara. La diferencia entre ambas urbes se evidencia en que los habitantes de Kutná Hora son más acogedores y sus precios más módicos.

El centro histórico es bastante compacto y se puede recorrer caminando. Aquellos que hayan programado una visita cultural se sentirán gratificados con los fascinantes monumentos de la metrópoli. Si se opta por un tour macabro, en un cementerio en Sedlec (3 km al noreste) existe un osario gótico compuesto por los huesos de más de cuarenta mil personas. En cuanto a la espléndida arquitectura religiosa, es preciso descubrir la iglesia de Nuestra Señora de origen gótico, pero restaurada bajo los parámetros del barroco propios de los inicios del siglo XVIII; la iglesia de San Jaime, el antiguo colegio jesuita construido en el siglo XVII, con sus esculturas barrocas situadas en su exterior; la catedral de Santa Bárbara, joya del gótico tardío, y el convento de las ursulinas, con una interesante muestra de antigüedades. Si se está interesado en la historia de la minería local, debe visitarse el Museo Hrádek de la Minería y los pozos de las minas medievales.

Karlovy Vary

Famoso en el mundo entero por sus aguas termales, es el balneario más antiguo de Bohemia y, probablemente, el segundo enclave más visitado del país, después de Praga. También está considerada la más hermosa de las tres grandes termas de la República y, a pesar de la multitud que recala en ella, es la más accesible. Si resulta imposible tomar un baño sulfuroso o realizar una terapia de inhalación de gas, siempre se podrán probar las distintas aguas que manan de las doce fuentes termales, y que están compuestas por cuarenta elementos químicos; éstos se emplean en los tratamientos médicos para las enfermedades del aparato digestivo y otros desórdenes del metabolismo.

Además de las cualidades curativas de sus aguas, Karlovy Vary sigue conservando un característico estilo imperial. Las elegantes columnatas y bulevares se alternan con las numerosas y agradables alamedas de los parques que la rodean. Asimismo, ofrece todas las facilidades de una localidad de dimensiones medias sin las prisas propias de las grandes ciudades, con la ventaja de poder relajarse en un paraje encantador.

Krivoklát

La somnolienta Krivoklát está situada junto al río Rakovnický Potok, afluente del Berounka. Uno de los placeres de su visita consiste en el recorrido en tren hacia el boscoso valle de Berounka, salteado de chalets y rodeado por riscos de piedra caliza. El castillo de Krivoklát se construyó a finales del siglo XIII como pabellón de caza real, y contiene una ejemplar capilla perteneciente al estilo gótico tardío, unas salas imponentes, la ineludible prisión y la no menos preceptiva sala de tortura. Actualmente ya no se caza en esta zona, pues la cuenca superior del Berounka, uno de los bosques mejor preservados de Bohemia, se ha convertido en la Región Paisajística Protegida de Krivoklát y en Reserva de la Biosfera de la Unesco.

Si se dispone del equipo necesario y de uno o dos días más, también se puede pasear a lo largo de la pista de 18 km que parte del valle de Berounka con dirección a Skryje, centro de veraneo con varias casas típicas construidas con tejados de paja. En el camino, se encuentran los acantilados de Nezabudice (que forman parte de una reserva natural), el pueblo del mismo nombre y Týrov, un castillo de estilo francés del siglo XIII que se utilizó durante un tiempo como prisión y que fue abandonado en el siglo XVI; al otro lado del valle, aparece la localidad de Týrov.

Karst moravo

El viajero que persiga imágenes idílicas las encontrará en el Karst moravo, una hermosa región de colinas frondosas situada al norte de Brno, caracterizada por sus numerosos desfiladeros y sus aproximadamente cuatrocientas cuevas originadas por el río subterráneo Punkva.

En Punkevní se organizan visitas en grupos de 75 personas que comienzan aproximadamente cada 20 minutos. El recorrido de un kilómetro a lo largo de profundas grutas, admirando los conjuntos de estalactitas y estalagmitas, desemboca a los pies del despeñadero de Macocha ; allí se embarca en el río Punkva y se recorren unos 400 metros hasta salir a la superficie. Otras cuevas a descubrir son las de Katerinská, Balcarka y Sloupsko-Sosuvské; en ellas se han hallado vestigios prehistóricos.

Región de Moravské Slovácko

Los aficionados a las artes populares deberán dirigirse a Moravské Slovácko, uno de los núcleos de Europa Central que mejor ha conservado su cultura tradicional, así como uno de los lugares más agradables de la república. El ambiente especial de esta región se debe no sólo a su clima templado, idóneo para la producción del mejor vino checo, sino también al carácter y el temperamento de su gente, acogedora, cálida y llena de vida.

El resultado es una extraordinaria reserva de cautivadoras tradiciones en su lenguaje, vestimenta, arquitectura y artes decorativas; se celebran además fiestas anuales en toda la región, donde el baile y la música son los protagonistas junto con la gastronomía autóctona y las generosas muestras de vino. La variedad y el colorido de los trajes populares son especialmente asombrosos y a veces difieren por completo entre pueblos vecinos; por su parte, las casas se mantienen con el tradicional color blanco, con una franja azul en la parte baja, y algunas de ellas aparecen embellecidas con flores y aves dibujadas. Los festejos locales proporcionan la mejor ocasión para contemplar la indumentaria y escuchar la música autóctona, a menudo improvisada. En este sentido cabe destacar los festejos de Blatnice, Stráznice y Vlcnov.

Uno de los principales atractivos de las regiones vitivinícolas consiste en catar el producto local, práctica que se convierte en una especie de ritual; en esta zona la tradición se enriquece con sus peculiares bodegas familiares, denominadas vinné sklepy. En lugares como Petrov (3 km al suroeste de Stráznice) muchas son subterráneas y en Vlcnov son semejantes a chozas. En Prusánky (8 km al oeste de Hodonín), las bodegas vinícolas parecen conformar un pueblo aparte.

Sumava

Los amantes de los bosques amplios y tranquilos a los que no ha afectado ni la polución ni la lluvia ácida deben acercarse a las montañas Sumava, que se extienden unos 125 km a lo largo de la frontera con Austria y Alemania. A pesar de que sólo el bosque virgen de Boubín se mantiene intacto el magnífico estado de estas montañas es su principal atractivo. La única vida salvaje que sobrevivió a las devastadoras cacerías del pasado son las aves, aunque se ha vuelto a reintroducir el ciervo. Por su parte, la flora silvestre abunda en toda la cordillera.

Las antiguas montañas de Sumava están formadas por dos cadenas onduladas con altas llanuras y páramos entre ellas; sus condiciones son las apropiadas para el excursionismo y el senderismo. Aunque el terreno montañoso impide la práctica del ciclismo en la mayor parte de las pistas, las numerosas carreteras de tierra son estupendas para realizar desafiantes travesías de aventura. El imponente Moldava nace en las Sumava, así como otros cinco ríos importantes. Dos canales atraviesan la región, y cuenta con cinco lagos de dimensiones considerables, por lo que existe la posibilidad de practicar el remo. Las condiciones para disfrutar del esquí alpino y de fondo también son ideales.

Telc

Esta encantadora localidad del siglo XIV, situada en el sur de Moravia, surgió como un asentamiento en torno a la iglesia románica del Espíritu Santo. Mientras gobernaron los señores de Hradce, entre 1339 hasta la extinción de la dinastía en 1604, se edificó un castillo gótico y, tras un devastador incendio en 1530 en el que la mayor parte de las casas de madera desaparecieron, se reconstruyeron los edificios con piedra, esta vez siguiendo las directrices renacentistas, y fueron rodeados por una muralla; asimismo se creó un sistema de estanques conectados entre sí. Es probable que esta unidad arquitectónica contribuyera a que la Unesco declarara esta pequeña ciudad, de apenas seis mil habitantes, Patrimonio de la Humanidad en 1992.

El castillo gótico, las torres de la iglesia de San Jaime y la iglesia barroca del Sagrado Nombre de Jesús dominan el centro de la localidad. Entre las encantadoras casas renacentistas que bordean la plaza, es preciso no perderse la vivienda más pequeña de Telc, en el extremo sureste; una auténtica lección sobre cómo aprovechar el espacio. Al norte, una angosta callejuela conduce a la Malá Brána (puerta Pequeña) de la ciudad vieja. Y hacia el sur, a través de la Velká Brána (puerta Grande), se halla la impresionante iglesia románica del Espíritu Santo.

Ceský Krumlov

Es uno de los emplazamientos más bellos de Bohemia y su centro histórico, magníficamente conservado, se incorporó en 1992 al catálogo del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Su castillo mezcla elementos góticos, renacentistas y barrocos y es el segundo más grande del país tras el de la capital. Domina la población desde una colina donde puede contemplarse un meandro del río Moldava en forma de herradura. El núcleo urbano, al que no se puede acceder en automóvil, es una zona mágica llena de callejuelas estrechas y adoquinadas y supone un ejemplo paradigmático de población medieval típica de la Europa Central. La bienvenida al solsticio de verano se festeja con la celebración de la Rosa de Cinco Pétalos: procesiones, teatro callejero, juegos renacentistas, fiestas medievales en las calles, duelos y partidas de ajedrez donde las personas desempeñan el papel de piezas.

Mikulov

La atractiva pero infravalorada Mikulov y su castillo se asientan con fragilidad en una colina, en el centro de la llana región vitivinícola de Pálava, que la Unesco declaró Reserva de la Biosfera en 1986. La localidad, uno de los principales centros de interés del sur de Moravia, posee impresionantes monumentos, pero es más conocida por sus excelentes vinos blancos. Está ubicada muy cerca de la frontera con Austria, y constituye una buena parada en el viaje desde o hacia Viena.

El castillo, encaramado en el extremo oeste de la población, fue restaurado tras su incendio, provocado por los alemanes durante la II Guerra Mundial. En el museo de la ciudad se exhibe arqueología e historia natural local, pinturas y armas, aunque destacan las exposiciones dedicadas a las tradiciones regionales y a los utensilios para la obtención del vino. En la bodega del recinto se encuentra uno de los mayores toneles de vino de Europa Central. Mikulov contaba antaño con una fuerte comunidad judía; de esa época conserva una sinagoga, dañada durante la contienda y olvidada durante la época comunista. También se puede visitar el cementerio judío del siglo XV. La plaza Mayor presenta numerosos edificios e iglesias renacentistas y barrocos, entre ellos el Ayuntamiento, las casas del canónigo con sus fachadas esgrafiadas y la cripta de la familia Dietrichstein. Los amantes del senderismo disfrutarán aquí de estupendas excursiones por las colinas de los alrededores, con sus castillos en ruinas y las magníficas vistas sobre la región de Mikulov.

Zlatá Koruna

En la pequeña Zlatá Koruna (Corona de Oro), junto al Moldava, se alza una de las estructuras góticas mejor conservadas del país, un monasterio cisterciense fundado en 1263 por el rey bohemio Premysl Otakar II para demostrar su poder en la región. De hecho, la plaza principal de la población se halla dentro del complejo. El monasterio, denominado en sus orígenes la Sagrada Corona de Espinas, fue rebautizado en una opulenta época posterior con el nombre de Corona de Oro (y de ahí el nombre de la población). En 1420 un ataque de los husitas lo dañó, pero a continuación fue restaurado. La catedral del monasterio, concluida a finales del siglo XIII, es claramente gótica a pesar de las rehabilitaciones que ha sufrido.

Los aficionados a la literatura encontrarán, entre los frescos situados en las espléndidas paredes del complejo gótico, un Museo de la Literatura del sur de Bohemia; aunque la zona más antigua del monasterio, la abovedada Casa del Cabildo, y la iglesia gótica son igualmente interesantes.

Las onduladas colinas y los montes de poca altitud resultan perfectos para practicar el senderismo, especialmente en la región de Sumava, en el oeste y el sur de Bohemia, y en las montañas Krkonose, al norte. Los escaladores pueden dirigirse a las rocas de arenisca del Labe, también en el norte de Bohemia, y los espeleólogos cuentan con la zona del Karst moravo, al norte de Brno. El río más adecuado para el remo es el magnífico pero, por desgracia, contaminado Sázava.

El esquí es un deporte popular y relativamente barato, aunque las comodidades no alcanzan a las de Europa Occidental y las colas son largas. Los equipos de alquiler suelen ser de escasa calidad, por lo que es preferible llevar uno propio. Las mejores estaciones para practicar el esquí alpino se encuentran en Spindleruv Mlýn, en Krkonose, entre enero y principios de abril; Sumava posee las mejores pistas de esquí de fondo

La llegada de los eslavos durante los siglos V y VI representó el principio de la historia del pueblo checo. Los ávaros atacaron el territorio y se mantuvieron en la zona hasta su derrota ante el príncipe franco Samo, que constituyó el efímero Gran Imperio Moravo (830-906 d.C.), uniendo el oeste de Eslovaquia, Bohemia, Silesia y zonas del este de Alemania, del sureste de Polonia y del norte de Hungría. Hacia finales del siglo IX los checos constituyeron el segundo imperio eslavo que, junto a las regiones polacas del Vístula y la Panonia húngara, formó la Gran Moravia; en esta misma época se introdujo el cristianismo.

El príncipe Borivoj fundó el castillo de Praga en la década de 870, y se convirtió en el principal asentamiento de la dinastía premíslida, si bien ésta fracasó a la hora de unir a las belicosas tribus checas hasta el año 993. En 950, el rey alemán Otón I conquistó Bohemia y la incorporó al Sacro Imperio Romano Germánico. En 1212, el Papa garantizó al príncipe Premysl Otakar I el derecho a gobernar como rey, pero a pesar de que su hijo y sucesor Otakar II reclamó los títulos de emperador y de rey, la corona imperial recayó en Carlos IV; de esta manera, la poderosa autoridad de los Luxemburgo trajo consigo una época de esplendor. Praga se convirtió entonces en una de las ciudades más importantes de Europa y se enriqueció con espléndidos monumentos góticos.

Entre finales del siglo XIV y principios del XV surgió la revolución husita, un influyente movimiento reformista de la iglesia que estuvo capitaneado por el checo Jan Zizka bajo la influencia de las enseñanzas de Jan Hus. Este reformador religioso y escritor, en su lucha contra la simonía y los abusos de la jerarquía, fue condenado por herejía y quemado vivo. La propagación de los husitas amenazó el poder católico en toda Europa y en 1420, las fuerzas revolucionarias defendieron con éxito Praga contra la primera de las cruzadas promovidas por el Papa. Aunque se enfrentaban con un enemigo más potente y mejor equipado, los husitas protagonizaron repetidas ofensivas e incursiones en Alemania, Polonia y Austria.

En 1526, el reino pasó a manos de la dinastía católica de los Habsburgo. En mayo de 1618 la nobleza bohemia protestó contra el fracaso de la casa real en concretar sus promesas de tolerancia religiosa y contra la pérdida de sus privilegios lanzando a dos consejeros Habsburgo desde una de las ventanas superiores del castillo de Praga; esta famosa defenestración desencadenó la guerra de los Treinta Años. El pueblo checo perdió sus derechos y propiedades y además vio peligrar su identidad nacional a través de la imposición de una monarquía absolutista y católica, con capital en Viena.

En el siglo XIX, Bohemia y Moravia registraron las primeras manifestaciones nacionalistas. Las tierras checas se sumaron a las revoluciones de 1848 que barrieron Europa y Praga fue la primera ciudad del imperio austro-húngaro que se alzó en favor de la reforma. El sueño de un estado independiente se convirtió en realidad durante la I Guerra Mundial; la República de Checoslovaquia, formada por la unión de checos y eslovacos, se proclamó en Praga en octubre de 1918. Inicialmente, experimentó un importante auge industrial; no obstante, la crisis mundial de 1929 y el centralismo checo generaron los llamamientos en pro de la autonomía eslovaca.

A esta inestabilidad interna se sumaron los brotes de agitación de gran parte de los tres millones de alemanes de Bohemia para unirse al poder nazi. En 1938 Hitler se anexionó los Sudetes en el infamante acuerdo en Munich; el país se dividió y Eslovaquia se convirtió en un estado satélite del Reich mientras los checos se preparaban para la guerra. Aunque Bohemia y Moravia sufrieron mínimos daños materiales durante la contienda, muchos intelectuales checos fueron ejecutados y los alemanes lograron eliminar la mayor parte de la resistencia. Decenas de millares de judíos checos y eslovacos perecieron en los campos de concentración. Pero, el 5 de mayo de 1945, la población de Praga se levantó contra las fuerzas alemanas mientras el Ejército Rojo se acercaba desde el este. Finalmente, los alemanes iniciaron su retirada el 8 de mayo. De este modo, la capital había sido liberada en su mayor parte antes de que las fuerzas soviéticas llegaran al día siguiente.

Checoslovaquia volvió a integrar un estado independiente bajo la órbita de la Unión Soviética. Los intentos de consolidar su identidad cultural -y castigar a sus antiguos opresores- comportaron deportaciones a gran escala de habitantes alemanes y húngaros. En las elecciones de 1946 los comunistas se convirtieron en el partido más votado, con el 36 por ciento de los sufragios. La década de 1950 fue una época de dura represión y decadencia, mientras la política económica del Partido Comunista llevaba prácticamente al país a la bancarrota. Muchas personas fueron encarceladas, ejecutadas o llevadas a campos de trabajo, a menudo por sus convicciones políticas. En los años sesenta, Checoslovaquia disfrutó de una progresiva liberalización. El antiguo líder del partido eslovaco Alexander Dubcek, nuevo presidente, encarnó el deseo popular de alcanzar la democracia plena y erradicar la censura; esta apertura se denominó socialismo con rostro humano e internacionalmente se conoce como la Primavera de Praga de 1968. Los líderes soviéticos, incapaces de asimilar la idea de una sociedad democrática dentro del bloque comunista, aplastaron la efímera iniciativa con la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia en la noche del 20 al 21 de agosto, y que tuvo como resultado 58 fallecidos. En 1969, Dubcek fue reemplazado y deportado al departamento de bosques de Eslovaquia, y cerca de catorce mil funcionarios del Partido Comunista, así como quinientos mil de sus miembros que se negaron a renunciar a sus ideales aperturistas, fueron expulsados del mismo y perdieron sus empleos. El totalitarismo había vuelto a implantarse, encarcelando a los disidentes.

El régimen controló la situación tras la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989. Pero ocho días más tarde las cosas cambiaron. La juventud comunista de Praga organizó una manifestación en memoria de nueve estudiantes ejecutados por los nazis en 1939. Una multitud pacífica de 50.000 personas resultó acorralada por las fuerzas del orden, y unos quinientos participantes fueron golpeados y cien arrestados. Al día siguiente se produjeron constantes manifestaciones, y los líderes de la disidencia, con Václav Havel a la cabeza, formaron una coalición que negoció la dimisión de las autoridades el 3 de diciembre. Se constituyó un gobierno de entendimiento nacional, con los comunistas en minoría. Havel fue elegido presidente de la República el 29 de diciembre y Alexander Dubcek, nombrado portavoz de la Asamblea Nacional. Los días que sucedieron a la manifestación del 17 de noviembre se conocen como la Revolución de Terciopelo, pues en ella no hubo víctimas. En septiembre de 1992, Dubcek tuvo un serio accidente de automóvil cerca de Praga, y el 7 de noviembre moría a consecuencia de las heridas. Quienes creen que se trató de una conspiración no han dejado de formular teorías desde entonces.

Las voces que defendían la autonomía de Eslovaquia fueron creciendo cada vez más, y una minoría elocuente exigía la independencia. Finalmente, los primeros ministros de ambas repúblicas y otros líderes políticos decidieron que la mejor solución era su separación. Muchas personas, incluyendo al presidente Havel, solicitaron un referéndum, aunque ni siquiera una petición firmada por un millón de checoslovacos bastó para que el parlamento federal hallara un método resolutivo. Al fin, Havel dimitió; de esta forma, el 1 de enero de 1993, Checoslovaquia dejaba de existir por segunda vez en el siglo XX. Praga se convirtió en la capital de la nueva República Checa, y Havel fue elegido su primer presidente.

En 2003, Václav Havel finalizó su mandato y Václav Klaus asumió la presidencia de la República.

Gracias a la severa política económica, la eclosión del turismo y una base industrial sólida, el nuevo país está viviendo una importante recuperación. El desempleo es casi nulo, las tiendas están llenas y muchas ciudades están efectuando restauraciones para embellecerse. Sin embargo, el cuadro no es perfecto: existe una aguda escasez en la disponibilidad de viviendas, una criminalidad creciente, una severa polución y un sistema sanitario deteriorado. Pese a todo, la recién fundada democracia y su radical transformación económica parecen funcionar.

Los checos son un pueblo sincero y con sentido del humor que posee un espectro de influencias culturales, religiosas y políticas sorprendentemente amplio; sobre todo, si tenemos en cuenta que se trata de un país pequeño. Conjuga influencias alemanas y austríacas, polacas y húngaras, liberales y tradicionales, mundialistas y nacionalistas. La religión más practicada es la católica, aunque en 1991 menos del 40 por ciento de los checos se definían como tales; los que se declaraban practicantes eran todavía menos. La segunda iglesia, en cuanto a importancia, es la husita; pero existen muchas otras comunidades protestantes; la más implantada es la iglesia evangélica de los Hermanos Checos. Praga cuenta con la comunidad judía más importante de la República, con unos seis mil miembros; en menor escala se hallan en Ostrava y Brno.

Muchos viajeros se sienten impresionados ante el esplendor arquitectónico de este país, que incluye algunos de los edificios barrocos, modernistas y vanguardistas más relevantes de Europa. Pero los checos también han destacado en disciplinas artísticas menos evidentes, como los manuscritos iluminados, la escultura religiosa y los teatros de marionetas y títeres.

La música checa abarca varios estilos, desde la clásica hasta el jazz o el punk. Antonín Dvorák es uno de sus compositores más famosos; su obra más conocida es la Sinfonía del Nuevo Mundo, compuesta durante su estancia en Estados Unidos. Tras la II Guerra Mundial, los intérpretes checos se hallaban en primera línea del jazz europeo; pero su situación cambió radicalmente con el golpe de estado comunista de 1948. El teclista Jan Hamr, por ejemplo, emigró a Estados Unidos, donde se convirtió en una figura destacada del jazz rock norteamericano de la década de 1970 con el nombre de Jan Hammer. Tras la Revolución de Terciopelo, el mundo del jazz en Praga se ha mostrado particularmente animado. El sombrío norte industrial, en especial Teplice, es hoy el centro del movimiento punk de la república.

El escritor más famoso es, sin lugar a dudas, Franz Kafka quien, junto a un círculo de otros escritores judíos de habla germánica residentes en Praga, desempeñó un papel decisivo en la escena literaria de principios del siglo XX. Entre los novelistas contemporáneos más reconocidos en el ámbito internacional cabe destacar Milan Kundera, Jaroslav Hasek, Bohumil Hrabal, Ivo Klíma, Josef Skvorecký y el dramaturgo Václav Havel. Menos conocido es el poeta Jaroslav Seifert, que fue galardonado con el premio Nobel en 1984.

La gastronomía se remonta a la tradición culinaria centroeuropea, y sus influencias son alemanas, húngaras y polacas. La carne es una de las materias primas más frecuentes, junto a grandes porciones de pudín, patatas o arroz bañados con una salsa espesa, y verduras o chucrut muy hervido; la comida rápida más usual es el knedlo-zelo-vepro (pudín, chucrut y cerdo asado). Las semillas de alcaravea, la panceta de cerdo y mucha sal son los condimentos más comunes.

La República Checa limita con Austria, Alemania, Polonia y la República Eslovaca, y se divide en Bohemia, al oeste, y Moravia, al este. Esta última constituye una pequeña porción meridional de la región histórica de Silesia, que hoy pertenece a Polonia. Praga, capital de la república y de Bohemia al mismo tiempo, se encuentra situada junto al río Moldava, antes de su encuentro con el río Labe. El país posee paisajes hermosos y variados, con infinidad de montañas, agradables regiones altas, tierras bajas, cuevas, desfiladeros, extensos campos, pantanos, lagos, estanques y embalses. Por desgracia, cuanto más al norte se viaja mayor es la abrumadora polución ambiental y los destrozos causados por la lluvia ácida, consecuencia de una industrialización descontrolada que se inició en el siglo XIX.

A pesar de siglos y siglos de aclarar y talar bosques para practicar la agricultura, éstos siguen cubriendo aproximadamente una tercera parte del territorio checo. Muchas de las áreas boscosas vírgenes que han sobrevivido se hallan en zonas de montaña incultivables. Más allá de la línea arbórea (hacia los 1.400 m de altitud) tan sólo crecen hierbas, arbustos y líquenes. La rica fauna salvaje incluye osos, lobos, linces, gatos monteses, marmotas, nutrias, martas y visones. En los bosques y cenagales son comunes los faisanes, perdices, patos, gansos salvajes y otras aves, que suelen cazarse. Águilas, buitres, quebrantahuesos, cigüeñas, avutardas y urogallos son especies cada vez menos frecuentes.

El húmedo clima continental que afecta a la mayor parte del territorio es el responsable de sus veranos suaves con chaparrones intermitentes, de sus fríos inviernos nevados y, en general, de sus condiciones variables. Julio es el mes más cálido en todo el país, y enero el más frío. De diciembre a febrero, las temperaturas descienden por debajo de los 0ºC incluso en las tierras bajas, y son gélidas en las montañas. De hecho, no existe una estación seca, y los períodos largos, soleados y calmosos tienden a alternarse en verano con fuertes y repentinas tormentas. El invierno hace posible que la nieve permanezca en el suelo de 40 a 100 días (unos 130 en las montañas) y provoca además la aparición de niebla en las tierras bajas.

Los vuelos regulares internacionales únicamente aterrizan en Praga, que está conectada con todo el mundo por más de veinte compañías internacionales, entre ellas CSA (Ceske Aerolinie), las antiguas líneas aéreas estatales. Comprar los billetes en la República no constituye un verdadero ahorro, por lo que si se ha elegido un único destino es preferible adquirir uno de ida y vuelta comprado en el país de origen. Como alternativa se puede considerar el viaje en ferrocarril, la forma más sencilla y quizá la más barata para dirigirse desde Europa occidental hasta la República Checa. En tren se puede acceder al país por dieciocho puntos. Y por carretera se puede recalar a través de unas treinta entradas.

Existen vuelos interiores que enlazan de forma regular Praga con Ostrava y con Brno. Los ferrocarriles checos ofrecen un servicio limpio y eficiente hacia casi todas las zonas del país, aunque los autocares de línea a menudo son más rápidos y cómodos, pero también más caros. El automóvil, la motocicleta o la bicicleta son idóneos para visitar la nación, mientras que caminar es una de las mejores maneras de circular por Praga, aunque también se puede tomar el metro o los tranvías.


· Kafka, Frank: La metamorfosis, Editorial Acento, Madrid, 1998; Diarios 1910-1923, Tusquets Editores, Barcelona, 1995
· Havel, Václav: Cartas a Olga: consideraciones desde la prisión, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1997; Discursos políticos, Espasa-Calpe, Madrid, 1995
· Kundera, Milan: La insoportable levedad del ser, Tusquets Editores, Barcelona, 1993; La ignorancia, Tusquets Editores, Barcelona, 2000
· Hrabal, Bohumil: Yo que he servido al rey de Inglaterra, Planeta, Barcelona, 1997; Quién soy yo, Ediciones Destino, Barcelona, 1992
· Hasek, Jaroslav: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, Ediciones Destino, Barcelona, 2000
· Skvorecký, Josef: El ingeniero de almas, Circe Ediciones, 1988
· Seifert, Jaroslav: Praga en el sueño, Icaria Editorial, 1996; Toda la belleza del mundo, Seix Barral, 1995
· Chatwin, Bruce: Utz, El Aleph Editores, Barcelona, 2000
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