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Sicilia
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Absténgase de decir a un siciliano que su isla, la de mayor tamaño del Mediterráneo, evoca únicamente las playas turísticas de Taormina y los misterios de la Cosa Nostra. Si, de hecho, ambos aspectos reflejan una realidad, distan mucho de resumir la diversidad cultural de la región. La isla ha conocido, a lo largo de su historia, numerosas oleadas de ocupación de las que subsisten diversas muestras. Chocan los contrastes entre Palermo, urbe fuertemente marcada por las civilizaciones árabe y normanda, la grandiosidad de los vestigios griegos de Agrigento o Siracusa, y la aspereza del interior del país, donde se perpetúan tradiciones tan ancestrales como las que relata Leonardo Sciascia en sus novelas.

Nombre oficial: Sicilia
Superficie: 25.706 km²
Población: 5.196.000 hab.
Capital: Palermo



Visado: los ciudadanos españoles pueden permanecer el tiempo que deseen en Sicilia si van provistos de su pasaporte o documento nacional de identidad. Argentinos, chilenos, ecuatorianos, mexicanos, paraguayos y uruguayos pueden entrar en Sicilia sin necesidad de visado y para una estancia de hasta tres meses. Las mismas condiciones se aplican a los naturales de Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y Venezuela, pero únicamente si se desplazan a la isla por turismo o negocios.
Condiciones sanitarias: óptimas
Hora local: GMT+1; GMT+2, en verano
Pesos y medidas: sistema métrico
Electricidad: 220 V, 50 Hz

La primavera y el otoño constituyen las estaciones idóneas para viajar a Sicilia. La suavidad de las temperaturas permite el baño, pero el calor no agobia a los visitantes. En verano afluyen miles de turistas a las playas y los precios están en alza.

Las fiestas religiosas desempeñan un papel importante en la sociedad siciliana. Varias celebraciones fervorosas y coloridas toman la isla; la Semana Santa, con sus procesiones, recuerda a las de España. Las manifestaciones que se celebran en Enna desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua resultan particularmente impresionantes. Más allá de este período específico, cada urbe rinde culto a su santo patrón. Palermo honra a Santa Rosalía del 10 al 15 de julio.

Para aquellos interesados en las artes escénicas resulta altamente recomendable la Semana Pirandellana, entre finales de julio y principios de agosto en Agrigento. Se escenifican obras teatrales, óperas y ballets. Durante el Festival Internacional de Taormina Arte, de finales de julio a septiembre, se puede asistir a diversos conciertos, representaciones teatrales y sesiones de cine en el teatro griego y en los parques públicos de la ciudad.

La Fiesta de los Almendrados, organizada en el valle de los Templos, presenta un abanico representativo del folclore siciliano. El 14 y el 15 de agosto Messina disfruta del máximo apogeo en el Ferragosto Messinese y su procesión de gigantes.

Fiestas oficiales
· 1 de enero: Día de Año Nuevo
· 6 de enero: Día de la Epifanía
· Lunes de Pascua
· 25 de abril: Día de la Liberación
· 15 de Agosto: Día de la Asunción de la Virgen
· 1 de noviembre: Día de Todos los Santos
· 8 de diciembre: Día de la Inmaculada Concepción de María
· 25 de diciembre: Navidad
· 26 de diciembre: Día de San Esteban

Moneda
euro, antes lira italiana

Comidas
· Presupuesto bajo: 4 euros
· Presupuesto alto: 16 euros

Alojamiento

· Presupuesto bajo: 12 euros
· Presupuesto alto: 30 euros

Los viajeros que cuenten con un presupuesto ajustado pueden reducir sus gastos a unos 35 euros al día, alojándose en albergues de juventud, comiendo bocadillos y limitando las salidas nocturnas y las visitas a museos. Una habitación en un hotel de una o dos estrellas, una comida en un restaurante y la entrada a un museo supondrán unos 80 euros diarios. Si se desea más comodidad, comer con regularidad en restaurantes y disfrutar de múltiples visitas que requieran el pago de una entrada, cabe prever un presupuesto diario de 120 euros. El alquiler de un automóvil dobla los gastos.

Los bancos ofrecen una mayor fiabilidad y generalmente el mejor cambio para canjear cheques de viaje. No obstante, se recomienda buscar la comisión más económica y la cola más corta. El pago con tarjetas de crédito es usual; Visa es la que permite disponer de dinero con mayor facilidad.

La cuenta de los restaurantes incluye el servicio. Sin embargo, siempre y cuando se desee, se puede dejar una propina. En los bares, los precios en la mesa doblan a los que se aplican en el servicio de barra. A diferencia de los mozos de equipaje, los taxistas no esperan gratificación alguna.

Palermo

Esta urbe se contó entre las más resplandecientes del Mediterráneo bajo la férula de los árabes y, más tarde, de los normandos. Se encuentra actualmente en un asombroso estado de decrepitud. Bombardeada durante la II Guerra Mundial, la ciudad sufre desde entonces el descuido de los ediles. En medio de esta atmósfera caótica -que, por otra parte, posee su encanto- Palermo esconde en su seno autenticas joyas, testigos de sus tiempos de esplendor.

En la primera planta del imponente y austero palacio de los Normandos, la capilla palatina (1130-1140) cristaliza la riqueza del estilo árabe-normando con sus soberbios mosaicos bizantinos y su techo de estalactitas. No menos deslumbrantes son los mosaicos que adornan el interior de la iglesia de la Martorana. Su construcción data del siglo XII, pero soportó diversas modificaciones durante los siglos posteriores. En las inmediaciones, las cúpulas árabes de San Cataldo (siglo XII) evocan más una mezquita que una construcción para el culto cristiano. La iglesia de San Giovanni degli Eremiti (1132) está rematada con cinco domos rosados y adornada con un bello jardín adosado a las ruinas de un claustro.

La plaza de Pretoria, cuya fuente constituye uno de los escasos ejemplos que permanecen del estilo renacentista en Sicilia, pone punto final al recorrido a través de la Edad Media. La desnudez de sus estatuas de mármol le valió el apodo de Fuente de la Vergüenza. Con más de ocho mil cuerpos embalsamados, las catacumbas de los Capuchinos complacerán a los más morbosos. Procedentes de la buena sociedad palermitana del siglo XVII hasta finales del XIX, estos cadáveres visten con suntuosidad. Después de esta incursión macabra, el mercado de Vucciria ostenta, en cambio, idénticas escenas cotidianas propias de los zocos del Magreb o de Oriente Próximo. Pilas de aceitunas y guindillas rojas se amontonan, para mayor placer de los sentidos, junto a los puestos de pescado encabezados por enormes peces espada. Una vez agotados los múltiples encantos de Palermo, y a 8 km al suroeste de la ciudad, Monreale constituye una etapa imprescindible. Su maravillosa catedral del siglo XII enarbola interesantes mosaicos bizantinos, entre otros, un Cristo bendiciendo.

A 11 km de Palermo, la elegante localidad balnearia de la playa de Mondello se halla encajonada a lo largo de una hermosa bahía a la sombra del monte Pellegrino (606 m). Este pico abriga el santuario de Santa Rosalía así como un mirador que abarca toda la costa.

Agrigento

Encaramada sobre una colina, la graciosa urbe medieval de Agrigento está suspendida sobre la costa mediterránea y el famoso valle de los Templos. Testigo del pasado griego de la antigua Akragas, donde nació el filósofo Empédocles, este enclave incomparable agrupa cinco santuarios dóricos erigidos alrededor del siglo V a.C. A pesar de sucesivos terremotos, se encuentran en un relativo buen estado de conservación. Rendían culto a Hércules, la Concordia, Juno, Júpiter Olímpico y Castor junto a Pólux. El Museo Arqueológico expone piezas descubiertas en la zona, como los telamones (atlantes) del templo de Júpiter. Ante el museo, el barrio greco-romano presenta viviendas de entre el siglo IV a.C. y el siglo V de nuestra era. Algunas todavía conservan restos de pintura y mosaicos.

Al acabar la visita y para relajarse, se puede pasear por los callejones estrechos y sinuosos en las alturas del casco antiguo de Agrigento. La iglesia normanda del siglo XI de Santa Maria dei Greci fue edificada sobre los cimientos de un templo griego, como su nombre ya lo sugiere, del siglo V a.C. Al parecer, estaba consagrado a la diosa Atenea. Se debe prestar atención a su techo de madera y sus mosaicos. Levantada en el año 1000 y flanqueada por un campanario del siglo XV, la catedral sufrió importantes modificaciones. Cabe destacar las vigas pintadas de su nave central, los estucos barrocos del presbiterio y, en el interior de la sacristía, una Madonna atribuida a Guino Redi. Fundada en 1290, la abadía del Santo Spirito posee un delicado techo artesonado (1758) y cuatro preciosos bajorrelieves de estuco de Giacomo Serpotta.

A 6 km al suroeste de Agrigento se encuentra Kaos, la casa natal de Luigi Pirandello ahora convertida en un museo.

Siracusa

Metrópoli griega fundada en 731 a.C. por colonos de Corinto, Siracusa aumentó su potencia hasta llegar a amenazar Atenas. Conoció su apogeo económico y cultural bajo el dominio implacable del tirano Dionisio. Atrajo numerosos pensadores antes de caer bajo la dominación romana a principios del siglo III a.C.

Ciudad natal del matemático Arquímedes, fue convertida al cristianismo por el propio san Pablo.

La isla de Ortigia forma el corazón físico y espiritual de Siracusa, con el predominio de construcciones medievales acentuadas por palacios e iglesias barrocas. La catedral, del siglo VII, engloba en su estructura las columnas de un templo griego dedicado a Atenas. Ostenta una arquitectura heterogénea, después de haber sido sacudida por varios terremotos. Sus torres atestiguan su utilización como mezquita durante el período árabe. La plaza del Duomo, ubicada sobre la antigua acrópolis, se halla rodeada de palacios barrocos, como el palacio de Benventano y el palacio arzobispal. A su lado se encuentra la iglesia de Santa Lucia alla Badia, dedicada a la patrona de la localidad, santa Lucía, que falleció martirizada bajo el Imperio Romano de Diocleciano. En sus proximidades se puede admirar la fuente de Aretusa, un manantial que brota a sólo algunos metros de la orilla del mar.

En tierra firme, se extiende la zona arqueológica de Neapoli, la nueva urbe. Su teatro griego (siglo V a.C.), en parte esculpido en la roca, podía acoger hasta dieciséis mil espectadores. Igualmente excavado en la piedra, el anfiteatro romano, de grandes dimensiones, fue inaugurado en el siglo III. El altar de Hierón II, con su impresionante tamaño (140 m x 119 m), se utilizaba para efectuar los sacrificios públicos de animales. La Latomia del Paraíso está formada por una antigua cantera de caliza acribillada de túneles donde los griegos obligaban a trabajar a los prisioneros. Agradables jardines de magnolias y de cítricos recubren el lugar. En el mismo enclave se abre la Oreja de Dionisio, una cueva de 23 m de altura y 65 m de profundidad. Caravaggio le otorgó su nombre por su peculiar forma y por una creencia errónea que relata que el tirano de Siracusa aprovechaba su excepcional acústica para espiar las conversaciones de los presos que encerraba en su interior. En los alrededores, la cueva de los Cordeleros, cuenta con esta denominación por los artesanos que ejercían en su actividad este emplazamiento. Más allá de la zona arqueológica, y antes de abandonar Siracusa, la visita a las catacumbas de San Juan resulta imprescindible. Esta necrópolis cristiana subterránea posee como núcleo la tumba de san Marciano, primer obispo de la ciudad que fue martirizado en el siglo III.

La estancia en la región de Siracusa se puede prorrogar visitando el pueblo de Noto, a unos 33 km de la urbe. Borrada del mapa por el terremoto de 1693, esta aldea fue totalmente reconstruida en una unidad al más puro estilo barroco.

Taormina

Colgada en las faldas del monte Tauro, Taormina disfruta de una espectacular localización, dominando el mar y el cráter del Etna. Fundada por los sículos, fue conquistada por los griegos en el siglo V a.C. después de la destrucción de Naxos. El Imperio Romano la ocupó antes de ceder el paso a los bizantinos, que hicieron de ella su capital siciliana. Pese a su destrucción bajo el dominio de los árabes en 902, permaneció como un importante centro económico y artístico a lo largo de los siglos siguientes. El descubrimiento de su fabuloso entorno por parte de la alta sociedad europea ha atraído una cantidad ingente de turistas.

De su teatro griego del siglo III a.C. subsisten esencialmente algunos elementos transformados o añadidos en la época romana. Además, una vivienda del siglo XII recubre parcialmente su estructura. Desde el escenario se puede contemplar un panorama sobrecogedor del volcán Etna. Próximos al teatro, los jardines públicos de la Villa Comunale invitan al paseo. El Odeón, un diminuto teatro romano en el centro urbano, ofrece un aspecto ruinoso. Imbricado en el presbiterio de la iglesia, se ubica, al parecer, sobre los cimientos de un templo griego dedicado al culto de Apolo. El dentado Duomo del siglo XIII sufrió diversas reformas; las últimas se emprendieron en 1636. Taormina posee algunas mansiones señoriales tales como el palacio de Corvaia. Este antiguo baluarte árabe del siglo XI albergó al parlamento siciliano en 1410. La torre maciza Badia Vecchia cercada de merlones pertenecía a un palacio del siglo XIV.

Los aficionados a las playas pueden tomar el funicular que permite el acceso a las de Isola Bella y Mazzaró, al pie de la urbe.

Enna

Edificada en la cumbre de una cresta rocosa, en las tierras quemadas del centro de Sicilia, Enna se halla apartada de los caminos trillados por la mayoría de los turistas. Cualquiera que sea el recorrido escogido para alcanzar esta urbe, conocida desde la época griega como el ombligo de la isla, se revela lleno de encanto. Una etapa en la aldea de Piazza Armerina lo convierte en un viaje aún más agradable. Su villa romana conserva mosaicos espléndidos muy sutilmente ejecutados.

La fortaleza medieval más imponente de Sicilia erigida por los suabíes, el castillo de Lombardía, mantiene seis de sus veinte torres originales. Desde lo alto se disfruta de una asombrosa vista sobre la ciudad de Calascibetta, que los árabes fundaron en el siglo IX. En la lejanía se perfilan las pendientes del Etna. La construcción del Duomo empezó en 1307 por iniciativa de Leonor de Sicilia, esposa de Pedro IV de Aragón; no obstante, su fachada data del siglo XVII. El Museo Alessi, actualmente clausurado, reúne el tesoro de la catedral así como colecciones de arte y antigüedades. El Museo Arqueológico, habilitado en el palacio Varisano, presenta piezas descubiertas en las excavaciones realizadas en la región. En la zona más reciente de la urbe, la torre de Federico II (siglo XIII) alza su silueta octogonal en medio de un jardín público.

Los aficionados a los deportes náuticos pueden efectuar paseos en barco y practicar el buceo, especialmente en las islas Eolias. Los excursionistas cuentan con la opción de ascender al Etna. Más sencillas resultan las caminatas cortas en la Reserva Natural del Cíngaro.


· Siglo XIII a.C.: El pueblo indoeuropeo de los sículos se instaló en el este de Sicilia.
· Siglo VIII a.C.: Se inició la colonización cartaginesa en el Oeste. Los griegos fundaron Naxos y constituyeron urbes oligárquicas en el este de la isla.
· Siglo V a.C.: Estallaron luchas entre las tiranías locales de Siracusa y Cartago.
· 212 a.C.: Vencedores de la segunda guerra púnica, los romanos tomaron Siracusa y anexaron Sicilia al Imperio.
· 535: Belisario conquistó Sicilia a los ostrogodos; la isla permaneció unida al Imperio Bizantino durante tres siglos.
· 902: La ocupación árabe se hizo efectiva. Durante el período islámico, la región vivió una etapa de riqueza cultural y económica; se desarrollaron los intercambios comerciales y la irrigación de las tierras.
· 1061: El normando Roger de Hauteville conquistó Messina. Sicilia alcanzó su edad de oro con un sorprendente sincretismo entre las civilizaciones griega, latina y árabe.
· 1189: Sicilia cayó bajo el dominio de la casa imperial de los Hohenstaufen, con el emperador Fedérico II en el poder.
· 1250: El Pontificado nombró rey a Carlos de Anjou, hermano de Luis IX, para gobernar el reino de Sicilia y de Nápoles.
· 1282: Rebelión del pueblo siciliano en las denominadas Vísperas sicilianas: los franceses, odiados por la población, fueron exterminados en Palermo.
· 1415-1712: España, bajo la inmediación de un virrey, dirigió Sicilia.
· 1712: Dominación de la Casa de Saboya, que más tarde cedería la isla a la de los Austria.
· 1816: La dinastía de los Borbones de Nápoles unificó Sicilia con el reino de Nápoles y el monarca tomó el título de Fernando I de las Dos Sicilias.
· 1860: Expedición de los Mil. Garibaldi desembarcó en Marsala con sus Camisas Rojas e incorporó Sicilia a la Italia unificada.
· 1943: Las tropas aliadas del general Einsenhower arribaron al sur de la isla.
· 1948: Sicilia obtuvo del parlamento italiano un estatuto particular de autonomía, con un parlamento y poderes legislativos propios. Desde entonces, su historia se confunde con la de Italia.

La Opera dei Pupi, cuyo origen se remonta al siglo XIX, conforma un espectáculo protagonizado por grandes marionetas, y aparece entre los más emblemáticos de Sicilia. Representa epopeyas de la Edad Media como el Cantar de Rolan u obras de Ariosto y Tasso. A través de las aventuras de valientes caballeros medievales luchando contra los infieles, aparecen con frecuencia algunos rasgos de la sociedad siciliana actual.

El italiano es el idioma oficial de la isla; sin embargo, gran parte de la población -incluso los más jóvenes- hablan el dialecto siciliano.

Sicilia ha conservado de sus diversos ocupantes un singular patrimonio arquitectónico. Antigua colonia griega, la isla posee vestigios helénicos tales como el valle de los Templos de Agrigento, los templos de Selinonte o Segesta y, por supuesto, la mítica Siracusa. Del encuentro entre las culturas árabes y normandas nació en la Edad Media un estilo híbrido enriquecido con elementos bizantinos (capilla palatina de Palermo, catedral de Cefalú).

En el campo de la pintura, la historia ha recordado únicamente el nombre de Antonello da Messina (1430-1479), que trabajó principalmente en Nápoles, Venecia y, tal vez, en Roma. Su obra refleja numerosos referentes de la pintura flamenca. El Museo Mandralisca de Cefalú conserva un extraño y anónimo retrato del artista.

Sicilia puede enorgullecerse de haber contribuido con Vincenzo Bellini (1801-1835) al arte lírico; entre sus obras, destacan las famosas óperas Norma y La Sonámbula.

La literatura italiana debe mucho al dramaturgo siciliano Luigi Pirandello (1867-1936; Seis personajes en búsqueda de autor), premio Nobel en 1934. El gatopardo de Guiseppe Tomasi di Lampedusa evoca la decadencia del orden feudal en la isla durante la unificación italiana; Luchino Visconti llevó esta obra a la pantalla en 1963. Leonardo Sciascia (1921-1989) dedicó su trabajo a la descripción de las costumbres de su Sicilia natal. Su novela más famosa, El día de la lechuza, relata el dominio de la mafia sobre la sociedad siciliana.

La repostería certifica las raíces árabes de la isla: la cassata, helado relleno de requesón y frutas confitadas; los cannoli, masa hojaldrada enrollada y guarnecida de leche de oveja, pistachos y marsala, o bien los almendrados senos de la virgen. Para soportar la canícula estival, nada más refrescante que una buena granita, compuesta de hielo picado aromatizado con diferentes gustos a elegir. Junto a su inclinación por los dulces, los sicilianos aprecian los productos del mar, en particular el atún y el pez espada, que se pescan alrededor de la isla. Las pastas se saborean esencialmente con salsa de tomate, condimentada con guindillas o berenjenas, alle sarte (con sardinas, pasas, azafrán, cebollas y aceite); con mejillones, berberechos o tinta de sepia. Tercera región vinícola de Italia, Sicilia es famosa por su marsala, un vino dulce criado en la ciudad homónima.

El 98% de los sicilianos profesan el catolicismo; no obstante la práctica religiosa constituye un hábito más implantado entre las mujeres.

Separada de la punta meridional de la Península Itálica por el estrecho de Messina, Sicilia está bañada al Norte por el mar Tirreno; al Este, por el mar Jónico; y al Sur, por el Mediterráneo. A su alrededor, y a poca distancia de sus costas, surgen numerosas pequeñas islas. Las Eolias se hallan cerca de su punta oeste, a la altura de Trápani, y las Égates, al Suroeste. Más cercanas a la costa tunecina se sitúan Pantellería y Lampedusa.

A la Sicilia marítima que alterna acantilados, playas de arena y vegetación exuberante, se opone el paisaje austero del interior, compuesto de colinas y altiplanos áridos.

Al Oeste, el volcán Etna (3.350 m), todavía en actividad, ostenta sus peladas laderas mientras que el Stromboli, homónimo a la isla que lo alberga, escupe rocas sin interrupción.

Sicilia goza de un clima mediterráneo caracterizado por un largo período estival, cálido y seco, momento en el que sopla el siroco. En invierno la temperatura media ronda los 10ºC. Las aguas sicilianas hospedan una importante población de atunes y de peces espada. Anualmente, entre el 10 de mayo y el 10 de junio, los pescadores de las islas Égates perpetúan la sangrienta tradición de la mattanza, cuyas escenas inmortalizó Roberto Rossellini en su película Stromboli. Bancos enteros de atunes atrapados en las redes son arponeados uno tras otro.

La fisonomía de la región ha sido intensamente modificada por la mano del hombre. A lo largo de las costas, los olivares y las plantaciones de almendros bordean inmensos huertos de cítricos cultivados en bancales gracias al sistema de irrigación construido por los árabes. En el interior de la región, seco y pedregoso, dominan los campos de trigo y de habas que dan paso, aquí y allá, a cactus y arbustos raquíticos.

Los amantes de la naturaleza pueden visitar la Reserva Natural del Cíngaro, ubicada en el golfo de Castellammare en el oeste de la isla, y el Parque Natural de la Madonia, situado entre Palermo y Cefalú. Diversas especies de aves habitan en la Reserva de Vendicari.

Varios vuelos comunican Sicilia con Italia y las principales urbes europeas. El aeropuerto de Punta Raisi se halla a 32 km de Palermo, y el de Catania, a sólo unos 7 km de la aglomeración. En ambos casos, autobuses recorren el trayecto hasta el centro urbano. Líneas directas de autobús unen Palermo, Trápani, Messina y Agrigento. Los trenes que se dirigen de Italia a Sicilia siguen el recorrido Milán-Florencia-Roma-Nápoles-Reggio-Calábria-Palermo-Catania. El viaje es largo, en parte debido a la travesía del estrecho de Messina en embarcación. Para alcanzar la isla, los viajeros con vehículos procedentes de la Península deben tomar el ferry en San Giovanni (Calabria). La salida por vía marítima puede efectuarse desde Génova, Livorno, Nápoles, Malta y Túnez. Ferries e hidrodeslizadores permiten alcanzar las islas Eolias y las Égates.

Sin lugar a dudas, el autobús constituye el mejor medio de transporte para recorrer el centro de Sicilia. Diversas compañías circulan entre las principales ciudades costeras sin, por eso, olvidar las pequeñas aldeas del interior.

Existe una línea ferroviaria bastante práctica entre Messina y Palermo, Messina y Siracusa y entre Palermo y Agrigento. El resto de conexiones resultan pintorescas pero terriblemente lentas y aleatorias.


· Consolo, Vinzenzo: Retablo, Muchnik Editores, Barcelona, 1995
· VV AA: "Sicilia. Carácter mediterráneo", Altaïr Revista, námero 15, 2ª Época, Barcelona, 2001
· VV AA: Ciudades del mundo antiguo, Ediciones Clásicas, Madrid, 1997
· Robb, Peter: Medianoche en Sicilia, Alba Editorial, Barcelona, 2000
· Tomasi di Lampedusa, Giuseppe: El gatopardo, Espasa-Calpe, Madrid, 1997
· Camilleri, Andrea: Un mes con Montalbano, Publicaciones y Ediciones Salamandra, Barcelona, 1999; El curso de las cosas, Ediciones Destino, Barcelona, 2000
· Sciascia, Leonardo: Los tíos de Sicilia, Editorial Planeta, Barcelona, 1997; Cándido o un sueño siciliano, Tusquets Editores, Barcelona, 1991; El día de la lechuza, Alianza Editorial, Madrid, 1990
· Di Verdura, Fulco: Una infancia siciliana, Editorial Edhasa, Barcelona, 1992
· Fava, Giuseppe: Mafia. Historias a la sombra del poder, Txalaparta Argitaletxea, Tafalla, 1997
· Titone, Virgilio: Viejas y nuevas historias de Sicilia, Editorial Fundamentos, Madrid, 1990
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