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Siria
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Siria es un país en ruinas esparcidas por todo el territorio: numerosas murallas, castillos abandonados, teatros tambaleantes y fortalezas derruidas. Siria se erigió bajo el dominio de constructores de imperios llegados desde Roma, Persia, Egipto, Turquía y Babilonia, dejando todos ellos su huella arquitectónica. Las reliquias de la Palmira romana constituyen uno de los yacimientos arqueológicos más importantes; además, Siria presume de albergar una de las ciudades habitadas más antiguas, el castillo de los cruzados más valerosos, el teatro romano mejor conservado y el monumento al mártir más ridículo.

Esta nación aún forma parte del listado, elaborado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, de los siete países del mundo que fomentan el terrorismo, pero no debe permitirse que este hecho disuada a los viajeros. Es posible que el gobierno sirio no figure entre los más benevolentes, pero su población tiene fama de amistosa y hospitalaria. Cuando el turista se haya acostumbrado a la sensación extraña que se experimenta al vivir en otra cultura, es probable que se sienta más seguro en Siria que en su país de origen.

Nombre oficial: República Árabe Siria
Superficie: 185.180 km²
Población: 16.728.808 millones hab.
Capital: Damasco (6.000.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 90,3% árabes, 9,7% kurdos, armenios y otros
Idioma:árabe (oficial), kurdo, armenio, turco, inglés
Religión: 74% musulmanes sunníes, 16% alawíes, drusos y otras facciones musulmanas, 10% cristianos, 10% judíos (reducidas comunidades en Damasco, al-Quamisliyya y Alepo)
Régimen político: república presidencialista autoritaria
Presidente: Bashar al-Assad
Primer ministro: Naji al-Itri

PIB: 41,7 billones de dólares
PIB per cápita: 993 dólares
Crecimiento anual: 2%
Inflación: 1,5%



Visados: todos los extranjeros necesitan visado, que pueden obtener en los consulados y, en ciertos casos, en el momento de la llegada. Si un pasaporte muestra indicios de haber realizado alguna visita a Israel, no se permitirá a su propietario la entrada al país. Los visados para turistas tienen una vigencia de 15 días y se renuevan por un período máximo de un mes. Cabe la posibilidad de solicitar prórrogas.
Condiciones sanitarias: Conviene vacunarse contra la poliomielitis, el tétano, la fiebre tifoidea y las hepatitis A y B.
Hora local: GMT+2; GMT+3, en verano
Electricidad: 220 V, 50 Hz
Pesos y medidas:sistema métrico sirio

La época idónea para visitar Siria se concentra en la primavera (de abril a junio), ya que el país registra temperaturas suaves y las lluvias del invierno han disipado la bruma que impide contemplar las vistas el resto del año. La siguiente opción recae en el otoño, entre septiembre y noviembre. Si se viaja en verano, no debe olvidarse un sombrero, protección solar y agua embotellada, en particular si se efectúa un desplazamiento a Palmira, en el Noreste. El invierno puede resultar muy desapacible en la costa y en las montañas, cuando las temperaturas descienden y empieza a llover.

Las vacaciones y festividades sirias se corresponden, en su mayoría, con las fiestas islámicas. La más destacable es el Ramadán, un mes (con fecha variable) de ayuno generalizado entre el amanecer y el anochecer para cumplir con el cuarto pilar del islam. Si se encuentra en Siria durante esta época del año, se debe ser consciente de que la mayoría de personas de alrededor están pasando hambre. El Ramadán finaliza con una gran fiesta, el Eid al-Fitr, donde se celebran oraciones conjuntas, se visita a los amigos, se entregan regalos y se come hasta la saciedad. Ei al-Adah, otro acontecimiento con fecha alterable, constituye el siguiente acontecimiento importante del año y señala en momento en que los musulmanes deben peregrinar a La Meca. Entre las festividades no religiosas, se incluyen el Día de la Evacuación, una celebración con una denominación atractiva, el 17 de abril, y el Día del Movimiento Correccionista, el 16 de noviembre.

Moneda
libra siria

Comidas

· Presupuesto bajo: entre 40 y 200 libras
· Presupuesto medio: entre 200 y 400 libras
· Presupuesto alto: a partir de 400 libras

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 100 y 700 libras
· Presupuesto medio: entre 700 y 900 libras
· Presupuesto alto: a partir de 900 libras

Aún es posible viajar a Siria por un módico precio, aunque cada vez resulte más complicado. Se puede sobrevivir con un presupuesto de entre 15 y 20 dólares diarios (pero no resulta muy recomendable), si se está dispuesto a dormir en hoteles de ínfima categoría y alimentarse únicamente de felafels y zumos. Si se prefiere un alojamiento en una habitación con baño y comer en restaurantes una vez al día, será necesario un presupuesto de entre 30 y 40 dólares por jornada.

En Siria, el dinero en metálico es el rey, a pesar de que los cheques de viaje resulten más seguros. No se cobran comisiones a la hora de canjear dinero, aunque deberá abonarse una cierta cantidad por las operaciones que se realicen con cheques. Es poco probable conseguir un adelanto en metálico con una tarjeta de crédito, pero los pagos con tarjeta se aceptan en cada vez más hoteles importantes y grandes almacenes, así como para comprar billetes de avión y alquilar vehículos.

Las propinas son el aceite que mantiene a punto los engranajes de Oriente Próximo. Los camareros de los restaurantes de mayor categoría esperan una gratificación y, en cualquier caso, si no se deja, es muy probable que se equivoquen al devolver el cambio. Los porteros y los mozos de equipaje también esperan recibir propina, pero es el viajero quien decide si merece la pena dársela. Cuando se trata de comprar recuerdos, el regateo es fundamental: no resulta muy difícil conseguir que el precio inicial quede reducido a la mitad.

Damasco

La mayor ciudad de Siria y su capital, creció en los alrededores del río Barada y del oasis Ghouta, que posibilitan la vida en un lugar donde, de otro modo, resultaría imposible habitar. Damasco tal vez constituya la urbe poblada más antigua del mundo, con un crecimiento demográfico constante: ya en el año 5000 a.C., existía un emplazamiento habitado en el lugar. En la actualidad, sus misteriosos bazares orientales y el refinado encanto de algunos de los monumentos más importantes del islamismo, algo deteriorados a pesar de todo, conforman buena parte de su fascinante legado. En los alrededores de la plaza de los Mártires, el centro urbano, se localiza la mayoría de restaurantes y hoteles.

El encanto de Damasco tiene su epicentro en su casco antiguo, rodeado por una muralla romana. El principal mercado cubierto, Souq al-Hamadiyyeh, es una vía adoquinada donde abundan las animadas multitudes, los vendedores ambulantes y el regateo de alto nivel. Frente al mercado, se encuentra la mezquita de los Omeyas. Este edificio, construido en el año 705 en los terrenos que ocupaban unos templos antiguos y una catedral cristiana, fue proyectado como la mayor mezquita del mundo. A pesar de que un fuego destruyó su interior en el siglo XIX, continúa destacando como una de las joyas de la arquitectura islámica, y cuenta con abundantes mosaicos de gran esplendor y tres originales minaretes.

En la capital, reposan los restos de Saladino, uno de los héroes más destacados de la historia árabe y el hombre que combatió contra los cruzados. La construcción del mausoleo de Saladino data de 1193; está cubierto por una cúpula roja y emplazado en un agradable jardín, más allá de la muralla norte de la mezquita de los Omeyas. El palacio Azem, al sur de la mezquita, que se levantó en 1749 alternando hileras de basalto negro y piedra caliza blanca, acoge actualmente la sede del Museo de las Artes y Tradiciones Populares de Siria. En el barrio cristiano, al este del casco antiguo, se halla la capilla de San Pablo, que señala el lugar donde, una noche, los discípulos ayudaron al apóstol a salir por una ventana para escapar de los judíos.

Takiyyeh as-Sulaymaniyyeh, al sur del Barada, destaca como una de las mezquitas más elegantes de Siria. Construida siguiendo los parámetros del estilo otomano en 1554, se compone de capas alternas de piedra negra y blanca y posee dos esbeltos minaretes. Merece la pena visitar el Museo Nacional, también al sur del río. En su día, la fachada de esta institución cultural se utilizaba como entrada al Qasar al-Hayr al-Ghabi, un antiguo campamento militar. El interior alberga una colección de piezas fantásticas, entre las que se incluyen unas escrituras del siglo XIV a.C. que emplean el primer alfabeto conocido del planeta, estatuas de Mari (antigua ciudad de Mesopotamia) de unos cuatro mil años de antigüedad, dos salas repletas de estatuas de mármol y terracota originarias de Palmira, armas damasquinadas, antiguos instrumentos quirúrgicos hallados en tumbas de cirujanos, una colección de libros del Corán del siglo XIII y una sala completa decorada según el estilo del palacio Azem en el siglo XVIII.

Alepo

Conocida como Halab por sus habitantes, Alepo es la segunda ciudad de Siria en tamaño y, desde tiempos romanos, un importante centro comercial. Con sus fascinantes zocos cubiertos, su ciudadela, sus museos y sus caravasares, apetece invariablemente pasar unos días en su seno. La ciudadela domina la urbe en el extremo oriental de los zocos, y el foso cuenta con un puente, en la zona sur, que conduce a la puerta fortificada del siglo XII. En el interior, la mayor parte de la fortaleza se halla en ruinas, aunque en la sala del trono, sobre la entrada, se ha efectuado una generosa restauración. Los únicos edificios de la ciudadela original que quedan en pie son una pequeña mezquita del siglo XII y la gran mezquita del siglo XIII.

Los fabulosos zocos cubiertos constituyen uno de sus principales atractivos. Sus laberintos se extienden por varias hectáreas, y al situarse bajo el techo de piedra abovedado, aparece la sensación de estar viajando repentinamente a otro mundo. Hay que dejarse sumergir en los dulces aromas de los cardamomos y los clavos, observar los animales muertos colgados en el zoco de carne. La mayoría de mercados se construyeron en la época otomana, aunque algunos datan del siglo XIII.

En el extremo septentrional de los zocos, se encuentra la gran mezquita, con un minarete no empotrado de 1090. El interior cuenta con un bello púlpito de madera tallada y, si se dirige la vista hacia la izquierda, se podrá contemplar la cabeza del padre de san Juan Bautista (es evidente que la decapitación resultaba una práctica habitual en su familia). El Museo Arqueológico acoge una excelente colección de instrumentos de Mari, Ebla y Ugarit. La mayoría de alojamientos y restaurantes se localiza en pleno centro urbano.

Palmira

Si únicamente va a visitarse un lugar en Siria, Palmira es el destino obligado. A diferencia de Petra, el otro objetivo turístico por excelencia de Oriente Próximo, Palmira es una ciudad pequeña que goza de una relativa tranquilidad: no obliga a atisbar entre ruidosos viajeros agrupados en paquetes turísticos para contemplar las ruinas. La urbe está ubicada en un lugar remoto, a 150 km del río Orontes por el Oeste y a 200 km del Éufrates en el Este. Sus vestigios históricos datan el siglo II d.C., aunque la ciudad inició su ascenso a la gloria coincidiendo con el dominio asirio. Durante un breve período de tiempo, constituyó un importante puesto de avanzada griego; en el año 217, Roma se anexionó Palmira, convirtiéndose en un centro de riqueza sin parangón. Su personaje más célebre, Zenobia, gobernó la población a partir de 267, cuando su marido falleció en extrañas circunstancias. La máxima mandataria se enfrentó a las fuerzas romanas, pero sufrió una aplastante derrota en el año 271, y Palmira quedó reducida a cenizas dos años después. En 1089, un terremoto acabó de destruirla.

En Palmira, abundan las ruinas por las que deambular. El templo de Bel consta de un patio cuadrado de piedra maciza. Al otro lado de la calle, se encuentra la Gran Columnata, una impresionante vía urbana bordeada por hileras de columnas que, en su día, formó la arteria principal de la ciudad. El arco monumental, en uno de sus extremos, ha sido restaurado. Al sur de la columnata, el teatro acoge un mercado y un salón para banquetes. En la cima de la colina que domina Palmira, se halla el Qala_at ibn Maan, un castillo árabe del siglo XVII. Su museo cuenta con algunas obras excelentes y rótulos en inglés. Existen varios establecimientos para alojarse y comer en la ciudad nueva que rodea las reliquias. Se puede acceder a Palmira desde la terminal de Homs o desde Damasco.

Krak de los Caballeros

Por una vez, un castillo está formado por algo más que una pila de escombros en el suelo; esta fabulosa fortaleza de los cruzados posee prácticamente la misma apariencia que hace ochocientos años. El Krak de los Caballeros, que custodiaba el único paso importante entre Antakya (Antioquia), en Turquía, y Beirut, en Líbano, fue construido y ampliado entre 1150 y 1250 y, finalmente, llegó a albergar a una guarnición de cuatro mil hombres. La fortaleza resistió diversos ataques, pero sucumbió ante los sultanes Baibar en 1271.

El castillo se divide en dos partes: una muralla exterior con trece torres, una muralla interior y una torre del homenaje. Ambas murallas están separadas por un foso, actualmente lleno de agua estancada, que se utilizaba para llenar los baños y abrevar a los caballos. Debe atravesarse la entrada principal, una imponente reja en el muro de 5 m de espesor, pasar las torres que defendían el castillo hasta llegar a un patio. Un corredor cubierto de delicadas tallas conduce a una sala abovedada, donde se puede contemplar un horno antiguo, un pozo y varias letrinas. La capilla de la fortaleza se transformó en mezquita cuando el sultán Baibar asumió el control de la zona; aún es posible admirar el púlpito. En la actualidad, el piso superior de la torre de la Hija del Rey acoge una cafetería; desde esta localización se disfruta de unas magníficas vistas. Existen alojamientos en la zona del Krak, pero también se puede optar por un sencillo viaje de un día desde Tartus o Hama.

Busra

Este enclave se halla en una fértil llanura plagada de basalto negro, a unos 140 km al sur de Damasco. En su día, Busra ocupó un lugar de honor en el comercio local y las rutas de peregrinos, pero, en la actualidad, ha caído en el olvido. A pesar de su desafortunado destino, se trata de un paraje extraño y maravilloso, construido sobre y alrededor de antiguas edificaciones romanas, como si se tratara de una enredadera que estrangulara la arquitectura. La urbe está compuesta, casi en su totalidad, por basalto negro, gran parte del cual procede de los edificios más antiguos. También cuenta con un teatro romano, uno de los mejor conservados del planeta.

La principal originalidad del teatro radica en que lo fortificaron y se convirtió en una ciudadela. Se erigieron nueve torres alrededor del edificio y se cavó un foso para conseguir mayor protección. En el interior de la ciudadela, aún es posible admirar el magnífico teatro de quince mil butacas. Cuando funcionaba, estaba recubierto de mármol y seda. Durante las representaciones, rociaban a los mecenas con un fino vapor de agua perfumada.

Entre las viviendas y comercios de Busra, también es posible admirar las ruinas del Nymphaeum, varios baños, algunas de las mezquitas más antiguas de la Tierra, un monasterio del siglo IV y una puerta nabatea. Busra cuenta únicamente con un hotel y resulta bastante costoso, aunque cabe la posibilidad de tomar un microbús directo desde Damasco o Deraa.

Rusafa

Esta extraordinaria ciudad amurallada, situada en un emplazamiento remoto, a unos 160 km al norte de Palmira, surge del monótono desierto a medida que uno se va acercando a ella. Es posible que la zona estuviera habitada en la época de los asirios; a finales del siglo III, Diocleciano estableció allí un fortín como parte de la línea defensiva contra la dinastía sasánida. El fortín se amplió en los siglos V y VI; sin embargo, en el siglo VII, pasó a manos de los omeyas, que lo reformaron y lo convirtieron en un lugar de veraneo. Esta dinastía se percató de su error en el año 743, cuando los abasidas entraron con total tranquilidad y arrasaron el lugar.

Las murallas, que se extienden por un cuadrilátero de 550 m de longitud por 400 m de anchura, se han conservado prácticamente intactas. Al entrar, uno se enfrenta a un inmenso vacío: no se han realizado grandes excavaciones o restauraciones en la zona, y el cuadrilátero se encuentra desnudo y separado de tres iglesias. La más grande, la basílica de San Sergio, parcialmente restaurada, cuenta con tres naves laterales y unos amplios arcos. La basílica y las otras dos iglesias se construyeron en el siglo VI. La zona carece de instalaciones para comer o beber y resulta complicado acceder a ella: se puede tomar un microbús desde Raqqa a al-Mansura y esperar a que una furgoneta efectúe el traslado hasta el destino final.

Qala'at Samaan Mauthausen

La basílica de San Simeón posee una historia más interesante que cualquier otro lugar de la zona. San Simeón fue un pastor del siglo V que, tras un sueño visionario, ingresó en un monasterio para sufrir por Cristo. Con todo, la vida monástica no le resultaba lo suficientemente dura y se desplazó a las colinas, donde construyó una columna de 3 m para encaramarse a lo alto. Durante los 36 años siguientes, fue construyendo columnas cada vez más elevadas que, al final, llegaron a alcanzar los 15 m. El santo se encadenaba por el cuello a las columnas para no caerse durante la noche y, de este modo, añadía el posible estrangulamiento a la lista de cruces con las que debía cargar. Llegaron peregrinos de toda Europa con la esperanza de presenciar un milagro, pero la mayoría de ellos sólo contemplaron a un anciano sermoneando desde lo alto de una columna.

En el año 459, san Simeón falleció y, alrededor de su columna, se construyó una enorme iglesia. El excepcional templo poseía cuatro basílicas dispuestas en forma de cruz, que desembocaban en un patio octogonal cubierto por una cúpula. Cuando, en el año 490, se dieron por concluidas las obras, se trataba de la mayor iglesia del mundo. También se edificó un monasterio y se erigió una ciudad para cubrir las necesidades de los peregrinos. La iglesia está bastante bien conservada, pero la columna se halla muy deteriorada; en realidad, se trata de una roca sobre una plataforma. Qala_at Samaan se encuentra a unos 40 km al oeste de Alepo y, entre ambas ciudades, se ha dispuesto un servicio de microbús.

Hama

Esta tranquila ciudad entre Alepo y Damasco, una de las más atractivas de Siria, supone una buena base para explorar las ruinas cercanas. La mayor parte de su encanto procede del río Orontes, que atraviesa Hama. Las orillas del río están bordeadas por árboles, jardines y antiguas norias muy ruidosas, que alcanzan los 20 m de diámetro y se construyeron hace siglos para abastecer a la ciudad de agua y como mecanismo para controlar el riego. Las norias y los bloques sobre las que se erigen son de madera, y la fricción entre ambas piezas produce un sonido similar a un quejido que invade el aire del centro de la urbe. Las norias del casco urbano están situadas en un bonito parque, donde los niños nadan entre las ruedas.

Otro atractivo de la población lo conforma la gran mezquita, que, en 1982, resultó destruida durante un levantamiento. La Hermandad Musulmana inició la rebelión, sofocada por ocho mil soldados, con el apoyo de las fuerzas aéreas y de tanques de asalto. En los combates y en las sucesivas ejecuciones y atrocidades llegaron a morir veinticinco mil personas. Una restauración generalizada ha ocultado las pruebas del alzamiento: la mezquita se incluye entre los edificios que han sido remozados. El palacio y Museo de Azem, que data del siglo XVIII, cuenta con unos artilugios interesantes y un agradable patio con sombra. Para empaparse de verdad en el ambiente de Hama, es necesario hacer una parada en la cafetería al aire libre a orillas del río: resulta un lugar magnífico para tomar un café, fumar en nargileh (pipa de agua) y jugar una partida de backgammon. Existe un servicio de autobús entre Hama y Homs, Damasco y Alepo.

El excursionismo constituye el principal aliciente de Siria para los aficionados a estirar las piernas. No existen servicios organizados para los excursionistas, pero el país cuenta con un territorio atractivo. Entre la oferta más destacable, se encuentran los paseos entre los castillos de los cruzados sirios y las excursiones por la franja montañosa entre Líbano y Turquía. Por desgracia, no existen mapas de la zona, así que se verá obligado a seguir las carreteras.

Si el visitante nunca se ha dado un baño turco, Siria constituye un lugar idóneo para iniciarse en esta práctica, con numerosos baños públicos de calidad en Alepo y Damasco. El paquete que incluye lavado completo, baño de vapor y masaje resulta muy beneficioso para la salud. El baño se suele realizar en instalaciones separadas por sexos.

Desde un punto de vista histórico, Siria comprendía Jordania, Israel, y Líbano, así como la zona que en la actualidad se conoce como Siria. El país estaba situado en un emplazamiento estratégico de primer orden y sus ciudades costeras se convirtieron en importantes centros comerciales fenicios. Tiempo después, Siria llegó a erigirse como uno de los puntales de los imperios Romano, Persa, Egipcio y Babilónico. Acabó formando parte de la Turquía otomana y, junto con Líbano, pasó a control francés cuando el Imperio Turco se fragmentó tras la I Guerra Mundial. A los sirios no les satisfizo esta solución (desde 1918-1920, habían constituido una nación independiente) y organizaron un levantamiento en 1925-1926, que desencadenó el bombardeo de Damasco por parte de Francia.

En 1932, se celebraron las primeras elecciones parlamentarias en Siria y los candidatos, a pesar de que habían sido seleccionados por los franceses, se negaron a aceptar la constitución que proponían los galos. En 1939, Francia cedió a Turquía la provincia siria de Alexandretta, hecho que alimentó más si cabe la animadversión hacia los caciques imperialistas. En 1941, los franceses prometieron la completa independencia a Siria, pero el país no la consiguió realmente hasta 1946.

El gobierno civil tuvo una duración efímera: en 1954, tras varios golpes de estado militares, el sector Ba'at del ejército asumió el control del país. El 1940, un profesor cristiano había fundado el Partido Ba'at, y se entregó a una modalidad de panarabismo que llevaría a Siria a perder su soberanía. El país se federó a Egipto en 1958, bajo la denominación de República Árabe Unida. Sin embargo, la federación no gozó de apoyo popular y Siria se vio sacudida por una serie de levantamientos militares; el perpetrado el 28 de septiembre de 1961 produjo la secesión de Siria, que volvió a ser un estado independiente. En 1966, el Partido Ba'at recuperó el poder, pero el festejo se truncó a raíz del estallido de la Guerra de los Seis Días contra Israel en 1967 y el incidente con los miembros del grupo Septiembre Negro en 1970. Entonces, el ministro de Defensa, el general Hafiz al-Asad, decidió pasar a la acción y se hizo con el poder. Desde 1971, Asad se mantuvo en la presidencia combinando la represión despiadada con la astucia. Empleó su cargo para situar a Siria en una posición de poder negociando los términos de paz en Oriente Próximo. En 1999, obtuvo su quinta victoria consecutiva y se aseguro siete años más de mandato con un previsible 99,9% de votos a su favor en los comicios. Aunque la caída de los precios del petróleo provocó nerviosismo en toda la zona, la astuta explotación que practicó Asad sobre la guerra del Golfo a principios de la década de 1990 conllevó mejoras en la economía siria. Durante este conflicto armado, Siria formó parte de la coalición aliada contra Irak y trató de granjearse las simpatías de Estados Unidos, en un esfuerzo por salir de la lista de países que Washington considera promotores del terrorismo internacional.

En 1997, Siria fue borrada de la lista de estados traficantes de drogas, al tiempo que Asad se esforzaba por estrechar los vínculos con la joven Unión Europea, Turquía y Estados Unidos. Los intentos por diversificar la economía, muy dependiente del petróleo, sobre todo con inversiones en producción agrícola, han obtenido resultados desiguales. A principios de 2000, los funcionarios del Departamento de Estado norteamericano sopesaron eliminar a Siria de la lista de terrorismo y admitieron, incluso también lo admitió el servicio de inteligencia norteamericano, que el país no había patrocinado ningún acto terrorista desde 1986. En el mejor de los casos, es probable que la caótica retirada del sur de Líbano por parte de las tropas israelíes en mayo de 2000, atacadas por el grupo fundamentalista islámico Hezbolá (supuestamente respaldado por Siria), retrasara cualquier tipo de conversación. El fallecimiento del presidente Asad un mes después añadió una variable más a esta ecuación y al futuro del proceso de paz en Oriente Próximo en su conjunto. Bashar, hijo de Asad, estaba preparado para asumir la presidencia en junio de 2000.

Bashar al-Assad ha demostrado una mayor tendencia reformista y moderada que su padre, como con la liberación de docenas de prisioneros político y la visita a Turquía para las décadas de relaciones hostiles. Pero sus vínculos con los extremistas militantes y la herencia de corrupción y control gubernamental implican que una reforma a mayor escala sigue siendo un sueño para la mayoría de los sirios.

Internacionalmente, la postura intransigente de Siria frente a Israel sobre la devolución de los Altos del Golán y su supuesto apoyo a organizaciones extremistas como Hezbollah siguen siendo un obstáculo para mejorar sus relaciones con Occidente.

No se prodigan las melodías árabes tradicionales por las calles de Damasco, aunque sí puede encontrarse una interesante combinación de cantantes al estilo árabe acompañados de orquestas con instrumentos occidentales y autóctonos. Entre los artistas preferidos, destacan Mayada al-Hanawi y Asala Nasri. Los beduinos se mantienen fieles a sus tradiciones musicales, con grupos de hombres que cantan salmodias similares a un trance para acompañar a una bailarina del vientre.

A menudo, las artes visuales en el mundo árabe se centran únicamente a la arquitectura, puesto que el islamismo prohíbe la representación de los seres vivos. Por todo el país, abundan espectaculares emplazamientos arqueológicos, tanto antiguos como clásicos, donde yacen los vestigios de los califas musulmanes, los romanos y los bizantinos. Igualmente, existen numerosas obras religiosas de la época de los cruzados. El Corán constituye uno de los mejores ejemplos de escritura clásica árabe, mientras que el al-Mu'allaqaat agrupa poesía árabe aún más antigua. Hacia finales del siglo X, uno de los últimos florecimientos de la poesía árabe tuvo su epicentro en Siria: las obras más notables de esta época llevan la firma de al-Mutanabbi (que se consideraba a sí mismo un profeta) y Abu Firas al-Hamdani. Una de las obras más conocidas de la literatura árabe es Alf Layla wa Layla (Las mil y una noches), una colección de cuentos contextualizados en diferentes épocas y lugares. Entre las manifestaciones artísticas beduinas, se incluyen la joyería de plata, los tejidos de colores muy vivos y una amplia gama de cuchillos.

La hospitalidad constituye uno de los pilares de la vida árabe. Es frecuente que las familias sirias, sobre todo las que viven en el desierto, reciban a los extranjeros en sus hogares. La costumbre se desarrolló como respuesta a la dureza de la vida en el desierto: sin la comida, el agua y el refugio que ofrecían unos extraños, muchos viajeros hubieran perecido. En cualquier zona de Siria, se escuchará la palabra tafaddal (que, en una traducción libre, significa bienvenido) e invitarán al visitante a las viviendas para comer o tomar una taza de té.

El islamismo, religión monoteísta, supone el credo mayoritario en Siria. Esta creencia tiene al Corán como libro sagrado y al viernes como día festivo de la semana. Diariamente, y en cinco ocasiones, los musulmanes escuchan la llamada a la oración procedente de los minaretes de las mezquitas que salpican el país. El islamismo posee las mismas raíces monoteístas que el judaísmo y el cristianismo y, por lo general, los musulmanes tratan con respeto a los practicantes de estas religiones: según las creencias islámicas, Jesús era uno de los profetas de Alá, y tanto cristianos como judíos están considerados compañeros del Libro. Alá dictó el Corán a Mahoma, el último Profeta. Un gran número de musulmanes sirios pertenece a la secta sunní, aunque el país también cuenta con importantes minorías alawitas, drusas y chiitas. La mayoría de los drusos habitan junto a la frontera con Jordania, y sus creencias están envueltas en un velo de misterio. Los alawíes, que en su mayor parte se localizan en Latakia, Hama y Homs, son chiitas radicales.

La ley islámica prohíbe la carne de cerdo y las bebidas alcohólicas y, en mayor o menor medida (por lo general, menor), esta disposición se cumple en todo el país. El islamismo también tiende a establecer separaciones entre sexos, así que tal vez se encuentre con que numerosos restaurantes sólo admiten hombres. En muchos de estos establecimientos, si se solicita, acompañarán al visitante a la estancia familiar, una zona separada para mujeres. Cuando los sirios comen fuera de casa, es frecuente que pidan platos compartidos: una selección de mezzeh, o entrantes, seguida de platos fuertes para repartir entre varios comensales. La mayoría de las comidas se acompañan del pan ázimo árabe o khobz. Entre el resto de alimentos básicos, destacan el felafel, unas bolas de garbanzos fritas en abundante aceite; el shwarma, unas lonchas de cordero asadas; y el fuul, una pasta de habas, ajo y limón. El mensaf constituye una de las especialidades beduinas: un cordero entero, cabeza incluida, cocinado en un lecho de arroz y piñones.

El territorio de Siria, con una extensión dos veces mayor que Portugal, limita con Líbano al Suroeste, con Jordania en el Sur, con Irak al Este y con Turquía por el Norte. El país consta de cuatro regiones geográficas: una larga franja, costera y fértil, de 180 km; las cordilleras de Yébel an-Nusariyah y de Yébel Lubnan ash-Sharquiyyeh, que conforman una frontera con Líbano de 2.000 m de altitud; las estepas cultivadas en la zona interior, tras las cordilleras; y el desierto sirio, muy pedregoso, al Sureste.

No queda mucho de lo que antaño fueron los abundantes bosques montañosos sirios. En las pocas zonas verdes que subsisten, crecen fundamentalmente tejos, limeros y abetos, mientras que, en el resto de parajes, predomina la agricultura. Tampoco prolifera la fauna: oficialmente, el país está poblado por lobos, hienas, zorros, tejones, jabalíes, chacales, ciervos, osos, ardillas y turones, aunque es poco probable llegar a contemplar animales más exóticos que burros, cabras y camellos.

Siria disfruta de un clima mediterráneo, con veranos secos y calurosos, e inviernos húmedos y no demasiado fríos; a medida que uno se adentra en el interior, el clima se vuelve más árido e inhóspito. En la costa, la temperatura media diurna oscila entre los 29ºC en verano y los 12ºC en invierno. En la zona esteparia, donde se localiza la mayoría de ciudades, deben preverse temperaturas en torno a los 35ºC en el período estival y los 12ºC en el invernal; en cambio, en el desierto se pueden registrar valores de hasta 46ºC. La lluvia escasea en todo el país, y las precipitaciones se generan, básicamente, en la costa.

Siria cuenta con dos aeropuertos internacionales: uno está ubicado a 35 km al sureste de Damasco y el otro, al noreste de Alepo. Ambos disponen de conexiones regulares con Europa, Oriente Próximo, África y Asia. Los vuelos suelen resultar bastante caros y debe abonarse una tasa aeroportuaria de unos 5 dólares.

Existen servicios de autobús entre Alepo o Damasco y Estambul (Turquía), entre Damasco y Ammán (Jordania), Damasco y Beirut o Trípoli (Líbano), y entre Damasco y Riyadh (Arabia Saudí). Funcionan trenes desde Alepo hasta Estambul y desde Damasco hasta Ammán. Los taxis también ofrecen servicio desde Damasco hasta la mayoría de países vecinos. Se puede viajar con vehículo propio, pero serán necesarios un carnet de passage y un seguro a terceros. Si se prefiere el ferry, existe un servicio semanal desde Latakia hasta Alejandría (Egipto) vía Beirut. En verano, el ferry también se detiene en Chipre.

Existen vuelos internos entre Damasco y Alepo, al-Qamisliyya, Latakia y Dayr al-Zawr. La red viaria de Siria se halla en excelentes condiciones; los autobuses pasan con frecuencia, resultan económicos y muchos sirios se desplazan en ellos, puesto que muy pocos disponen de vehículo propio. Las distancias son cortas y muchos viajes se realizan en menos de cuatro horas. Entre las variedades de autobús, se incluyen el autocar tradicional, los minibuses y unas furgonetas japonesas conocidas como microbuses. En las principales rutas de autobús, se ha establecido un servicio de taxi, pero resulta notablemente más caro que los microbuses.

Los trenes sirios, modernos y de fabricación rusa, son baratos y puntuales, pero las estaciones acostumbran a estar bastante alejadas de la ciudad. Las principales líneas unen Damasco, Alepo, Dayr al-Zawr, al-Hasakah y al-Qamisliyya con una línea secundaria que recorre la costa. Existen escasas compañías de alquiler de automóviles, pero las tarifas son un 50% más elevadas que en los países occidentales. Además, la gasolina, con un elevado precio, resulta difícil de encontrar. En Siria, se conduce por la derecha.


· Schami, Rafik: Viaje entre la noche y la mañana, Ediciones Siruela, Madrid, 1996
· Dalrymple, William: Desde el monte santo, viaje a la sombra de Bizancio, Ediciones Península, Barcelona, 2000
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