Nombre oficial: República Socialista Democrática de Sri Lanka Superficie: 66.000 km² Población: 19 millones hab. Capital: Colombo (2.000.000 hab.) Nacionalidades y etnias: 74% cingaleses, 18% tamiles, 7% árabes, 1% otros Idioma: cingalés, tamil, inglés Religión: 69% budistas, 15% hindúes, 8% musulmanes, 8% cristianos Régimen político: democracia Presidente: Mahinda Rajapakse Primer Ministro: Ratnasiri Wickremanayake
PIB: 48.1 billones de dólares PIB per cápita: 2,500 dólares Crecimiento anual: 4,7% Inflación: 9,3%
Visados: los visitantes procedentes de la Unión Europea no precisan visado si su estancia se ciñe a un máximo de 30 días y los ciudadanos de Estados Unidos no lo necesitan si no superan los 90 días. Condiciones sanitarias: cólera, hepatitis y malaria Hora local: GMT-5,5 Electricidad: 230-40 V, 50 Hz Pesos y medidas: sistema métrico Turismo:400.000 visitantes en 1994 Colombo Colombo, la mayor ciudad de la isla, resulta una población ruidosa, frenética y un tanto alocada. Por suerte, las averías, el tráfico paralizado y los cortes del suministro eléctrico se reciben encogiéndose de hombros y esbozando una sonrisa. El lema nacional parece ser no hay problema ; ciertamente, la única frase que todo el mundo sabe y puede decir. A pesar de que la ciudad no resulta tan interesante como otras muchas zonas de la isla, sigue siendo un lugar colorista que merece la pena visitar. Orientarse en Colombo resulta relativamente sencillo. Al norte, se extiende el distrito Fort, el centro de negocios del país, donde abundan los grandes almacenes, librerías, oficinas de líneas aéreas y está ubicada la sede del Banco Central, que los Tigres tamiles hicieron volar por los aires en enero de 1996. De igual modo, el distrito cuenta con numerosos centros de interés turístico, como la torre del reloj, un antiguo faro, la residencia del presidente (conocida entre como la Casa de la Reina) y un grupo de edificios coloniales que confieren al lugar una aureola de antiguo imperio. Justo al sur de este punto, se localiza Galle Face Green, un paseo marítimo con vegetación esporádica salpicado de partidos de cricket, aficionados a las cometas y citas de enamorados. Los jardines Cinammon, más al sur, constituyen el barrio residencial más moderno de Colombo, con mansiones elegantes, calles bordeadas por árboles y el parque de mayor tamaño de la ciudad. Al este del distrito Fort se encuentra el distrito del bazar Pettah. Merece la pena perderse por sus calles; sorprende la profusión de artículos: frutas, verduras, carne, gemas, oro, plata, cobre y quincallería. Los aficionados al arte no deben perderse el Museo Nacional, que alberga una buena colección de piezas históricas; la Galería de Arte, centrada en retratos y exposiciones temporales de artistas locales; así como las numerosas mezquitas y templos budistas e hinduistas de la ciudad. También se puede explorar la fauna de la isla en el zoológico de Dehiwala. El momento culminante es el espectáculo de elefantes que se representa por la tarde. La playa auténtica más cercana está situada a los pies del Monte Lavinia, un desvaído centro turístico 10 km al sur de la ciudad. Los distritos de Fort y Pettah cuentan con alojamientos económicos, comida barata y buenas tiendas. La vida nocturna es prácticamente inexistente, aunque una visita al cine en el distrito Fort constituye toda una experiencia. Kandy La relajada capital de las regiones montañosas, e histórico baluarte del poderío budista, se erige en torno a un tranquilo lago, en una pintoresca hondonada de colinas. Presenta un carácter arquitectónico particular, gracias a los tejados de tejas ligeramente inclinadas, y el centro de la ciudad constituye un delicioso compendio de tiendas antiguas, bullicio, autobuses, mercados y hoteles. Su centro de interés más destacado se localiza en el octogonal Dalada Maligawa (templo del Diente), que acoge la reliquia religiosa más importante de Sri Lanka: un diente sagrado de Buda. Diariamente se celebran ceremonias en honor de la reliquia que atraen a peregrinos con ropajes blancos, flores de loto y franchipanieros. Durante las frenéticas celebraciones del Esala Perahera, en Kandy, se exhibe una réplica del relicario, que se pasea en elefante por toda la ciudad. Entre otros centros de interés, destacan un pequeño, aunque excelente, Museo Nacional, los jardines botánicos de Peradeniya y el santuario de Udawattakelle, un tranquilo refugio ornitológico. En los alrededores de Kandy existen numerosos lugares pintorescos por los que pasear; uno de ellos conduce hasta el Mahaweli, donde cabe la posibilidad de contemplar elefantes bañándose. La Asociación Cultural y Centro Artístico de Kandy, situada junto al lago, acoge buenas exposiciones de artesanía local y un auditorio para interpretaciones de bailes populares. Kandy se localiza justo en el kilómetro 100 al noreste de Colombo y aunque la ciudad carece de aeropuerto, entre los dos destinos funciona un gran número de autobuses y trenes. Anuradhapura Anuradhapura constituye la primera capital de Sri Lanka, un potente símbolo de poder cingalés y, entre las ciudades antiguas, destaca como la más extensa e importante. Se convirtió en capital en 380 a.C. y, durante más de mil años, los reyes cingaleses gobernaron desde esta gran ciudad. Sus impresionantes vestigios fueron descubiertos a principios del siglo XIX y, desde entonces, se encuentran en proceso de restauración. Se extienden por el oeste y norte de la moderna ciudad de Anuradhapura. El emplazamiento más sacrosanto de la ciudad es el Sagrado Árbol Bo, un esqueje del árbol donde Buda recibió su iluminación. Se cree que el Thuparama Dagoba, el templo más antiguo de los muchos que existen en Anuradhapura, contiene la clavícula derecha de Buda. El Jetavanarama Dagoba destaca como la mayor estructura en pie y puede que, en su día, alcanzara más de cien metros de altura y tuviera capacidad para acoger unos tres mil monjes. Igualmente, la ciudad cuenta con museos que invitan a la exploración, estanques gemelos maravillosamente restaurados que los monjes utilizaban en baños rituales e inmensos depósitos construidos para transportar agua de riego a los cultivos de arroz. La bicicleta es el medio más adecuado para explorar la zona. En su mayoría, los vestigios de la antigua Polonnaruwa, una ciudad a orillas de un lago situada 75 km al sureste de Anuradhapura, datan del reinado de la dinastía india Chola, en los siglos XI y XII, aunque cubren un emplazamiento más compacto y se encuentran en excelente estado. Anuradhapura se localiza 250 km al norte de Colombo. Entre ambas ciudades funcionan numerosos autobuses diarios; se puede optar por tomar un autobús antiguo o bien uno interurbano con aire acondicionado. Asimismo, existe un servicio de trenes hasta Anuradhapura, aunque funciona dependiendo de la situación del país en el norte. Sigiriya La espectacular fortaleza maciza de Sigiriya constituye un baluarte inexpugnable, un retiro monástico y una galería de arte en la roca. Erigida en el siglo V para rechazar una temida invasión, está emplazada en lo alto de una roca elevada a 200 m de altura y en el momento álgido de su gloria debió de ser una construcción similar a un chateau europeo plantado en medio de Ayers Rock. Cuenta con jardines acuáticos, frescos de doncellas realizados en la roca que datan del siglo V, y un muro de mil años de antigüedad con inscripciones de los visitantes, un par de enormes garras de león de piedra y vistas impresionantes. Para llegar hasta Sigiriya desde Colombo, debe tomarse el autobús que tiene parada en Dambulla y, desde allí, cualquiera de los que salen cada hora hacia la fortaleza de piedra, a 191 km de distancia. Hikkaduwa Hikkaduwa destaca como el complejo turístico playero más desarrollado, aunque en la actualidad tenga un aspecto abandonado. Dispone de una gran variedad de alojamientos, buenos restaurantes y agradables playas con establecimientos de comida económica. Cabe la posibilidad de bucear en un santuario coralino atractivo y de fácil acceso, practicar submarinismo en restos de naufragios localizados en la bahía, realizar excursiones en embarcaciones con fondo de cristal y practicar surfing en buenas condiciones. Se trata de un lugar tranquilo, muy similar a los muchos complejos turísticos asiáticos que gozan de gran popularidad entre los viajeros occidentales. De igual modo, existen numerosas tiendas de artesanía que satisfacen los caprichos de los turistas, un templo budista, un lago cercano con abundantes aves y un poco de tráfico peligroso que se precipita a toda velocidad por la calle principal. Con una elevada frecuencia de paso, unos autobuses recorren los 87 km hasta la costa desde Colombo, o bien funcionan cuatro trenes expresos diarios que merece la pena considerar. Asimismo, existen unos pocos trenes lentos, pero pueden tardar de tres a cuatro horas. Galle El puerto de Galle, considerado por algunos la ciudad bíblica de Tarquish, ilustra de un modo magnífico la solidez de la presencia holandesa en Sri Lanka. El fortín holandés, erigido en 1663, ha soportado los estragos del tiempo. Sus murallas macizas rodean el promontorio que constituye la parte antigua de Galle y sus muros ofrecen protección a recias casas holandesas, museos e iglesias. Esta zona disfruta de un ambiente tranquilo y relajado, que casi parece distanciarse del discurrir de la historia. El New Oriental Hotel, construido por los gobernadores holandeses en 1684, constituye una joya colonial con una bar de maravilloso ambiente pintoresco. En las cercanías, se divisa la diminuta franja de una playa apta para darse un chapuzón, aunque muchos viajeros prefieran proseguir por la costa hacia las excelentes playas de Unuwatuna, Weligama y Tangalla. Infinidad de público y autobuses privados recorren en todas direcciones el tramo de 107 km entre Colombo y Galle, así como numerosos trenes exprés diarios. El pico de Adán Desde diciembre hasta abril, los peregrinos se reúnen para escalar el pico de Adán, de 2.224 m de altitud. En la cima, se encuentra una enorme huella que los musulmanes aseguran perteneció a Adán, quien pasó allí una temporada en expiación de su pecado en el jardín del Edén. Poco importa que los budistas consideren que se trata de una pisada de Buda o que los hinduistas sostengan que la marca fue obra de Shiva, lo cierto es que el sitio constituye un lugar de peregrinación desde hace más de mil años. La vista desde la cima del pico al amanecer basta para impresionar al agnóstico más cínico y sumirle en la ensoñación. Se tardan unas cuatro horas en alcanzar la cima desde la ciudad de Dalhousie. Resulta sencillo alcanzar la falda del pico de Adán y en caso de realizar una ascensión nocturna, se dispone de todo el día para llegar. En temporada de peregrinaciones, funciona un servicio de autobuses entre Dalhousie y Kandy, Nuwara Eliya y Colombo. De lo contrario, es preciso viajar primero hasta Hatton o Maskeliya. Si se viaja a última hora, se dispone de servicio de taxi hasta Hatton o Dalhousie. Se encuentra a 220 km de Colombo. Nuwara Eliya Nuwara Eliya, que en su día fue una de las ciudades de montaña preferidas de los británicos, sigue conservando vestigios del pasado: una combinación de arquitectura tudor y georgiana, tejados a dos aguas, céspedes inmaculados con rosales y lápidas cubiertas de musgo. Merece la pena una visita al pintoresco Hill Club (que dispone de campo de golf y pistas de tenis) o a los jardines botánicos y las plantaciones de té en las colinas de los alrededores. Los autobuses con destino a Nuwara Eliya salen de Colombo casi cada hora, y desde Kandy, con una frecuencia regular. Puede optar por el tren, pero deberá bajarse en Nanu Oya y tomar un autobús o taxi de enlace hasta Nuwara Eliya, puesto que la ciudad carece de estación propia. Yala West Yala West constituye uno de los pocos parques nacionales de Sri Lanka que permanece abierto a los viajeros. Se extiende por casi 1.000 km² de matorrales, lagunas y afloramientos rocosos al sureste del país y se trata de un lugar particularmente adecuado para contemplar elefantes. Asimismo, constituye el hábitat de leopardos, osos, ciervos, cocodrilos, jabalíes, monos, búfalos y pavos reales salvajes. La mejor opción consiste en alquilar un todoterreno con conductor en Tissamaharama y llegar allí al amanecer o al anochecer. En las cercanías, se halla el Parque Nacional de Bundala, uno de los lugares más apropiados para la observación de aves. Yala West se encuentra cerrado en septiembre y, por lo general, también parte de agosto y octubre. Cuando está abierto, la mejor forma de llegar consiste en tomar un autobús en la ciudad costera de Tissamaharama, a 241 km de Colombo, y alquilar un todoterreno con conductor. Si se dispone de carné de conducir, simplemente deberá conducir hasta la puerta principal, abonar el importe de la entrada y las tasas del seguro. Los primeros pobladores de Sri Lanka fueron los veddas nómadas. La leyenda los vincula a los yakkhas, unos demonios conquistados por los cingaleses alrededor de los siglos V o VI a.C. Varios reinos cingaleses, entre los que se incluía Anuradhapura, al norte, se afincaron en la isla durante el siglo IV a.C. Mahinda, hijo de Asoka, emperador indio de la dinastía Maurya, introdujo el budismo en el siglo III a.C., y este credo enseguida se convirtió en religión oficial y foco de un intenso nacionalismo. Anuradhapura no constituía una fortaleza inexpugnable. Durante los siguientes mil años, repetidas invasiones procedentes del sur de la India harían de Sri Lanka una zona de permanentes luchas por el poder dinástico. Los portugueses llegaron a Colombo en 1505 y obtuvieron un monopolio de valor incalculable sobre el comercio de especias. Hacia 1597, los colonizadores se habían hecho con el control formal de la isla. No obstante, no lograron desplazar al poderoso reino cingalés de Kandy, que consiguió el apoyo de los holandeses para expulsar a los portugueses en 1658. Los holandeses estaban más interesados en el comercio que en la religión o la tierra, así que, en 1796, no ofrecieron demasiada resistencia cuando los británicos llegaron a la isla. Éstos menoscabaron la soberanía Kandy y, en 1853, se convirtieron en la primera potencia europea que gobernaba la totalidad de la isla. Florecieron las plantaciones de café, té, canela y coco (donde trabajaban tamiles procedentes del sur de la India) y se introdujo el inglés como lengua nacional. Finalmente, Sri Lanka, conocida entonces como Ceilán, obtuvo la independencia completa como dominio miembro de la Commonwealth británica en 1948. El gobierno puso en práctica políticas de corte socialista, reforzando los servicios sociales y manteniendo fuerte la economía, pero también privó del derecho al voto a 800.000 tamiles que trabajaban en las plantaciones. En 1956, resultó vencedor el nacionalista cingalés Solomon Bandaranaike, impulsor de unas leyes de supremacía cingalesa en el parlamento que convirtieron al cingalés en idioma oficial y reservaban los mejores puestos de trabajo a los miembros de esta etnia. En parte, puso en práctica estas medidas para compensar el desequilibrio de poder que existía entre la mayoría cingalesa y la élite de habla inglesa y educación cristiana. Sin embargo, esta política enfureció a la minoría de hindúes tamiles, que empezó a ejercer presión para conseguir un sistema de gobierno federal con mayor independencia para las regiones tamiles del norte y este. Los conflictos étnicos y religiosos del país datan de esta época y se han ido agravando a medida que se ha intensificado la lucha por la riqueza y el trabajo. En 1959, un monje budista asesinó a Bandaranaike cuando trataba de reconciliar a las dos comunidades. Le sucedió su viuda, Sirimavo, que se convirtió en la primera mujer que ocupaba el cargo de primera ministra. Continuó con la política socialista de su marido, pero la economía fue de mal en peor. En 1971, una revuelta mal organizada, instigada por los maoístas cingaleses del JVP se saldó con miles de muertos. Un año después, el país se convirtió en una república y adoptó el nombre oficial de Sri Lanka. En 1972, la constitución declaró formalmente al budismo como principal religión oficial y se redujeron las plazas para los tamil en la universidad. El subsiguiente malestar social condujo a decretar el estado de emergencia en las regiones tamiles. Las fuerzas de seguridad cingalesas se enfrentaron a jóvenes tamiles, que iniciaron la lucha por la independencia de su patria. En 1971 resultó elegido Junius Richard Jayewardene, que ascendió el tamil a la categoría de lengua nacional en las regiones tamiles. De igual modo, concedió a los tamiles un mayor control del gobierno local, pero la violencia se disparó sin control. Cuando los secesionistas de Liberación de los Tigres de Tamil Eelam (LTTE) hicieron volar por los aires una patrulla del ejército en 1983, los grupos cingaleses iniciaron dos días de disturbios que causaron la muerte de miles de tamiles, así como el incendio y saqueo de numerosas propiedades. Después de estos sucesos, ya no había marcha atrás. Muchos tamiles se desplazaron hasta las regiones del norte, de mayoría tamil y los cingaleses empezaron a abandonar la zona de Jaffna. Los secesionistas tamiles reclamaron el tercio norte del país y la costa oriental. Poseían una abrumadora mayoría en el norte, aunque en el sur la proporción de tamiles estaba igualada a la de musulmanes y cingaleses. La violencia se agravó y se produjeron intimidaciones y matanzas por ambas partes. Hacia 1985, 50.000 habitantes de Sri Lanka estaban recluidos en campos de concentración, y cien mil tamiles se encontraban exiliados en campos situados en el estado indio de Tamil Nadu. La economía se resintió a medida que la afluencia de turismo disminuía. El precio del té cayó en picado, los países que entregaban ayuda económica amenazaron con retirar su apoyo por las violaciones de los derechos humanos. En 1987, cuando las fuerzas gubernamentales hicieron retroceder a los tamiles hasta la ciudad de Jaffna, el malestar tamil en el sur de la India y la presión interna sobre el gobierno de este país hicieron temer una invasión por parte del mismo. Jayewardene llegó a un acuerdo con el entonces primer ministro indio Rajiv Gandhi en virtud del cual el ejército de Sri Lanka se retiraría y una fuerza pacificadora india (la IPKF) mantendría el orden en el norte y desarmaría a los Tigres. Un acuerdo que, en teoría, parecía razonable, falló al ponerse en práctica, puesto que los cingaleses y los musulmanes del sur se amotinaron por la ocupación india y la capitulación de los no tamiles en el este. Los Tigres atacaron a los cingaleses, la IPKF atacó a los Tigres y la situación en Sri Lanka se convirtió en un atolladero de inevitable violencia. En 1989, cuando parecía que la IPKF lograba mantener el control del norte, estalló una rebelión cingalesa en el sur y el JVP orquestó una serie de huelgas y asesinatos políticos. El país se hallaba en un impasse cuando el gobierno de Sri Lanka, liderado por Ranasinghe Premadasa, trató de granjearse las simpatías del JVP para conseguir que este grupo entrara a formar parte de la vida política. Cuando la estratagema fracasó, Premadasa soltó escuadrones de la muerte que asesinaron a los sospechosos de pertenecer al JVP y lanzaron los cadáveres en ríos. Así comenzó un reinado del terror que se prolongó durante tres años y ocasionó al menos 30.000 muertos. La IPKF, que en su momento álgido se componía de 80.000 hombres, abandonó su ingrata misión en 1990. Los Tigres habían aceptado un alto el fuego, pero la violencia no tardó mucho en recrudecerse cuando un grupo tamil disidente declaró de modo unilateral la independencia de su patria. El gobierno de Sri Lanka ha alternado soluciones políticas con ofensivas militares y ninguna de ellas ha supuesto el fin de las matanzas y el terrorismo. En 1991, un terrorista suicida tamil asesinó a Rajiv Gandhi y Premadasa corrió la misma suerte en 1993. Un año después, Chandrika Bandaranaike Kumaratunga se convirtió en primera ministra, cuando el Partido de la Alianza Popular derrotó al Partido de Unidad Nacional en las elecciones parlamentarias de agosto. En 1995, Chandrika fue elegida presidenta y, por segunda vez desde 1959, su madre Sirimavo Bandaranaike ocupó el cargo de primera ministra. Los Tigres rompieron de modo unilateral una tregua acordada a principios de 1995. El gobierno respondió con una operación militar masiva que se apoderó de la península de Jaffna y expulsó de la ciudad tanto a los Tigres como a la población tamil. Cuando las iniciativas gubernamentales que pretendían calmar a la población tamil fueron relativamente bien recibidas y la violencia de los Tigres quedó sofocada, parecía que Sri Lanka se hallaba en el camino hacia una paz duradera. Pero los Tigres se reagruparon y, hacia mediados de 1996, ya estaban en disposición de emprender mortíferos ataques contra las tropas gubernamentales emplazadas al norte de Sri Lanka y acciones terroristas en Colombo. La violencia alimentó la oposición cingalesa a firmar la paz con los tamiles, un hecho que, a su vez, desilusionó a la mayoría de habitantes de la isla, desesperada por alcanzar el fin de la violencia. A principios del nuevo milenio, los Tigres tamiles seguían tratando de recuperar la península de Jaffna y sus terroristas suicidas seguían matando a transeúntes por toda la isla, sobre todo en Colombo. A mediados de octubre de 2000, la matanza de 26 prisioneros tamiles desarmados a manos de una muchedumbre cingalesa en la región montañosa de Bandarawela dejó al descubierto la poca (o ninguna) sensibilidad de algunos de los contendientes; los asesinatos trajeron aparejados violentas manifestaciones y ataques como represalia, que arrastraron hasta el corazón del conflicto a la relativamente tranquila región central. Entre noviembre y diciembre de 2000, los intentos de Noruega para actuar de mediadora en unas conversaciones de paz entre el gobierno y los Tigres trajeron alguna esperanza a la región y, en una primera ronda de conversaciones, el enviado de paz se entrevistó por separado con los líderes de ambas partes. Chandrika Kumaratunga, elegida la primera mujer presidenta de Sri Lanka en 1994, obtuvo un segundo mandato en las elecciones de diciembre de 1999. Días antes del plebiscito, fue objetivo de un terrorista suicida del LTTE, que le ocasionó la pérdida de visión en un ojo. En las elecciones de octubre de 2000, el Partido de la Alianza liderado por Kumaratunga acabó con el impasse en que había entrado el país, cuando ningún partido único consiguió una mayoría suficiente para formar gobierno con el apoyo de dos partidos menores. La muerte de más de sesenta personas durante la campaña electoral arruinó las elecciones y la muerte, el 10 de octubre, de Sirimavo Bandaranaik, la primera mujer que llegó al cargo de primera ministra y condujo al país hacia la república en 1972, suscitó un profundo dolor entre la población. Chandrika Kumaratunga renovó su mandato en diciembre de 1999. Días antes de la votación, la presidenta y líder de la colación Alianza del Pueblo fue el objetivo de un ataque suicida con bomba de los LTTE en el que perdió la visión de un ojo. En diciembre de 2001, Ranil Wickramasinghe, que perdió las elecciones de 1999, se convirtió en primer ministro cuando el Partido Nacional Unido barrió en las elecciones al parlamento. Con este hecho se podría haber llegado a un punto muerto entre el parlamento y el poder ejecutivo al tratar de la inflación, la alta tasa de desempleo, la escasez de infraestructuras y, por supuesto, los 18 años de guerra civil, pero las imprevistas conversaciones de paz con los LTTE facilitaron la cooperación en el proceso político. Las conversaciones de paz, con la intermediación de una delegación noruega, inspiraron un mes de alto al fuego el 24 de diciembre de 2001 (el primero en siete años), renovado en enero de 2002. Con el levantamiento del embargo que llevaba siete años sufriendo el territorio controlado por los LTTE, parecía que la paz era posible. Pero el proceso de paz se estancó en 2003, y a mediados de 2004 se temía que se iba a bloquear completamente, cuando una suicida explotó su bomba en un edificio gubernamental de Colombo. En 2004, el tsunami devastó la costa del país, dejando más de 30.000 muertos. La tragedia de Sri Lanka proviene de su intolerancia étnica y de lecturas militantes de la filosofía religiosa. La mayoría de cingaleses profesan la religión budista, los tamiles practican el hinduismo en su mayor parte y existen importantes minorías musulmanas y cristianas burgher (descendientes de los colonizadores holandeses). Los cingaleses hablan cingalés, los tamiles se comunican en tamil y los burghers suelen emplear el inglés. Los musulmanes están diseminados por toda la isla y se les considera descendientes de los primeros comerciantes árabes o indios. En su mayoría, se han mantenido al margen del conflicto civil, aunque se han producido enfrentamientos entre musulmanes y tamiles en el este. Los tamiles de las regiones montañosas pertenecen a las castas inferiores; los trajeron los británicos para trabajar en las plantaciones. Tienen muy poco en común con los tamiles del norte, que viven en Sri Lanka desde hace más de mil años. Por lo general, los tamiles de las regiones montañosas han conseguido evitar verse implicados en el actual conflicto étnico. La arquitectura, escultura y pintura clásicas de Sri Lanka siguen el estilo budista en su mayoría. La campiña está salpicada de stupas y también existen numerosas esculturas de Buda extremadamente grandes, sobre todo en Aukana y Buduruvagala. Anuradhapura y Polonnaruwa poseen el legado arqueológico más impresionante, aunque Kandy constituye el centro cultural más floreciente de la actualidad. Entre los vestigios coloniales destacan fortalezas, canales e iglesias holandesas, residencias, clubes y juzgados británicos. Galle constituye la ciudad colonial más bella de la isla. Las danzas cingalesas son similares a las danzas indias, aunque se basan en la acrobacia, la habilidad y el simbolismo para desarrollar sus narraciones. Kandy resulta un buen lugar para contemplar danzas del interior ; en cambio, Colombo o Ambalangoda son los enclaves idóneos para presenciar el exorcismo ritualista de la danza del diablo. El teatro folclórico combina la danza, las obras dramáticas con disfraces, los tambores y rituales de exorcismo para recrear con fidelidad el folclore de Sri Lanka. La talla de madera, el tejido, la cerámica y la metalistería constituyen oficios artesanales muy desarrollados y Sri Lanka ha adquirido un especial renombre por sus gemas. Ambalangoda es el lugar adecuado para contemplar máscaras de Sri Lanka, mientras que el centro de la industria gemológica se localiza en Ratnapura. El arroz y el curry -a menudo, muy picante- dominan en las horas de las comidas, que también suelen incluir pequeños platos de verduras, carne y pescado como acompañamiento. La oferta también comprende platos de curry indios, como el thali vegetariano, el biriyani de sabor delicado y el kool, una combinación de verduras fritas y secadas al sol. Los hoppers, parecidos a las crepes y acompañados de huevo y miel o yogur, constituyen un tentempié propio de Sri Lanka. Las ciudades costeras cuentan con un pescado excelente y a muchos viajeros les gusta probar el delicioso atún de la zona. La oferta de fruta tropical es muy variada, el té resulta excelente y la cerveza, aceptable. El territorio de Sri Lanka tiene forma de lágrima gigante, que cae desde el extremo meridional del vasto subcontinente indio. Está separado de la India por el estrecho de Palk, de 50 km de anchura, aunque un conjunto de islotes coralinos, conocidos como el Puente de Adán, se encuentra diseminado de tal modo que casi forma un puente terrestre entre ambos países. La isla posee unas dimensiones de sólo 350 km de longitud y 180 km de anchura en los puntos más extremos y su tamaño resulta similar al de Irlanda o Tasmania. En la mitad sur de la isla domina un terreno montañoso escarpado de gran belleza. La totalidad de la mitad norte comprende una gran llanura que se extiende desde el borde de la región montañosa hasta la península de Jaffna. El monte de mayor altura es el Pidurutalagala, en las cercanías de Nuwara Eliya; el río más largo, el Mahaweli, fluye desde el centro para desembocar en el océano Índico, en Trincomalee. Las mejores playas se encuentran en las costas suroccidental, meridional y suroriental. En los espesos bosques tropicales del suroeste abunda el ébano, la madera de teca, las asclepias y unas orquídeas espectaculares. En las tierras altas, frescas y húmedas, predominan los pastos resistentes, los rododendros y los bosques raquíticos; en cambio, en las zonas áridas del norte sobreviven los arbustos y los pastizales. El país cuenta con una profusa fauna, entre la que destacan el omnipresente elefante, así como leopardos, ciervos, monos, perezosos, jabalíes, cobras, cocodrilos, dugones y tortugas. La isla constituye un importante refugio estacional para aves migratorias, entre las que se incluyen los flamencos, que acuden en masa a las lagunas, pantanos y reservas ornitológicas para tomarse un respiro del invierno septentrional. La mejor época para avistar pájaros comprende los de enero a abril. Sri Lanka constituye un país típicamente tropical con estaciones seca y húmeda bien diferenciadas, aunque el panorama se complica un poco por el hecho de que el país está afectado por dos monzones: la temporada del Yala (entre mayo y agosto), cuando el monzón del suroeste lleva la lluvia hasta las regiones meridional, occidental y central; y la temporada del Maha (entre octubre y enero), cuando el monzón del noreste lleva la lluvia al norte y este de la isla. Las temperaturas en las costas bajas se mantienen elevadas todo el año, pero enseguida descienden con la altitud y en los terrenos montañosos, donde parece que siempre sea primavera. Las temperaturas más elevadas se registran entre marzo y junio, mientras que el período que comprende los meses de noviembre hasta enero suele ser el más fresco del año. En el sur, suroeste y tierras altas centrales se registran las mayores precipitaciones; las regiones más septentrionales y el norte de la zona central son lugares muy secos. Los meses de diciembre y marzo constituyen la mejor época para visitar las costas oeste y sur; el terreno montañoso se visita mejor entre diciembre y marzo, mientras que la mejor época para viajar a la costa este comprende el período entre mayo y septiembre. · Ondaatje, Michael: Cosas de familia, Ediciones Destino, Barcelona, 1998 · Gunesekera, Romesh: El señor Salgado y el pastel de amor, Ediciones Salamandra, Barcelona, 1995 · Neruda, Pablo: Residencia en la tierra, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1989 · Clarke, Arthur C.: Fuentes del paraíso, Ultramar Editores, Barcelona, 1989
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