Nombre oficial: República Unida de Tanzania Superficie: 945.087 km² Población: 35.920.000 hab. Capital: Dodoma Nacionalidades y etnias: 99% africanos nativos (de los que un 95% son bantúes, divididos en más de 130 tribus), 1% otros (asiáticos, europeos, árabes) Idiomas: swahili e inglés (oficiales); lenguas indígenas Religión: 40% cristianos, 33% musulmanes, 20% creencias indígenas Régimen político: república presidencialista multipartidista Presidente: Benjamín William Mkapa
PIB: 7.000 millones de dólares PIB per cápita: 290 dólares Inflación: 4.2% Principales recursos económicos: tabaco, azúcar, henequén, oro y diamantes, refinerías de petróleo, cemento, turismo Principales socios comerciales: India, Reino Unido, Alemania, Japón, Suráfrica, Países Bajos, Kenia, Arabia Saudí, Malasia, Ruanda, China
Visados: es necesario el visado para entrar en territorio tanzano Condiciones sanitarias: fiebre amarilla, paludismo, esquistosomiasis, mosca tse-tsé, cólera, hepatitis, meningitis y fiebre tifoidea. El Sida constituye un riesgo elevado, aunque no tan generalizado como en Uganda. Los tampones sólo se importan y se pueden obtener en las poblaciones y ciudades más grandes. Hora local: GMT+3 Electricidad: 230 V Pesos y medidas: sistema métrico Dar es Salam El paraíso de la paz, significado de su denominación árabe, resplandece como la principal urbe tanzana. A mediados del siglo XIX, siendo un pueblecito de pescadores, el sultán de Zanzíbar sintió la apremiante necesidad de convertir la pequeña cala en un puerto seguro y un centro de comercio. En la actualidad se ha convertido en una atestada metrópoli de 1,5 millones de habitantes y con un puerto donde se mezclan los dhows (embarcaciones árabes) con los enormes buques transoceánicos. Como en la mayoría de ciudades africanas, existen marcados contrastes entre las distintas zonas urbanas. Sin embargo, aunque las ajetreadas calles del centro -donde se halla el colorido mercado de Kariakoo y la torre del reloj- se encuentran considerablemente alejadas de las avenidas arboladas de la sede del gobierno más al Norte, no aparece ni rastro de chabolas. El lugar emana calor y salitre junto con una embriagadora mezcolanza cultural carente de la soterrada violencia que se respira en Nairobi. En el centro urbano, junto al jardín botánico, se emplaza el Museo Nacional. Exhibe diversas colecciones arqueológicas de relevancia, en especial los descubrimientos de fósiles del Australopithecus boisei, así como la sórdida historia del comercio de esclavos de Zanzíbar. Igualmente, merece la pena visitar el Pueblo Museo, a unos 10 km de la capital. Esta población viviente consta de moradas características de distintas partes de Tanzania y se programan danzas tradicionales cada fin de semana. La playa de Oyster Bay constituye una franja costera tropical de gran belleza, y es la más cercana a la ciudad. Se debe tener en cuenta la dificultad de encontrar alojamiento en Dar; si bien abundan los complejos hoteleros, parece ser que siempre están completos, tanto los más económicos como los más lujosos. No puede desecharse una habitación por cualquier circunstancia; es preferible reservarla y buscar algo mejor más adelante. Dar es Salam es uno de los puntos principales para la llegada de vuelos, y cuenta con numerosas oficinas de líneas aéreas. Existe una vía férrea que parte de la capital hasta Kapiri Mposhi (Zambia), pero no posee ninguna estación central de autobús. Zanzíbar Conocida como la isla Spice (isla de las Especias), Zanzíbar recrea un paraíso en la costa norte de Tanzania que desde hace siglos atrae a múltiples viajeros, algunos en busca de clavo, otros a la caza de botines, y algunos más con la ilusión de encontrar un hogar idílico. La isla se unió a Tanzania en 1964, pero no antes de haber pasado por una larga lista de enardecidos acontecimientos con sumerios, asirios, egipcios, fenicios, indios, chinos, persas, portugueses, árabes omaníes, alemanes e ingleses. Sus definitivos huéspedes -persas sirazíes y árabes omaníes- impusieron sus leyes; el legado de su influencia es lo que ha permanecido con mayor fuerza en la isla. Stone Town, el casco antiguo de Zanzíbar, constituye uno de los lugares más fascinantes de la costa este; un laberinto caótico de callejuelas sinuosas a lo largo de las que se apiñan hileras de casas blanqueadas de coralino ya ennegrecido, con puertas de madera (que están desapareciendo con rapidez) magníficamente repujadas y remachadas. Posee infinidad de pequeños comercios, bazares, mezquitas, patios y fortalezas, dos antiguos palacios sultánicos, dos enormes catedrales, mansiones coloniales deslucidas, unos baños públicos de estilo persa en desuso y una colección bastante extraña de consulados extranjeros. Esparcidos sobre la isla se emplazan varios lugares históricos, como los restos del palacio Maruhhubi, construido por el sultán Barghash en 1882 para albergar a su harén. Para abarcar los mayores atractivos de la isla es recomendable contratar un tour de las especias. Multitud de guías se ofrecen para estos recorridos, que incluyen diversos palacios en ruinas, la cueva de esclavos Mangapwani, así como las distintas plantaciones de especias y frutas en el corazón de la isla. Además, puede visitarse el bosque Jozani, a 24 km al sureste de la ciudad de Zanzíbar, un santuario del singular colobo rojo y el antílope enano de Zanzíbar. Existe un vuelo diario de Air Tanzania, excepto jueves y domingos, que opera entre Dar es Salam y Zanzíbar, aunque la mayoría de los visitantes con presupuesto reducido suelen llegar a la isla por mar desde la capital en ferry, catamarán o hidroala. Asimismo, dhows y otras embarcaciones navegan entre Zanzíbar y la ciudad keniata de Mombasa, una o dos veces por semana en ambas direcciones. Parque Nacional del Kilimanjaro En las lejanas llanuras del noreste de Tanzania se alza majestuosa la silueta casi perfecta del volcán Kilimanjaro. Resulta una de las imágenes más sobrecogedoras de África. Con su cumbre nevada y no del todo extinguido, se erige como el punto más elevado del continente con 5.895 m. En sus faldas se encuentran las granjas de cultivo que, a medida que se asciende la montaña, dejan paso a una frondosa selva tropical, que a su vez se convierte en tierras alpinas para finalmente cruzar un agreste paisaje lunar hasta llegar a las cumbres gemelas. La selva tropical alberga desde elefantes y búfalos a rinocerontes, leopardos y monos. También es posible cruzarse con un tropel de antílopes eland entre las cumbres de Mawenzi y Kibo. El sueño de todo viajero consiste en ascender hasta la cima, ver el amanecer y observar con la mirada perdida en el vacío la vasta extensión boscosa; pero subir por un monolito de 5.895 m supone una ardua tarea. Aparece una gran variedad de senderos establecidos a lo largo del recorrido del Marangu. Para llegar a la ruta principal de senderismo cuenta con una infinidad de minibuses diarios que circulan entre Moshi (en la carretera principal) y el punto de origen del Marangu. Parque Nacional del Serengeti El Serengeti, que se extiende sobre 14.763 km², conforma la mayor reserva natural de Tanzania. El parque permite hacerse una ligera idea de lo que debió ser gran parte de África oriental antes de la llegada de los grandes cazadores blancos. La terrible matanza de los animales de la llanura se inició a finales del siglo XIX, pero en tiempos más recientes los cazadores furtivos y de trofeos en busca de marfil han incrementado el espeluznante número de víctimas. En las llanuras prácticamente desnudas e infinitas del Serengeti existen millones de animales ungulados. Se hallan en constante movimiento en busca de hierba, y son observados y cazados por una variada procesión de depredadores. Es una de las visiones más sorprendentes que jamás se podrá tener, y el número de animales implicados resulta espectacular. El ñu juega un papel fundamental en la fascinante migración anual, pero el Serengeti también es famoso por sus leones, leopardos y jirafas. Resulta imprescindible proveerse de unos prismáticos. Área de Conservación del Ngorongoro Puede que la vista del cráter del Ngorongoro de 20 km de ancho y 600 m de alto no impresione tanto desde arriba, pero una vez se haya conseguido abrir camino a través de la tupida selva, el visitante quedará anonadado. Ha sido comparado con el arca de Noé y el jardín del Edén; sin embargo, este lugar posee la ventaja de existir. Quizá Noé se sentiría un poco decepcionado por el menguante número de animales que permanece en la actualidad, pero aun así no tendría dificultad en encontrar al león, el elefante, el búfalo y a muchos de los herbívoros de las llanuras como el ñu, la gazela de Thomson, la cebra y el antílope reedbuck, así como miles de flamencos chapoteando con sus largos zancos en las aguas poco profundas del lago Magadi, situado en el interior del cráter. Los masai que habitan en la zona tienen derecho al pastoreo; puede que se crucen con el viajero mientras guardan su ganado. Se puede acceder al cráter en un autobús privado o en camiones desde Arusha (en la carretera principal), como mínimo hasta Karatu, pero resulta prácticamente imposible encontrar medio de transporte más allá de esta población. Si bien una garganta de Tanzania cedió a la humanidad algunos trocitos de nuestro viejo camarada Homo erectus, se desconocen muchos factores de su pasado reciente. La historia registrada comienza alrededor de 1800, cuando las tribus guerreras de los masai emigraron de Kenia a Tanzania, mientras que las zonas costeras fueron desde largo tiempo testimonio de disputas marítimas entre comerciantes árabes y portugueses. No fue hasta mediados del siglo XVIII cuando los mercaderes árabes y los esclavos se atrevieron a aventurarse en territorio masai en el interior salvaje del país. Los exploradores europeos se introdujeron a conciencia a mediados del siglo XIX; entre ellos destacaron Stanley y Livingstone. La famosa frase "el dr. Livingstone, supongo" surgió de su encuentro en Ujiji en el lago Tanganyika. Mientras acechaba el siglo XX, Alemania se afanó en colonizar Tanganyika -nombre con el que se conocía la parte continental del país- construyendo líneas de ferrocarril y comerciando febrilmente. De no ser por la insidiosa mosca tse-tsé, la zona se habría convertido en un vasto prado de pasto para la patria. Tras la derrota alemana en la II Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones asignó el mandato del territorio de Tanganyika a los británicos, que ya se habían apoderado de Zanzíbar (durante siglos, posesión árabe). Al final de la contienda surgieron organizaciones nacionalistas, pero no fue hasta que Julius Nyerere fundó la Tanganyika African National Union (TANU) en 1954 cuando entraron en vigor. Tanganyika obtuvo la independencia en 1961, con Nyerere como primer presidente del país. Zanzíbar quedó bloqueada bajo el oculto temor inglés durante dos años más, hasta que el continente forjó una unión que comprendía Zanzíbar y la cercana isla de Pemba. De esta forma nació Tanzania. Pero la unidad y un presidente carismático no fueron suficientes para paliar la falta de recursos básicos del país. Nyerere preconizaba un socialismo africano, un valiente concepto teniendo en cuenta la paranoia comunista de potenciales donantes de ayuda como Estados Unidos. Bajo las reformas del líder respaldadas por China, se nacionalizó la economía, grandes extensiones de tierra pasaron a alquilarse, y a aquellos que poseían más se les aplicaron fuertes impuestos en un intento de redistribuir la riqueza. Los inicios de los años sesenta vieron como Tanzania, Kenia y Uganda formaban un trío económico inverosímil en el que compartían una línea aérea común, instalaciones de telecomunicaciones, transporte y aduanas. Sus monedas eran libremente convertibles y existía un movimiento entre fronteras fácil y libre. Pero las predecibles diferencias políticas pusieron fin a tanta cordialidad en 1977, dejando a los tanzanos en las peores condiciones que jamás habían alcanzado. Múltiples factores han contribuido a las penurias de la Tanzania actual, y no todas se las ha inflingido a sí misma; después de todo, es uno de los países más pobres del planeta. Incluso la incorporación de Zanzíbar -antaño uno de los territorios más ricos de África-, únicamente ha creado nuevos problemas. La adopción de un sistema político multipartidista tampoco parece haber ayudado en gran medida. Zanzíbar y la vecina Pemba han experimentado violentas agitaciones y alarmismo político desde que un empate durante unas elecciones en Zanzíbar dividió ambas islas. En el continente, bajo el gobierno de Benjamín Mkapa, se tuvo que hacer frente a una entrada masiva de refugiados de los países limítrofes. A finales de 1996, el gobierno de Mkapa emitió una declaración apoyada por Naciones Unidas según la cual los ruandeses debían abandonar el territorio. En la actualidad, aún habitan millares en Tanzania entre informes de violencia y violaciones. En agosto de 1998, un grupo terrorista bombardeó las embajadas de Estados Unidos en Dar es Salam y Nairobi, asesinando a más de doscientas cincuenta personas e hiriendo a más de cinco mil. Estas tensiones no han ayudado a un país ya desestabilizado por duraderas fricciones tribales, especialmente entre los chaga (pertenecientes en la región del Kilimanjaro). Es poco probable que Tanzania se hunda en los conflictos tribales que han asolado a los vecinos ruandeses y keniatas durante los últimos años, sobre todo si Mkapa, reelegido presidente en octubre de 2000, interviene. A pesar de todo, la parálisis política y las profundas desavenencias entre las minorías se intuyen duraderas. En los últimos años se han reforzado las uniones con Tanzania, Kenia y Uganda. Mientras tanto, el apoyo a la oposición va creciendo, como lo demuestran muchas veces manifestaciones violentas. De todas formas, la economía fue creciendo, primeramente en 2001 con la apertura de una gigantesca mina de oro en Bulyanhulu. El país se ha convertido en el tercer productor de oro del continete. Y de nuevo en 2004, con la inauguración de Songosongo, una planta de gas natural que ha costado 20 años en ser construída. En diciembre de 2004, Tanzania fue uno de los lugares afectados por el tsunami. Alertados por otros paises, el govierno fue capaz de evacuar la mayoría de sus playas antes de que las olas llegaran. Hubo trece víctimas mortales y los daños materiales fueron mínimos. De los cien o más grupos tribales tanzanos, la mayoría son de origen bantú. La influencia árabe en las islas de Zanzíbar y Pemba se evidencia en sus gentes, mezcla de sirazíes (de procedencia iraní), árabes, comoerenses (originarios de las islas Comores), y bantú (la etnia predominante). La población asiática constituye una minoría importante, especialmente en los pueblos y las ciudades. Los europeos (descendientes o expatriados), conforman una minoría más reducida. La mayor parte de los habitantes que no corresponde a los bantú, pertenece a los masai (cuya lengua es el nilótico), y pueblan la zona noreste del país. Los idiomas oficiales se corresponden con el swahili y el inglés; el segundo es el más utilizado en el comercio. Igualmente, existe un gran número de lenguas tribales que reflejan la diversidad étnica de la nación. Más allá de las poblaciones, escasean los angloparlantes, a diferencia de Kenia. Se afirma que el swahili de Zanzíbar es mucho más puro que en otros lugares, y bastantes viajeros se dirigen a la isla para aprenderlo. La mayoría de la población profesa bien el cristianismo, bien el islamismo; el hinduismo lo practica una cuarta parte de sus habitantes. El grueso de los musulmanes se concentran a lo largo de la costa y en las islas. En comparación al islamismo, el cristianismo tardó mucho tiempo en dejar huella, e incluso entonces (durante el siglo XIX) únicamente lo practicaban diversas tribus del interior. En la actualidad, permanecen numerosos clanes que no siguen ninguna de las principales religiones y que veneran al antiguo espíritu de su culto. Los masai creen en el dios Engai y en su mesías Kindong_oi, progenitor de los sacerdotes de su credo. En la actualidad, y según se afirma, no existe sesgo religioso en la administración civil y política del país. La música y el baile tanzanos dominan gran parte de África oriental. De ritmo vigoroso y famoso por sus pegadizas letras, el son del kiswahili tanzano se mantiene vivo gracias al próspero mundo de las bandas musicales y la danza. Remmy Ongala constituye el nombre más conocido fuera del país. En Zanzíbar radica el corazón de la destacable tradición poética y musical conocida con el nombre de taraab. La diosa de este cautivador estilo, Siti Bint Saad, fue la primera cantante africana que realizó grabaciones ya en el año 1928. No existe una diferencia apreciable entre la comida keniata y la tanzana -lo que podría considerarse una noticia negativa para los gastrónomos-. Al igual que en Kenia, el nyama choma (carne a la parrilla), se ha extendido por doquier, especialmente en restaurantes con servicio de bar. Sin embargo, la costa, junto a las islas de Zanzíbar y Pemba, ofrece una selección decente de platos tradicionales kiswahili basados en el marisco. La bebida nacional es la cerveza Safari Lager, y el licor local puede definirse como un brebaje letal de ron blanco: el konyagi. · Dinesen, Isak: Memorias de África, Suma de Letras, Madrid, 2001 · Gurnah, Abdulrazak: Precario silencio, Muchnik Editores, Barcelona, 1998; Paraíso, Muchnik Editores, Barcelona, 1997 · Serrallonga, Jordi: Los guardianes del lago: diario de un arqueólogo en la tierra de los maasai, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 2001 · Reverte, Javier: El sueño de África: en busca de los mitos blancos del continente, Alianza Editorial, Madrid, 1998 · Stanley, Henry M: Viaje en busca del doctor Livingstone al centro de África, Miraguano Ediciones, Madrid, 1997 · Pérez de Albéniz, Javier: Lugares poco recomendables, Desnivel, Madrid, 1998 · Giraud, Victor: Los lagos del África ecuatorial, Editorial Timun Mas, Barcelona, 1997 · Huxley, Elspeth: Descubrimientos y exploraciones: Mares de arena; desafío de África, SA de Promoción y Ediciones, Madrid, 1992 · Martínez Hernández, José: Montañas del mundo: trekkings y ascensiones, Desnivel, Madrid, 1994
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