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Túnez
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La lista de los lugares interesantes de Túnez haría justicia a un país el doble de grande. Desde los poblados de la edad de piedra, cerca del oasis de Kebili, hasta los escenarios en donde se rodó parte de La guerra de las galaxias (en Matmata), sus paisajes, exuberantes o lunares, han visto más acción que todos los países de África juntos. Después de viajar unos días, cualquiera estará de acuerdo en que dejar volar la imaginación en las famosas ruinas romanas de Cartago y El-Jem es casi como sumergirse en la Eneida de Virgilio y tomarse un trago con Dido, mientras que si holgazanea un día en las playas de la costa septentrional se preguntará qué buscaba Aníbal lejos de Túnez.

Ya sea la mezcla cultural franco-árabe de la capital o la inabarcable extensión del Sahara, lo que se encuentra en Túnez impresiona. Al fin y al cabo, tres mil años de historia convencen a cualquier visitante.

Nombre oficial: República de Túnez
Superficie: 163.610 km²
Población: 9.920.000 hab.
Capital: Túnez (1.500.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 98% árabe-bereber, europeos y judíos
Idioma: árabe (oficial), francés, un poco de inglés, italiano y alemán. En las comunidades del Sur se utiliza el bereber
Religión: islam, cristianismo, judaísmo
Régimen político: república presidencialista
Presidente: Nguyen Minh Triet
Secretario general: Nong Duc Manh

PIB: 67.000 millones de dólares
PIB per cápita: 6.800 dólares
Crecimiento anual: 5%
Inflación: 2,5%
Principales recursos económicos: petróleo, minería, turismo, textil, calzado, productos agrícolas, bebidas
Principales socios comerciales: Unión Europea, países norteafricanos, Asia, Estados Unidos

Visados: los ciudadanos de la Unión Europea, Argentina y Chile no precisa visado si su estancia no supera los 90 días
Condiciones sanitarias: no existen zonas de riesgo sanitario
Hora local: GMT +1
Electricidad: 220/110 V, 50 Hz
Pesos y medidas: sistema métrico

En enero y febrero, época de tiempo frío y lluvioso, los precios de los hoteles descienden. Durante la calurosa temporada alta, de junio a agosto, los precios de los establecimientos hoteleros se incrementan, escasean los coches de alquiler y los mercados y museos se hallan abarrotados de turistas.

El calendario islámico (que se inicia con la Hégira, es decir, la huida de Mahoma a Medina) es 11 días más corto que el gregoriano. Durante los próximos años Ras as-Sana, la celebración islámica del año nuevo, cae en abril. Por otra parte, Moulid an-Nabi conmemora el aniversario del profeta Mahoma en torno a junio o julio. Estas fiestas incluyen desfiles en las calles, festines, tamborileros y dulces especiales. El Ramadán, conmemoración del mes en que a Mahoma le fue revelado el Corán, se celebra durante el noveno mes del calendario islámico (actualmente en diciembre). Por deferencia, los creyentes no comen ni beben hasta después de ponerse el sol. Al final del Ramadán (Eid al-Fitr), el ayuno se rompe con visitas a los amigos, banquetes y regalos.

Eid al-Adha es el tiempo del peregrinaje a La Meca, que todo musulmán debe realizar al menos una vez en la vida. Las calles están decoradas con luces de colores y los niños visten sus mejores ropas. En todas las poblaciones tiene lugar el ritual de Mahmal, que consiste en ofrecer a los peregrinos alfombras y mortajas para emprender su viaje. Todo esto sucede en marzo.

En cuanto a festivales seculares, julio y agosto son los meses a recordar. El principal acontecimiento del calendario de Túnez es el Festival Internacional de Cartago, que ofrece actuaciones de música, teatro y danza en el restaurado teatro romano de Cartago. El Festival Internacional de Música Sinfónica de El-Jem se celebra cada mes de julio. El Festival de Dougga de teatro clásico acontece en julio y agosto. Tras los calores estivales, llega el Festival Internacional de Cine de Cartago (centrado en la filmografía africana y de Oriente Próximo), que se desarrolla el mes de octubre de los años impares.


Fiestas oficiales laicas

· 1 de enero - Año Nuevo
· 20 de marzo - Día de la Independencia
· 21 de marzo - Día de la Juventud
· 9 de abril - Día de los Mártires
· 1 de mayo - Día del Trabajo
· 25 de julio - Día de la República
· 3 de agosto - Fiesta oficial
· 13 de agosto - Día de la Mujer
· 15 de octubre - Día de la Evacuación
· 7 de noviembre - Aniversario del acceso a la presidencia de Ben Ali

Moneda
dinar tunecino

Comida
· Presupuesto bajo: de 3 a 7 dinars
· Presupuesto medio: de 7 a 15 dinars
· Presupuesto alto: a partir de 15 dinars

Alojamiento

· Presupuesto bajo: de 7 a 15 dinars
· Presupuesto medio: de 15 a 30 dinars
· Presupuesto alto: a partir de 30 dinars

Normalmente se puede conseguir una habitación limpia por unos 5 dólares por persona, y los platos fuertes de los restaurantes locales suelen rondar los 4 dólares. Si el turista se esfuerza por mantener los costes bajos, puede pasar con unos 15 dólares diarios, pero tendrá más diversión con un presupuesto de unos 25 dólares y podrá vivir a cuerpo de rey a partir de los 40 dólares.

Los cheques de viaje de American Express, Visa y Thomas Cook son habitualmente aceptados. Se encuentran cajeros automáticos en casi todas las poblaciones lo bastante grandes como para contener un banco y en todas las zonas turísticas. Se admite el pago con tarjetas de crédito en las tiendas de recuerdos y en los hoteles y restaurantes selectos. No hace falta dar propina, pero la mayoría de los clientes de los cafés y restaurantes locales echan unas pocas monedas en la mesa antes de irse, y los camareros de los restaurantes turísticos están acostumbrados a propinas de alrededor del 10% del total. Los objetos de artesanía son los únicos que admiten el regateo.

Tánez

Comparada con las grandes metrópolis del mundo, Túnez no impresiona en exceso. El centro es compacto y fácil de recorrer; lo fundamental para los viajeros se halla en la medina y en la ville nouvelle.

La medina es el núcleo histórico y cultural de la moderna Túnez y un sitio idóneo para formarse una idea de la vida en la ciudad. Construida durante el siglo VII, perdió su privilegio como centro de la capital cuando los franceses tomaron el poder y erigieron su ville nouvelle hacia finales del siglo XIX. Uno de los lugares de interés más antiguos de la medina, la mezquita de Zitouna, fue reconstruido en el siglo IX sobre la estructura original del siglo VII. Sus constructores reciclaron doscientas columnas de las ruinas de la Cartago romana para la sala de plegarias central. Los no musulmanes vestidos con recato pueden entrar hasta el patio. El olfato ayudará a traducir el nombre del cercano Souq el-Attarine, el zoco del perfumista, donde las tiendas se surten de aromáticos aceites y especias. Al Oeste, la mezquita de Youssef Dey fue la primera de estilo otomano que se construyó en la ciudad (1616). En el cercano Souq el-Berka los corsarios musulmanes vendían a los esclavos.

También en la medina, el Tourbet el-Bey es un enorme mausoleo que alberga los restos de muchos beys, princesas, pastores y consejeros husseinitas; el guarda es un guía entusiasta. No muy lejos, el Museo de Dar Ben Abdallah aloja el Centro de Artes y Tradiciones Populares, donde las piezas expuestas parecen casi mediocres en contraste con el majestuoso telón de fondo del edificio. En la zona se halla Dar el-Haddad, una de las viviendas más antiguas. La medina fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981.

Las calles de la ville nouvelle están flanqueadas por edificios de impronta francesa repletos de verjas de hierro forjado y ventanas de lamas, elementos que le otorgan un aire europeo, acentuado por las terrazas de las cafeterías y las pastelerías. Tras admirar la arquitectura colonial, merece la pena visitar la catedral de St Vincent de Paul, que presenta una amalgama extraordinariamente estrambótica de estilos arquitectónicos (gótico, bizantino y norteafricano).

A unos 4 km al oeste del centro de la ciudad se ubica el indispensable Museo del Bardo, instalado en el antiguo Palacio del Bardo, la residencia oficial de los beys husseinitas. En su interior, la colección se divide en secciones que cubren diversas épocas: la cartaginesa, la romana, los primeros tiempos del cristianismo y la árabo-islámica. La parte romana contiene una de las mejores exhibiciones de estatuas y mosaicos de todo el mundo. Se puede llegar al museo en taxi o tranvía.

Cartago

A pesar de la fascinante historia de Cartago y la posición de dominio que mantuvo en el mundo antiguo, los romanos hicieron tal trabajo de demolición que las ruinas actuales son algo decepcionantes. Casi todo lo que queda es de origen romano; ningún resto púnico. Hay seis centros de interés, y lo más fastidioso para el visitante es que están dispersos y muy distantes unos de otros. Para salvar este inconveniente, se puede tomar la línea TGM (tren ligero), que atraviesa la zona, pero se advierte que, aún así, hay que caminar bastante.

El mejor punto de partida es la colina de Byrsa, que domina la zona y proporciona una perspectiva general desde su cima. A sus pies se encuentra la catedral de St Louis, visible desde algunos kilómetros a la redonda. Es una construcción de proporciones descomunales, que fue erigida por los franceses en 1890 y dedicada al rey-santo del siglo XIII, que murió a orillas de Cartago, en 1270, durante la octava cruzada. Aunque fue desconsagrada y clausurada durante años, ahora ha sido restaurada y abierta al público. El Museo Nacional es el gran edificio blanco ubicado en la parte posterior de la catedral, y sus exposiciones, renovadas, merecen un vistazo. La muestra púnica, en la planta superior, es muy recomendable.

El anfiteatro romano en la parte occidental de Byrsa, a 15 minutos andando desde el museo, fue uno de los más grandes del Imperio, aunque hoy queda poco de su esplendor. La mayoría de sus piedras fueron extraídas para otros proyectos de construcción en siglos posteriores. El conjunto de enormes cisternas situado al noreste del anfiteatro constituía el principal suministro de agua de Cartago durante la era romana; ahora se hallan en ruinas y las dificultades de acceso, entre espinosas chumberas, hacen que apenas merezca el esfuerzo.

Las termas de Antonino se localizan al Sur, en el frente marítimo, e impresionan básicamente por su tamaño y situación. El barrio de Magon es otro parque arqueológico próximo al mar, a unos pocos metros al sur de los baños. Excavaciones recientes han descubierto una interesante zona residencial.

El santuario de Tofet ha suscitado un gran interés desde que fue excavado por primera vez en 1921. El Tofet era un lugar de sacrificios con un cementerio anexo, donde los hijos de los nobles cartagineses eran asesinados y quemados para apaciguar a las deidades de Baal Hammon y Tanit. En la actualidad es poco más que una parcela llena de maleza con algunas fosas.

Sidi Bou Saïd

Sidi Bou Saïd es un encalado pueblecito ubicado en lo alto de un acantilado que mira al golfo de Túnez, a unos 10 km al noreste de la capital. Es un sitio delicioso para dar un paseo por sus estrechas calles adoquinadas. Sus relucientes paredes están provistas de rejas en cada ventana, ornamentadas y pintadas de un intenso color azul, y de vistosas entradas arqueadas que sirven de acceso a patios salpicados de geranios y buganvillas. A nadie se le reprochará que piense que ha tropezado con una diminuta isla griega.

El centro de actividad de la población es su plaza principal, Place Sidi Bou Saïd, bordeada de cafeterías, puestos de dulces y tiendas de recuerdos. El faro, que domina el pueblo, se yergue en el emplazamiento de un fuerte del siglo IX. Cerca hay una playa pequeña y relativamente vacía.

Península de Cap Bon

Esta fértil península penetra en el Mediterráneo desde el noreste de Túnez. Los geólogos especulan con la posibilidad de que en el pasado llegara hasta Sicilia, constituyendo un enlace terrestre con Europa que se hundió en el mar hace 30.000 años. En la actualidad, Cap Bon (sobre todo las playas del Sureste en torno a Hammamet y Nabeul) es el principal destino tunecino de los turistas que llegan con viajes organizados.

En un paseo veraniego por las calles de Hammamet es probable descubrir diez turistas por cada vecino del pueblo, y el ritmo nunca afloja, excepto en pleno invierno y por poco tiempo. Su situación en el extremo norte del golfo de Hammamet es su gran baza, y su antigua medina, que domina una amplia extensión de playa arenosa, es sin duda otro de sus atractivos. También es una ciudad desbordante de vida, llena de discotecas, restaurantes y vistosas tiendas. Todo lo que un turista podría desear, excepto aislamiento.

La mayor diferencia entre Hammamet y su vecina, Nabeul, es que esta última dispone de una variedad de alojamientos económicos, incluyendo la zona de acampada mejor organizada del país. El mercado de los viernes de Nabeul es uno de los más animados del país, aunque no disponga de un exceso de gangas o artículos de calidad.

Cuando se llega a Kelibia, se han dejado atrás los destinos turísticos más demandados de Túnez. En su lugar se encontrará una diminuta urbe que sobrevive principalmente de su flota pesquera, con unos cuantos y modestos centros turísticos, playas protegidas y un fabuloso fuerte del siglo VI que domina el puerto.

A medio camino entre Kelibia y El-Haouaria se halla el poblado cartaginés de Kerkouane, una ciudad fundada en el siglo VI a.C. destruida finalmente por las fuerzas romanas. Fue excavada en 1962, y un museo alberga dichos hallazgos, como la princesa de Kerkouane, la tapa de madera de un sarcófago esculpida con la forma de la diosa Astarté.

La pequeña población de El-Haouaria está emplazada debajo de la punta montañosa de Cap Bon. Es un pasaje tranquilo con varias playas aceptables -sobre todo en Ras el-Drek-, pero su principal atractivo son las cuevas romanas en la costa, a 3 km al oeste de la ciudad. Gran parte de la piedra que se usó para levantar Cartago fue extraída de este notable complejo de cuevas de arenisca amarilla. Los canteros descubrieron que la calidad de la piedra era mucho mejor en la base de los acantilados que en la superficie, por lo que optaron por abrir túneles. Tras casi mil años de extraer arenisca, el resultado son las cuevas actuales.

Dougga

Las ruinas romanas de Dougga, a 105 km al suroeste de la capital, se consideran las más espectaculares y mejor conservadas del país. Ocupan una prominente posición al borde de las montañas de Tebersouk, dominando el fértil valle de Oued Kalled, donde se cultiva trigo. El yacimiento fue ocupado hasta principios de la década de 1950, cuando los residentes fueron evacuados para contribuir a preservar las ruinas.

En Dougga hay mucho que ver y merece la pena contratar un guía autorizado. El primer monumento que se aprecia es el teatro, con capacidad para 3.500 espectadores y construido en la ladera en el año 188 d.C. por uno de los habitantes adinerados de la ciudad. Ha sido reconstruido y es el escenario idóneo para las iluminadas representaciones de teatro clásico del Festival de Dougga que se celebra en julio y agosto. Un poco más allá, un sendero conduce al templo de Saturno, erigido en el emplazamiento de un templo anterior dedicado a Baal Hammon. Al suroeste del teatro, una sinuosa calle conduce a la plaza de los Vientos, donde el pavimento está dispuesto como un enorme compás y enumera los nombres de doce vientos. Otro templo bordea la plaza al Norte, mientras que el mercado y el capitolio están situados al Sur y al Oeste, respectivamente.

El capitolio es uno de los monumentos más extraordinarios del país, que fue erigido en el año 166 d.C. Seis estriadas columnas sostienen el pórtico, que está a unos ocho metros por encima del suelo. El friso posee una escultura apenas erosionada, hecho infrecuente, que muestra al emperador Antonio Pío entre las garras de un águila. Dentro existía una enorme estatua de Júpiter, cuyos fragmentos se guardan ahora en el Museo del Bardo, en Túnez. Cerca, la casa de Dionisos y Ulises fue antiguamente una suntuosa residencia; en ella se encontró un mosaico que muestra a este último hipnotizado por las sirenas (actualmente forma parte del Museo del Bardo, en la capital).

El-Jem

Hay pocos monumentos más deslumbrantes que El-Jem, el bien conservado y antiguo coliseo -casi tan grande como el de Roma-, que empequeñece los edificios de la ciudad moderna. Erigido en una meseta a medio camino entre Susa y Sfax, a unos 210 km al sur de la capital, El-Jem puede divisarse desde varios kilómetros a la redonda, dominando por completo la zona.

El coliseo, construido entre los años 230 y 238 d.C., ha sido utilizado como puesto defensivo en numerosas ocasiones. Sufrió graves desperfectos en el siglo XVII, cuando las tropas de Mohammed Bey abrieron un boquete en el muro occidental para hacer salir a los miembros de la tribu local que se habían rebelado contra los impuestos exigidos. La brecha se ensanchó todavía más durante una rebelión en el año 1850, pero, por fortuna, en la actualidad se concede mucha importancia a su conservación y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Con una capacidad para 30.000 personas (una cifra que supera al de la población de la ciudad), es uno de los monumentos romanos más impresionantes de África. Aún se puede ascender hasta las gradas superiores y observar la arena, o explorar los dos largos pasadizos subterráneos que en otros tiempos albergaban a gladiadores, animales e infelices condenados.

Tozeur

Tozeur es una de las paradas más demandadas por los viajeros, y lo ha sido desde el período capsiense (hacia el año 8000 a.C.). Sus principales atractivos radican en un casco antiguo laberíntico, un interesante museo y un extenso palmeral en la punta septentrional de Chott el-Jerid. A unos 435 km al suroeste de la capital, el camino se torna emocionante: la carretera de Kebili atraviesa un chott (laguna salada desecada) por un paso elevado.

El evocador barrio antiguo de la ciudad, Ouled el-Hadef, fue construido en el siglo XIV d.C. para alojar al clan de El-Hadef, que se enriqueció con el comercio de las caravanas. Es una maraña de estrechos callejones cubiertos y de diminutas plazas y ha adquirido fama por sus métodos genuinos de fabricación de ladrillos. Existe un pequeño, pero notable, museo de arqueología que merece una visita.

Además del Museo del Bardo de la capital, el Museo de Dar Charait es el otro gran museo del país por el que vale la pena desviarse de la ruta. Exhibe una amplia colección de cerámica y antigüedades. Posee una galería de arte y habitaciones conformadas como réplicas de la vida tunecina, pasada y presente. Incluyen la habitación del último bey, un decorado palaciego, unos baños (hammam) y una tienda beduina. Los guardas del museo, vestidos como sirvientes del bey, colaboran con su aspecto a entrar en el ambiente.

El palmeral de Tozeur es el segundo de mayor tamaño de Túnez, con cerca de doscientas mil palmeras en una superficie de más de 10 km². Es un clásico ejemplo de agricultura de oasis en terraza y se halla surtida por más de doscientos manantiales, que producen unos sesenta millones de litros de agua al día. El mejor modo de explorar el palmeral es a pie o en bicicleta, que se puede alquilar en la entrada.

Susa

Susa es la tercera ciudad más relevante de Túnez así como un puerto destacado. Es igualmente el destino turístico más solicitado. La larga playa que se extiende al norte de la localidad hasta el enclave turístico de Port el-Kantaoui es su principal gancho. Sin embargo, Susa no se limita a la hilera de hoteles que cercan su orilla.

La antigua medina encierra una cantidad nada desdeñable de monumentos. Las murallas son impresionantes, con una extensión de 2,25 km y una altura de 8 m, fortificadas con una serie de sólidas torrecillas cuadradas. El ribat, un fuerte cuadrado de dimensiones reducidas, fue construido a finales del siglo VIII d.C. Presenta una atalaya redonda a la que se permite subir y que resulta un excelente mirador sobre la ciudad. La austera Gran Mezquita, con sus torres y su almenada muralla, recuerda más a un fuerte que a una mezquita. El Museo de Susa, que ocupa la alcazaba (kasbah) en la esquina suroeste de la medina, muestra varios de los mosaicos más hermosos del país.

Matmata

En ninguna otra parte de Túnez el turismo organizado es tan desmesurado como en el pueblecito de Matmata, a 400 km al sur de la capital, en la costa sureste. Las casas subterráneas de este poblado troglodita han demostrado ser un reclamo irresistible para los turistas o para los viajeros que acceden al lugar en vehículos todoterreno tras un safari por el desierto.

No es difícil entender por qué no dejan de acudir autobuses. El pasaje desprende un aire casi surrealista, con un entorno un tanto lunar. Sin duda ése es el motivo por el que fue elegido como lugar de filmación para las escenas de desierto de la película La guerra de las galaxias. Los bereberes de la zona construyeron viviendas subterráneas hace más de mil años para escapar del extremo calor del verano. Todas las casas son prácticamente idénticas, con un patio excavado a unos 6 m de profundidad y habitaciones en túneles abiertos en los lados. Las más amplias cuentan con dos o tres patios y se accede a ellas a través de una estrecha escalera desde el patio hasta la superficie.

Si se pretende ver Matmata por cuenta propia (siempre hay guías disponibles), lo adecuado es visitar los hoteles. Conviene llegar al final de la tarde, después de que los autobuses de turistas hayan partido, y dar un paseo hasta más allá del hotel Ksar Amazigh. Desde allí, hay buenas vistas de Matmata, que queda atrás, y del valle de Oued Barrak, al Norte. De regreso, hay que saciar la sed en el bar del hotel Sidi Driss (la famosa cantina de La guerra de las galaxias) y asomarse al hotel Les Berberes y al hotel Marhala. Así se habrá visto lo más notable de la ciudad.

Bizerta

La ciudad portuaria de Bizerta, a 65 km al norte de la capital, es la más grande del norte de Túnez. Aún sin descubrir por el turismo masivo, es una de las razones por las que merece una visita. Posee playas aceptables próximas al centro urbano, pero su atractivo reside en la arquitectura del barrio del viejo puerto.

La enorme alcazaba (kasbah) es la estructura más imponente del casco antiguo, con sus macizas murallas descollando sobre el sector norte de la entrada al puerto. Originariamente fue un fuerte bizantino construido en el siglo VI d.C.; el actual fue erigido por los otomanos en el siglo XVII. El fuerte pequeño (ksibah) forma el bastión meridional de la defensa del puerto; fue levantado por los bizantinos y modificado a lo largo de los siglos. En la actualidad alberga su interesante Museo Oceanográfico.

La Place Bouchoucha, que en realidad es más una calle que una plaza, se ubica en el corazón de la urbe otomana, flanqueada por el viejo puerto al Este y la medina al Oeste. La zona ofrece animados mercados de pescado; la Gran Mezquita, construida en 1652 con un llamativo minarete octogonal; y la fuente de Youssef Dey, con hermosas incrustaciones, data de 1642. El denominado fuerte Español domina la ciudad desde la colina que surge al norte de la medina; en realidad es turco y se edificó en el año 1570 d.C.

Parque Nacional de Ichkeul

Clasificado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, este parque nacional, a 30 km al suroeste de Bizerta, es un santuario de las aves de paso, especialmente en invierno, cuando las aguas del lago Ichkeul y las marismas circundantes cobijan a más de doscientas mil aves acuáticas migratorias de toda Europa. Entre éstas destacan una considerable cantidad de fochas, ánades silbones, diversas especies de pato y aves menos conocidas, como la gallineta morada y el ánsar común, el emblema del parque.

Ichkeul es el único parque nacional de Túnez con instalaciones para los visitantes, aunque no dispone de alojamiento y está prohibido acampar.

Mahdia

Mahdia es una de las escasas ciudades de la costa central tunecina que todavía no ha sido explotada turísticamente. Es un enclave tranquilo, fundado en el año 916 d.C. y localizado en una pequeña península a unos 200 km al sureste de la capital. Posee una fascinante medina, ya fundada cuando el famoso historiador Ibn Khaldoun la visitó durante el siglo XIV y describió Mahdia como la metrópoli más rica de la costa de Berbería.

Visitarla a pie llevará unas dos horas. La Skifa el-Kahla, la sólida puerta fortificada de acceso, es todo lo que resta de la ciudad original y dispone de unas increíbles vistas desde arriba. Ésta se abre a la angosta y adoquinada calle principal, la Rue Ali Bey, que antiguamente era el zoco y que ahora acumula una cantidad creciente de puestos turísticos. En dirección Este hacia la Place du Caire, el viajero se verá obsequiado con una plaza sombreada con árboles, parras y cafeterías. La ornamentada entrada arqueada y el minarete octogonal en el sur de la misma pertenecen a la mezquita de Mustafá Hamza, construida en 1772, cuando la plaza era el centro del barrio turco.

Continuando en dirección Este por la Rue Ali Bey, se encuentra la Gran Mezquita. Construida en 1965 es una réplica de la original, del año 921 d.C., la cual fue destruida en 1554 por las tropas españolas que se batían en retirada. Los no musulmanes pueden entrar al patio fuera de las horas de plegaria. Cerca, se puede contemplar el diminuto minarete de la mezquita de Slimane Hamza y, si se continúa hacia el Este, hacia el Borj el-Kebir, se encuentra una fortaleza del siglo XVI emplazada en el punto más alto de la península. Dejando atrás el fuerte se hallan un cementerio y un faro, próximos a los restos del puerto originario.

Las playas más recomendables de Túnez se encuentran en los alrededores de las poblaciones septentrionales de Ghar el-Melh, Tabarka y Bizerta, preferibles a las multitudinarias de las zonas turísticas. Las situadas más al Sur son teóricamente buenas, pero poco aptas para nadar; la más recomendable se halla en Aghir.

El país está empezando a descubrir las posibilidades del senderismo. El bosque de las montañas de Kroumirie, alrededor de Ain Draham, posee un enorme potencial, pero aún no se han dibujado mapas detallados. Más populares en estos momentos son las excursiones en camello, para las cuales se aconseja desplazarse a Zaafrane, a 12 km al suroeste de Douz, donde se puede negociar desde un paseo de una hora hasta un viaje de ocho días al oasis. Si el viajero se queda prendido de los encantos del desierto, en algunas zonas se puede practicar esquí en las dunas y regatas de yates en la arena.

La observación de aves es una actividad popular, aunque el país cuenta con escasas especies residentes, pero es una parada importante para las aves migradoras durante la primavera y el otoño. El Parque Nacional de Ichkeul, en el Norte, es el mejor emplazamiento para contemplarlas.

Subir en globo y los vuelos en hidroavión son dos opciones relativamente novedosas para ver el país desde el aire que pueden realizarse en Tozeur y Aghir, respectivamente.

Puede que Túnez sea el país más pequeño del norte de África, pero su situación estratégica le ha asegurado una rica historia. Fenicios, romanos, vándalos, bizantinos, árabes, otomanos y franceses han intervenido en la región en algún momento de su historia. Los primeros en hacer su aparición fueron probablemente un grupo de Homo Erectus hará unos cuantos cientos de miles de años. Accedieron por el Noroeste a través del Sahara procedentes del este de África. Se cree que lo que hoy es desierto árido estaba cubierto en aquellos días de bosque, maleza y hierba de la sabana, de forma parecida a las llanuras de Kenia y Tanzania en la actualidad. El primer indicio claro de poblamiento humano se descubrió cerca de Kebili, localidad del Sur emplazada junto a un oasis, y se remonta a unos doscientos mil años atrás.

El primer lugar del Túnez actual en que se establecieron los fenicios fue Utica, en el siglo XII a.C. Lo utilizaron como escala en su ruta desde su puerto de procedencia, Tiro (en el actual Líbano), hasta la península Ibérica. Establecieron una cadena de muelles a lo largo de la costa norteafricana, entre ellos Hadrumnetum (Susa) y Hippo Diarrhytus (Bizerta). Pero el puerto que ocupa un lugar preponderante en los libros de historia es Cartago, archienemigo de Roma. Se convirtió en la ciudad más importante del mundo fenicio occidental en el siglo VII a.C., sobre todo tras el declive de Tiro, y en la principal potencia del Mediterráneo africano a principios del siglo V a.C. Su poder se mantuvo hasta las guerras púnicas, en las que se enfrentó a Roma (263-146 a.C.). Pero Cartago quedó completamente arrasada tras la derrota de Aníbal ante Escipión, sus habitantes fueron vendidos como esclavos y la región pasó a ser una provincia más del Imperio.

El emperador Augusto refundió Cartago como ciudad en el 44 a.C., tal como pretendía su antecesor Julio César, designándola capital del África proconsular. La región sirvió de granero a Roma; hacia el siglo I d.C., las llanuras de Túnez satisfacían más del 60% de las necesidades de trigo del Imperio. Los romanos fundaron ciudades y colonias por las llanuras y la costa de Túnez, viviendo esta zona su etapa de mayor prosperidad con las dinastías de los Flavios y de los Severos; sus ruinas constituyen las principales atracciones turísticas de la actualidad.

A principios del siglo V, cuando el poder de Roma se encontraba en un estado de irreversible decadencia, los vándalos decidieron que era el momento propicio para la conquista. En diez años, hicieron de Cartago su capital. Sus prácticas expoliadoras los distanciaron de la población nativa bereber, que formó pequeños reinos y empezó a asaltar las colonias vándalas. Los bizantinos de Constantinopla, que les arrebataron el territorio en 533 y lo mantuvieron durante los 150 años siguientes, también se enfrentaron con las guerrillas bereberes. Durante esta etapa bizantina se produjo un renacer artístico y económico.

El islam hizo su aparición en el siglo VII, cuando los ejércitos árabes se extendieron desde Arabia y conquistaron con rapidez Egipto. Su primera incursión data del año 647. Los musulmanes derrotaron a los bizantinos en Sufetula, hasta hacer de Kairuán su campamento base en el año 670. Con Kairuán como capital, la región se convirtió en una provincia del imperio islámico.

Los bereberes adoptaron la religión islámica, pero se alzaron contra el trato cruel que les dispensaban los árabes. Los levantamientos se prolongaron hasta el año 909, cuando un grupo de chiítas bereberes, los fatimitas, agrupó las tribus bereberes y arrebató el norte de África a los árabes. Fundaron El Cairo en el año 973 y establecieron su capital en Mahdia, pero la unidad no tardó en romperse, las tribus emprendieron luchas intestinas entre ellas y el norte de África fue lentamente reducido a ruinas. Esta debilidad fue aprovechada por los normandos, que ocuparon la isla de Jerba en 1134.

Los conflictos aparecieron de nuevo cuando la zona se vio envuelta en la rivalidad entre España y el imperio otomano a mediados del siglo XVI. Túnez cambió de manos media docena de veces en unos cincuenta años, antes de que los turcos la conquistaran definitivamente en el año 1574 y pasara a formar parte del territorio otomano hasta el siglo XIX, cuando Francia se convirtió en la nueva potencia del Mediterráneo occidental.

En 1881 Francia, con el pretexto de responder a los ataques en la frontera de su colonia argelina, envió 30.000 soldados a Túnez, que no tardaron en ocupar la capital y obligar al bey gobernante a ceder el poder. Paulatinamente fueron apoderándose de las mejores tierras tunecinas. La derrota de Francia en los inicios de la II Guerra Mundial permitió a los nacionalistas tunecinos intensificar su campaña de independencia. Un hombre en particular, Habib Burguiba, líder del partido nacionalista Neo-Destour, acometió la tarea de situar al país en el primer plano de la política internacional.

Túnez obtuvo la independencia oficialmente el 20 de marzo de 1956, con Burguiba como primer ministro. Al año siguiente, el país se constituyó en república y Burguiba se convirtió en su primer presidente. El mandatario promovió cambios políticos y sociales de gran alcance: considerando la religión como un freno al progreso del país, emprendió la tarea de reducir su papel en la sociedad apartando a los ortodoxos de sus tradicionales campos de influencia, como la educación y la justicia. Los tribunales de la Sharia (ley coránica) fueron abolidos, y las tierras que habían financiado las mezquitas e instituciones religiosas confiscadas.

Burguiba fue presidente del país hasta 1987, cuando su ministro de Interior, Zine el-Abidine Ben Ali, se alzó con la presidencia y declaró que Burguiba estaba mentalmente discapacitado para gobernar y que se había "retirado" a un palacio en las afueras de Monastir.

Ben Ali apaciguó a la oposición islámica, haciendo un peregrinaje a La Meca y ordenando que se observara el ayuno del Ramadán. Actualmente los partidos de la oposición permanecen en la clandestinidad y existe censura en los medios de comunicación. En las elecciones de octubre de 1999, Ben Ali ganó por mayoría absoluta. Tras la muerte de Burguiba en abril de 2000 surgieron discrepancias generalizadas y evidentes en contra del régimen de Ben Ali y los disturbios son cada vez más evidentes.

Los bereberes fueron los primeros pobladores de Túnez pero, a lo largo de los siglos, las sucesivas oleadas migratorias establecieron a fenicios, judíos, romanos, vándalos y árabes en el país. Además hubo una considerable afluencia de musulmanes procedentes de España, y los turcos otomanos también aportaron su granito de arena a la mezcla étnica.

El islam es la religión oficial del país. Pese a un indudable resurgimiento religioso, sobre todo entre los jóvenes y los desempleados, la nación sigue siendo bastante liberal. Hay una pequeña comunidad de judíos practicantes en la capital y en la isla de Jerba, y unos veinte mil católicos romanos.

Gracias en gran parte a los esfuerzos del anterior presidente secular y socialista Habib Burguiba, las condiciones para las mujeres son mejores que en el resto de países del mundo islámico (a ojos de los occidentales, al menos). Este mandatario ilegalizó la poligamia y el divorcio por repudio, y también puso límites a la tradición de las bodas concertadas, estableciendo a las mujeres una edad mínima de 17 años para casarse y otorgándoles el derecho a rechazar las propuestas de matrimonio. Su opinión sobre el velo ("un trapo odioso"), explica su exigua presencia en la actualidad.

Aun así, las tradiciones no se pierden fácilmente, y se recomienda a las viajeras que vistan con discreción. Los hombres con pantalones cortos se considera que van en ropa interior y en situaciones concretas pueden provocar indignación. Las manifestaciones públicas de afecto entre parejas son mal vistas en la mayor parte del país.

En la actualidad, la nación es prácticamente bilingüe: el árabe es el idioma del gobierno, pero casi todo el mundo domina el francés. Ésta fue la lengua en la que se impartió la enseñanza en los primeros años de Burguiba y todavía se enseña a partir de los seis años. En la escuela también se estudia inglés y alemán, pero es difícil entenderse en cualquiera de estos dos idiomas fuera de las principales zonas turísticas. El dialecto bereber chelha o tachelnit sólo se oye en los pueblecitos aislados.

Los hammam (baños públicos) son uno de los centros de la vida tunecina, como en todo el norte de África y Oriente Próximo, y se consideran lugares indicados no sólo para lavarse sino para relajarse y charlar. Todas las ciudades poseen como mínimo un hammam, con sectores diferenciados para hombres y mujeres (a veces en edificios completamente separados). Los hombres no necesitan llevar nada, se les proporciona una fouta (toalla de algodón) para moverse por el hammam. Se espera que las mujeres traigan su propia toalla (y vayan en ropa interior cuando se laven, por lo que se recomienda llevar prendas secas para cambiarse después). Una sesión incluye el acceso al baño, la sauna de vapor y una kassa, una friega vigorosa con un mitón grueso.

En Túnez, el arte ha estado muy influenciado por la mezcla cultural del país. Los estilos arquitectónicos, por ejemplo, abarcan desde los aportes púnicos y romanos hasta las casas alpinas de tejas rojas de Ain Draham, la arquitectura islámica de las medinas árabes y los habitáculos subterráneos de los bereberes del sur.

Malouf, que significa normal, es el nombre que recibe una forma de música tradicional árabe, que se ha convertido en una especie de institución en el país. Entre los principales estilos de música clásica tunecina destacan el nouba (el más antiguo, de origen andaluz), el chghoul y el bachraf (de origen turco). Los músicos, cantantes y compositores más conocidos incluyen el conjunto El-Azifet (una rareza en esta parte del mundo, pues se trata de un grupo exclusivamente compuesto por mujeres), Khemais Tarnane, Raoul Journou, Saliha, Saleh Mehdi, Ali Riahi, Hedi Jouini y Fethia Khairi, aunque será complicado encontrarlos fuera del ámbito nacional.

En Túnez se han descubierto gran número de mosaicos en un excelente estado de conservación gracias a su clima cálido y seco. Datan de los siglos II al VI d.C. y proceden en su mayoría de casas privadas y baños públicos. El Museo del Bardo, en la capital, dispone de una magnífica colección, así como el Museo de El-Jem.

Introducida por los franceses, la pintura es un arte contemporáneo muy presente en Túnez, con estilos que discurren desde las formas geométricas de Hédi Turki hasta la intrincada y libre caligrafía árabe de Nja Mahdaoui. Bajo el mandato francés, los europeos se trasladaron a Túnez a pintar bajo el sol norteafricano; quizá el más famoso fuera Paul Klee, quien visitó el país por primera vez en 1914. Las galerías modernas se ubican en la capital y en los alrededores, y destaca el refugio de artistas de Sidi Bou Saïd.

Situada a modo de cuña entre Argelia y Libia, Túnez parece enana al lado de sus vecinos, aunque no es menor que muchos países europeos. Un 40% del perímetro del país está bañado por el Mediterráneo. Cerdeña y Córcega se encuentran al norte y Malta y Sicilia al noroeste.

El norte de Túnez goza de un clima mediterráneo, con veranos cálidos y secos (junio-agosto) e inviernos templados y lluviosos (diciembre-febrero). Las altas temperaturas del país superan los 32°C y no descienden por debajo de los 6°C. Ocasionalmente nieva en las montañas del noroeste, mientras que cuanto más al Sur, el ambiente se torna más caluroso y seco. Las precipitaciones anuales oscilan entre los 1.000 mm en el Norte y los 150 mm en el Sur, aunque en el ámbito sahariano no llueve durante años enteros. El punto más bajo de la nación es el Chott el-Gharsa, situado a 17 m por debajo del nivel del mar, y el más elevado, el Jebel Chambi, con una altitud de 1.544 m.

Las precipitaciones dictan la topografía del país. Las montañas de Kroumirie, en el Noroeste, reciben la mayor cantidad de lluvia y están densamente arboladas con encinas y alcornoques de hoja perenne. Los árboles de fresas son otra imagen corriente, y se les designa con este nombre por sus frutos llamativamente rojizos; es frecuente ver a chicos jóvenes tratando de venderlos al borde la carretera en diciembre. Los árboles están cubiertos de racimos de fragantes flores blancas en otoño. Las pequeñas llanuras del Tell contienen modestas concentraciones de pino de Alepo, mientras que el último rastro de sabana presaharaniana radica en el bosque de Acacia raddiana del Parque Nacional de Bou Hedma. En las llanuras desarboladas del Sur se hallan extensas zonas de esparto, mientras que más al Sur la vegetación cede paso al desierto con esporádicos oasis.

La fauna se ha visto muy mermada a lo largo de los siglos. Los elefantes de guerra que utilizaba Aníbal y los leones romanos que se alimentaban de cristianos se han extinguido. Los cazadores franceses se llevaron como trofeos buen número de especies al borde de la extinción, incluidos el ciervo de Berbería y unas cuantas especies de gacela, aunque ahora se están recuperando bajo la protección del gobierno. Dos variantes de antílope, el addax y el oryx, han sido reintroducidos en el Parque Nacional de Bou Hedma, como las avestruces y los muflones (cabras salvajes). En los bosques del Norte se pueden encontrar jabalíes, mangostas, puercoespines y jinetas (animal parecido al gato, que vive en zonas arboladas). Entre los mamíferos del Sur destacan los jerbos, los zorros, las liebres y el suslik (una especie de ardilla). El fenec, animal nocturno parecido al zorro, con enormes orejas que utiliza como radar, es un habitante del desierto que resulta dificultoso ver en libertad. Emparentado con el goanna australiano y el dragón de Komodo indonesio, el varano del desierto es relativamente común, como las víboras cornudas y los escorpiones.

La población de aves cuenta con más de doscientas especies registradas. Entre las migradoras se incluyen los halcones, cigüeñas y águilas, fáciles de observar en primavera y otoño, vistosos abejarucos y carracas, y un ejército de zancudas y acuáticas. No hay especies endémicas que llamen la atención del ornitólogo exigente. El Parque Nacional de Ichkeul _de fácil acceso desde la capital y los centros turísticos del norte_ es un refugio para aves acuáticas de todas clases.

La mayoría de los turistas llegan en avión. Los principales aeropuertos para vuelos internacionales son los de Túnez-Cartago, Monastir y Jerba, mientras que Tozeur y Tabarka sólo reciben algún que otro vuelo. Tunisair posee una gran variedad de destinos procedentes de Europa, Oriente Próximo y el norte de África, pero no existen vuelos directos desde América, Asia y Oceanía. Los aeropuertos tunecinos no cobran tasa de salida.

Una opción popular es entrar en el país en transbordador desde Francia o Italia, opción que posibilita transportar un automóvil o una motocicleta para el viaje. En ese caso, es necesario disponer de los papeles de matriculación del vehículo, un seguro contra terceros y el permiso de conducir internacional (además del carné del país de origen). El único medio de transporte posible entre Argelia y Túnez es el taxi compartido (louage) desde la Place Sidi Bou Mendil, en la medina de Túnez, hasta Annaba y Constantina, pero hace años que los turistas no cruzan esa frontera. Viajar hacia y desde Libia es teóricamente fácil -la carretera entre Túnez y Trípoli nunca ha soportado tanto tráfico- pero la probabilidad de obtener un visado es escasa. Lo mejor es resolverlo por agencia de viajes especializada en desplazamientos a Libia.

Los mejores puertos deportivos de Túnez se encuentran en Monastir, Port el-Kantaoui, Sidi Bou Saïd, Tabarka y Zarzis.

Túnez cuenta con una red de transporte bien organizada: la mayoría de las poblaciones de cierta envergadura disfrutan de conexiones diarias con la capital. En agosto, septiembre y durante las vacaciones los transportes son utilizados masivamente. Si es posible, conviene reservar.

La red aérea de Túnez es limitada; no existen sitios lo bastante lejos de la capital como para tomar un avión. Tres aeropuertos reciben vuelos interiores (Jerba, Sfax y Tozeur) y ninguno se prolonga más de una hora.

La compañía nacional de autobuses, Société Nationale du Transport Interurbain (SNTRI), pone diariamente al servicio del usuario vehículos con aire acondicionado que conectan con casi todas las poblaciones del país. Son rápidos, cómodos y asequibles. En verano, funcionan de noche para evitar el calor del mediodía; hay que reservar con antelación durante esa época del año. Además, existen compañías de autobús regionales con tarifas asequibles, aunque son más lentas que SNTRI, y casi nunca poseen aire acondicionado.

La red ferroviaria, gestionada por la Société Nationale des Chemins de Fer Túneziens (SNCFT), ofrece poca diversidad en trayectos, pero es moderna, eficiente y puntual. La línea principal funciona ocho veces al día entre la capital y Gabes, vía Susa y Sfax. Un tren se desvía en Mahres hacia Gafsa y Metlaoui. Otros destinos incluyen Bizerta, Mateur, Ghardimao, Jendouba, Kalaat Khasba, Bir Bou Rekba, Nabeul, Monastir y Mahdia. Para los entusiastas de los trenes, el Lezard Rouge (lagarto rojo) es un tren restaurado que pertenecía a los beys y que opera entre Metlaoui y Redeyef cada día, y que ofrece magníficas vistas del cañón de Seldja.

Los taxis compartidos de larga distancia aceptan cinco pasajeros y no salen hasta que están llenos (lo cual no lleva mucho tiempo). Los louages son el modo más rápido de desplazarse y sólo son ligeramente más caros que los autobuses. Para encontrarlos, hay que buscar furgonetas blancas Peugeot con portaequipajes en el techo y signos de identificación en la parte delantera y trasera. Siempre hay alguien gritando los destinos y dirigiendo a la gente a los taxis específicos cerca de sus terminales (normalmente un solar vacío en el centro de la ciudad). El gobierno fija los precios, así que se puede pedir la lista de tarifas antes de acceder al interior.

Conducir por el país es un placer, al menos en el Norte. Las carreteras son excelentes y los conductores, por lo general, prudentes y educados. El combustible es barato si se compara con Europa, pero la gasolina sin plomo no es fácil de encontrar y los precios de los alquileres de vehículos son exorbitantes.

Existen dos servicios regulares de transbordador en el país. Uno conecta Sfax con las islas Kerkennah, a unos 25 km de la costa. El otro va de Jorf, en el continente, a Ajim, en la isla de Jerba. Los precios son muy recomendables.

Es factible alquilar bicicletas en todo el país. Las condiciones son ideales, de no ser por el calor estival, el frío del invierno y la escasez de repuestos de calidad; se aconseja trasladarse con un buen equipo de recambios.

Túnez también cuenta con una moderna red de métro léger (tranvía), más sencillo para desplazarse que en autobás, así como una línea ferroviaria de cercanías (TGM) que conecta la capital con los barrios periféricos del Norte.


· Tlili, Mustafá: La montaña del león, Muchnik Editores, Barcelona, 1996
· Al-Naluti, Arusyya: Voces de mujer desde Túnez, Talasa Ediciones, Madrid, 1994
· Haefs, Gisbert: Aníbal: la novela de Cartago, Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona, 2000
· Jiménez Elizari, Iker: Fronteras de lo imposible, Editorial Edaf, Madrid, 2001
· Eberhardt, Isabelle: Hacia los horizontes azules, José J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 2001
· Gide, André: Amyntas, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Guadarrama, 1997
· Flaubert, Gustave: Salambó: la princesa de Cartago, Edhasa, Barcelona, 1996
· Theroux, Paul: Las columnas de Hércules, Suma de Letras, Madrid, 2002
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