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Turquía
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Cuando se entra en este país, que asienta un pie en Europa y otro en Oriente Próximo, se deben abandonar los estereotipos que reflejan películas El expreso de medianoche, pues Turquía se está modernizando a una velocidad sorprendente. El esplendor oriental, el misterio, la intriga y los derviches danzantes, no bastan para describir una nación que posee una estimulante historia, un presente que explota por todas partes y un futuro que intenta no repetir los errores de antaño. Este país combina innumerables atractivos.

Es también un lugar idóneo para los turistas. Los turcos son, en su mayoría, extremadamente acogedores con los visitantes, la cocina suele ser excelente, las ciudades poseen majestuosos edificios antiguos y las zonas rurales permiten sumergirse en un mundo que creíamos desaparecido. Existe una enorme variedad de oferta turística, desde deportes acuáticos hasta excursiones por la montaña, desde arqueología hasta salidas nocturnas, desde descenso por ríos de aguas bravas hasta catas de delicias como el raki (aguardiente con sabor a anís). Cuando se abandona Turquía lo más habitual es que se produzca el deseo de regresar otra vez, en busca de magníficas alfombras, de amuletos para alejar los malos espíritus, de sugerentes danzas del vientre o, simplemente, de un bronceado.

Las cosas han cambiado desde los violentos disturbios ocurridos a principios de 1999, cuando el PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, protagonizó una serie de ataques a las autoridades turcas a causa de la detención y encarcelamiento del líder rebelde Abdullah Ocalan. A pesar de que el alto el fuego sigue vigente, todavía no puede garantizarse la seguridad de la zona. En Estambul se han producido atentados ocasionalmente. Algunas provincias son reductos de los miembros del PKK, en especial Hakkari, Sirnak, Tunceli y Diyarbakir. La zona sureste del país y en particular las provincias bajo estado de excepción y áreas limítrofes (Agri, Batman, Bingol, Bitlis, Diyarbakir, Hakkari, Igdir, Mardin, Mus, Siirt, Sirnak, Van y Tunceli) registran una situación cambiante. Por ello se recomienda informarse sobre las áltimas novedades en la embajada correspondiente. Turquía es esencialmente un destino seguro para los turistas extranjeros excepto la zona sudeste del país; sin embargo, no hay que olvidar tomar las precauciones habituales y utilizar el sentido comán; evitar las concentraciones políticas y manifestaciones.

Nombre oficial: República de Turquía
Superficie: 779.452 km²
Población: 68.100.000 hab.
Capital: Ankara (3.700.000 hab.)
Nacionalidades y etnias: 85% turcos, 12% kurdos, otros pueblos árabes, armenios, judíos
Idioma: turco, kurdo
Religión: musulmana
Régimen político: república
Presidente: Ahmet Necdet Sezer
Primer ministro: Recep Tayyip Erdogan

PIB: 183.700 millones de dólares
PIB per cápita: 2.490 dólares
Crecimiento anual: -5%
Inflación: 26%
Principales recursos económicos: agricultura, petróleo, industria automovilística, ingeniería industrial, turismo
Principales socios comerciales: Alemania, Estados Unidos, Italia, Reino Unido, Francia, Rusia

Visados: Los ciudadanos de España, Austria, Canadá, Israel, Australia, Reino Unido, Irlanda, Italia, Portugal, Brasil y Estados Unidos necesitan visado; se puede obtener con antelación en un consulado turco, o bien al entrar en Turquía; si la estancia va a ser superior a tres meses, deberá solicitarse siempre en la embajada del país de origen. Los argentinos y chilenos no necesitan visado, tan sólo tener el pasaporte en regla. Los procedentes de México, Perú y el resto de países latinoamericanos deben expedir su visado antes de viajar a Turquía.
Hora local: GMT+2
Condiciones sanitarias: aunque legalmente no se requiere una vacunación específica, en Turquía hay poliomielitis, tétanos, difteria, tifus, hepatitis A y B, rabia y tuberculosis; es conveniente considerar la posibilidad de vacunarse. Los viajeros que se dirigen a las regiones húmedas y cálidas (Mármara y la costa del mar Negro) deben llevar consigo medicación contra la malaria. Cabe señalar asimismo que cada año mueren miles de personas en accidentes de tráfico.
Electricidad: 220 V, 50 Hz
Pesos y medidas: sistema métrico

La primavera (de abril a junio) y el otoño (de septiembre a noviembre) son las mejores épocas. El clima es perfecto en las costas del mar Egeo y del Mediterráneo, así como en Estambul. En pleno verano, los centros turísticos del litoral presentan temperaturas muy elevadas y lo más natural es imitar las costumbres locales y hacer una siesta durante las horas más calurosas del día. Desde finales de octubre hasta principios de abril, la zona playera entra en un estado de casi hibernación. Llueve un poco entre mayo y octubre, salvo en la costa del mar Negro, pero a partir de mediados de junio, en ciertas zonas los mosquitos se convierten en una plaga. El este de Turquía se puede visitar desde finales de junio hasta septiembre, pues durante los meses más fríos la nieve provoca el cierre de carreteras y puertos de montaña.

Las fechas de las festividades religiosas se calculan siguiendo el calendario lunar, y por ello, su fecha se adelanta unos once días cada año en relación con el calendario gregoriano. Sólo hay dos fiestas religiosas que sean también públicas: Seker Bayrami, un festival de tres días al final del Ramadán (30 días entre diciembre y enero durante los cuales el buen musulmán no deja pasar nada, ni líquido ni sólido, a través de sus labios durante las horas diurnas), y el Kurban Bayrami (marzo y abril) que conmemora el sacrificio que Abraham estuvo a punto de llevar a cabo en la persona de su hijo Isaac en el monte Moriah. En conmemoración del permiso que Dios dio a Abraham para que sacrificara un carnero en lugar de a su hijo, cada familia turca que puede permitírselo compra una oveja, la lleva a su casa y la degüella después de las plegarias de primera hora de la mañana. A continuación, familiares y amigos organizan una fiesta. Es preciso planear bien la estancia durante el Kurban Bayrami, pues muchos bancos están cerrados durante toda la semana, los transportes están atestados y las habitaciones de hotel son escasas y caras.

Entre las festividades seculares cabe destacar las luchas de camellos, a mediados de enero, en el pueblo de Selçuk, al sur de Izmit; el Día de la Soberanía Nacional, el 23 de abril, una gran fiesta para festejar la primera reunión del parlamento republicano en 1920. En verano abundan las celebraciones: hay un increíble festival de luchadores untados con aceite a principios de junio en Sarayiçi, cerca de Edirne; el Festival Rural Kafkasör, cerca de Artvin, al noreste de Turquía, la tercera semana de junio; el Festival Internacional de las Artes de Estambul (de finales de junio a mediados de julio); el Festival de Folclore y de Música de Bursa, a mediados de julio, y el Festival de la Sandía de Diyarbakir, a mediados o finales de septiembre. Toda la nación se paraliza, durante unos instantes, a las 9.05 del 10 de noviembre, hora en la que falleció Atatürk en 1938.

Moneda
lira turca

La inflación se ha disparado de tal forma que el gobierno está considerando eliminar un par de ceros para mitigar el desastre económico.


Comida
· Presupuesto bajo: entre 2 y 5 euros
· Presupuesto medio: entre 5 y 12 euros
· Presupuesto alto: a partir de 12 euros

Alojamiento

· Presupuesto bajo: entre 5 y 15 euros
· Presupuesto medio: entre 15 y 40 euros
· Presupuesto algo: a partir de 40 euros

Turquía permite emplear presupuestos razonables. Se puede visitar por la módica cantidad de 20 dólares diarios utilizando autocares y trenes, alojándose en pensiones y comiendo una sola vez al día en un restaurante. Con gastos de 25 a 40 dólares al día es posible viajar en confortables autocares, comprar billetes de tren con cómodos asientos, acomodarse en hoteles de una o dos estrellas y comer varias veces en el restaurante. De 40 a 80 dólares por jornada permiten establecerse en hoteles de 3 y 4 estrellas, trasladarse en avión de forma ocasional y comer siempre en restaurantes.

Dado que el valor de la lira turca está depreciándose constantemente, es mejor cambiar dinero cada pocos días. Es preciso verificar los ceros de las facturas, pues resulta fácil confundir una cuenta de 500.000 liras con una de 50.000. Los bancos y las oficinas de cambio suelen estar abiertos tan sólo los días laborables, y podría ser difícil cambiar los cheques de viaje durante los fines de semana. En las ciudades y en los complejos turísticos no hay problemas para encontrar cajeros automáticos; algunos de ellos están conectados con redes internacionales de débito como Cirrus o Plus, y de tarjetas de crédito (la tarjeta Visa parece ser la más aceptada).

En los restaurantes baratos no es necesario dejar más que unas pocas monedas de propina. En los más caros, es habitual dejar algo más. Aunque se añade a la cuenta un 10 o un 15 por ciento en concepto de servicio, se suele entregar un 5 por ciento directamente al camarero, y en ocasiones la misma suma al jefe de comedor. Los porteros suelen recibir un dólar aproximadamente; en los taxis, lo más usual es redondear la suma. En otras situaciones, por ejemplo con los serviciales guardas de los yacimientos arqueológicos, se debe actuar con delicadeza; aunque inicialmente puedan rechazar por cortesía la propina, suelen aceptarla tras insistir. El regateo es práctica común en Turquía, y es usual practicarlo cuando se compra un recuerdo turístico. El precio de las habitaciones de hotel se puede negociar si se visita el país de noviembre a abril o si se ha planeado una estancia de varios días.

Estambul

La que fuera capital del mundo civilizado durante muchos siglos sigue considerándose el corazón de Turquía. Estambul es una metrópolis, vetusta pero todavía gloriosa, de unos 12 millones de residentes, un escenario espectacular a caballo entre Europa y Asia, y un centro de importancia incuestionable en lo relativo a la historia, el folclore, el comercio y la cultura del país. A pesar de que está densamente transitado y muy contaminado, el estrecho del Bósforo (que conecta el mar Negro con el mar de Mármara) y el Cuerno de Oro (un estuario de agua dulce), contribuyen a mantener una sensación de amplitud. Durante varios miles de años, hasta la construcción del puente del Bósforo, en 1973, el único medio de transporte entre las partes europea y asiática de la ciudad era el barco. En 1988 se completó otro puente, y en la actualidad se está planeando un tercero y desarrollando la red de metro.

La historia de Estambul abarca unos 3.000 años, por lo que no está de más desempolvar los conocimientos básicos a fin de poder distinguir un hipódromo de un harén. El palacio Topkapi, residencia de los sultanes desde el siglo XV hasta principios del XIX, es una de las joyas de la ciudad. El harén del palacio (los apartamentos de la familia imperial) se asemejaba a un pequeño pueblo, que albergaba hasta 500 personas de forma continua, entre las cuales había unas 300 concubinas. El tesoro imperial es otro de los reclamos del palacio. Está colmado de oro, plata, diamantes y objetos deslumbrantes.

Aya Sofya (Santa Sofía), la basílica de la Divina Sabiduría, se erigió durante el reinado de Justiniano, en el año 548 y en esa época fue la mayor iglesia de la cristiandad. Tras 14 siglos de historia, la amenaza de los seísmos ha provocado que en la actualidad la iglesia se encuentre reforzada con contrafuertes, soportes, quioscos y dependencias que abrazan sus robustas paredes. En cualquier caso, la inmensa cúpula del interior sigue siendo impresionante. La mezquita azul es un triunfo de la armonía, la proporción y la elegancia; su parte exterior evoca el mismo tipo de admiración que el interior de Aya Sofya.

Al tomar un transbordador para cruzar el Bósforo o al pasear por el Gran Bazar (un laberinto de angostas callejuelas en las que es posible comprar un brazalete, una alfombra o simplemente curiosear), uno puede cansarse de ver tantos turistas, aunque hay varias maneras de escapar. Uzunçarsi Caddesi constituye la alternativa menos turística; en ella se pueden encontrar tiendas de torneros de madera, equipamiento de caza o comerciantes de prendas de vestir. En la zona de Beyoglu, al norte del puente, resulta fascinante darse un paseo a través de Istiklal Caddesi, la calle principal. En este lugar paseaban los otomanos de clase alta y los residentes de las potencias europeas hace un siglo, pero en la actualidad es un escenario decadente. Pese a todo, no resulta difícil imaginar esta magnífica arteria en su época de apogeo.

Sultanahmet, en la parte vieja de la ciudad, es el mejor lugar para encontrar un hotel barato o de precio medio. La plaza Taksim alberga modernos alojamientos de presupuesto medio y alto. Los restaurantes de Divan Yolu, en Sultanahmet, son los más concurridos, pero es más conveniente para el bolsillo ir a comer fuera de las zonas turísticas. En el Gran Bazar hay infinidad de pequeños establecimientos donde sirven tapas. Istiklal Caddesi también posee numerosos locales de comidas, aunque los mejores son los que hay en las calles adyacentes, hacia el Sur.

Ankara

La capital de Turquía es una masa urbana situada en medio del semidesierto de Anatolia Central. Ankara tiene poco que ver con la ciudad otomana de Angora, que se asentaba en el mismo emplazamiento, y que era un lugar tranquilo en el que crecían cabras de largo pelaje con cuya lana se tejían mullidas prendas de vestir. Desde 1920, cuando Atatürk estableció aquí su gobierno provisional, la principal razón de ser de Ankara ha sido la capitalidad y todo lo que ello conlleva, si bien presenta varias atracciones significativas que pueden ser objeto de una corta visita.

Muchos viajeros se dirigen en primer lugar a Hisar, la ciudadela bizantina situada en la cumbre de la colina que se halla al este de la ciudad vieja, y el vecino Museo de las Civilizaciones Anatólicas. Un par de kilómetros más al sur se encuentra el mausoleo de Atatürk, un edificio monumental prescindible, pero hermoso, inspirado en la arquitectura de los distintos imperios anatólicos. La Casa Presidencial se ha conservado tal y como estaba en la época de Atatürk, con la decoración y el mobiliario de la década de 1930 (incluida la mesa de billar y el rincón para saborear un buen cigarro y un coñac). En los alrededores hay varios monumentos históricos. La Ankara romana fue una urbe de cierta importancia, y los restos que quedan están diseminados entre las mezquitas y los monumentos de la región circundante. Varios de los hoteles y restaurantes más baratos están en la ciudad vieja, aproximadamente a un kilómetro al noreste de la estación de tren.

Éfeso

Entre la gran cantidad de ciudades antiguas y ruinas clásicas de Turquía, Éfeso es la mayor y la mejor preservada. De hecho, es la urbe clásica más deslumbrante del Mediterráneo. Éfeso, una de las doce polis de Jonia, fue un floreciente centro cultural de la antigua Grecia, así como una activa capital provincial en época romana. El templo de Diana fue considerado una de las siete maravillas del mundo, y la propia población poseía gran renombre por su riqueza y su belleza. San Pablo y san Juan visitaron la localidad y se dice que la Virgen María pasó allí sus últimos años. La visita a las ruinas puede efectuarse más o menos en cuatro horas; si se realiza en verano, es mejor acudir temprano, pues hacia el mediodía el ambiente es absolutamente bochornoso. A lo largo de dicha visita se puede ver la gruta de los Siete Durmientes, en la que siete jóvenes cristianos perseguidos por los romanos durmieron durante dos siglos y luego se despertaron y se acercaron tranquilamente a la ciudad para comer algo. Merecen también atención el colosal gimnasio; la vía Arcadia, con su calzada de mármol; el imponente templo de Adriano y una gran profusión de fuentes, piscinas, burdeles, bibliotecas y letrinas públicas.

El principal centro turístico de la región es Selçuk, una ciudad de unos 25.000 habitantes. Posee un bonito museo en el centro, así como una notable cantidad de atracciones romanas, cristianas y musulmanas, como la basílica de san Juan y el acueducto Bizantino. Izmit es el centro de comunicaciones más cercano. Hay frecuentes trenes y autocares que realizan el viaje de una hora hasta Selçuk, que se halla a tan sólo tres kilómetros de Éfeso.

Bodrum

Bodrum es el centro turístico más bonito de la costa del mar Egeo; posee un puerto náutico y embarcaderos para los transbordadores que van a la isla griega de Kos. Las casas blancas de la colina dominan las bahías, rodeadas casi totalmente por paseos con palmeras. En Bodrum se pueden realizar varias actividades, las más destacadas son los paseos en embarcación, la natación y el submarinismo, con o sin bombonas. De noche, las famosas discotecas de la ciudad palpitan, retumban y mantienen despierta a gran parte de la población hasta el amanecer. Tanto los turcos como los turistas se lamentan de esta ensordecedora algarabía, aunque la actitud local es contestar: "Si quería paz y tranquilidad, ¿por qué vino a Bodrum?". Resulta fácil coger un autocar hacia Bodrum desde casi cualquier sitio; por carretera se halla a 4 horas de Izmit. Además de los transbordadores hacia Kos, hay un aerodeslizador a Rodas entre mayo y septiembre.

Antalya

Antalya es la principal urbe de la costa mediterránea de Turquía. Además de poseer varios kilómetros de playas de guijarros y un centro histórico romano-otomano, constituye una buena base desde la que explorar las localidades costeras más tranquilas y otras espectaculares ciudades antiguas de la región. Side, a 75 km al este de Antalya, es una población muy concurrida, y Marco Antonio y Cleopatra la eligieron como escenario de una de sus citas amorosas. Alanya, a 115 km al este de Antalya, es otro centro idóneo para bañarse y tomar el sol. Patara es una ciudad muy animada, situada a unos pocos kilómetros al sureste de Antalya. Su playa de unos 20 km de longitud es, sencillamente, espléndida; además, entre las dunas afloran ruinas romanas. Pero no es el lugar más indicado para observar la puesta de sol, pues cierran la playa al anochecer para permitir el acceso de las tortugas marinas hasta sus nidos. Las poblaciones de la costa mediterránea están enlazadas mediante autocar y servicios de dolmus (taxis compartidos, especialmente frecuentes en verano).

La península de Gallípoli

En la actualidad, el campo de batalla de Gallípoli es un lugar apacible cubierto de maleza, pinares y campos de cultivo, pero esta estratégica península fue la llave para entrar en Estambul durante un milenio. Aquí se libraron varias batallas, como la que durante nueve meses enfrentó en feroz combate a las tropas de Atatürk y a los aliados en la I Guerra Mundial. Gallípoli tiene una extensión considerable; hay unos 35 km entre el campo de batalla más septentrional y el extremo meridional de la península. Las dos mejores bases para visitar la península son Çanakkale, en la costa este, y Gelibolu, en el oeste, desde las cuales se organizan varias visitas organizadas. No está de más hablar con otros viajeros antes de elegir una visita, puesto que ciertos guías tienden a despachar a sus clientes de forma apresurada. Las grandes batallas de Gallípoli se conmemoran cada año en marzo (generalmente del 12 al 19), y puede resultar algo complicado encontrar un hotel en esta época. Hay transbordadores desde Eceabat, a 45 km al suroeste de Gelibolu, hasta Çanakkale a través de los Dardanelos.

Troya

Cuando el arqueólogo Heinrich Schliemann excavó Troya en 1871, un sudor frío inundó a la mayor parte de expertos en estudios clásicos de todo el mundo. Hasta entonces, se consideraba que La Ilíada de Homero se basaba en las leyendas, pero después de las excavaciones, Troya se convirtió en la polis homérica de Ilium, escenario de una épica batalla entre los aqueos y los troyanos, en el siglo XIII a.C. Las excavaciones de Schliemann y de otros arqueólogos revelaron nueve ciudades antiguas, una encima de otra, la más antigua de las cuales databa del año 3000 a.C. La denominada Troya VI (1800-1275 a.C.) se identifica con la población regida por Príamo e inmortalizada por Homero.

Para los aficionados duchos en la materia puede resultar asombroso, pero a menos que se haya leído La Ilíada o que se posean agudos conocimientos de arqueología, el visitante puede sentirse poco atraído por Troya. Aparte de una artificiosa réplica del caballo de Troya, pocas cosas cautivan al ojo profano. Pese a ello, ser el escenario de uno de los relatos más fascinantes del mundo justifica la visita. Troya está a 30 km en dolmus (taxi compartido) desde Çanakkale, que enlaza mediante autocar con la mayor parte de ciudades turcas.

El valle de las Chimeneas de Hadas

En varios valles de Capadocia se pueden observar extrañas series de conos volcánicos, pero los situados cerca de Aktepe, en el norte de la región, son los que están mejor formados y más densamente concentrados. La mayor parte de estos conos rosáceos de toba están cubiertos por piedras duras de material más oscuro; gracias a ello los conos se protegieron de la lluvia que erosionó la toba de los alrededores. Este proceso se conoce entre los geólogos como erosión diferencial, y forma lo que popularmente se denomina "chimeneas de hadas".

Uçhisar, en el sureste, está dominado por el Kale, un impresionante afloramiento rocoso surcado de túneles y ventanas, visible desde varios kilómetros a la redonda. Existe otro agradable paseo hasta Göreme, a través del valle del Palomar, bien indicado, cuyas fachadas están surcadas por orificios creados para atraer a palomas nidificadoras y acumular el valioso estiércol que iban depositando. Nevsehir, al sureste de Göreme, es el punto de comunicaciones más importante. Los autocares procedentes de toda la región se detienen aquí.

Harran

Harran, en el sureste kurdo de Anatolia, es uno de los lugares de la Tierra que lleva más años habitado. Las colinas vecinas están rodeadas por murallas desmoronadas y coronadas por edificios en ruinas. El conjunto tiene un aspecto tan profundamente antiguo que no es difícil creer que Abraham fuera uno de los primeros habitantes de Harran. Destacan la fortaleza de la parte este de la ciudad y los bellos mosaicos en la Ulu Cami, una mezquita del siglo VIII.

Los residentes actuales, algunos de los cuales siguen viviendo en casas de barro en forma de colmena, sobreviven gracias a la agricultura y al comercio (a veces ilegal). Es de esperar que la riqueza comenzará a fluir cuando se termine la presa que están construyendo en la región. No existen muchas posibilidades de alojamiento en Harran. Muchos visitantes establecen su base en Urfa (a 37 km al oeste), que posee buenas conexiones con el resto de Turquía.

Gracias a la belleza de sus costas y playas, Turquía resulta idónea para la práctica de los deportes acuáticos, como el submarinismo, la navegación de recreo y el esquí acuático. A causa de las numerosas antigüedades que ocultan las profundidades del litoral turco, el submarinismo con bombonas está regulado, por lo que es preciso informarse con antelación. El país posee infinidad de montañas para practicar la escalada; existe una tradición poco extendida pero muy entusiasta por este deporte. Se puede esquiar en Bursa (cerca de Antalya), en el monte Erciyes (cerca de Cesarea) y en Palandöken (junto a Erzurum). El equipamiento puede alquilarse en las estaciones, pero conviene no ser muy exigente en este sentido. Viajar en bicicleta por Turquía es posible y agradable, pero es preferible llevar consigo el propio vehículo (y piezas de recambio), pues el alquiler y la venta de buenas bicicletas no es una práctica habitual.

Los primeros habitantes conocidos de Turquía aparecieron en la región mediterránea hacia el año 7500 a.C. La primera gran civilización fue la de los hititas, que veneraban a una diosa del sol y a un dios de la tormenta. Dominaron Anatolia desde la Edad del Bronce (1900-1600 a.C.), entraron en conflicto con el Egipto de Ramsés II y se adueñaron de Siria. En el 1250 a.C., cuando los aqueos atacaron Troya, la maquinaria hitita estaba ya haciendo agua. Una masiva invasión de pueblos procedentes de las islas griegas sometió a una presión insoportable a los herederos del imperio hitita, mientras que desde el Este, una serie de pequeños reinos aglutinados bajo el mando de Ciro, que llegaría a ser emperador de Persia (550-530 a.C.), barrieron Anatolia. Después, los persas fueron derrotados por Alejandro Magno, que conquistó desde Grecia hasta la India en torno a la década de 330 a.C. Tras la muerte de Alejandro, sus generales se enfrentaron por el poder y el territorio quedó sumido en una guerra civil hasta que los gálatas (celtas) establecieron la capital en Ankara, en el año 279 a.C., conviviendo pacíficamente con los reinos seléucidas, pónticos, armenios y de Pérgamo.

La dominación romana llegó en el siglo II a.C. y trajo consigo una paz y una prosperidad relativas durante casi tres siglos, y proporcionó las condiciones perfectas para la propagación del cristianismo. El Imperio Romano se fue debilitando desde el año 250 d.C. hasta que Constantino lo reunificó en el 324. Este emperador proyectó la construcción de una nueva capital, la gran ciudad que habría de adoptar el nombre de Constantinopla. Justiniano (527-565) llevó al Imperio Romano de Oriente, o imperio bizantino, a su máxima extensión, tras reconquistar Italia, los Balcanes, Anatolia y el norte de África; pero cinco años después de su muerte nació Mahoma en La Meca. Sesenta años después de que Mahoma oyera la voz de Dios, y cincuenta años después de su ignominiosa huida de La Meca, los ejércitos del islam llegaron a las murallas de Constantinopla (669-678), después de conquistar todo lo que encontraron a su paso desde allí hasta La Meca, además de Persia y Egipto. Las dinastías islámicas que emergieron después de Mahoma desafiaron el poder y el estatuto de Bizancio desde entonces, pero el gran imperio turco selyúcida del siglo XI fue el primero en gobernar los actuales territorios de Turquía, Irán e Irak. Los selyúcidas se vieron sacudidos por las cruzadas y desbordados por las hordas mongolas, pero se mantuvieron en el poder hasta el advenimiento de los vigorosos y ambiciosos otomanos.

El imperio otomano se inició con el agrupamiento de los guerreros turcos de finales del siglo XIII que huían de los mongoles. En 1453, los otomanos, bajo la guía de Mehmet el Conquistador, eran lo bastante fuertes como para tomar Constantinopla. El reinado del sultán Solimán el Magnífico (1520-1566) coincidió con el apogeo del imperio: embelleció Constantinopla, reedificó Jerusalén y llevó a los otomanos hasta las puertas de Viena. Pero los sultanes que le sucedieron no fueron capaces de mantener una autoridad semejante, y en 1585 comenzó el largo declive del imperio otomano. En el siglo XIX, la decadencia y el mal gobierno convirtieron al nacionalismo en una opción muy atractiva. Los pueblos sometidos por el poder otomano se sublevaron, a menudo con el apoyo directo de las potencias europeas. En 1832, después de una amarga lucha, se formaba el Reino de Grecia; los serbios, búlgaros, rumanos, albaneses, armenios y árabes empezaron inmediatamente después a aspirar a su independencia. Las potencias europeas revoloteaban como buitres sobre este imperio que se desintegraba, mientras que en el interior de Turquía, una serie de proyectos para volver a dar vida a la nación se fueron al traste a causa de la desafortunada decisión de aliarse con Alemania en la I Guerra Mundial. En 1918, los aliados, victoriosos, se dispusieron a repartirse un país que no gozaba de buena salud.

El general otomano Mustafá Kemal organizó la resistencia, convencido de que un nuevo gobierno debía devolver Turquía al pueblo. Cuando Grecia invadió Esmirna y comenzó a empujar hacia el Este, los turcos se vieron sorprendidos. La guerra de independencia duró de 1920 a 1922, y concluyó con una victoria duramente trabajada por los turcos y con la abolición del sultanato. Mustafá Kemal (Atatürk o Padre de los Turcos) emprendió la tarea de reformar por completo la sociedad. Cuando falleció, en 1938, se había aprobado una constitución, se había abolido la poligamia y prohibido el fez (el gorro en forma de cono truncado), que era el símbolo del atraso otomano. El islam dejó de ser la religión del Estado, Constantinopla se convirtió en Estambul, y las mujeres obtuvieron el derecho a voto. Atatürk sigue siendo un héroe en el país; su estatua se encuentra en todas partes y existen leyes contra la difamación o el insulto hacia él.

El sucesor de Atatürk, Ismet Inönü, administró una precaria neutralidad en la II Guerra Mundial, y luego dirigió la transición de Turquía hacia una democracia real. El Partido Democrático, opositor, ganó las elecciones en 1950. En 1960, y de nuevo en 1970, el ejército intervino al estimar que las prácticas autocráticas del gobierno del Partido Democrático constituían una violación de la constitución. En 1980, las luchas políticas intestinas y el descontento de la población paralizaron el país. Los grupos extremistas comenzaron a causar estragos. En el centro de la vorágine, los dos partidos políticos de mayor importancia habían llegado a un punto tal de estancamiento que durante meses no pudieron elegir un presidente parlamentario. El ejército volvió a irrumpir, protagonizando un estricto control y numerosos abusos de los derechos humanos.

El jefe del gobierno militar, el general Kenan Evren, renunció a sus cargos militares y se convirtió en el nuevo presidente del país. En las elecciones libres de 1983, el partido de centro derecha de Turgut Özal tomó el poder y capitaneó una expansión financiera que duró toda la década. La inoportuna muerte de Özal en 1993 representó una pérdida inestimable en la política turca, y dejó un escenario marcado por la incertidumbre. El resto de aquella década conllevó una serie de inestables coaliciones formadas por socios inverosímiles, con el apoyo cada vez más importante de la derecha religiosa. A principios de 1998, el Tribunal Constitucional de Turquía proscribió el Partido del Bienestar, de orientación islámica, y con él, al anterior primer ministro, Necmettin Erbakan. Se consideró entonces que el Partido del Bienestar estaba trabajando para minar los principios democráticos; esta difícil decisión llevó a primer plano la pregunta de hasta qué punto la nación respetaba dichos ideales democráticos.

Por otro lado, las aspiraciones de Turquía para ingresar en la Unión Europea se ven comprometidas por la continua violación de los derechos humanos, una economía agitada y el conflicto con los kurdos. Las regiones orientales y surorientales, escasamente pobladas, acogen a seis millones de kurdos; cuatro millones más viven en otras regiones del país, más o menos integrados en la sociedad turca.

El separatismo kurdo es uno de los temas más candentes del país. Después del colapso del imperio otomano, Ankara practicó una política de asimilación: oficialmente no había kurdos, sólo turcos de las montañas, mientras que el idioma y otros símbolos palpables de la vida kurda pasaron a estar fuera de la ley. Las guerrillas kurdas apoyadas por la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y con base en Siria, Irak e Irán realizaron centenares de sangrientas incursiones durante la década de 1980 en el sureste de Turquía. Las medidas enérgicas del gobierno turco y la penetración de miles de kurdos iraquíes (que huían después de un ataque con armas químicas por parte de las fuerzas armadas iraquíes en 1988, y de nuevo tras la guerra del Golfo, en 1991), situó la cuestión kurda en la agenda nacional e internacional.

Ankara relajó a regañadientes las restricciones concernientes a la cultura kurda, pero a principios del 1999, después de la detención del líder kurdo Abdullah Ocalan, la tensión se incrementó notoriamente. Juzgado por alta traición y asesinato, Ocalan fue condenado a muerte, pero la sentencia está actualmente apelada ante el Tribunal de Justicia Europeo. El grupo de Ocalan, Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), declaró el alto al fuego y esto ha conllevado cierta distensión en la actitud oficial hacia los kurdos. Dentro del ambiente de paz relativa, Turquía sigue en su empeño de ingresar en la Unión Europea. En diciembre de 2002, se estableció en una cumbre de la UE que a finales de 2004 se iniciarían las negociaciones para la posible entrada del país en dicha comunidad, siempre y cuando las reformas del estado sigan su curso con normalidad.

La literatura y la música de la corte otomana eran de carácter fundamentalmente religioso, y a los oídos occidentales suenan pomposas y lúgubres. Las artes visuales se veían limitadas por las disposiciones musulmanas, que prohíben la representación de cualquier ser con alma inmortal. Los museos turcos están llenos de azulejos de delicados colores, vasijas de cristal, puertas de mezquita de madera tallada, magníficos ejemplares del Corán, una intrincada orfebrería y atuendos suntuosos. Atatürk modificó el cuadro cultural turco alentando la pintura y la escultura figurativas y la literatura, la música (era un gran amante de la ópera), la danza y el teatro occidentales. La introducción de un nuevo alfabeto basado en el latino trajo consigo la alfabetización de la mayor parte de los ciudadanos, mientras que la prosa de la corte otomana cedió su lugar al uso de la lengua vernácula. Muchos escritores turcos, como Nazim Hikmet, Yashar Kemal y Orhan Pamuk han recabado elogios de la crítica y el público tanto en Turquía como en el extranjero. Artes otomanas como la técnica de jaspeado del papel y el teatro de sombras de marionetas están experimentando un renacimiento. La confección de alfombras todavía es una pasión en el país.

La música popular tenía (y sigue teniendo) una gran vitalidad. La música türkü, que se puede oír asiduamente en la radio, es una música folclórica con un matiz urbano moderno. La milenaria tradición de trovadores turcos ha quedado aniquilada a causa de la televisión y las cintas magnetofónicas, pero las canciones de los grandes trovadores siguen siendo populares y se interpretan y graban a menudo. En Turquía la industria cinematográfica comenzó muy temprano, vivió un momento álgido durante la década de 1920, se expandió rápidamente después de la II Guerra Mundial y ahondó en los temas sociales y políticos en las décadas de 1960 y 1970. El cine turco se caracteriza por la honestidad, el naturalismo y un humor escueto. Entre los directores destacan Yilmaz Güney, Tunç, Basaran, Zülfü y Ómer Kavur.

Aunque el turco es un idioma de una elegante sencillez, las reglas relacionadas con el orden de las palabras y la formación de verbos difieren mucho respecto a las lenguas indoeuropeas, lo cual dificulta su aprendizaje. Los verbos pueden ser tan complejos que acaban constituyendo frases enteras. Por ejemplo: Afyonkarahisarlilastiramadiklarimizdanmisiniz? significa "¿No es usted una de esas personas a quienes elegimos -sin éxito- para hacer que parecieran ciudadanos de Afyonkarahisar?"

El 99 por ciento de la población es de religión musulmana, sobre todo suníes; los chiíes y alauíes se encuentran en el Este y el Sureste. Muchos usos y costumbres derivan de las prácticas islámicas. La etiqueta exige vestir con modestia y quitarse los zapatos durante la visita a las mezquitas. En las zonas no frecuentadas por turistas (donde resulta fácil percibir un cierto hálito conservador) las mujeres presentan la cabeza, los brazos y los hombros cubiertos y lucen modestos vestidos o faldas, preferiblemente por debajo de las rodillas. Es mejor evitar la visita a las mezquitas durante la oración y a lo largo de los viernes, el día santo de los musulmanes. Numerosas costumbres suelen solventarse con un mínimo de cortesía, aunque los turcos lamentan que alguien pueda irse sin los cinco minutos de rigor dedicados a los parabienes.

Muchas mujeres se han quejado del acoso verbal y físico en Turquía. Aunque no es necesario obsesionarse y dejar que ciertos altercados estúpidos arruinen un viaje, no está de más tomar ciertas precauciones. En cualquiera de los casos, es mejor cubrirse el torso, las piernas y la parte superior de los brazos, especialmente cuando se viaja a la parte más oriental. También puede ser conveniente llevar una alianza. A la hora de caminar, es mejor tener un aspecto decidido, ignorar los piropos y no frecuentar las calles solitarias a partir del atardecer. En los restaurantes, las mujeres que vayan solas pueden preguntar dónde está el aile salonu (el comedor familiar). Salir sola a tomar una copa es poco aconsejable.

En Turquía el estómago será uno de los grandes recompensados del viaje. El shish kebab (cordero asado en un pincho) es un invento turco, y de hecho se encuentra por todas partes. Los platos básicos en los restaurantes son el cordero y el pescado (que puede ser caro). Si se pretende no gastar mucho, la comida más barata y apetitosa es la pizza turca. La verdura más utilizada es la berenjena, y cabe destacar el imam bayildi (sacerdote desfallecido), un delicioso estofado de berenjena. Los postres son muy dulces (a menudo empapados en miel), y suelen incluir fruta, frutos secos y repostería en tentadoras combinaciones. Los vegetarianos tienen menor elección, aunque siempre podrán satisfacer su apetito, puesto que es fácil optar por una comida entera formada por magníficos mezzeh (entremeses). La bebida nacional es el çay (té). La cerveza se sirve en casi todos los establecimientos, y los vinos del país son baratos y sorprendentemente buenos, aunque la bebida alcohólica más extendida es el raki, un fuerte aguardiente con sabor a anís.

Turquía no es sólo un puente entre Europa y Asia. Constituye un paseo de 1.700 km desde Edirne (en la frontera búlgara) hasta Kars (cerca de Armenia), y una excursión de 1.000 km desde el mar Negro (al norte) al Mediterráneo (al sur). El país limita con Grecia, Bulgaria, Georgia, Armenia, Irán, Irak y Siria. Además del paisaje desértico con palmeras, hay montañas, una vasta estepa, ríos serpenteantes, ricos valles agrícolas y 8.400 km de un recortado litoral lleno de playas; todo ello contribuye a crear una nación de gran interés turístico.

Todavía existen numerosos bosques en el este de Anatolia, la zona del mar Negro y junto a la costa mediterránea, al oeste de Antalya. Grandes extensiones de flores silvestres cubren las estepas en primavera, creando impresionantes mantos de color. Turquía presenta una vida animal similar a la de los Balcanes y, en cierto modo, a la de Europa: osos, ciervos, chacales, linces, jabalíes salvajes, lobos y unos pocos leopardos. El hermoso gato de Van es una especie endémica; posee un pelaje blanco purísimo y ojos de distinto color (uno azul y otro verde). Resulta más fácil ver ganado, caballos, asnos, cabras y ovejas. Los pastores turcos están orgullosos de la fuerza y la ferocidad de sus perros pastores kangal, que protegen a los rebaños de los lobos. La fauna avícola es excepcionalmente rica, e incluye una notable población de águilas, buitres y cigüeñas, así como especies tan poco frecuentes como el ibis calvo.

Las costas del mar Egeo y del Mediterráneo presentan inviernos templados y lluviosos, así como veranos calurosos y secos. En Estambul, las temperaturas estivales rondan los 29ºC de promedio; los inviernos son fríos (aunque normalmente no se llega a los 0ºC), con algunas precipitaciones y a veces una pizca de nieve. La meseta de Anatolia es más cálida en verano y realmente fría en invierno. La costa del mar Negro es templada y lluviosa durante el estío, y fría y con muchas precipitaciones en invierno. La zona montañosa del este de Turquía sufre temperaturas muy bajas y está cubierta de nieve en invierno, y es agradable y templada en pleno verano. El sureste es seco y templado en invierno y muy caluroso en verano, estación en la que no es raro superar los 45ºC.

Existen numerosas posibilidades para viajar desde y hasta Turquía por aire, mar y tierra. Estambul, Ankara, Izmit y varias localidades turísticas del Mediterráneo poseen aeropuertos internacionales. Turkish Airlines posee vuelos directos desde Estambul hacia dos docenas de ciudades europeas, así como a Nueva York (donde se puede hacer escala para volar a América Latina) y a Oriente Próximo, norte de África y Asia. La tasa de partida es de unos 12 dólares.

El Istanbul Express es el tren que enlaza a diario Estambul con Bulgaria, Yugoslavia, Croacia, Eslovenia y Alemania. Muchas ciudades europeas, como Francfort del Meno y Viena, cuentan con buenos servicios de autocares turcos. Hay conexiones ferroviarias y de autobús cada día entre Atenas y Estambul, vía Salónica. También se puede viajar en autocar a Siria, Georgia e Irán, y en tren a Armenia. Las líneas marítimas disponen de transbordadores con transporte de coches desde Antalya, Marmaris e Izmit hasta Venecia cada semana, de mayo a mediados de octubre. Transbordadores privados ofrecen sus servicios entre la costa egea de Turquía y las islas griegas.

Turkish Airlines enlaza las principales ciudades y cubre el activo puente aéreo entre Estambul y Ankara. Los autobuses cubren todos los destinos de forma frecuente, barata y normalmente, confortable. Los trenes apenas pueden competir con los autocares de larga distancia, en cuanto a velocidad y confort, aunque los coches-cama que unen Estambul, Izmit y Ankara representan una buena opción. En caso de conducir por Turquía es fácil encontrar servicios de asistencia mecánica relativamente baratos, aunque lidiar con los conductores locales puede representar algún problema. Es preferible evitar circular por las ciudades, pues el tránsito es terrible y resulta imposible aparcar. Los dolmus privados (taxis compartidos) son una buena opción para los viajes cortos. Los transbordadores en los que es posible embarcar el coche pueden ahorrar varios días de conducción y ofrecen la oportunidad de realizar un minicrucero por las costas turcas. Hay transbordadores entre Estambul e Izmit y entre Estambul y Trebisonda (Trabzon), pero sólo de junio a septiembre. Un aerodeslizador enlaza las ciudades de Estambul y Bursa.


· Kemal, Yashar: El halcón, Suma de Letras, Madrid, 2000; La furia del monte, Suma de Letras, Madrid, 2000; El retorno del halcón, Suma de Letras, Madrid, 2000; La sombra del halcón, Suma de Letras, Madrid, 2001
· Pamuk, Orhan: El astrólogo y el sultán, Editorial Edhasa, Barcelona, 1994; La casa del silencio, Metáfora Ediciones, Madrid, 2001
· Goytisolo, Juan: Estambul otomano, Editorial Planeta, Barcelona, 1989
· Greene, Graham: El tren de Estambul, Editorial Edhasa, Barcelona, 1999
· Montagu, Mary Wortley: Cartas desde Estambul, Casiopea Editorial, Barcelona, 1998
· Twain, Mark: Inocentes en el extranjero, Ediciones del Azar, Barcelona, 2001
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